Perseguido (Pursued)

El odio a lo largo de los años

Por Emiliano Fernández

Desde ya que en gran medida es cierto aquello que se suele decir en los círculos cinéfilos acerca de Perseguido (Pursued, 1947), joyita no del todo conocida ni respetada de Raoul Walsh, en materia de que la obra en cuestión es una rareza total porque unifica elementos del western y el film noir, como por ejemplo las aventuras fatalistas de los pioneros en el páramo y los arcanos tan dolorosos como determinantes, no obstante el asunto va más allá porque también se pueden rastrear claros ingredientes del melodrama, la epopeya bélica, la parábola existencial, el thriller o terror psicológico y los relatos de venganza impiadosa. Si la pensamos exclusivamente a nivel conceptual o abstracto, Perseguido se asemeja a una cruza imposible entre los traumas de antaño de Retorno al Pasado (Out of the Past, 1947), maravilla del policial negro del mismo año de Jacques Tourneur y asimismo protagonizada por Robert Mitchum, cierto impulso gansteril del cine del propio Walsh que se corresponde con la mejor fase de su carrera, esa que abarca sus colaboraciones con la Warner Bros. y se extiende espiritualmente desde Altas Sierras (High Sierra, 1941), con Humphrey Bogart e Ida Lupino, hasta Alma Negra (White Heat, 1949), estelarizada por un incontrolable James Cagney, y por supuesto aquel sustrato extraño -por su misticismo, su poesía, su denuncia testimonial, su dejo vanguardista y/ o su violencia de izquierda- de westerns posteriores en sintonía con A la Hora Señalada (High Noon, 1952), de Fred Zinnemann, El Desconocido (Shane, 1953), de George Stevens, y Vera Cruz (1954), de Robert Aldrich, todas propuestas quizás más redondas a nivel artístico o superadoras en líneas generales con respecto a la presente aunque sin que ello le quite méritos a esta anomalía de Walsh y su intención de fondo de inyectar complejidad e imprevisibilidad a un género como el western que durante el Hollywood Clásico casi nunca se caracterizó, precisamente, por los adalides enrevesados de la justicia, el honor y los postulados de moda del chauvinismo o fariseísmo institucional.

 

Escrita por Niven Busch y coprotagonizada por su esposa de entonces Teresa Wright, la película está narrada a través de un extenso flashback que cubre la vida de un Jeb Rand (Mitchum) que a principios del Siglo XX se encuentra en una construcción derruida de Nuevo México con su mujer amada, Thorley “Thor” Callum (Wright), y espera la llegada de una turba de pistoleros que definitivamente pretenden asesinarlo, así viajamos hasta su infancia (Ernest Severn se hace cargo de la niñez de Jeb) porque la tragedia lo marca una cruel noche en la que fallece toda su familia por un tiroteo sólo recordado de manera difusa por el chiquillo. La Señora Callum (Judith Anderson), madre de los pequeños Thor (Peggy Miller) y Adam (Charles Bates cuando purrete, John Rodney en la versión adulta), adopta al huérfano y lo cría como su tercer hijo en el rancho de la parentela hasta que su cuñado, Grant Callum (Dean Jagger), intenta asesinarlo de un disparo que le pega al caballo que montaba el joven, así se produce un encuentro entre la matriarca y Grant que nos aclara las cosas: el padre de Jeb protagonizó un affaire con la Señora Callum y el asunto derivó en la muerte del marido de la susodicha, quedando en el tintero si fue suicidio como parece o un homicidio por parte del amante, pero lo que sí se hace explícito es que Grant, un abogado que luego treparía en la pirámide jurídica, muta en un ángel de la venganza que acribilla al amante y todo su clan y pierde su brazo izquierdo en la balacera, después pactando una tregua con la femme fatale para respetar por un tiempo la vida de Jeb y ver qué resulta de ello cuando crezca y comience a preguntar sobre sus orígenes. Rand es conducido por el cuñado maldito a pelear en la Guerra entre España y Estados Unidos de 1898 y encima se ve obligado a matar a su hermanastro, Adam, y a un pretendiente de Thor, Prentice (Harry Carey Jr.), ya que ambos son manipulados por Grant para no dejarse avasallar por un Rand que aspira a casarse con Thorley, la cual luego del óbito de su hermano desea matar a Jeb.

 

Si bien resulta indudable que Busch maximizó todo lo posible la participación del personaje de su esposa, un guionista y escritor que por cierto volvería a colaborar con Walsh en Eco de Tambores (Distant Drums, 1951), otro western aunque mucho menos interesante, y que trabajó bajo las órdenes de luminarias variopintas como Howard Hawks, William Dieterle, Archie Mayo, Henry King, Edward Dmytryk, King Vidor, John Sturges y Budd Boetticher, destacándose en especial lo hecho en ocasión de El Caballero del Desierto (The Westerner, 1940), de William Wyler, El Cartero Llama Dos Veces (The Postman Always Rings Twice, 1946), de Tay Garnett, y Las Furias (The Furies, 1950), de Anthony Mann, a decir verdad el alma de la historia es Rand y no sólo porque se posiciona desde el vamos como un eterno fugitivo del odio de Grant -y el aparato legal que lo respalda como su representante por antonomasia en la región en cuestión de Nuevo México- pero también de sí mismo y de su felicidad potencial en la finca ganadera de los Callum o como esposo de Thorley, basta con recordar que Jeb atraviesa una metamorfosis identitaria insólita para el mainstream de la época que arranca pintándolo como un huerfanito al cuidado del agente femenino de la corrupción y la desgracia para a posteriori volcar el asunto hacia las comarcas antagónicas del héroe de guerra con una pierna herida, el vago que no ayuda en el mantenimiento del rancho y pronto se gana/ confirma el desprecio de Adam, el hermanastro incestuoso que quiere casarse con la apetecible Thor, el tahúr que gana una pequeña fortuna en el casino de la zona y se asocia con el dueño del lugar, Jake Dingle (Alan Hale Sr.), el exiliado interno de la familia por la muerte de Adam, sujeto que pretende emboscarlo sin mayor éxito, el marido con destino trágico cuando Thorley acepta el matrimonio sólo para vengarse por las muertes de su hermano y Prentice, y finalmente -ahora sí- ese pistolero típico del western que se planta ante las intenciones homicidas de un Grant que no puede verlo casado y rico.

 

Mitchum, señor que estaba en la primera fase de su carrera y venía de colaboraciones con Dmytryk, Clarence Brown, Richard Thorpe, Ray Enright, William Castle, Gordon Douglas, Mervyn LeRoy, William A. Wellman, Vincente Minnelli y John Brahm, entre muchísimos otros, ya para entonces era un especialista del western y el policial negro aunque todavía estaba lejos de alcanzar la cúspide actoral de sus futuros villanos de antología, aquellos de La Noche del Cazador (The Night of the Hunter, 1955), opus de Charles Laughton, Cabo de Miedo (Cape Fear, 1962), de J. Lee Thompson, y Ceremonia Secreta (Secret Ceremony, 1968), de Joseph Losey, y de los diversos personajes que supo componer en clásicos de la talla de Almas Perdidas (River of No Return, 1954), de Otto Preminger, Camino de Odio (Thunder Road, 1958), de Arthur Ripley, y Los Amigos de Eddie Coyle (The Friends of Eddie Coyle, 1973), de Peter Yates, no obstante su Jeb resulta lo suficientemente paradójico y misterioso para justificar los cambios psicológicos más o menos bruscos que le impone el hipnótico guión de Busch, planteo retórico al que se suma la música rimbombante de Max Steiner y la habitual economía expresiva de un Walsh -aquí muy ayudado por el director de fotografía, el igualmente genial y legendario James Wong Howe- que siempre sabía dónde situar la cámara y cómo reducir el número de tomas necesarias al mínimo para que los ejecutivos de los estudios hollywoodenses no pudiesen reeditar su montaje y tuviesen que aceptarlo sin tanto lloriqueo por esto o aquello. Considerándolo un retrato ampuloso y cuasi desquiciado del encono a lo largo de los años, Perseguido es uno de los films más inusuales del Western Clásico porque no sólo incorpora elementos hitchcockianos, como por ejemplo el trauma escondido en el pasado que asoma su cabeza durante los últimos minutos, todo el fetichismo macabro con una mujer socialmente prohibida e incluso un “final feliz” delirante después de tantas tragedias acumuladas, sino que lo hace con una destreza incuestionable…

 

Perseguido (Pursued, Estados Unidos, 1947)

Dirección: Raoul Walsh. Guión: Niven Busch. Elenco: Robert Mitchum, Teresa Wright, Judith Anderson, Dean Jagger, Alan Hale, John Rodney, Harry Carey Jr., Ernest Severn, Charles Bates, Peggy Miller. Producción: Milton Sperling. Duración: 102 minutos.

Puntaje: 9