El Premio

El invierno eterno

Por Ernesto Gerez

“No se puede patinar acá”, le dice Cecilia (Paula Galinelli Hertzog) a su mamá (Laura Agorreca) después de andar sola al lado del mar enorme clavando los patines en la arena de San Clemente y como diciéndole “¿adónde mierda vinimos?” y marcando, a su manera, el destierro; ese exilio interno a la espera de rajar más lejos para que los milicos no las maten. Y en ese escape es donde transcurre toda la película, El Premio (2011), una burbuja de tiempo que es un recuerdo de su directora, porque más allá de algunas licencias, seguramente para que la ficción camine sola como Cecilia, el núcleo es la autobiografía de Paula Markovitch, que vivió unos años en San Clemente cuando a sus viejos -aún jóvenes artistas- los trataba de chupar el Terrorismo de Estado. En ese inicio con el mar y con la tremenda actriz que es Galinelli Hertzog ya están casi todas las cartas sobre la mesa, al menos las de la factura técnica: la fotografía del polaco Wojciech Staron y la música disonante y como de un ambient raro, torcido, del mexicano Sergio Gurrola, que nos traslada más al tratamiento sonoro de Kenji Mizoguchi que a otras películas de acá sobre la última dictadura.

 

Porque el fascismo está ahí, todo el tiempo, ubicuo, cubriéndolo todo, pero a la vez no como lo solemos ver en la mayoría de las ficciones sobre esa etapa. Lejísimo tanto del sensacionalismo de Olivera como del género de Caetano o del más cercano Naishtat, o de los calabozos húmedos de los centros clandestinos de Garage Olimpo (Marco Bechis, 1999). Acá prima la sensibilidad de Markovitch, que te revienta con la cámara y no sólo con su historia. Y en esa opresión que destilan los planos y los marrones y las nubes y el frío de una playa argentina en invierno y la desesperación y la bronca de una mina que tiene que proteger a su hija pero que quiere que la protejan a ella, también hay lugar para reírnos con Cecilia; porque como dijo la directora en algunas entrevistas, en cualquier lado y situación hay huequitos para encontrar la felicidad, y en el pedacito de aventura de esa nena que es, sobre todo, esta película, hay algunos momentos de eso. Si los ejes formales están puestos sobre todo en el laburo tremendo de Staron, la música de Gurrola y el arte de Oscar Tello y Bárbara Enriquez (que ambientaron mucho con objetos reales de esos años que aportaron algunos vecinos de San Clemente), lo político está puesto en la complicidad civil, porque los mecanismos del poder se replican en todas las esferas, y la maestra de la escuela a la que empieza a ir Cecilia es la torturadora y la que baja la línea siniestra, simbólica y concreta, porque cuando un nene se copia, los hace caminar abajo de la lluvia hasta que se buchoneen entre ellos.

 

Y Cecilia no canta, porque aprendió a mentir, como aprendimos muchos hijos de la dictadura para sobrevivir. “Mi papá vende cortinas y mi mamá es ama de casa”, repite Cecilia; mantra que no tranquiliza pero que salva. El laburo de la nena Galinelli Hertzog es fenomenal y es también mérito de la directora: parece que armó un taller en San Clemente de un par de meses, una especie de casting gigante para dar con sus niños actores, y le salió bien. Una de sus premisas fue la de no subestimar a los pibes, y se nota. Los chicos entienden todo, dijo por ahí, entonces si se parte de eso, hay espacio hasta para que los pibes se tomen un vino. Una de las frases hechas de los realizadores (y, sobre todo, de los productores) es “no filmes ni con niños ni con animales”, Markovitch pone el pecho y no sólo transgrede ese lugar común sino muchos más y filma a una niña y a un perro y se manda un peliculón de esos en los que todo el laburo que se puso se nota. Llega tarde, casi diez años después de que se filmó y muchos años después de muchos premios, pero esa demora sirve para cuestionar la dinámica de los estrenos y lo inútil de asignarle una temporalidad restrictiva a las películas.

 

El Premio (México/ Francia/ Polonia/ Alemania, 2011)

Dirección y Guión: Paula Markovitch. Elenco: Paula Galinelli Hertzog, Laura Agorreca, Viviana Suraniti, Sharon Herrera, Diego Alfonso, Uriel Iasillo. Producción: Juan Pablo Gugliotta, Izrael Moreno y Alberto Muffelmann. Duración: 115 minutos.

Puntaje: 10