La Forma del Agua, de Guillermo del Toro y Daniel Kraus

El monstruo de las profundidades

Por Martín Chiavarino

El estreno del galardonado film de Guillermo del Toro, La Forma del Agua (The Shape of Water, 2017), vino acompañado de su correlato literario homónimo, coescrito por el propio del Toro junto al escritor norteamericano Daniel Kraus, con quien ya había trabajado en la obra Trollhunters, recientemente adaptada como serie animada.

 

El libro, escrito a la par del guión del film y editado conjuntamente con su estreno, narra la historia de Elisa Espósito, una mujer muda que trabaja en un centro de investigación en Baltimore, Estados Unidos, que se enamora de un extraño y maravilloso ser marino secuestrado de la selva amazónica por Richard Strickland, un militar psicópata perseguido por los demonios que él mismo ha creado en el cumplimiento de las órdenes de su oficial superior, el General Frank Hoyt.

 

En sí el libro narra la misma historia que el film pero su particularidad, aquello que lo diferencia de la versión cinematográfica, es la indagación que realiza sobre los personajes, sus vidas, su psiquis, sus decisiones y el contexto que los condiciona en sus acciones y los ha convertido en lo que son. Una de las cuestiones más significativas del texto es la construcción de Devónico, el Deus Branquia, el extraordinario ser marino que todos intentan comprender, apuntalado a través de un lenguaje y una percepción poética y salvaje del mundo para entender su relación con los seres que lo rodean. El relato novelado también narra la afiebrada, desesperada y demencial búsqueda de Richard Strickland del mitológico monstruo de las profundidades en la selva amazónica, personaje basado en su homólogo del film de terror El Monstruo de la Laguna Negra (Creature from the Black Lagoon, 1954), que le da un sentido más metafórico a la obsesión del militar por el Dios Amazónico. La historia de Strickland es también desarrollada con gran detalle en su atadura a la figura paterna y autoritaria del General Hoyt, relación que data de la Guerra de Corea. Strickland aparece como un personaje contradictorio, más humanizado que en el film, en proceso de convertirse en un monstruo, poseído por diversos demonios (como el del mercado, el éxito y la noción de libertad construida por el capitalismo) y silencios que ensordecen, producto de las matanzas perpetradas alrededor del mundo por el ejército norteamericano. Así, la novela construye el perfil psicológico del personaje interpretado en el film por Michael Shannon haciendo hincapié en sus dudas, su percepción fascista del mundo, la locura que se apodera de él en el Amazonas y que no lo abandona en su regreso a Estados Unidos y su búsqueda de posicionarse como una figura de autoridad para lograr romper con su necesidad de liberarse del mando de Hoyt.

 

La novela también construye al personaje del Doctor Robert/Dimitri Hoffstetler, el científico ruso que se debate entre su rol de espía de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas y su profesión, que lo inclina a la comprensión del Deus Branquia a través de la comunicación. Strickland y Hoffstetler surgen como dos figuras atrapadas en el mismo juego geopolítico autoritario, construyendo dentro de la misma lógica vidas completamente distintas unidas por la obsesión. Mientras que el psicótico norteamericano se apoya en una familia para encontrar algo de estabilidad en la norma y en el sueño americano, el ruso vive solo, apartado, preparado para huir, sin vida social, pero con un respeto del prójimo y la vida, cuestiones que le parecen pruritos improcedentes a Strickland, un hombre de acción que encuentra su opuesto en el científico que plantea hipótesis y estudia la naturaleza en lugar de incidir en ella destruyéndola. La libertad, el éxito, la obediencia, la moral y el respeto son algunos de los conceptos que la novela trabaja en detalle y con gran profundidad y delicadeza. Pero también se desarrollan distintas historias como la de la esposa del Strickland, Elaine, quien busca la independencia a través del trabajo, o la historia de la amiga de Elisa, Zelda, personajes secundarios del film y la novela pero con gran brillo y relatos que contar.

 

La Forma del Agua mezcla cuestiones de espías típicas de las obras de género de la Guerra Fría entre Estados Unidos y la Unión Soviética con la ciencia ficción, las historias románticas y la crítica social en un singular elogio de las diferencias como formas de belleza que rompen con la norma y el estancamiento para producir algo nuevo y vital, características esenciales de las manifestaciones artísticas. Quizás una de las cuestiones más interesantes de la obra es su lograda combinación de géneros que se intercalan en todo momento dando lugar a una fantasía realista recargada de emociones, matices y un gran amor al cine y la cultura popular, homenajeados constantemente.

 

La Forma del Agua fue editada en Argentina por la editorial Umbriel, con una traducción del español Antonio Padilla Esteban. El libro cuenta con extraordinarias y vívidas ilustraciones de James Dean que remiten a distintos episodios del relato, no siempre incluidos en la película. En este caso el lector y el espectador están ante dos trabajos distintos pero similares que se retroalimentan, como dos obras que se yuxtaponen para que el destinatario encuentre las diferencias maravillándose de su descubrimiento. Ya sea en su versión cinematográfica o en su adaptación novelada, la obra encuentra un tono que abarca todos los géneros que trabaja, deslumbrando y construyendo una historia tan fantástica como hermosa que ancla las ilusiones con los acontecimientos reales, embebiendo a ambas.

 

La Forma del Agua, de Guillermo del Toro y Daniel Kraus, Umbriel, 2018.