El cineasta ucraniano de origen bielorruso Serguéi Loznitsa es conocido en el ambiente internacional por su militancia antifascista y antibélica, por esquivar los nacionalismos exaltados de hoy en día y por ser responsable de una serie de documentales de impronta muy minimalista, sin artificio alguno, acerca de la Segunda Guerra Mundial, la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas y/ o las Ucrania y Rusia contemporáneas, pelotón en el que entran Bloqueo (Blokada, 2006), Revista (Predstavlenie, 2008), Euromaidán (Maidan, 2014), El Evento (Sobytie, 2015), la recordada Austerlitz (2016), Día de la Victoria (Den’ Pobedy, 2018), El Proceso (Process, 2018), Funeral de Estado (State Funeral, 2019), Babi Yar: Contexto (Babi Yar: Context, 2021), Sr. Landsbergis (Mr. Landsbergis, 2021), La Historia Natural de la Destrucción (The Natural History of Destruction, 2022), El Juicio de Kiev (The Kiev Trial, 2022) y La Invasión (The Invasion, 2024). No obstante el señor asimismo cuenta con una trayectoria en el campo de la ficción que abarca un conjunto de películas muy pegadas al cine independiente de las décadas del 80 y 90, léase Mi Felicidad (Schaste Moe, 2010), En la Niebla (V Tumane, 2012), Una Criatura Gentil (Krotkaya, 2017) y Dombás (Donbass, 2018), popurrí en el que llama la atención Una Criatura Gentil por ser la única que adopta una perspectiva femenina y porque recupera el mismo cuento de 1876 de Fiódor Dostoyevski que Robert Bresson filmó bajo el título de Una Mujer Dulce (Une Femme Douce, 1969). Dos Fiscales (Zwei Staatsanwälte, 2025), la nueva faena de Loznitsa, se mete con la Gran Purga (1936-1938), aquella masacre judicial farsesca que el dictador Iósif Stalin encaró para sacarse de encima a toda la competencia política dentro y fuera del Partido Comunista con la complicidad de sus dos principales lugartenientes en el asunto, el fiscal general ruso, Andréi Vyshinski, y el tenebroso mandamás del Comisariado del Pueblo para Asuntos Internos o NKVD, la policía secreta soviética, Nikolái Yezhov.
Conviene recordar que el tópico de la persecución legal estalinista ya había sido tratado en El Proceso, el documental de 2018 en torno a un episodio de caza de brujas en la Moscú de 1930 contra economistas e ingenieros de alto rango que encubría los desastrosos resultados de las políticas de gobierno del tirano, como la miseria, el caos, el desabastecimiento y la hambruna, sin embargo en Dos Fiscales aparecen diversos fetiches del acervo previo -tanto documental como ficcional- del realizador en sintonía con la comedia negra, los atropellos del poder, la claustrofobia colectiva, el dilema o la ruina moral, la manipulación política y la burocracia pesadillesca kafkiana, quizás el principal horizonte del relato junto con el típico realismo social semi satírico de Nikolái Gógol. Basado en la novela corta de 1969 de Georgy Demidov, quien sobrevivió a casi dos décadas de trabajo forzado en Siberia dentro del paraguas del Gulag, el guión del propio Loznitsa comienza con la llegada en 1937 de Kornyev (Aleksandr Kuznetsov), fiscal de la ciudad de Briansk, ubicada a 380 kilómetros de Moscú, a una cárcel local controlada por el NKVD, visita que tiene que ver con una nota escrita con sangre que llegó a la oficina del fiscal y efectivamente ofrecía “información vital” de parte de un prisionero, Stepniak (Aleksandr Filippenko). El director del presidio (Vytautas Kaniusonis) en un principio trata de boicotear el encuentro afirmando que el reo padece fiebre tifoidea, no obstante el fiscal insiste y eventualmente descubre que Stepniak, un “viejo bolchevique” anterior a la Revolución de Octubre de 1917, fue torturado para que se autoincrimine como contrarrevolucionario y luego fusilarlo. Kornyev, que lleva apenas tres meses como representante de la fiscalía de Briansk, decide saltarse los procedimientos soviéticos de rutina y viajar a Moscú para presentar la denuncia frente al mismo Vyshinski (Anatoliy Beliy), quien después de una espera larguísima lo recibe y le reclama evidencia médica acerca de las costillas rotas, las quemaduras en los pies y los latigazos en la espalda.
La realización en su presupuesto contó con capitales de Francia, Alemania, Países Bajos, Letonia, Rumania, Lituania y Ucrania, por ello en parte los productores europeos de seguro la consideraron una metáfora literal sobre la Rusia contemporánea, con Vladímir Putin sustituyendo a Stalin, lo que por cierto habla más de la lacra europea y su pérdida de poder -o hilarante sumisión a Estados Unidos, China, Israel y la propia Rusia- en el escenario de las potencias imperialistas mundiales, aunque desde el punto de vista de Loznitsa el planteo antidespótico de fondo posee rasgos más universales y cubre los dos bandos de la guerra abierta que comenzó con la Invasión Rusa de Ucrania del 24 de febrero de 2022, incluso se podría aseverar que para el director el film funciona más como una alegoría contra la persecución dentro de su propio país debido a su negativa a sumarse a un boicot occidental, ese de la Academia de Cine Europeo, a las películas rusas ya que considera que de hecho hay que rechazar a la guerra en su conjunto y no a una facción por sobre la otra, jugada que le generó un insólito castigo vinculado a su expulsión en 2022 de la Academia de Cine de Ucrania. Apelando a un ritmo narrativo pausado y una puesta en escena muy ascética que remiten al indie de antaño, nuestra odisea en ocasiones recurre a un enfoque tragicómico, centrado en la injusticia, las humillaciones y el absurdo, y analiza el poder en términos de un aparato cínico o maquiavélico que de todos modos permite alguna que otra anomalía naif como el fiscal en la piel de Kuznetsov, como si alguien de la mafia judicial realmente no supiese que los procesos y las acusaciones estaban todos amañados para martirizar a los adversarios políticos, ingenuidad paródica digna de un relato de Gógol o Franz Kafka que muchas veces se condice con el aislamiento de las distintas dependencias del Estado entre sí y más aún en una coyuntura dictatorial como la estalinista, con toda la policía ideológica operando vía el miedo, el dolor, el espionaje, la delación y el amedrentamiento sistemático.
Dos Fiscales, título que alude a la contraposición entre el idealista Kornyev y el homicida masivo Vyshinski en lo que respecta a la Gran Purga, no se queda en el candor del joven abogado en busca de justicia e incluye también la ignorancia del mártir de la tercera edad, Stepniak, el cual cree que Stalin nada sabe de las masacres y así le solicita al fiscal que se ponga en contacto con el autócrata para informarle sobre el exterminio llevado a cabo por el NKVD de Yezhov, detalle que Loznitsa opta por extender a todos los viejos militantes bolcheviques y a buena parte del pueblo mediante una escena introductoria en la que a un recluso entrado en años (Ivgeny Terletsky) se le ordena quemar todas las cartas de los reos que denuncian los tormentos ante el mismísimo Stalin, eje de un aparato propagandístico orientado al culto a la personalidad. Kuznetsov está perfecto al igual que un Filippenko que se reserva un segundo rol pero más accesorio, el de Pegleg, veterano de la Primera Guerra Mundial (1914-1918) con el que el fiscal se topa en su periplo en tren hacia Moscú, anciano sin un brazo y sin una pierna que vivió un tiempo de la beneficencia del Estado durante el gobierno de Vladímir Ilich Uliánov alias Lenin y que ahora pretende hacer lo propio con Stalin porque el vejete simboliza la fuerza de voluntad -o los delirios porfiados- del pueblo, casi siempre rehusándose a perder la esperanza. Amiga de denunciar la frialdad impersonal de los rituales públicos soviéticos y de burlarse de la paranoia capitalista de la vigilancia, el enemigo interno, el sabotaje, las condenas automáticas y el control, la obra por momentos recuerda a El Proceso (Le Procès, 1962), de Orson Welles, Brazil (1985), de Terry Gilliam, y Kafka (1991), de Steven Soderbergh, en lo referido a pensar a la ley como una farsa y a la burocracia como una máquina de autolegitimación al servicio del poder más concentrado en las cúpulas de las instituciones y el ecosistema civil, una camarilla burguesa que conspira e impone sus intereses al resto de la sociedad desde el monopolio del decreto y la represión…
Dos Fiscales (Zwei Staatsanwälte, Francia/ Alemania/ Países Bajos/ Letonia/ Rumania/ Lituania/ Ucrania, 2025)
Dirección y Guión: Serguéi Loznitsa. Elenco: Aleksandr Kuznetsov, Vytautas Kaniusonis, Anatoliy Beliy, Ivgeny Terletsky, Aleksandr Filippenko, Timur Ibragimov, Gatis Rubins, Ihor Cherniak, Andris Keiss, Orest Pasko. Producción: Saïd Ben Saïd y Kevin Chneiweiss. Duración: 118 minutos.