Southern Comfort

El sur podrido, parte 2

Por Ernesto Gerez

Hardin (el gran Powers Boothe) es un típico héroe taciturno hilliano; aunque en Southern Comfort nuestro héroe comparta liderazgo con Spencer (Keith Carradine, cuasi actor fetiche de Hill): imaginamos que serán sus decisiones las más importantes porque con su pose estoica sabemos que sabe todo antes de que haga o diga nada. Su postura es la que se destaca y sobresale en un grupo de la guardia civil de Luisiana que será protagonista de un conflicto que no tardará en desatarse por culpa de la imbecilidad de uno de sus integrantes. Hardin es la representación del héroe mítico de Hill que llega desde otros pagos y con un pasado desconocido a poner a prueba su coraje y su sabiduría. Tal como lo hacía Charles Bronson en Hard Times (1975), en su retrato de la mayor crisis económica de Estados Unidos donde el sueño americano no era más que tratar de conseguir unos dólares a las trompadas esquivando golpes carroñeros y garcas de los que no se lastiman las manos, y seguir camino en trenes de destino incierto. Otra figura análoga fue Ryan O’Neal en The Driver (1978), héroe sin nombre y sin palabras que sabía lo que debía hacer y lo hacía bien, en un mundo donde Hill sienta las bases de la acción como decreto ya en una primera escena que no necesita de diálogos o explicaciones ni graves ni banales. Acá, en el pleno confort sureño del lago Caddo, en la frontera entre Texas y Luisiana, como ahí (en la Nueva Orleans de Bronson y Coburn), además de piñas hay bailes con música sureña. Para Hill el baile de las fiestas populares es tan importante como la acción deportiva o la bélica. Su fascinación por lo popular es evidente no sólo desde la elección de los géneros que utiliza para desarrollar sus relatos sino desde aquellas secuencias que parecen más relleno esteta que herramientas narrativas, pero que son tan importantes -por el espacio que les brinda- como sus escenas de acción tradicionales. Este gusto de Hill por la música de las raíces americanas fue seguramente lo que lo llevó a trabajar junto al maestro del slide, Ry Cooder. No solo en Hard Times se toma su tiempo para mostrar los bailes en una fiesta en la antesala de una pelea, también lo hace en The Long Riders (1980), primera película con música de Cooder y western que se acerca en algunos aspectos aún más a Southern Comfort porque, como en la festejada The Warriors (1979) y a diferencia de sus primeras películas (las mencionadas Hard Times y The Driver), acá el conflicto es grupal y no individual. Así como en las primeras trabaja elementos del western pero trasladados a contextos urbanos, reutiliza acá algunos de aquellos elementos sumándole la densidad y la peligrosidad de un entorno natural y hostil que redimensiona a sus personajes; aunque en esta ocasión el espacio físico tampoco sea el del western tradicional y reemplace al desierto decimonónico por un pantano en plena era del conflicto con Vietnam (vale aclarar que Hill no pretendió hacer una metáfora de esa guerra, al menos de modo consciente, y no perdió oportunidad para aclararlo). Más allá de que en el momento de su estreno la película se conoció como un rip-off de Deliverance (1972) e incluso hubo algún tagline que hicieron circular los mismos productores donde se trataba de sacar ventaja de aquel éxito, y más allá de las coincidencias formales y narrativas (las dificultades del húmedo rodaje y el viaje en canoa por el sur americano, por nombrar sólo dos), la realidad es que la obra de Hill continúa con un trabajo que el director venía haciendo desde su primera película seis años antes (sin contar sus guiones anteriores) y que tiene una identidad tan propia como la que tenía la obra maestra de Boorman. En ese sentido podemos volver a nombrar algunas cuestiones que mencionamos más arriba y que hacen referencia al primer cine de Hill, a saber: el héroe lacónico, el western fuera de marco, el mundo masculino y la predilección por el cine de acción no sólo como género sino como lenguaje. De todos modos, y más allá de la propia identidad de Southern Comfort, las similitudes con Deliverance son variadas y notorias. La construcción de un mundo sin el marco legal burgués donde los que imponen las reglas son los viejos habitantes del suelo, el odio de un sector de esos habitantes a los forasteros y la estupidez de algunos miembros del grupo foráneo como catalizador de la ira, así como la utilización de elementos del cine de terror en un relato de supervivencia que dejará más de un trauma en los que puedan salvarse, son algunos de los tantos puntos de contacto entre sendas películas. Incluso la famosa escena del “dueling banjos” de la película de Boorman es reemplazada acá por una canción tradicional interpretada por el músico cajún Dewey Balfa, hermanando aún más dos grandes cuentos del gótico sureño filmados con las agallas necesarias del cine músculo.

 

Southern Comfort (Estados Unidos/ Suiza/ Reino Unido, 1981)

Dirección: Walter Hill. Guión: Walter Hill, Michael Kane y David Giler. Elenco: Keith Carradine, Powers Boothe, Peter Coyote, Fred Ward, Franklyn Seales, T.K. Carter, Lewis Smith, Les Lannom, Alan Autry, Brion James. Producción: David Giler. Duración: 106 minutos.

Puntaje: 8