El regreso del realizador británico Sean Durkin, tras la dirección de la prodigiosa Martha Marcy May Marlene (2011) y la extraordinaria miniserie Southcliffe (2013), es un drama aterrador sobre la crisis de una pareja de mediana edad de clase media alta que decide mudarse de Estados Unidos a Inglaterra a mediados de la década del ochenta para buscar nuevas oportunidades, en una época bisagra en la que el mundo estaba reconfigurándose tras la Crisis del Petróleo de la década anterior y la consolidación de una aquiescencia neoliberal que tendría graves consecuencias para la industria pesada y el Estado de Bienestar, proponiendo al planeta una economía basada en los negocios financieros por sobre el equilibrio entre el trabajo y la industria.
Los resabios de la recesión de la década del setenta en Estados Unidos y la consolidación del modelo de Margaret Thatcher en Gran Bretaña tras los traspiés iniciales impulsan a Rory O’Hara (Jude Law), un financista emprendedor inglés asentado en Nueva York, a planificar su regreso a Londres, a la firma de su antiguo empleador, Arthur Davis (Michael Culkin), para perseguir las nuevas oportunidades de negocios que se abren en su patria natal de la mano de las ideas económicas de la Dama de Hierro. Tras las dudas iniciales, su esposa, Allison (Carrie Coon), una entrenadora de jinetes estadounidense, decide acompañarlo junto a sus dos vástagos, Sam (Oona Roche), una gimnasta adolescente hija de su relación anterior, y Ben (Charlie Shotwell), el pequeño hijo de ambos aún en la escuela primaria que disfruta de jugar al fútbol, con la esperanza de tener su propia caballeriza para criar caballos en los terrenos de una mansión en Surrey. Desde un comienzo los planes de Rory parecen megalómanos y desbocados pero la familia le sigue la corriente a la espera de un gran negocio que involucra la firma de Arthur, pero la transacción tan esperada se demora generando una impaciencia insoportable en una familia ya al borde del colapso. De a poco la relación, que en Estados Unidos parecía perfecta pero ya en realidad tenía sus altibajos, comienza a resquebrajarse cada vez más aceleradamente en una serie de episodios traumáticos donde las esperanzas de cada uno de los protagonistas se desmoronan indefectiblemente como el tejido social británico durante la década del ochenta.
Sin ningún tipo de romanticismo ni misericordia Durkin se adentra en las miserias de una familia que en realidad es el paradigma de cualquier parentela, una pareja de profesionales en el pico de sus carreras con dos hijos a los que les quieren dar la mejor educación y todo el amor. El guión se centra en la construcción emocional de cada uno de los personajes en una historia llena de detalles y escenas memorables. Rory es un financista exitoso que ha llegado a ser millonario a pesar de haber nacido en una familia de clase obrera en Inglaterra. Su sueño americano se ha cumplido, se ha casado con una hermosa rubia norteamericana de mucho carácter y han tenido un hijo al que ambos aman, pero su carrera está en declive y sus decisiones son demasiado arriesgadas para un mercado conservador y en crisis como el de la Gran Bretaña de los años ochenta. Allison es una mujer decidida que presiente, y en un algún punto sabe, que la aventura que están emprendiendo es un error y terminará en tragedia pero aun así accede, tal vez entregándose al desastre que se avecina, tal vez esperando que la suerte cambie, pero con la certeza de que esta metamorfosis no es una buena idea. Sam, la hija de Allison de su primer matrimonio, comienza nuevas amistades en Inglaterra y se rebela contra una familia de la que necesita respiro mientras que Ben es la principal víctima de la soledad y el frío distanciamiento de sus padres, enfocados cada uno en su trabajo y sus obsesiones, Rory en sus negocios y Allison en la construcción de la caballeriza y en el entrenamiento de Richmond, un caballo que funciona como símbolo de su comportamiento errático y alterado, como el arquetipo de todos los problemas que asolan a la familia.
El guión de El Nido (The Nest, 2020) trabaja mucho los gestos de los personajes, sus reacciones ante la verdad eludida, descubierta en conversaciones o discursos casuales que revelan los sentimientos y los planes de cada personaje. Durkin construye una historia de víctimas de su estatus social, de sus expectativas y sus anhelos en un opus que combina el amor y la ternura con la crueldad y la desolación. La familia que Durkin retrata aquí es una familia real, alejada de los ideales, sumida en sus propios problemas, intentando comunicarse sin lograrlo, luchando con sus propios demonios internos, seres asustados de sí mismos y de lo que los rodea en un mundo donde todo lo que se da por sentado en realidad está en duda y del éxito al fracaso hay solo una delgada línea invisible.
El film propone una excelente comparación entre los problemas de la vida privada moderna y la necesidad de la clase media alta y la clase alta de mantener una apariencia pública, equilibrio precario que aquí se quiebra destruyendo todas las esperanzas de Rory de mejorar su posición en su regreso a un país que ya no conoce como creía. Rory convence a su familia de que Inglaterra es un mejor lugar para hacer negocios en ese momento pero en realidad el protagonista está usando su última carta ante un declive lento pero constante, la mudanza es definitivamente su última oportunidad de cerrar un gran negocio, un acuerdo comercial global típico del neoliberalismo globalizado que aún generaba resquemor en la década del ochenta pero que será un típico acuerdo comercial de la década siguiente. Debido a esta circunstancia Rory se encuentra acorralado entre sus expectativas, la necesidad de exhibirse exitoso y su precaria situación económica ocasionada por los gastos del viaje.
Los efectos sonoros terroríficos le dan a esta intensa y perturbadora obra un tono de pavor en una construcción narrativa que maneja las expectativas del espectador con maestría, no sólo en lo relativo al temor universal de los seres humanos a lo desconocido y a la vida alejada en el desolado campo inglés, sino al temor a ver la realidad, a la aceptación de la verdad que los personajes no quieren admitir que ya saben. El miedo a la verdad es aquí el miedo al fracaso, a la perdida de los sueños, del estatus social, de todo lo que se ha trabajado muy duro para lograr. Durkin disecciona de esta forma la mirada de la familia como una sociedad, como un equipo que se mantiene unido detrás de un propósito, la mejora de la posición social y económica como una misión vital con consecuencias indeseadas.
Las historias de casas encantadas se mezclan con reminiscencias a Escenas de un Matrimonio (Scener ur ett äktenskap, 1973), el extraordinario film de Ingmar Bergman protagonizado por Liv Ullmann, Erland Josephson y Bibi Anderson, en una historia donde los personajes son perseguidos por sus propios miedos al enfrentar las malas decisiones, el fracaso y el dolor por la perdida.
Acompañados por un extraordinario Michael Culkin, el elenco protagónico de El Nido, Jude Law y Carrie Coon, secundados por Oona Roche y Charlie Shotwell, realizan una excelente labor en el proceso de desintegración y reconstrucción de esta familia disfuncional. Jude Law encara una gran interpretación como un padre amoroso, un hombre ambicioso que siempre busca quedar bien parado, alguien carismático y encantador que se ve enfrentado a su fracaso, mientras que Coon se luce como una mujer que lo tiene todo pero no tiene nada, agotada por su trabajo, resentida por las decisiones de su esposo, fémina que explota buscando un segundo de libertad en una de las mejores escenas del film mientras baila sola en un bar.
Una banda sonora indispensable de la década del ochenta a cargo de Richard Reed Parry, el creador de la música de films como Boyhood (2014), de Richard Linklater, y La Vida Secreta de Walter Mitty (The Secret Life of Walter Mitty, 2013), de Ben Stiller, y una fotografía exquisita y aterradora de Mátyás Erdély, responsable de El Hijo de Saúl (Saul Fia, 2015), con quien el director ya había trabajo en Southcliffe, son parte fundamental de la propuesta de Sean Durkin, una mirada descarnada a las relaciones humanas, la búsqueda del éxito profesional de los emprendedores y las consecuencias del neoliberalismo en la dinámica de la vida familiar.
El Nido logra desorientar y trastornar la percepción del espectador para sorprenderlo con emociones reales, fuera de control, cargadas de amor y resentimiento, que contienen toda la historia de una pareja en cada una de las discusiones y las peleas que los animan a seguir juntos. Durkin interpela al espectador en la normalidad de la anomia, creando escenas que navegan entre la sensación de anormalidad constante en la que vivimos actualmente y el reconocimiento de que los personajes de El Nido son sólo un síntoma de la cultura del autoengaño.
El Nido (The Nest, Reino Unido/ Canadá, 2020)
Dirección y Guión: Sean Durkin. Elenco: Jude Law, Carrie Coon, Oona Roche, Charlie Shotwell, Tanya Allen, Tattiawna Jones, Marcus Cornwall, Wendy Crewson, Michael Culkin, Adeel Akhtar. Producción: Sean Durkin, Rose Garnett, Ed Guiney, Amy Jackson, Christina Piovesan y Derrin Schlesinger. Duración: 107 minutos.