La Invitación (The Invite)

El fracaso amatorio

Por Emiliano Fernández

Mal que le pese a quien le pese, para la mayoría del público y la crítica Olivia Wilde sigue estando vinculada a Remy “Thirteen” Hadley, el personaje que interpretó en Dr. House (House M.D., 2004-2012), la famosa serie protagonizada por Hugh Laurie y creada por David Shore para la cadena Fox, por más que la susodicha haya hecho todo lo posible para ser tomada en serio como actriz en una catarata de películas en las que siempre terminaba opacada por otros colegas de la más variada envergadura, pensemos para el caso en títulos como Año Uno (Year One, 2009), de Harold Ramis, Sólo Tres Días (The Next Three Days, 2010), odisea de Paul Haggis, Tron: El Legado (Tron: Legacy, 2010), de Joseph Kosinski, Cowboys & Aliens (2011), de Jon Favreau, El Precio del Mañana (In Time, 2011), de Andrew Niccol, Palabras Robadas (The Words, 2012), de Brian Klugman y Lee Sternthal, Compañeros de Copa (Drinking Buddies, 2013), de Joe Swanberg, Amores Infieles (Third Person, 2013), también de Haggis, Rush: Pasión y Gloria (Rush, 2013), de Ron Howard, Ella (Her, 2013), de Spike Jonze, Resucitados (The Lazarus Effect, 2015), de David Gelb, Navidad con los Cooper (Love the Coopers, 2015), opus de Jessie Nelson, La Vigilante (A Vigilante, 2018), de Sarah Daggar-Nickson, El Caso de Richard Jewell (Richard Jewell, 2019), de Clint Eastwood, y Babilonia (Babylon, 2022), de Damien Chazelle, entre otras. Todo este esquema debe haber sido muy frustrante para la intérprete, hermosa como ella sola y en la obligación social/ industrial de demostrar que sus méritos van más allá, porque salvo excepciones que la tuvieron de protagonista, como Resucitados y La Vigilante, el resto de sus intervenciones en el mainstream y en el indie dejó un sabor amargo debido al hecho de que cuesta mucho recordarla en cada una de esas realizaciones, ya sea a raíz de un papel secundario o porque su destreza actoral todavía no estaba “a punto caramelo”, como decíamos antes finiquitando bajo la sombra de una troupe más experimentada o quizás más talentosa y con la capacidad de combinar el control y la efervescencia símil histrionismo.

 

Resulta admirable que Wilde no sólo no se haya dejado amedrentar por las circunstancias, esas que la condenaron una y otra vez a la bolsa de lo anodino, sino que haya optado por redoblar la apuesta asumiendo mayores responsabilidades dentro de la pirámide profesional hollywoodense, por ello cuando nadie lo esperaba se transformó en directora con motivo de un film apenas correcto, La Noche de las Nerds (Booksmart, 2019), una variación rosa del viejo estereotipo del relato de aprendizaje/ bildungsroman/ coming-of-age modelo pavadas o estudiantina ochentosa, en términos prácticos el preámbulo para una segunda propuesta que directamente resultó fallida, No te Preocupes, Cariño (Don’t Worry Darling, 2022), relectura muy inconsistente -tanto a nivel narrativo y conceptual como interpretativo- de la ciencia ficción de cosificación femenina de Las Esposas de Stepford (The Stepford Wives, 1975), el recordado film de Bryan Forbes. Parece que la tercera por fin es la vencida ya que La Invitación (The Invite, 2026) constituye una excusa para el mejor trabajo de Olivia en las dos vertientes que ha venido cultivando hasta la fecha, las de actriz y realizadora, aquí literalmente brillando delante y detrás de cámara en una película que sigue siendo igual de redundante que las dos anteriores, en esencia una remake del muy mediocre film español Sentimental (2020), de Cesc Gay, aunque con la salvedad de que supera a la obra original y termina de acomodar a Wilde profesionalmente en un nicho en el que demuestra eficacia retórica, la comedia dramática para cuarentones/ cincuentones, a pesar de que vampirice la trama, los latiguillos y el eje teatral de otra gente como viene sucediendo con las múltiples acepciones de comedias varias en sintonía con la italiana Perfectos Desconocidos (Perfetti Sconosciuti, 2016), de Paolo Genovese, y la francesa El Nombre (Le Prénom, 2012), de Alexandre de La Patellière y Matthieu Delaporte, sin olvidarnos de El Viaje (I Onde Dager, 2021), trabajo más reciente y salvaje del loquito noruego Tommy Wirkola que como todas las epopeyas mencionadas exploró la ética, la convivencia, el desamor y el compromiso.

 

Como muchas comedias adultas actuales que la van de picarescas, arriesgadas, polémicas o “picantes”, en realidad La Invitación es un trabajo burgués profundamente conservador que coquetea con el adulterio para terminar reforzando la institución matrimonial, muy en línea con la hipocresía de buena parte del sexploitation y las comedias populistas masturbatorias de antaño pero sin el aliciente principal, los desnudos y el coito en sí, siempre vetados en el neopuritanismo cinematográfico del Siglo XXI que ensalza la violencia y niega la carne. Ángela (Olivia Wilde), una ama de casa aburrida, y Joe (Seth Rogen), un músico fracasado y autoindulgente que enseña en un conservatorio y ha dejado de tocar el piano, son las dos patas de un matrimonio en crisis que sólo se mantiene en pie gracias a que comparten un “proyecto” en común, una hija adolescente llamada Maggie, quien es enviada por la mujer a dormir a la casa de una amiga porque improvisó una cena para agasajar a los vecinos del departamento de arriba, la linda sexóloga española Pina (Penélope Cruz) y el ex capitán de bomberos Hawk (Edward Norton), por haber soportado los ruidos ocasionados por las renovaciones que Ángela planeó con cuidado en el inmueble, lo que genera una discusión con Joe porque el hombre arrastra dolores de espalda y detesta a los vecinos debido a los jadeos y gritos que desparraman a lo largo de la noche cuando tienen sexo. La velada se mueve por los carriles de siempre, con ella pretendiendo agradar al dúo y él tratando de sabotear el encuentro, hasta que se desarrolla cierta química/ cordialidad en el ambiente y surge la confesión de que Ángela se paseó desnuda ante Hawk, ventana de por medio, y Joe no puede dejar de verle las tetas a Pina en el ascensor, sin embargo tamaña tensión muta en curiosidad cuando los invitados afirman organizar orgías en su departamento, la verdadera fuente del sonido nocturno molesto, e incluso aseveran haber concurrido a la cena con el objetivo de ofrecerles participar en un bacanal, idea que pronto deriva en un intercambio de parejas que sale mal por una torpeza tendiente a exacerbar la frustración y el odio de fondo.

 

Wilde en esta oportunidad se luce en el desarrollo de personajes y en la dupla actoral que estable con Rogen, intérprete que suele hacer de sí mismo y hoy está mucho más contenido/ controlado en su estampa de yanqui bobalicón, en este sentido la realizadora entrega una primera mitad de conocimiento mutuo entre las parejas para a posteriori profundizar en la dimensión erótica, ya durante la segunda parte, esa que en cualquier comedia setentosa u ochentosa del montón desembocaría en situaciones de cuerpos a la intemperie y en el opus que nos ocupa, en cambio, funciona como caldo de cultivo para mucha verborragia y la infaltable transición hacia el drama de autodescubrimiento y caída de máscaras, todo por supuesto con la asistencia de unos Norton y Cruz que asimismo bajan las revoluciones con respecto a su tono interpretativo estándar para que la directora se destaque sin sobresaltos o demasiada competencia. El guión de Will McCormack y Rashida Jones, un par de actores que se convirtieron en libretistas y colaboraron en Esposos, Amantes y Amigos (Celeste & Jesse Forever, 2012), de Lee Toland Krieger, y Toy Story 4 (2019), de Josh Cooley, se mantiene espiritualmente cerca de la sencilla historia primigenia de Gay, la cual por cierto acumula ya siete remakes más en Italia, Alemania, Francia, Rusia, República Checa, Corea del Sur y Portugal. Sin llegar a las cúspides del Mike Nichols de ¿Quién le Teme a Virginia Woolf? (Who’s Afraid of Virginia Woolf?, 1966) o del Roman Polanski modelo Un Dios Salvaje (Carnage, 2011), la película es graciosa y se las arregla para analizar con relativa solvencia el costado miserable de muchas parejas actuales, todavía egoístas y culpándose recíprocamente de todo como Joe y Ángela a pesar de la comunicación fetichizada del nuevo milenio, o por el contrario recurriendo a comodines, placebos y escapismos para olvidar vacíos o derrotas de larga data, el caso de ese Hawk que se reinventó después de enviudar y de una Pina que estuvo casada y basurea/ maltrata al varón, dando a entender que las alternativas son pelea, farsa sexual new age o el matrimonio revalidado del final…

 

La Invitación (The Invite, Estados Unidos, 2026)

Dirección: Olivia Wilde. Guión: Will McCormack y Rashida Jones. Elenco: Olivia Wilde, Penélope Cruz, Seth Rogen, Edward Norton, Skip Howland, Mel Powell, Rachel Thurow, Mario Valdez. Producción: Ben Browning, Megan Ellison y David Permut. Duración: 107 minutos.

Puntaje: 7