Las Trillizas de Belleville (Les Triplettes de Belleville)

El olfato del sabueso

Por Martín Chiavarino

La aclamada ópera prima del realizador francés Sylvain Chomet, Las Trillizas de Belleville (Les Triplettes de Belleville, 2003), es un homenaje al cine de animación francés, a su idiosincrasia y a la época dorada del Music Hall. Este film de fantasía a contrapelo de la animación hegemónica de la época atrapó al público con una particular visión de la nostalgia a través de una historia cálida y valiente sobre los cambios sociales, el valor de la sencillez y el esfuerzo y la dedicación a través de la pasión, el amor, y por supuesto, el olfato de un sabueso viejo de ladrido constante.

 

En su afán por llevar un poco de solaz a su melancólico nieto huérfano, Champion, Madame Souza le regala al niño un cachorro, Bruno, e intenta interesarlo en el piano, pero el joven solo demuestra felicidad al montar velozmente enajenado en un triciclo. Con la ayuda de su abuela, Champion entrena para convertirse en un ciclista profesional para competir en el Tour de France, pero es secuestrado durante la intensa competencia junto a otros dos ciclistas por un grupo mafioso que lo lleva en barco a través del océano a la imponente ciudad de Belleville, una metrópoli de rascacielos estridentes que se asemeja a la ciudad de Nueva York. Madame Souza se embarca junto a Bruno para encontrar a su nieto, e inesperadamente se encuentra debajo de un puente a las ancianas Trillizas de Belleville, unas vocalistas famosas del Music Hall de los años treinta que Madame Souza admiraba por la televisión, quienes cantaban junto a estrellas de la talla de Fred Astaire, Josephine Baker y Django Reinhardt. Las ancianas le ofrecen alojamiento a la desesperada abuela y su perro y la ayudan a buscar a su nieto desaparecido. Cuando descubren el paradero del joven gracias al olfato de Bruno emprenden el rescate de los ciclistas, quienes son forzados por la mafia francesa de apuestas clandestinas de Belleville a correr en una cinta de extraños mecanismos con la proyección de una carrera de fondo para estimularlos a continuar con su pedaleo mortal.

 

Las Trillizas de Belleville contrapone la tranquilidad de la vida en el campo a la vertiginosidad, estruendo y peligrosidad de la existencia en la ciudad a través de una animación de inspiración surrealista con muchos guiños a la cultura y la historia francesas y a la comedia afligida de Jacques Tati. Con un sentido cómico heredado de Charles Chaplin y Buster Keaton, este film animado prácticamente sin diálogos refleja los contrastes sociales urbanos, la destrucción del campo a manos de la industrialización sin control y la condición marginal de la inmigración y la proliferación de lo ilegal en las metrópolis. La música y la cultura ofrecen dentro de este contexto un espacio de descanso, un lugar para la imaginación donde los perros pueden soñar que los humanos le ladran a los trenes y pueden desafiar a la velocidad mientras los ciclistas parecen seres hipnotizados y solo Madame Souza y las trillizas tienen la valentía de enfrentar a los mafiosos con solidaridad e ingenio.

 

Nostálgico y melancólico, lánguido y alegre a la vez, el primer film de Sylvain Chomet remite a una época dorada perdida y añorada con protagonistas ancianas que evocan su juventud de esplendor ante las penurias del presente, la angustia de la urbe y el desplazamiento de los mayores en una sociedad que entroniza la juventud. Haciendo uso de la animación tradicional francesa y de una paleta de colores ocres y opacos, Las Trillizas de Belleville remite a los cambios de una sociedad que expulsa en lugar de incluir, que destruye dejando escombros sin crear nada, donde la vitalidad ha sido reemplazada por la apatía y solo quedan destellos de un pasado mejor. La composición de Benoît Charest crea una música en la que prima el estilo burlesque del Music Hall francés, que Chomet a su vez le imprime a todo el film para crear una obra de animación inusual que no predefine a su espectador, como la mayoría de los films de dibujos animados contemporáneos, e invita a toda la familia a disfrutar de una película con intriga, valor y una buena cuota de fantasía y surrealismo inolvidables para sacudirse el discurso tecnócrata neoliberal que estropea los sentidos.

 

Las Trillizas de Belleville (Les Triplettes de Belleville, Francia/ Bélgica/ Canadá/ Reino Unido/ Letonia/ Estados Unidos, 2003)

Dirección y Guión: Sylvain Chomet. Elenco: Jean-Claude Donda, Dirk Denoyelle, Monica Viegas, Graziellia de Villa, Michel Robin, Noël Baye, Suzy Falk, Michèle Caucheteux, Nicole Shirer, Germaine Charest. Producción: Didier Brunner y Viviane Vanfleteren. Duración: 78 minutos.

Puntaje: 10