Oxígeno (Oxygène)

El horror claustrofóbico del monoespacio

Por Ernesto Gerez

Que Alexandre Aja es un gran narrador no cabe duda. Al menos lo es si esperamos una narrativa que nos enganche, atenta a la tensión. Ese inoxidable suspenso que no es privativo del thriller o del horror, aunque estemos hablando de un director que suele utilizarlo como mecanismo principal en esos géneros. Claro que en cine la narrativa no depende sólo del director, menos en este caso que Aja no es guionista ni tampoco editor. Pero también es cierto que tiene muchas películas que lo respaldan; algunas que también escribió y que hizo porque quería, y otras que fueron encargos, pero casi siempre, salvo algunas pocas excepciones, todas tienen sobre todo virtud narrativa. Otra característica de Aja desde sus inicios es la brutalidad; violencia empardada con un ritmo a veces frenético de la que se aleja y vuelve cada tanto. En Oxígeno (Oxygène, 2021) ese espíritu bestia y lúdico de Haute Tension (2003), Piranha 3D (2010) o Crawl (2019) -las dos últimas fundamentales “obras juguete” del cine de género contemporáneo- no se percibe.

 

La propuesta de Oxígeno hasta en la paleta de colores está en el terreno del streaming premium. Pero Aja sabe despegarse de esta especie de Hallmark Channel más progre y menos protestante que es su distribuidor mundial como también supo usar el CGI en Crawl sin ser otro producto de pura virtualidad. Digamos que le da a Netflix lo que quiere sin traicionarse tanto. ¿Y qué quiere Netflix además de calidad técnica? Clasicismo narrativo con la siempre rendidora transformación positiva del protagonista, poco gore, poca experimentación formal y poco discurso crítico o que esté por fuera de lo aceptado por la progresía ya estática donde el feminismo, el universo LGTB en expansión y la superación personal tienen ventaja en temática. Y Aja entra en esta nueva era demostrando que incluso con los nuevos códigos morales y estéticos que parecen tan aburridos, se pueden hacer buenas películas o, al menos, como decíamos arriba, que enganchen desde el suspenso de la diégesis y que hagan un laburo interesante desde la historia soterrada. Y el desafío es aún mayor porque Oxígeno transcurre casi toda en un mismo espacio, tal como aquel ejercicio de Rodrigo Cortés en Buried (2010) con mucha menos pericia narrativa y con la jeta insufrible de Ryan Reynolds en lugar de la muy buena actriz que es Mélanie Laurent, la inolvidable Shosanna de Bastardos sin Gloria (Inglourious Basterds, 2009), de Quentin Tarantino.

 

Liz (la mencionada Laurent) se despierta en una cápsula criogénica y no recuerda quién es ni por qué está ahí. Su lucha será la de sobrevivir mediante un conocimiento que está dentro de ella y que deberá salir a la luz; mayéutica sci fi en sentido socrático y etimológico, porque en definitiva Liz será la asistente de su propio parto. Para que su (re)nacimiento prospere Liz se enfrentará a la misma tecnología de la que es parte. Lo más interesante que se desprende de su supervivencia y de todo este rollo del conocimiento es justamente esa lucha de la protagonista contra esta especie de Hal 9000 aggiornado que es la voz de la cápsula que la contiene. Liz se enfrenta a una maquinaria que es también una pantalla con la posibilidad de anularla. Al mismo tiempo, esa lucha es también su costado más ingenuo, aquel en el que Liz al entender la tecnología la resignifica y la utiliza en su beneficio; idea demasiado optimista que anula las implicancias del poder, ¿quién es quién en este futuro?

 

Aja construye el suspenso sobre todo con primeros planos y fuera de campo; podríamos decir que aunque comparte con Crawl la búsqueda constante de trabajar el suspenso, Oxígeno es un ejercicio opuesto: si su película anterior era puro movimiento, acá se las arregla con cierto estatismo producto de su horror claustrofóbico del monoespacio. Eva y Adán del hiperespacio se prestan más a la prédica del nuevo Hallmark Channel que al Aja endemoniado; las analogías con las ratas de laboratorio son pavas y la música de Robin Coudert alias Rob (que supo reversionar muy bien la música de Maniac hace unos años) es por momentos tan optimista que quema el alma. De todos modos, y ante el panorama netflixiano, un Aja siempre es bienvenido.

 

Oxígeno (Oxygène, Francia/ Estados Unidos, 2021)

Dirección: Alexandre Aja. Guión: Christie LeBlanc. Elenco: Mélanie Laurent, Malik Zidi, Laura Boujenah, Eric Herson-Macarel, Anie Balestra, Marc Saez, Cathy Cerda, Lyah Valade, Mathieu Amalric, Pascal Germain. Producción: Alexandre Aja, Brahim Chioua, Noémie Devide, Grégory Levasseur y Vincent Maraval. Duración: 100 minutos.

Puntaje: 6