Las culturas anglosajona, germana, rusa y de algunas regiones de Europa del Este están empapadas de un amor irrefrenable por las bebidas alcohólicas -cuasi tesoros nacionales- que viene de lejos y suele abarcar todos los momentos del día, a la mañana para comenzar la jornada, al mediodía para acompañar el almuerzo, a la tarde para prologar el ocaso y a la noche para efectivamente festejar el cierre de otra fecha más, amén de ocasiones especiales que resultan intercambiables u otros pretextos para nuevas borracheras como cumpleaños, casamientos, funerales, despedidas esporádicas, bienvenidas, ceremonias de cualquier clase y la llegada de un nuevo vástago a esta civilización repugnante que los humanos crearon. Prácticamente desconocida en la comarca latina aunque fundamental en lo que atañe a la gran memoria cinéfila alcohólica del Reino Unido, la entrañable ¡Whisky en Abundancia! (Whisky Galore!, 1949) es una película muy importante por un cúmulo de razones, a saber: en primera instancia fue el debut como director de Alexander Mackendrick, figura crucial del ámbito del séptimo arte anglosajón por su perfeccionismo y versatilidad que antes de dedicarse al cine ficcional fue director artístico en una empresa publicitaria y creador de documentales, folletos y noticieros fílmicos y radiales de propaganda durante la Segunda Guerra Mundial, en segundo lugar fue la primera realización de Ealing Studios en alcanzar un verdadero éxito comercial en el siempre suculento mercado estadounidense, hablamos de la productora más famosa de Gran Bretaña y de una firma que bajo el control de Michael Balcon -entre 1938 y 1955- se especializó en una andanada de epopeyas bélicas y comedias de índole costumbrista que demostraron ser muy populares sobre todo a nivel doméstico, y en última instancia fue una obra que caló hondo en el sentir del período, aún con ánimo de ponderar los sacrificios de la resistencia del pueblo, y de las generaciones futuras ya que unificó un elogio muy desinhibido del alcohol, la metáfora de fondo sobre la decadencia del Imperio Británico y el otro latiguillo paradigmático de Ealing, aquel choque entre un grupo marginal de individuos y los representantes y esbirros varios del establishment o statu quo.
Estrenada el mismo año de otros dos clásicos absolutos de la productora, las maravillosas Pasaporte para Pimlico (Passport to Pimlico, 1949), opus de Henry Cornelius, y Los Ocho Sentenciados (Kind Hearts and Coronets, 1949), aquella faena de Robert Hamer, ¡Whisky en Abundancia! contó con un guión de Compton Mackenzie y Angus MacPhail, este último conocido por Al Morir la Noche (Dead of Night, 1945), otra recordada joya de Ealing y la primera antología moderna de horror de la historia del cine, y por diversas colaboraciones con Hamer, Alberto Cavalcanti, Basil Dearden y en especial Alfred Hitchcock, para quien escribió Cuéntame tu Vida (Spellbound, 1945), El Hombre que Sabía Demasiado (The Man Who Knew Too Much, 1956) y El Hombre Equivocado (The Wrong Man, 1956), al punto de oficiar de inspiración no oficial para el llamado MacGuffin, denominación socarrona del dispositivo narrativo que a los personajes les importa muchísimo y al público nada de nada porque resulta apenas una excusa para que avance la acción. Con reescrituras sin acreditar de parte de Mackendrick, el productor asociado Monja Danischewsky, los especialistas del rubro Elwyn Ambrose y Donald Campbell y el actor James Robertson Justice, la historia se basa en ese libro homónimo de 1947 de Mackenzie, señor que por cierto adoraba recuperar personajes de antaño, que era el eslabón intermedio de una trilogía además compuesta por Mantengan a la Guardia Nacional en Movimiento (Keep the Home Guard Turning, 1943) y Cohetes en Abundancia (Rockets Galore, 1957), tres novelas que por un lado retratan la idiosincrasia de Escocia, sobre todo los conflictos religiosos entre la isla protestante Gran Todday y la católica Pequeña Todday, inspiradas en Barra y Eriskay, y por el otro lado satirizan esta misma Guardia Nacional de la etapa bélica, una milicia improvisada para la defensa del Reino Unido ante la hipotética invasión de las tropas nazis, algo que finalmente no ocurriría porque Adolf Hitler preferiría aquellos bombardeos recurrentes hoy conocidos como Blitz en detrimento de la Operación León Marino, avanzada destructora por mar que sería sustituida por la Operación Barbarroja, la invasión terrestre sobre la Unión Soviética.
La película, eje de reformulaciones inferiores futuras que incluyen la secuela de 1958 de Michael Relph y la remake de 2016 de Gillies MacKinnon, deja de lado la lucha piadosa, unifica las dos islas en una sola, bautizada Todday y ubicada en el archipiélago de las Hébridas Exteriores, y en general respeta la novela en lo que atañe a su apego a un suceso verídico que aconteció en 1941, cuando el carguero SS Politician encalló en Eriskay y los habitantes cercanos se dedicaron a saquear la mercancía que transportaba, nada menos que 22 mil cajas de whisky, algo de lo que el propio Mackenzie fue testigo en calidad de oficial de la Guardia Nacional en la isla, ante lo cual no tomó ninguna medida porque simpatizaba con esos hilarantes ladrones que lograron rescatar siete mil cajas antes de que el barco se hundiese. Con una impronta de relato coral seudo documentalista y una identidad bucólica sencilla y rebelde ya que de hecho la propuesta se rodó en Barra, la trama arranca en 1943 con una sequía de whisky, debido a las medidas de racionamiento de la economía bélica, y con la desesperación de los lugareños, terribles borrachines porque el único pasatiempo en Todday es precisamente beber con los amigos y los vecinos en el pub local, un panorama aciago que cambia cuando el buque SS Cabinet Minister encalla en aguas próximas a la costa con un cargamento de 50 mil cajas de whisky, lo que alerta a la máxima autoridad vernácula de la Guardia Nacional, el pomposo y demasiado ortodoxo Capitán Paul Waggett (un estupendo Basil Radford). Dos crónicas de amor condimentan todo el asunto y tienen de protagonistas a las dos lindas hijas de Joseph Macroon (Wylie Watson), el dueño de una proveeduría, nos referimos primero a la menor Catriona (Gabrielle Blunt), quien pretende desposar al maestro de la escuela primaria, George Campbell (Gordon Jackson), sujeto muy dominado por su madre beata, la Señora Campbell (Jean Cadell), y segundo a la hija mayor Peggy (Joan Greenwood), la cual acepta casarse con el Sargento Odd (Bruce Seton), militar de carrera que convalida el esperable saqueo al dejarse chantajear por el padre de la novia, quien le recuerda que la ceremonia de compromiso, “rèiteach”, necesita de mucho whisky.
Como en la otra odisea de Mackendrick centrada en la región, Un Yanqui en Escocia (The Maggie, 1954), y su clásico satírico fantástico, El Hombre del Traje Blanco (The Man in the White Suit, 1951), ¡Whisky en Abundancia! es una fábula de enfrentamiento ético entre posiciones opuestas, en aquellas girando en torno a la cultura nacional y el corporativismo obrero/ capitalista y en esta ocasión apostando al choque permanente entre el miserabilismo de Waggett, obsesionado con dar caza a los saqueadores del naufragio junto con un cínico agente aduanero que además es inglés como él, el Señor Farquharson (Henry Mollison), y esa picardía popular algo utópica y caricaturesca pero sincera y graciosa de los habitantes de Todday, ejemplos con patas de una solidaridad antiestatal o anticolonial de comunidad cerrada, paradójica y reaccionaria que se niega a recibir órdenes de forasteros y sobre todo de “chistes vivientes” como las autoridades de la Guardia Nacional, entidad conformada fundamentalmente por hombres de edad avanzada que no pudieron ser reclutados para el ejército regular al inicio de la guerra. Mackendrick, que luego entregaría propuestas muy cerebrales como las gloriosas El Quinteto de la Muerte (The Ladykillers, 1955) y El Dulce Aroma del Éxito (Sweet Smell of Success, 1957) antes de retirarse para ya dedicarse a la enseñanza cinematográfica en California, opinaba que el film era demasiado improvisado para su gusto y homologaba simbólicamente a Waggett con el ascetismo calvinista y a los supuestos escoceses con unos alegres borrachos irlandeses, por ello fue Charles Crichton, otro director del staff de Ealing, quien se hizo cargo de la postproducción y finiquitó la famosa escena en la que los isleños cantan Brochan Lom vía un tarareo folklórico llamado “puirt à beul”. Teniendo presente que incluso el médico del pueblo festeja el alcoholismo masivo, el Doctor Maclaren (Justice), en materia de los cuidados brindados a un anciano moribundo con ánimos de ebriedad, Héctor (James Anderson), ¡Whisky en Abundancia! no sólo le declara la guerra a los abstemios aburridos sino que celebra la confianza que dispara el alcohol, toda su alegría escapista y su rol bien disruptivo a escala social e institucional…
¡Whisky en Abundancia! (Whisky Galore!, Reino Unido, 1949)
Dirección: Alexander Mackendrick. Guión: Compton MacKenzie y Angus MacPhail. Elenco: Basil Radford, Bruce Seton, Wylie Watson, Gordon Jackson, Joan Greenwood, Gabrielle Blunt, Jean Cadell, James Robertson Justice, James Anderson, Catherine Lacey. Producción: Michael Balcon y Monja Danischewsky. Duración: 84 minutos.