Earth, Wind & Fire (To Be Celestial vs. That's the Weight of the World)

El pop negro marca registrada

Por Emiliano Fernández

Nunca hay que tener miedo de decir las cosas justo como son o de apegarse a la verdad con sus contradicciones y capas superpuestas, alejadas de todo reduccionismo: Earth, Wind & Fire, grupo liderado por el cantante, compositor y productor Maurice White (1941-2016), formó parte de una suerte de Clase B dentro del pelotón de bandas y solistas de una época gloriosa de la música negra en Estados Unidos, hablamos por supuesto de los años 60 y 70, período que el grupo de White supo en gran medida hegemonizar a nivel comercial durante su tramo final, ese correspondiente a la segunda mitad de la década del 70 de la mano de una seguidilla de álbumes muy exitosos que asimismo se abren camino como las cúspides de la obra en estudio de la banda, concretamente That’s the Way of the World (1975), Spirit (1976), All ‘n All (1977), I Am (1979) y Faces (1980), más un famoso trabajo doble en vivo, Gratitude (1975), que también ayudó muchísimo a construir la fanfarria paradigmática de allí en más. El colectivo, siempre rozando la decena de integrantes e incluso incorporando una sección de instrumentos de viento metal a partir de Gratitude y Spirit, bautizada The Phenix Horns y encabezada por Don Myrick en saxofón y Louis Satterfield en trombón, jamás aportó algo significativamente novedoso y lo que sí hizo fue combinar con relativa eficacia ingredientes preexistentes de gente tan diversa -y con más talento- como James Brown, Stevie Wonder y sobre todo Sly and the Family Stone, la agrupación liderada por el mítico Sylvester Stewart, de allí que en líneas generales pueda aseverarse que el corazón de Earth, Wind & Fire pasaba por un soul progresivo que dentro de la región estilística de turno, la exuberante música negra de los 70, resultaba equivalente a la experimentación en el rock de King Crimson, el eje fastuoso/ teatral de Queen y el esoterismo y la complejidad formal fetichizada de Yes, todo indudablemente filtrado por una clara sensibilidad pop de pretensiones masivas y por muchas desviaciones jazzeras que trataron de hacer “amigables” para el gran público, tanto caucásico como afroamericano, motivos que ya en aquella época eran estereotipos culturales como el afrofuturismo, la meditación de impronta hinduista y el hippismo tardío de esta comunidad negra modelo paz, amor, felicidad y armonía espiritual.

 

Los muchachos de Maurice, workaholic que por cierto compartiría micrófono con Philip Bailey desde Last Days and Time (1972) al punto de conformar un gran dúo porque el líder era tenor y Bailey solía cantar en falsete, efectivamente empiezan su viaje en el terreno de un soul progresivo y/ o psicodélico que se parecía mucho primero a The 5th Dimension, en materia de ese sunshine pop particularmente intrincado, y segundo a algunas bandas de soft y jazz rock en sintonía con Chicago, The Flock y Blood, Sweat & Tears, caracterizadas por la utilización regular de instrumentos de viento metal. Después de una fase seminal muy poco interesante, que ya incluía una fusión jazzera con música africana, bossa nova, góspel y música cubana propia del disco mencionado, Last Days and Time, más Earth, Wind & Fire (1971), The Need of Love (1971), Head to the Sky (1973) y Open Our Eyes (1974), la agrupación logra despegar a escala artística y comercial con That’s the Way of the World, en realidad el soundtrack de la película homónima de ese mismo año que no vio casi nadie, propuesta dirigida por Sig Shore y protagonizada por Harvey Keitel en la que esta multitud participaba también delante de cámaras, excusa para un renacimiento creativo paulatino que tuvo bastante que ver con la producción en Open Our Eyes, That’s the Way of the World y Gratitude de Charles Stepney, mentor de White -junto a Ramsey Lewis, para el cual tocó batería en un trío de jazz durante los 60- que fallecería de repente de un ataque cardíaco durante la grabación de Spirit, disco que desde su título opta por homenajearlo. El otro factor crucial fue el hecho de compartir escenario con George Clinton, el genio grotesco de Parliament- Funkadelic, para el que abrieron un show en un estadio a mediados de los 70, suceso que infló el ego de Maurice, claramente opacado, y lo llevó a terminar de pulir una fórmula que por entonces aglutinaba los floreos de Motown y aquel rhythm and blues en general con la energía del jazz y el flamante funk de Clinton, esquema al que se sumaría la música disco desde Spirit y All ‘n All y la new wave a partir de Faces y las placas siguientes hasta la separación, nos referimos a Raise! (1981), Powerlight (1983) y Electric Universe (1983), tres álbumes impersonales volcados al dance pop símil un post-disco ultra bailable.

 

Todo este periplo tan colorido, desde las resonancias avant-garde del primer momento hasta el comercialismo apestoso de los años 80, desde la cuasi orquesta arriba del escenario a las drum machines y los sintetizadores, y desde los sueños democráticos y la camaradería del comienzo hasta la dictadura posterior de un White que gustaba de aislarse y no darle crédito alguno al resto de la banda, llegando incluso a no entregarle las regalías correspondientes, va a parar a un maravilloso y accesible documental sobre los señores, Earth, Wind & Fire (To Be Celestial vs. That’s the Weight of the World) (2026), film para HBO Max de Ahmir Khalib Thompson alias Questlove, baterista de The Roots, y nuevo eslabón de su colección de lienzos melómanos de los últimos años, retahíla que incluye a Ladies & Gentlemen: 50 Years of SNL Music (2025), opus acerca de la faceta musical de Saturday Night Live (1975-2026), Summer of Soul (or When the Revolution Could Not Be Televised) (2021), sobre el Harlem Cultural Festival de 1969, y Sly Lives! (aka the Burden of Black Genius) (2025), estupendo retrato precisamente de Sly and the Family Stone del que el nuevo documental de Questlove puede considerarse un hermano, en especial a raíz de ese tono distendido que jamás pierde rigurosidad retórica porque sabe ponerse serio cuando la etapa o un episodio específico así lo requieren. La propuesta, como era de esperar, se centra en White y los pivotes interconectados de su trayectoria y su vida privada, como por ejemplo el abandono que sufrió a manos de su padre primero y su madre después, el carácter reservado/ distante/ gélido durante buena parte del derrotero del grupo, el poco o nulo contacto que mantuvo con sus hijos, su tendencia insistente a tratar a los miembros de Earth, Wind & Fire como sesionistas y la esperable redención -a la fuerza- que trajo la Enfermedad de Parkinson en ocasión de su vejez, planteo que incluye además una semi “viuda oficial” que nunca se casó con él, Marilyn White, y su intento solista con Maurice White (1985), placa en estudio tan amena como rutinaria. El film aprovecha las palabras del equipo fundamental desde Last Days and Time, Bailey, Verdine White en bajo y Ralph Johnson en batería, y del ingeniero de sonido George Massenburg, socio reincidente a partir de That’s the Way of the World.

 

Questlove no omite el fracaso de la reunión desde el insípido Touch the World (1987) en adelante, dejando entrever que la nostalgia empezó a funcionar recién en la década del 90, y tiene muy presente la colaboración de The Phenix Horns y especialmente Bailey con Phil Collins, británico que produciría a Philip en Chinese Wall (1984) y le daría un hit mundial vía Easy Lover, amén de la participación crucial del ensamble de viento metal en Face Value (1981), Hello, I Must Be Going! (1982), No Jacket Required (1985) y But Seriously (1989), todos tanques discográficos de Collins. No falta algún cliché de larga data, como subrayar que Maurice popularizó la kalimba, un instrumento idiófono de origen africano y precursor del piano, y lamentablemente se siente la ausencia de algún testimonio ilustrativo de parte de Clinton, no obstante el director ofrece a modo de compensación una mínima escena reciente de backstage con el papi del P-Funk. En este sentido, Lionel Richie aparece contextualizando varios episodios históricos, Stevie Wonder reconoce que Shining Star, de That’s the Way of the World, inspiró I Wish, gran clásico de Songs in the Key of Life (1976), Michael Peter Balzary alias Flea, de Red Hot Chili Peppers, elogia a su equivalente en Earth, Wind & Fire, el estupendo Verdine, hermano menor de Maurice, y el matrimonio de Barack y Michelle Obama manifiesta su pasión por el grupo y la vincula a un show del año 2009 en la Casa Blanca, sin olvidarnos de unos comentarios muy graciosos del coreógrafo George Faison, conocido por su trabajo en The Wiz (1974), puesta musical de Broadway que luego mutaría en la película del mismo título de 1978 de Sidney Lumet, detalle que deja todo servido para los entretelones más interesantes que ofrece el documental, aquellos que pintan el inicio en 1977 del ambicioso tour de presentación de All ‘n All con pirotecnia, láseres, una pirámide en el escenario, la coreografía señalada de Faison y unos memorables trucos de magia cortesía de Doug Henning, ilusionista canadiense que logró que Verdine levitara en medio de un solo furioso de bajo. Un gran punto a favor de Earth, Wind & Fire (To Be Celestial vs. That’s the Weight of the World), a pesar de lo que parece insinuar su título, radica en que no se toma demasiado en serio la jerigonza metafísica de White, esa que lo mantuvo siempre alejado del alcohol y las drogas aunque no le impidió amargarle la vida a todos los que tenía a su alrededor, y apuesta a una celebración de los pasajes más populares de la aventura artística de la banda, en línea con Reasons, Fantasy, September, Let’s Groove, Getaway, Boogie Wonderland y la mencionada Shining Star, entre muchas otras canciones de repercusión internacional. De manera involuntaria Questlove pone en evidencia los tres problemas altisonantes del colectivo, léase su repetición en cuanto a la misma fórmula de siempre apenas adornada de tanto en tanto, la ausencia de novedades importantes dentro del soul progresivo más allá de imponer un “pop negro” higiénico marca registrada, producto que solía confundir los arreglos elegantes estandarizados con astucia compositiva, y finalmente ese comercialismo desaforado que los llevaba a adoptar los ropajes sonoros de la época sin ninguna adaptación previa que disfrazase el asunto de naturalidad o una metamorfosis que nace del grupo y sus intereses musicales auténticos…

 

Earth, Wind & Fire (To Be Celestial vs. That’s the Weight of the World) (Estados Unidos, 2026)

Dirección y Guión: Questlove. Elenco: Maurice White, Philip Bailey, Ralph Johnson, Verdine White, George Massenburg, Stevie Wonder, Flea, Lionel Richie, Barack Obama, Marilyn White. Producción: Questlove, Arron Saxe, K.B. White, Dave Sirulnick y Samantha Grogin. Duración: 119 minutos.