Saga Phantasm

El funebrero interplanetario

Por Emiliano Fernández

Prácticamente ningún exponente del cine de culto marginal llega a convertirse en saga ni mucho menos a extenderse a cinco películas que a su vez abarcan un número generoso de décadas, por ello y por la riqueza conceptual y visual de los films individuales siempre estamos dispuestos a volver a sopesar la pentalogía de Phantasm, aquella bella colección de sueños torcidos, asesinatos, delirios y terrores de ultratumba de la más variada índole. Muy pocas veces el indie anglosajón dio un autor como Don Coscarelli, un realizador que se mantuvo fiel a sus convicciones y nunca se dejó fagocitar -o castrar, como tantos otros colegas en la línea de Sam Raimi o Peter Jackson- por la industria norteamericana, en un recorrido que va desde sus primeros trabajos hasta sus últimas y también maravillosas propuestas, Bubba Ho-Tep (2002) y John Dies at the End (2012), ejemplos de un cine astuto, sincero y militante de la autonomía creativa ante todo. La lucha entre The Tall Man, un sepulturero de traje y corbata que controla a unos duendes deformes y a esas esferas metálicas voladoras con cuchillas, y un trío de amigos, compuesto por el heladero Reggie y los hermanos Jody y Mike, es el corazón de una macro historia que tiene a la venganza y la restitución familiar como núcleos principales, por el simple hecho de que el villano se la pasa matando a pobres diablos ocasionales y recolectando cadáveres para transformarlos y llevarlos a su hogar, un páramo desolado de cielo rojizo. Repasar sucintamente la franquicia que hizo conocido a Coscarelli y le permitió seguir filmando a lo largo de los años -y entre tantos cambios de paradigma cinematográfico- es un gustito personal que sólo los verdaderos cinéfilos y los amantes del horror sabrán apreciar en su justa medida…

 

Phantasm (1979):

El encanto de Phantasm (1979) pasa por un amateurismo desconcertante y ensoñado que nos regala unos 30 minutos iniciales repletos de escenas inconexas y malas actuaciones en las que no terminamos de entender qué demonios está ocurriendo. A partir de la entrada de Mike (A. Michael Baldwin) en la mítica funeraria Morningside, el primer asesinato de las esferas metálicas y el “face to face” primordial con The Tall Man (Angus Scrimm), la película comienza a enlazar el delirio general y le da una suerte de contexto al accionar del malvado y su ejército de duendes/ zombies/ abducidos/ enanos/ esclavos de exportación hacia otro planeta (u otra dimensión, dependiendo del convite que estemos analizando en ese momento). El tono surrealista, las alegorías sexuales y los desniveles en cuanto a la relativa eficacia de los efectos especiales son todos elementos que le suman personalidad a la realización porque permiten que cada espectador saque sus propias conclusiones en función de la catarata de momentos memorables en los que el bajo presupuesto y los pocos recursos disponibles enmarcan cada fotograma. Coscarelli crea secuencias de una extraña exuberancia visual que enarbolan su sustrato clase B con orgullo, tomando las fantasías infantiles de acecho y los motivos principales de los relatos de destrucción familiar para adentrarse en un trash setentoso, extasiado y de sonrisas irónicas, capaz de despegarse de la tradición almidonada de los tristes espectros vengadores para complejizar el asunto vía una superposición de ideas de vanguardia que -en términos prácticos- dieron origen al terror de sueños y pesadillas de la década siguiente, ese que tendría como bandera a Pesadilla en lo Profundo de la Noche (A Nightmare on Elm Street, 1984) de Wes Craven, muchas veces olvidando que el que inventó todo fue un pequeño y caótico film que supo combinar con inteligencia los asesinatos inducidos, la usurpación de tumbas, el voyeurismo, el gustito por poseer almas, una orfandad traumática, ancianas que ven el futuro, dedos que se transforman en insectos, monstruos diminutos y encapuchados, bolas de la muerte que vuelan, un heladero bien bizarro, coches funerarios que se conducen solos, una infinidad de secuestros, familias armadas hasta los dientes, un portal hacia lo desconocido, bidones con una carga en eterna metamorfosis y en especial un señor del averno dispuesto a jugar con la estupidez de los mortales, esos cuya curiosidad los lleva a inmiscuirse en asuntos ajenos.

 

Phantasm (Estados Unidos, 1979)

Dirección y Guión: Don Coscarelli. Elenco: A. Michael Baldwin, Bill Thornbury, Reggie Bannister, Angus Scrimm, Kathy Lester, Terrie Kalbus, Kenneth V. Jones, Susan Harper, Lynn Eastman-Rossi, David Arntzen. Producción: Dac Coscarelli. Duración: 88 minutos.

 

Phantasm II (1988):

Uno a priori pensaría que el hecho de contar con un mayor presupuesto mejoraría en algo las actuaciones y en particular la expresividad facial de algunos intérpretes pero este no es el caso porque esas nimiedades no le interesan a Coscarelli, un director más preocupado por el dinamismo del guión, la precisión de su desarrollo y esa frondosa imaginería visual que apuntala el relato. A pesar de que Universal obligó al realizador a reemplazar a Baldwin con James Le Gros en el personaje de Mike, Phantasm II (1988) es otra joyita que aprovecha al máximo los títeres/ animatronics, las prótesis y aquel maquillaje exacerbado de la década del 80… y no nos olvidemos de esa buena andanada de explosiones, todas completamente gratuitas y gloriosas. La película puede ser leída como un trabajo más tradicional si la comparamos con la original, ya que lo que prima es el formato de las road movies de cacería por sobre el tono narrativo surrealista de antaño, ahora reducido a algunos chispazos más sutiles y camuflados. Sin embargo, en cierta medida se puede afirmar que el film gana en convicción y desparpajo lo que pierde en el campo del pulso onírico y desconcertante, una jugada que por un lado permite explotar con inteligencia las hipérboles de la época en materia de violencia, sangre, humor y sexo, y por el otro lado viabiliza uno de los mejores desenlaces -el cual en términos prácticos abarca la media hora final en su conjunto- de toda la saga. En este sentido, Coscarelli hasta se las ingenia para transformar al Padre Meyers (Kenneth Tigar), un típico personaje de relleno del terror, en un ejemplo más de la adorable desproporción clase B de la franquicia a través del comportamiento contradictorio aunque bienintencionado del señor. Aquí se terminan de definir los rasgos principales de la serie de realizaciones, siempre centradas en la lucha del ex heladero Reggie (Reggie Bannister) y Mike contra un villano de naturaleza inasible, y hasta se suman nuevas características vinculadas al cine gore a la italiana, las referencias religiosas y esa dialéctica detrás de los “pueblos fantasma” que va dejando The Tall Man a su paso, orientada a hacernos pasear por los cementerios y las funerarias del lugar de turno en busca de un nuevo y disimulado cuartito que esconda paredes blancas, un portal y bidones cargados de enanos/ zombies en proceso de fermentación cual cavas vitivinícolas.

 

Phantasm II (Estados Unidos, 1988)

Dirección y Guión: Don Coscarelli. Elenco: James Le Gros, Reggie Bannister, Angus Scrimm, Paula Irvine, Samantha Phillips, Kenneth Tigar, Ruth C. Engel, Mark Major, Rubin Kushner, Stacey Travis. Producción: Roberto A. Quezada. Duración: 97 minutos.

 

Phantasm III: Lord of the Dead (1994):

La tercera parte de la saga utiliza CGI complejos por primera vez, específicamente aquel morphing tan de moda en la década del 90, aunque al mismo tiempo no se olvida del bello líquido amarillo que excretan los posesos al ser lastimados/ mutilados/ destruidos por nuestros héroes (otro clásico artilugio del período que dice presente son los halos de luces dirigidas para los “episodios interdimensionales” de la propuesta). Phantasm III: Lord of the Dead (1994) es una obra encantadora que se vuelca hacia un misticismo centrado en el más allá, lo que incluye una vuelta a las escenas pesadillescas, una mayor presencia de revelaciones en boca de figuras del pasado y hasta la materialización de todo lo anterior a través de la generosa intervención en el relato por parte de zombies y una suerte de reencarnación freak de Jody (Bill Thornbury), quien ahora toma la forma de una de esas “bolas asesinas” que tantas satisfacciones nos han dado. En este sentido, Coscarelli cuenta con la destreza y la convicción suficientes para anclar al opus en la vieja regla de maximización de las secuelas, circunstancia que -por ejemplo- lleva a un incremento también en el número de esferas y laceraciones, y en simultáneo termina de transformar a Reggie en el eje catalizador de toda la franquicia, más allá por supuesto del tremendo Tall Man: en esta jugada tiene mucho que ver el progreso de Bannister a nivel actoral (o el acostumbramiento al papel en función de la experiencia y el tiempo transcurrido, vaya uno a saber…) y el aporte de la verdadera sorpresa de la película, el pequeño Kevin Connors, un intérprete eficaz que luego prácticamente abandonó la actuación y aquí encarna a Tim, el compañero de correrías de Reggie (algo así como lo que fue Mike para Jody -o viceversa- en la epopeya original). Como era de esperar, se sigue ampliando la mitología con nuevos personajes, más toques de comedia negra/ sexual, muertes más coloridas y aparatosas, el infaltable par de nunchakus de aquellos años y otra tanda de explicaciones en torno a los motivos que impulsan al villano y las características de las esferas y los duendes/ enanos, en esta oportunidad reemplazados en buena medida por los muertos vivientes/ abducidos.

 

Phantasm III: Lord of the Dead (Estados Unidos, 1994)

Dirección y Guión: Don Coscarelli. Elenco: Reggie Bannister, A. Michael Baldwin, Bill Thornbury, Angus Scrimm, Gloria Lynne Henry, Kevin Connors, Cindy Ambuehl, John Davis Chandler, Brooks Gardner, Irene Roseen. Producción: Don Coscarelli. Duración: 91 minutos.

 

Phantasm IV: Oblivion (1998):

Sin lugar a dudas las limitaciones presupuestarias le jugaron en contra a Phantasm IV: Oblivion (1998), una propuesta amable que está orientada a reconstruir el espíritu ensoñado de la primera película aunque ya sin aquella chispa de antaño y con muy pocos recursos disponibles, en especial si los comparamos con los presupuestos con los que contaron el segundo y el tercer eslabón. La nostalgia y el pulso mortuorio/ fúnebre aquí lo dominan todo, una estrategia retórica que por un lado rescata metraje de fines de la década del 70 y recrea escenas que transcurren en aquel período inicial, y por el otro juega con la disposición suicida de Mike y la alternativa que el susodicho encuentra ante el fracaso en su intención de librarse del acoso de The Tall Man, nada menos que viajar en el tiempo/ entre dimensiones para descubrir el origen del señor con vistas a por fin destruirlo. Si bien en esta ocasión Reggie está bastante desperdiciado, hay que admitir que tanto él como el propio Mike -ambos en versión avejentada y profundamente cansados de la cacería y las frustraciones- calzan perfecto en el tono de western crepuscular que pretende construir Coscarelli en esta entrada. Aunque lamentamos la desaparición del personaje de Tim y el ritmo narrativo aletargado constituye un volantazo muy importante con respecto a la velocidad y efervescencia del pasado inmediato, a decir verdad el convite continúa incluyendo chispazos de humor muy bien logrado como la recordada escena de las esferas como pechos femeninos y el mismo hecho de que Reggie sigue sin poder intimar con una mujer en un contexto de relativa paz. Un efecto inesperado de este plan de “volver a las raíces” es que la obra adquiere un -casi involuntario- encanto trash gracias a la acumulación de máscaras horripilantes, material de archivo recuperado, ausencia concreta de sets de filmación y todas esas supuestas revelaciones que generan más interrogantes que los que resuelven. Otro detalle que no podemos pasar por alto, y que salta en primer plano entre tanta desolación y paisaje desértico, es que los cristales de las ventanas de los vehículos e inmuebles de la saga rankean en punta entre los más quebradizos de la historia del cine.

 

Phantasm IV: Oblivion (Estados Unidos, 1998)

Dirección y Guión: Don Coscarelli. Elenco: A. Michael Baldwin, Reggie Bannister, Bill Thornbury, Angus Scrimm, Heidi Marnhout, Bob Ivy, Christopher L. Stone, Chloe Kay, Sylvia Flammer, David Gasster. Producción: Don Coscarelli. Duración: 90 minutos.

 

Phantasm: Ravager (2016):

El capítulo final de la franquicia tiene un gustito especial para los fans del terror no sólo porque implica el regreso de personajes muy queridos a lo largo del globo, casi 20 años después de su última aparición, sino también porque nos permite sopesar la importancia de un cine de género verdaderamente independiente -y hecho con mucho esfuerzo- en un contexto como el contemporáneo, en el que estamos saturados de propuestas cada día más gigantescas y vacuas a cargo de un Hollywood volcado a las aventuras adolescentes, el cual asimismo recién durante el último lustro comenzó a prestar atención a las críticas recibidas por la pobreza de los opus de terror de la década pasada. Considerando la diversificación cualitativa y cuantitativa del género de los últimos años, esa que apunta a la riqueza/ variedad de las propuestas más que a jugar siempre a seguro vía el acostumbramiento/ parálisis del público, Phantasm: Ravager (2016) no podría haber llegado en un mejor momento ya que su fotografía digital semi guerrillera y sus CGI alucinados traen a colación el sustrato autosuficiente y en esencia autónomo de la saga en su conjunto. Este pequeño y poderoso trabajo de David Hartman (director y guionista) y Coscarelli (productor y guionista) supera lo hecho por el cuarto eslabón y constituye una coda muy digna para la serie de películas y su estela en el cine de terror: el tono trash aquí decididamente gana la pulseada narrativa pero sin olvidarse del trasfondo onírico de siempre, las superposiciones con los opus previos y una nueva ristra de carnicerías de lo más ingeniosas, ahora volcadas hacia la pompa post apocalíptica y bien enajenada. En el éxito del dinamismo del relato ayuda mucho el contrapunto entre el Reggie encerrado en un asilo/ hospital y catalogado como “demente” y su otro yo en eterna lucha -a la par de aliados ocasionales y la vuelta de Mike- contra The Tall Man, que de controlar un pueblito del interior estadounidense pasa en esta ocasión a invadir literalmente el mundo entero con su ejército de duendes y esferas metálicas con sorpresitas filosas. Tan limitada y marginal como valiosa y desconcertante, la última epopeya de la saga funciona como una oda bizarra a la imaginación más macabra, esa que desde el horror no se deja limitar por las idioteces del mercado y todas sus modas.

 

Phantasm: Ravager (Estados Unidos, 2016)

Dirección: David Hartman. Guión: Don Coscarelli y David Hartman. Elenco: Reggie Bannister, A. Michael Baldwin, Angus Scrimm, Dawn Cody, Gloria Lynne Henry, Stephen Jutras, Kathy Lester, Bill Thornbury, Daniel Roebuck, Daniel Schweiger. Producción: Don Coscarelli. Duración: 85 minutos.