François Ozon siempre sigue la larga tradición intelectual francesa de buscar en el comportamiento humano los rasgos de una filosofía universal que marca una época, los preceptos morales en los que se desarrolla la tensión entre lo deseable y lo posible, esa que a su vez se manifiesta cuando el ideario de las personas es puesto a prueba. Por ello mismo uno de sus directores favoritos es el prolífico y provocador realizador alemán Rainer Werner Fassbinder, del que adaptó dos obras de teatro en sendos films, Peter von Kant (2022), basado en un texto luego llevado al cine por el propio Fassbinder, Las Amargas Lágrimas de Petra von Kant (Die Bitteren Tränen der Petra von Kant, 1972), y Gotas que Caen sobre Rocas Calientes (Gouttes d’Eau sur Pierres Brûlantes, 2000), una de las películas que lanzaron a Ozon a la fama mundial.
En Cuando Cae el Otoño (Quand Vient l’Automne, 2024) Ozon pacientemente presenta a los distintos protagonistas de este drama, poniendo énfasis en la construcción de la personalidad y el devenir emocional de cada uno con pequeños gestos que definen su sufrimiento. Michelle (Hélène Vincent) es una anciana que vive sola en su casa en la campiña francesa en alguna parte de Borgoña, que cultiva su huerta y cada tanto lleva a su mejor amiga, Marie-Claude (Josiane Balasko), a visitar a su hijo, Vincent (Pierre Lottin), a la cárcel local, donde está recluido debido a un crimen menor que nunca se menciona aunque siempre está latente. No obstante el principal anhelo de Michelle es compartir más tiempo con su nieto, Lucas (Garlan Erlos), un preadolescente que vive en París con su madre, Valérie (Ludivine Sagnier), y que tiene planeado pasar las vacaciones de invierno junto a su abuela. La visita de su hija y su nieto, que tiene a Michelle muy emocionada, termina súbitamente de la peor manera debido a una intoxicación de Valérie con hongos y la situación solo empeora cuando Vincent sale de la cárcel, comienza a ayudar a Michelle con sus labores cotidianas y acude a París a confrontar a Valérie sobre su actitud hacia su madre. A esta danza luego se suma Sophie Guillemin componiendo a una oficial de la policía que investiga los sucesos de esa tarde aciaga.
Ozon crea aquí una bella metáfora sobre el mes del decaimiento, sobre la vejez y la muerte, sus contradicciones y su relación con los ciclos vitales de la naturaleza y con las oscilantes emociones humanas. La música inquietante de Evgueni Galperine y Sacha Galperine presagia una tragedia que se avecina, pero la única desdicha es la vida misma, la incomprensión que Michelle recibe constantemente de parte de todos menos de Vincent, el hijo de su mejor amiga. Producida, dirigida y escrita por Ozon en colaboración con Philippe Piazzo, la propuesta pone en juego distintos dilemas morales de base kantiana en los cuales los personajes quedan atrapados. Decir la verdad y esconderla para salvar a un ser querido, buscar la justicia o proteger al prójimo constituyen discusiones filosóficas que colocan a los protagonistas ante decisiones que tienen consecuencias para ellos mismos y todo su entorno. Los personajes, atribulados por la posición en la que se encuentran, son también seres acongojados por decisiones del pasado que los han marcado para siempre, por heridas que no sanan y que les impiden salir del estado de encono en que se encuentran.
Aunque Ozon, siguiendo a sus idolatrados Fassbinder y Claude Chabrol, siempre introduce algún elemento cómico entre tanto drama, la congoja es la sensación que mejor describe el tono del film. Michelle, que ha sido prostituta en su juventud y ahora está retirada, cree que cada vez está más senil, que ya no puede distinguir entre la realidad y la alucinación, entre lo que hace y cree haber hecho, conviviendo con esta situación desde cierta naturalidad y algo de preocupación, mientras que Valérie no puede superar su divorcio, el alejamiento de su madre debido a su profesión y una angustia que ya es parte de su estado cotidiano. Marie-Claude, por su parte, siente que ha fracasado como madre y Vincent, que parece siempre destinado a hacer algo terrible intentando solucionar alguna situación en la que nunca debería haberse involucrado, es incapaz de ver que los patrones de conducta que lo llevaron a la cárcel se repiten una vez más.
La sensación de culpa que todos los personajes manifiestan es otra de las principales características de este drama que juega con pequeñas dosis de suspenso y de comedia negra para indagar en las consecuencias que las decisiones y las heridas dejan en uno mismo y los demás. La fotografía de Jérôme Alméras se encarga muy bien de que los primeros planos registren toda la sensibilidad y las emociones que el gran elenco, liderado por Hélène Vincent, plasma en la pantalla. La belleza de Cuando Cae el Otoño reside en que toda la acción y las decisiones de vida o muerte parecen discurrir con naturalidad, como los paseos por la campiña de la abuela y su nieto, como los de las dos amigas recogiendo hongos en el bosque, ofreciendo escenas pensadas y ejecutadas quirúrgicamente para insertar una dosis de sutil emotividad en el espectador, oscilando entre la empatía y la distancia con justa precisión. Pero lo que parece aséptico y dosificado en realidad es un veneno que va haciendo efecto en el público, llevándolo lentamente hacia reflexiones que preferiría no tener que enfrentar, al igual que las criaturas de Ozon.
Cuando Cae el Otoño (Quand Vient l’Automne, Francia, 2024)
Dirección: François Ozon. Guión: François Ozon y Philippe Piazzo. Elenco: Hélène Vincent, Josiane Balasko, Ludivine Sagnier, Pierre Lottin, Garlan Erlos, Sophie Guillemin, Malik Zidi, Paul Beaurepaire, Sidiki Bakaba, Pierre Le Coz. Producción: François Ozon. Duración: 104 minutos.