Hold the Dark

El filicidio como orden natural

Por Emiliano Fernández

Sin llegar a ser perfecta ni una apoteosis de la originalidad, resulta innegable que el clima narrativo que construye Hold the Dark (2018) es una maravilla para lo que suele ser el estándar rutinario y decadente del cine contemporáneo en materia de atrapar al espectador con esa proverbial amalgama entre entonación, acontecimientos y desarrollo de personajes: la última película de Jeremy Saulnier, uno de los realizadores centrales de la nueva camada de obras de género de índole nihilista y artífice de joyitas como Cenizas del Pasado (Blue Ruin, 2013) y Green Room (2015), comienza como un thriller de aventuras, continúa en la senda de lo que sería una propuesta de acción con un costado horroroso y finaliza en tanto alegoría dramática sobre la necesidad de contener a esa oscuridad a la que apunta el título y de proteger a los seres queridos incluso a costa de tener que sacrificarlos ya sea porque los recursos escasean o la tensión entre los miembros del clan hace imposible la convivencia, funciona como catalizador de instintos incontrolables o hasta puede desencadenar cierta enajenación que desconoce fronteras procedimentales sociales, volcando el asunto hacia una destrucción cada día más extendida que en muchas ocasiones conviene cortar de cuajo.

 

Todo transcurre a comienzos de la década pasada y en un pueblito de Alaska llamado Keelut, donde han desaparecido tres niños pequeños aparentemente a causa de una manada de lobos que ronda la zona. Medora Slone (Riley Keough), la madre de uno de los nenes que todos presumen muertos, Bailey, le escribe una carta al naturalista retirado y experto en lobos Russell Core (Jeffrey Wright) con el objetivo de que cace al animal que se llevó a su vástago. Cuando llega al lugar el hombre pronto descubre el comportamiento extraño de la mujer pero igual sigue el rastro de la manada y ve a los ejemplares devorando a una de sus crías, sin embargo no puede asesinarlos porque aprecia a los cánidos y por ello vuelve a la cabaña de Slone. Como no encuentra a Medora, recorre el sitio y así halla el cadáver congelado de Bailey, cubierto con un film de polietileno y estrangulado en lo que parece ser obra de su madre. Al mismo tiempo seguimos el devenir del padre del muchacho y esposo de la mujer, Vernon (Alexander Skarsgård), un mortífero militar que presta servicio en Irak y al cual no le tiembla nada el pulso para ningunear a compañeros que se sacan selfies con enemigos sin vida o para matarlos cuando los descubre violando a mujeres musulmanas.

 

El regreso a Keelut por parte de Vernon, a raíz de haber recibido un disparo superficial en el cuello en Irak, desencadena una especie de asociación tácita/ complicidad con su amigo nativo Cheeon (Julian Black Antelope), padre asimismo de una nena desaparecida, para faenar a dos policías que afirmaban pretender dar caza a Sloane y luego al forense con el propósito de llevarse el cuerpo del niño, meterlo en un féretro de pino y enterrarlo con símbolos varios en la tapa dibujados con su propia sangre. Mientras las buenas intenciones del jefe de policía Donald Marium (James Badge Dale) y el mismo Core chocan con el carácter apartado y muy místico del pueblo y los descendientes de aborígenes/ esquimales de la zona, para quienes Medora está poseída por un demonio lobo llamado “tournaq”, todo el asunto derivará en una masacre cuando Marium procure arrestar a Cheeon, un señor que recibe a los oficiales con una ametralladora, y cuando el ex militar opte por buscar por su cuenta a su esposa en una cruzada que se mueve en un límite impreciso entre la venganza, la justicia y vaya uno a saber qué otras motivaciones porque el hombre parece tener bien presente la razón por detrás de la muerte de Bailey y demás purretes de las inmediaciones.

 

El guión de Macon Blair, aquel actor protagonista de Cenizas del Pasado y responsable de la historia y dirección de la atrapante I Don’t Feel at Home in This World Anymore (2017), trabaja con perspicacia las transiciones entre los diferentes actos de la trama, a su vez inspirada en un libro de William Giraldi, y consigue dejar en el misterio el componente sobrenatural del periplo sin caer en esas sobreexplicaciones redundantes de nuestros días o la necesidad compulsiva de cerrar de manera tajante cada línea narrativa, lo que por supuesto implica que el espectador en el desenlace deberá unir las pistas entre todo lo visto previamente con el fin de sacar sus propias conclusiones a partir de los datos desplegados. Ahora bien, la verdadera vedette de Hold the Dark es la sublime e inconformista ejecución de Saulnier, aquí confirmándose como un maestro de la progresión retórica apesadumbrada y enfatizando que no depende sí o sí de aquel humor negro de antaño porque la seriedad del opus que nos ocupa no admite otro lenguaje que el del terror metafórico y gore, donde los ingredientes involucrados terminan sujetos a la furia impiadosa del discurrir de las balas y la sangre (cualquier otro director simplemente transformaría el relato en un western sádico).

 

Llama poderosamente la atención la idea principal de la propuesta, eso de sopesar al filicidio como el orden natural de una sociedad o un ecosistema en crisis, mecanismo bien sincero en lo que respecta a impedir que futuras generaciones crezcan enfermas de odio, dolor o hambre: el vínculo con un saber primordial mucho más antiguo que las estúpidas sociedades occidentales actuales en esta oportunidad toma la forma de una parábola doble animal/ indígena que no obstante tiene el mismo rostro, el de una naturaleza indomable que se purifica bajo sus propias reglas y a pesar de los patrones de conducta de las comunidades y toda la pantomima consuetudinaria de turno. Resulta muy interesante el contrapunto entre una Slone que se desembarazó de su criatura para ahorrarle sufrimientos y un Core que se encuentra distanciado de su hija, una docente de antropología en la Universidad de Anchorage, y deseoso de reconstruir el lazo cuanto antes ya que ambos personajes arrastran demonios individuales no identificados del todo que dan cuenta de una energía contenida en el alma de los seres humanos que puede salir a flote bajo el esquema del daño o bajo su homólogo del afecto, representación del temple bipartito de la vida y sus manifestaciones…

 

Hold the Dark (Estados Unidos, 2018)

Dirección: Jeremy Saulnier. Guión: Macon Blair. Elenco: Jeffrey Wright, Riley Keough, Alexander Skarsgård, James Badge Dale, Julian Black Antelope, Beckam Crawford, Savonna Spracklin, Jonathan Whitesell, Tantoo Cardinal, Macon Blair. Producción: John Schoenfelder, Anish Savjani, Neil Kopp, Eva Maria Daniels y Russell Ackerman. Duración: 125 minutos.

Puntaje: 8