Alan J. Pakula y la Trilogía de la Paranoia

El ocaso del héroe rebelde

Por Martín Chiavarino

Una atmósfera paranoica que se cierne sobre la sociedad a partir del avance de las corporaciones y las nuevas tecnologías de comunicación y vigilancia ha suscitado la clasificación de tres de los primeros films del galardonado realizador neoyorkino, Alan J. Pakula, Klute (1971), The Parallax View (1974) y All the President’s Men (1976), como una verdadera y justificada Trilogía de la Paranoia. En las tres obras Pakula indaga sobre el rol del individuo ante las prácticas cada vez más agresivas de las corporaciones en su versión burocrática, paradigmas de la transformación del emprendimiento privado gestionado anónimamente bajo estándares de optimización de los recursos y procesos repetitivos en el nuevo capitalismo.

 

El héroe romántico, el rebelde, queda a merced de la corrupción colectiva y la justicia le cede el lugar a la violencia burocrática que se impone a la ley. El individuo queda así expuesto a plena luz del día a los tentáculos de la conspiración corporativa, a la unidad de las fuerzas políticas de derecha y del capital que aplastan su cruzada individualista. La división de poderes y la democracia se convierten en un velo para cubrir el poder que las empresas detentan, imponiendo premios y castigos, jugando al ajedrez con la vida.

 

La relación entre el ámbito público y el privado, el individuo y la corporación, el sujeto y el poder, se convierten en el cine de Pakula en una obsesión que atraviesa los tres films de la Trilogía de la Paranoia. Una clara víctima inicia su declive en estos tres films, el héroe romántico, que irrumpe herido de muerte, vencido por la corporación. En contraposición al héroe romántico caído, el periodismo emerge como una faena colectiva que puede equiparar la balanza si logra esquivar los obstáculos corporativos, pero que también corre el peligro de burocratizarse y entregarse al poder empresarial si abandona el espíritu de divulgación de la verdad.

 

 

Klute (1971):

 

En su segundo largometraje como director, Pakula, el reconocido productor de To Kill a Mockingbird (1962), el extraordinario film de Robert Mulligan sobre la novela homónima de Harper Lee, se adentra en una sórdida historia sobre la desaparición de un ingeniero químico de una importante corporación estadounidense radicada en Pensilvania. John Klute, un detective que trabaja para la corporación, comienza a indagar en el caso y descubre unas grabaciones que indican que la desaparición puede estar conectada con una serie de encuentros sexuales fetichistas con una prostituta en Nueva York. A pesar de la ambigüedad de los indicios, el tesón y la persistencia de Klute van abriendo caminos en una búsqueda que se va enrareciendo y lo lleva a deambular por los ambientes de la marginalidad neoyorquina. En el proceso, Klute se enamora de la prostituta que le abre el camino de la investigación pero ella no sabe cómo reaccionar a sus sentimientos sin manipular o intentar lastimar al parsimonioso detective en un thriller psicológico sobre la consolidación de dos mundos interconectados, el del capitalismo corporativo y el de la marginalidad de las drogas y la prostitución.

 

Klute (1971), una película incisiva y precisa, podría ser analizada desde un punto de vista sociológico como un retrato sobre la resaca de los años sesenta, la marcha de la revolución sexual, las contradicciones de los valores del conservadurismo y la consolidación de la marginalidad a través de un lente paranoico en los albores de la década del setenta. En escenas claustrofóbicas, el film crea suspenso y una sensación de paranoia que se va desplegando como una red que cubre a los personajes, impidiéndoles reaccionar y escapar a sus destinos.

 

El personaje de John Klute, interpretado por Donald Sutherland, funciona como un paradigma de la sociedad conservadora de una pequeña ciudad que vive de la corporación y aborrece la ciudad por sus perversiones y desvíos, pero es en la gran ciudad donde descubre sus debilidades, al igual que el resto de los personajes, que se dejan llevar por sus fetichismos e impulsos miserables reprimidos. El esposo, padre y miembro respetable de una sociedad pública se ve envuelto así en un escándalo debido a su vida oculta. La conexión con Bree Daniels, una prostituta que busca convertirse en actriz y modelo sin demasiado éxito, interpretada por Jane Fonda, es la única pista que Klute tiene, ya que tiempo atrás ella recibió cartas obscenas por parte del ingeniero desaparecido. Las misteriosas llamadas sin una voz del otro lado de la línea que ella recibe en medio de la noche y la sensación de estar vigilada la acercan a Klute, con quien se siente a salvo. Mientras que Klute busca en Bree su lado virtuoso, ella intenta corromperlo a él para demostrarle que todos los hombres tienen su costado débil y que la integridad es tan solo una máscara de una actitud conservadora y rancia.

 

A través de sesiones de psicoanálisis de Bree, el film va construyendo la psicología de la prostituta y de su relación con el mundo, enhebrando reflexiones sobre la comodidad de la manipulación, el control que logra ejercer en su rol de meretriz y la perdida de él en los castings de modelaje y actuación. En este sentido Klute la descoloca porque no parece demandar nada de ella. Entre ellos solo hay comunicación, no manipulación, lo que la incómoda de sobremanera y la coloca en una posición defensiva que expone sus emociones.

 

Klute también da cuenta, a través de las grabaciones de las conversaciones sexuales convertidas en fetiche perverso oculto, de la influencia de las nuevas tecnologías de la comunicación en la psicología, las emociones y en los comportamientos sexuales de los individuos. Mientras que la reproducción de las grabaciones se convierte en un fetiche para algunos, para otros es una prueba de la pérdida absoluta de la intimidad. La violación de la privacidad va de la mano de un complejo de persecución que marca el inicio de la exploración de Pakula en la paranoia como síntoma de la sociedad posmoderna que se consolida.

 

Un elenco maravilloso con Sutherland, Fonda, Rod Scheider y Charles Cioffi conduce este film hacia los caminos de la dualidad entre la vida familiar y su escape, representados por el pueblo y la ciudad, y esas dos oficinas de la misma empresa, una en Pensilvania y la otra en Nueva York, que reflejan las distintas capas que anidan en el corazón lascivo del hombre. Lo privado y lo público cambian sus valencias y se funden en un conflicto que tendrá consecuencias letales para los protagonistas.

 

Klute (Estados Unidos, 1971)

Dirección: Alan J. Pakula. Guión: Andy Lewis y David E. Lewis. Elenco: Donald Sutherland, Jane Fonda, Charles Cioffi, Roy Scheider, Dorothy Tristan, Rita Gam, Nathan George, Vivian Nathan, Morris Strassberg, Barry Snider. Producción: Alan J. Pakula. Duración: 114 minutos.

 

 

The Parallax View (1974):

 

El brutal e inexplicable asesinato en un lugar público de un prominente senador con muy buena imagen en Estados Unidos, la posterior muerte en circunstancias dudosas de varios testigos y el miedo a morir de una de las periodistas que presenció el acontecimiento empujan al periodista Joseph Frady (Warren Beatty) a investigar sobre un suceso muy intrincado, lo que lo lleva a introducirse en una corporación que funciona como la cobertura legal de un emprendimiento ilegal de reclutamiento y formación de asesinos a sueldo descartables.

 

En The Parallax View (1974) la paranoia llega a límites insuperables y absolutamente justificados respecto de la relación entre los intereses corporativos, la gradual pérdida de control del Estado -o sea, de la política- para con la economía, cada vez más influenciada por las políticas empresariales y la corrupción del sistema judicial. Pakula propone aquí un entramado paranoico de largo alcance con una conspiración que no sólo se cobra vidas sino que va creciendo de una forma exponencial en su control, anulando en el proceso la democracia para demostrar que el individuo aislado siempre será derrotado.

 

Como señala el crítico cultural estadounidense Fredric Jameson en La Estética Geopolítica: Cine y Espacio en el Sistema Mundial (1992), el film narra la clausura de la tradición del inconformista rebelde a través de sus propias contradicciones. Si por un lado el personaje principal interpretado por Beatty logra ingresar a la corporación para convertirse en uno de sus asesinos, lo que le permite descubrir la trama del complot, esta revelación tendrá como consecuencia directa su exposición a los alcances de la corporación, a los entramados burocráticos preparados para convertirlo en víctima de su curiosidad. Por otro lado el protagonista se presenta aquí como un psicópata, sólo así puede entrar a la corporación como prospecto de asesino, lo que devela que su carácter individualista y violento no es más que un indicador de su perfil sociópata.

 

La película capta la atmósfera conspirativa que se cernía sobre Estados Unidos tras los asesinatos de John Fitzgerald Kennedy y su hermano Robert, la posterior investigación respecto de los magnicidios y la dimisión de Richard Nixon, algunos de los acontecimientos más destacables de una sensación de que el país estaba en una encrucijada, en una crisis moral producto de las contradicciones entre el cinismo posmoderno, la deriva del sueño americano y esa falsa imagen de prosperidad de la democracia capitalista que buscaba imponerse al imaginario de carencia y abnegación del bloque comunista. La relación entre la iniciativa privada y el Estado se transformaba: la empresa privada pasaba a ser considerada pública por su apertura al mercado, el hombre público pasaba a representar sus intereses privados, y el individuo se convertía en un engranaje del complot, víctima o victimario, da lo mismo.

 

The Parallax View remarca y expone a través de la mirada inquisidora de Pakula los cambios que el nuevo capitalismo corporativo le estaba realizando sistemáticamente al esquema económico, político, social y cultural norteamericano bajo las nuevas ideas del posmodernismo en la nueva era de las corporaciones. El poder se presenta en la obra como una entidad colectiva cuya misión es coaccionar al individuo en su soledad, expulsarlo del ámbito público y reasignarlo a su redil privado, a su escondite. Este poder caótico está repleto de indicios complejos casi imperceptibles que se van convirtiendo en pistas y van construyendo el bosquejo de un complot que en realidad es la nueva carcasa que las empresas y la política adoptan para adaptarse a una etapa donde la honestidad queda para la ficción y el eslogan propagandístico de los corruptos y los conspiradores corporativos. Pakula confunde, estremece y deja perplejo al espectador para subrayar que estamos ante un nuevo cambio de paradigma, ya sea que queramos o estemos preparados para verlo o no.

 

The Parallax View (Estados Unidos, 1974)

Dirección: Alan J. Pakula. Guión: David Giler, Lorenzo Semple y Robert Towne. Elenco: Warren Beatty, Paula Prentiss, William Daniels, Walter McGinn, Hume Cronyn, Kelly Thordsen, Chuck Waters, Earl Hindman, William Joyce, Jo Ann Harris. Producción: Alan J. Pakula. Duración: 102 minutos.

 

 

All the President’s Men (1976):

 

Para contrastar la organización burocrática estatal con la que los personajes se enfrentan, All the President’s Men (1976) recalca la desorganización y la improvisación de los periodistas en una recreación de la investigación publicada con el título homónimo por parte de los periodistas del diario norteamericano The Washington Post, Carl Bernstein y Robert Woodward, interpretados de forma brillante por Dustin Hoffman y Robert Redford, respectivamente. Aquí los dos reporteros investigan las implicaciones del conocido escándalo Watergate que destapó una conspiración dirigida por altos funcionarios del gobierno de Richard Nixon para amedrentar y perseguir a dirigentes opositores durante el primer mandato del presidente del partido republicano.

 

Con un elenco increíble que incluye a Jack Warden, Martin Balsam, Jason Robards, Hal Holbrook y Ned Beatty, el film trabaja los procesos de construcción de una crónica y una investigación periodística, la búsqueda de las fuentes fiables, la conexión de los testimonios y el trabajo de campo y de oficina para ofrecer un panorama completo de la creación de una noticia y de una historia. Imágenes documentales, entrevistas, discusiones, análisis de la información y una búsqueda incansable de informantes y testimonios consistentes y reveladores son algunas de las cuestiones que Pakula reconstruye aquí para convertir a la impensada dupla periodística en un dúo de detectives en una gesta que marcó una época y truncó la carrera política de uno de los políticos más nefastos de Estados Unidos.

 

La investigación de Bernstein y Woodward es contrastada con imágenes y menciones a la campaña de Nixon, la amenaza de un segundo mandato que lo fortalezca, la importancia de las noticias en un período electoral y la continuación de la Guerra de Vietnam y de las políticas agresivas de un gobierno sostenido por el discurso anticomunista de una derecha recalcitrante y conservadora que buscaba mantener la producción constante de la industria armamentista bajo la doctrina de la guerra permanente.

 

Pakula indaga en All the President’s Men en una cuña que el progresismo periodístico clavó en el Partido Republicano pero también en la paranoia que marcó la posibilidad de que cualquiera se convierta en un objetivo del interés o de ataque de parte de alguno de los organismos de inteligencia de las distintas dependencias del poder ejecutivo con la consecuente pérdida de la intimidad. La película revela de una forma extraordinaria cómo la democracia y la privacidad se ven comprometidas a través de la vigilancia, lo que genera una sensación de paranoia y persecución total. Así como en The Parallax View las corporaciones convertían su espacio privado en un radar sobre lo público, en All the President’s Men los periodistas demostraron cómo un gobierno transformó las instituciones estatales en un instrumento de sus intereses privados.

 

Pakula ofrece aquí una alegoría sobre el poder a través de múltiples simbolismos alrededor de la arquitectura de la capital de Estados Unidos, Washington, los espacios públicos, los lugares donde se intercambia la información y las oficinas y las redacciones de los periódicos para recrear una puja por las herramientas que permiten el control de los mecanismos de poder. All the President’s Men es tanto una oda como un réquiem de la Constitución Norteamericana, de los valores republicanos y progresistas, una última oportunidad de no caer en el cinismo, y por lo tanto, una utopía imposible, inalcanzable, pero no por eso un gesto menos importante de parte de Bernstein y Woodward. Las noticias no son aquí tan importantes para la población, para el votante, sino que funcionan como una denuncia pública para el sistema judicial y parlamentario, una exposición para los poderes del abuso de las facultades establecidas por la Constitución por parte de uno de ellos. La investigación no provoca la caída de Nixon sino que moviliza el engranaje burocrático jurídico para que Nixon y sus colaboradores deban enfrentar las acusaciones vertidas por The Washington Post. A pesar de la tentación de caer en una celebración maniquea del triunfo del bien sobre el mal, Pakula no realiza aquí un homenaje al periodismo sino que más bien deja una advertencia sobre la necesidad -ya sea del periodismo, del cine o de todas las fuerzas progresistas- de defender a través de la ley -último recurso ante la corrupción política- los valores de la Constitución a pesar de las persecuciones y los ataques por parte de los que detentan el poder de turno. Los valores democráticos son los protagonistas en cuestión, socavados, heridos desde el asesinato de los hermanos Kennedy y el establecimiento de una política beligerante y represiva por parte de un gobierno con un apoyo muy grande de parte de una población demasiado conservadora y retrógrada. En All the President’s Men no hay héroes, no hay patriotas, sólo trabajadores, cronistas intentando hacer su trabajo, una tarea en este caso relacionada con la política por cierto, pero no por ello distinta. Los individuos logran aquí poner en funcionamiento los engranajes del Estado para combatir a las instituciones del Estado, pero el individuo se vuelve un engranaje más del Estado, del periódico, de las instituciones sociales: el héroe rebelde perece también bajo el sonido de la máquina de escribir para ceder su lugar a la junta de la redacción, a la publicación, a la información introducida en el sistema. El individuo se convierte así finalmente y completamente en sujeto sujetado, pero al menos deja un obituario.

 

All the President’s Men (Estados Unidos, 1976)

Dirección: Alan J. Pakula. Guión: William Goldman. Elenco: Robert Redford, Dustin Hoffman, Jack Warden, Martin Balsam, Hal Holbrook, Jason Robards, Jane Alexander, Meredith Baxter, Ned Beatty, Stephen Collins. Producción: Walter Coblenz. Duración: 138 minutos.