El Eclipse (L'Eclisse)

El ocaso de la modernidad

Por Martín Chiavarino

Con El Eclipse (L’Eclisse, 1962), el realizador italiano Michelangelo Antonioni cierra la trilogía sobre la alienación que había comenzado con las extraordinarias La Aventura (L’Avventure, 1960) y La Noche (La Notte, 1961), films destacados que convirtieron al director de Blow-Up (1966) en uno de los grandes realizadores de su época más allá de toda moda pasajera.

 

En un mismo movimiento, Antonioni se apoya y se aleja completamente de la estética del neorrealismo italiano para construir una historia de amor que parece muy viable, pero que se revela imposible. El realizador edifica una estética personal de imágenes aparentemente inconexas que expresan la alienación del ser humano en las urbes modernas, en una operación que demanda un esfuerzo intelectual del espectador.

 

En esta historia, Vittoria (Monica Vitti), una bella y joven traductora italiana, conoce a Piero (Alain Delon), un joven y apuesto corredor de bolsa romano cuando intenta hablar con su elusiva madre (Lilla Brignone), quien pasa sus días invirtiendo sus ahorros en la bolsa de Roma a instancias de los corredores, tras abandonar a su pareja, Riccardo (Francisco Rabal), un intelectual con el que convivía y estaba comprometida. Entre Vittoria y Piero surge una atracción que engendrará una relación amorosa que les dejará a ambos un sinsabor que no pueden comprender, un vacío que va más allá de ellos y su vínculo y que remite a las relaciones humanas bajo el capitalismo y la modernidad.

 

La relación de Vittoria y Piero está marcada por el contexto en que ambos viven, una Roma en plena efervescencia que vivía un resurgir tras años de penurias. Piero es un exitoso corredor de bolsa que queda encandilado con la belleza, la naturalidad y la frescura de Vittoria, una joven traductora brillantemente interpretada por Vitti. La relación entre ellos se desarrolla en medio de un desplome de la bolsa romana que genera millonarias pérdidas a gran parte de los inversionistas, incluida la madre de Vittoria. Mientras que Vittoria deambula por las calles y los departamentos, sola o acompañada, sin saber adónde ir, qué hacer o, para el caso, qué quiere de la vida ni qué espera de los demás, Piero es su contracara, un típico joven seguro de sí mismo, exitoso, con un auto deportivo, que no se puede desconectar de su trabajo ni de su mirada del mundo. Ambos personajes están siempre en movimiento, y el mundo también se mueve alrededor de ellos. Siempre inquietos, ambos amantes erran por la ciudad en un juego de seducción constante. La ruptura con Riccardo y el inicio de la relación con Piero, un muchacho arrogante, ponen a Vittoria en una nueva disyuntiva ante su ambivalencia ante la vida, que no parece ofrecerle nada que la mantenga entretenida más que unos minutos.

 

El Eclipse es un puro representante del espíritu estético de esa etapa del cine de Antonioni. Escenas largas e inconexas, actuaciones hipnóticas, inesperadas tomas en contrapicado y una fotografía impecable a cargo de Gianni di Venanzo, con quien el director ya había trabajado en su film anterior, La Noche, y que venía de trabajar con Francesco Rosi en Salvatore Giuliano (1962), componen una obra inolvidable que refleja la cinematografía del realizador en su mejor expresión.

 

Monica Vitti tiene una relación de atracción con la cámara que es similar al embelesamiento que genera en sus pretendientes, que raya la obsesión. Fascinando con sus encantos ella pierde el interés por sus parejas cuando los tiene más enganchados, dejándolos aturdidos por su decisión de partir en busca de nuevos rumbos por las desoladas calles del suburbio romano. Entre Vitti y Delon surge una química inusual producto de la gran labor de ambos actores y de la cámara, que indaga en el vínculo a partir de distintas perspectivas, destacando la ansiedad de ambos, en el caso de Vittoria ante una vida que no la deslumbra, y en el caso de Piero, frente a los reveses de su labor y la indecisión de Vittoria.

 

En estas escenas que parecen aisladas, fragmentos de un gran mosaico sobre la vida moderna filmadas en el barrio de EUR, un suburbio de Roma de estética brutalista y futurista de la época fascista, se puede encontrar una crítica feroz al legado del colonialismo y el imperialismo, expresada en la escena en la que Vittoria visita a una vecina que vivió su infancia en Kenia y tiene una relación conflictiva con su idílico pasado y el convulso presente del país africano envuelto en las guerras del poscolonialismo. De la inesperada crítica al colonialismo El Eclipse pasa a una demoledora destrucción del capitalismo financiero en una extensa secuencia en la tumultuosa y febril cotidianidad de la bolsa de Roma, una fábrica de adrenalina donde el dinero se hace y se deshace, las fortunas se ganan y se pierden en un gran casino de apuestas, donde las acciones cambian de mano constantemente en un juego que tiene a los trabajadores como rehenes del macabro funcionamiento de los hilos del mercado.

 

Antonioni se embarca aquí en una experiencia existencial sobre la vida como un derrotero que va hacia una destrucción segura a toda velocidad, como un borracho sin control en un auto deportivo, en una obra plena en metáforas y simbolismos cinematográficos que se destacan por su originalidad y actualidad. En una época de ebullición en la que la utopía era considerada posible, Antonioni vislumbra un malestar social en el individuo que se asienta en su corazón, una sensación de desasosiego desesperanzadora respecto del mundo y del progreso, un atisbo del posmodernismo que se consolidaba como ideología. El eclipse al que se refiere el título es el ocaso de una era, de una mirada del mundo, de una forma de comprenderlo más allá de las propias miserias, un calidoscopio que en su proceso de desaparición deja huellas que desconciertan a los personajes y les generan una turbación que no comprenden.

 

El Eclipse (L’Eclisse, Italia/ Francia, 1962)

Dirección: Michelangelo Antonioni. Guión: Michelangelo Antonioni, Tonino Guerra, Elio Bartolini y Ottiero Ottieri. Elenco: Alain Delon, Monica Vitti, Francisco Rabal, Lilla Brignone, Rossana Rory, Mirella Ricciardi, Louis Seigner, Cyrus Elias, Alba Maiolini, Maria Tedeschi. Producción: Raymond Hakim y Robert Hakim. Duración: 126 minutos.

Puntaje: 10