Último Domicilio Conocido (Dernier Domicile Connu)

El quid policial

Por Emiliano Fernández

Último Domicilio Conocido (Dernier Domicile Connu, 1970) a priori parece una de las primeras películas modernas del formato de “testigo en peligro” pero a decir verdad el opus de Joseph Damiani alias José Giovanni invierte sutilmente el esquema retórico porque en vez de dar por sentado al declarante para concentrarse en los intentos de asesinato de un exterior caníbal y por consiguiente en la dinámica prototípica del cine de acción, opta en cambio por extraviar a conciencia al candidato a atestiguar en un proceso legal candente con vistas a privilegiar a escala narrativa la pesquisa en pos de primero identificarlo sin margen de dudas y a posteriori hallarlo donde sea que se encuentre oculto por el miedo y la apatía, lo que implica una estructura más cercana al suspenso de procedimientos policiales cerebrales basados en la deducción y no tanto en los enfrentamientos con los miembros del hampa, quienes en el relato de todos modos dicen presente aunque juegan una especie de carrera a la distancia con los protagonistas con limitación de tiempo incluida cortesía del juicio de fondo. Giovanni, un legendario colaboracionista nazi y criminal de juventud antisemita experto en secuestros extorsivos que fue sentenciado a muerte y eventualmente salió en libertad luego de cumplir once años de cárcel, utilizó su experiencia fuera de la ley y conocimientos de primera mano en sus carreras paralelas en los ecosistemas literario y cinematográfico especializándose precisamente en el policial negro bien amargo y realista, logrando destacarse en última instancia como director al unificar la destreza narrativa de Jacques Becker y Jean-Pierre Melville, el sutil odio a los uniformados del segundo y por supuesto los grandes motivos de la serie negra yanqui de mediados del Siglo XX, combo que influiría al poliziottesco y los thrillers hollywoodenses de los 70 y décadas siguientes.

 

Al igual que en el otro clásico principal de Giovanni en su faceta de realizador, Dos contra la Ciudad (Deux Hommes dans la Ville, 1973), el señor en Último Domicilio Conocido también incluye otros elementos novedosos, más allá del apuntado en torno a la alteración de la fórmula del testigo en peligro, como por ejemplo la insólita incorporación de una infancia ambigua dentro de la trama, señalada como endemoniada por algunos y celestial por otros, y sobre todo el por entonces vanguardista motivo de la pareja protagónica mixta femenina/ masculina en el campo de los detectives o inspectores o comisarios según la terminología institucional francesa de aquellos tiempos, recurso que recién comenzaría a usarse de manera masiva en la década del 80, aunque como latiguillo mayormente cómico, y sería aceptado hasta volverse un estereotipo en los años 90, ya dentro de un marco adusto que empezó a tomarse en serio la capacidad femenina en el triste y cobarde campo de la represión pública. El protagonista es Marceau Leonetti (Lino Ventura), un oficial de policía condecorado que se volvió adicto a su trabajo luego de la muerte de su esposa e hija en un accidente automovilístico, logrando una hoja de servicios inmaculada que pronto queda manchada cuando arresta a un burguesito rico y borrachín que mueve influencias para así acusarlo de brutalidad y garantizar un castigo, por ello termina en una comisaría avejentada y aburrida de los suburbios de París sin posibilidad de portar armas y limitándose a tareas como localizar palomas robadas a un purrete. Todo cambia cuando un antiguo colega lo incorpora a una brigada antivicio y lo pone a trabajar con una oficial novata, Jeanne Dumas (Marlène Jobert), identificando y arrestando a pervertidos que acosan a las mujeres en las salas cinematográficas de la zona que abarca la flamante comisaría del degradado Leonetti.

 

El título de la película hace referencia al siguiente encargo que recibe el oficial, encontrar y arrestar a un tal Roger Martin (Philippe March), testigo que está fugado desde hace cinco largos años y que urge hallar porque faltan apenas ocho días para que comience el proceso jurídico contra un mafioso de renombre, Soramon (Guy Heron), que fue visto de casualidad por Martin, un contador, a la salida del despacho de un hombre que fue asesinado de un disparo. A sabiendas de que todos los otros uniformados fallaron en materia de encontrar al declarante, única prueba de verdadero peso contra el miembro del hampa, los superiores hipócritas de Leonetti, esos mismos que lo condenaron al exilio, recurren a él como último recurso desesperado para localizar a Martin y no quedar como los inútiles que son ante el ojo público y la prensa en un caso célebre como el presente. Empezando por la única pista disponible, la última residencia del desaparecido, Marceau y Jeanne forman una dupla investigativa algo bizarra que luego de muchas idas y vueltas logra descubrir que el fugitivo tiene una hija pequeña necesitada de medicación periódica, Marie (Bianca Saury), según un vecino todo un ángel, Jacques Loring (Paul Crauchet), y según otra vecina un demonio, la Señorita Manccini (Mathilde Ceccarelli). El dúo con el tiempo consigue la nueva dirección del hombre y su vástago mediante el registro de una receta en una farmacia aunque también comprende que ha sido seguido desde el inicio por secuaces de Soramon, encabezados por Silvia (Béatrice Arnac) y Greg (Michel Constantin), quienes golpean cruelmente a Leonetti pero sin lograr sacarle el domicilio de la presa. Martin atestigua en contra del capo aunque después lo dejan sin custodia y así Greg se lo carga de un cuchillazo en un parque frente a su hija Marie, lo que provoca el asco de Dumas hacia la institución policial y su renuncia.

 

Así como la ejecución de Gino Strabliggi (Alain Delon) del desenlace de Dos contra la Ciudad funcionaba como un duro alegato en contra de la pena capital, recordemos en este sentido que aquel ladrón de bancos se volvía el núcleo del acoso policial del maquiavélico Inspector Goitreau (Michel Bouquet) cual eco de Los Miserables (Les Misérables, 1866), de Victor Hugo, provocando que el personaje de Delon lo termine matando a pura furia, el homicidio de Martin del remate de Último Domicilio Conocido, por negligencia y evidente oportunismo estatal, enfatiza que la dirigencia política y en especial los diletantes del “proteger y servir” son casi siempre peores que los delincuentes rasos porque así como reclaman rauda asistencia cuando la necesitan luego se borran completamente dejando a los individuos de turno a merced de sus enemigos, los cuales no tienen que esforzarse mucho para eventualmente encontrarlos en la sociedad de los números, los registros y la vigilancia omnipresente que sofoca y aterra. Giovanni, que inspiró clásicos varios del film noir galo y hasta el cine de aventuras de Becker, Henri Verneuil, Claude Sautet y Robert Enrico y hoy adapta la novela homónima de 1965 del estadounidense Joseph Harrington, aquí por un lado aprovecha de maravillas las geniales actuaciones de Ventura y la hermosa Jobert y la prodigiosa música incidental de François de Roubaix, cuyo leitmotiv sería uno de los más famosos de la década, y por el otro lado anticipa a toda pompa la brutalidad de la muerte de Goitreau de Dos contra la Ciudad en la memorable escena de extrema violencia en la que los esbirros de Soramon pretenden quitarle a Leonetti el papel donde se supone que está escrita la dirección de Martin, luego descubriendo que todo fue un engaño porque Dumas, quien pudo marcharse en el metro, custodia el secreto, instante de una brutalidad inusitada para la época en el que vemos a un Marceau hecho añicos y acompañado por una rata al paso que atestigua las palizas cruzadas entre el oficial y cuatro contrincantes. Algo de la fábula tácita kafkiana del otro gran opus de Giovanni también está presente en la propuesta que nos ocupa y una buena prueba de ello es la cita final del poeta rumano Mihai Eminescu con la que el cineasta decide finalizar el metraje, “porque la vida es un bien desperdiciado cuando no se ha vivido como habríamos querido”, todo con imágenes de aquella criatura de Ventura viajando derrotada en un tren después de la dimisión de Jeanne y de la conciencia innegable de que la eficacia laboral de nada sirve si está englobada en una ceguera que no incluye ni sabe reconocer la urgencia de un entramado ético que proteja al tercero que se arriesga por un funcionario público o esas mismas instituciones que dicen estar al servicio de la justicia, la razón y el bienestar del prójimo, en suma no cumpliendo con ninguna de estas funciones y encima retratando de sopetón el quid policial, léase una inoperancia que a veces peca de ingenua o altiva y en otras ocasiones de cómplice en casos de corrupción…

 

Último Domicilio Conocido (Dernier Domicile Connu, Francia/ Italia, 1970)

Dirección y Guión: José Giovanni. Elenco: Lino Ventura, Marlène Jobert, Michel Constantin, Paul Crauchet, Béatrice Arnac, Guy Heron, Philippe March, Mathilde Ceccarelli, Bianca Saury, Monique Mélinand. Producción: Jacques Bar. Duración: 102 minutos.

Puntaje: 9