Just Before Dawn (1981) es una rareza porque es un slasher hecho por un tipo que cuando lo pensó en 1977, no sabía qué carajo era el slasher, y cuando supo de qué se trataba, tampoco le interesó ni pensó que su película formaba parte de esa tradición. Todo el rollo que se generó alrededor de esa categoría en la que un asesino serial mata adolescentes cachondos se popularizó después de las Viernes 13, una película que Jeff Lieberman odia: “no las soporto, es simplemente pensar de qué diferentes maneras podemos matar a una chica y tengamos suficiente guita para poner un hacha en la cabeza de alguien o cortarle un brazo, para mí eso no es cine, es la nada”, le dijo hace menos de diez años a la gente de la revista Diabolique. Y justamente en Just Before Dawn y a diferencia de muchos slashers de aquel momento, su chica protagonista no es un dispositivo para estilizar la violencia ni la que raja de la situación de peligro, sino la que pone el pecho mientras el tipo que está con ella se queda cagado en las patas tirado en el piso.
Como el propio Lieberman afirma, su protagonista Constance (Deborah Benson) hace un viaje similar al del personaje de Jon Voight en Deliverance (1972) y es esta película la que inspiró al director y no La Masacre de Texas (1974), como dijeron muchos críticos en aquel momento, ni cualquier otro slasher previo a 1980. De hecho Constance se pone la situación al hombro y desplaza a su novio tal como Ed (Voight) desplazaba a Lewis (Burt Reynolds). En su Deliverance feminista, Lieberman cambia al grupo de amigos que en la película de Boorman se nutría de machos alfa y machos aspiracionales por un grupo mixto compuesto por tres pibes -entre ellos el novio de Constance, Jonathan (Chris Lemmon)- y dos chicas. La historia es simple y directa y con varios elementos del género como guía. Los chicos llegan a un bosque infinito que no se menciona pero que según anuncia un cartel del guardaparque Roy McLean -interpretado por George Kennedy, bestia del cine de género que laburó para Aldrich y medio Hollywood más en sus casi 200 películas- es en Oregon. Los pibes van a vacacionar a un supuesto terreno que le pertenece a Jonathan, pero como él mismo dice “esta tierra no le puede pertenecer a nadie”. En esa frase, que puede leerse como una crítica a la propiedad privada, se condensa cierto ecoterror que también pareciera recorrer Just Before Dawn, más allá de que los antagonistas estén representados en la superficie del bosque como una familia endogámica de hillbillies similares a los pobladores de la mencionada Deliverance, donde aquellos habitantes arraigados también se iban a poner a defender su tierra del avance de la “civilización” capitalista pero agarrándosela con unos pobres boludos forasteros sólo representantes de ese mundo invasivo, parasitario y destructor de la naturaleza.
Hay un plano detalle que refuerza esta idea del terror ecológico en el que el deforme y subnormal asesino pisa un paquete de puchos que los chicos dejan tirado por ahí. Hay también una búsqueda estética ya desde la elección de esa locación genial que son los bosques de Oregon, súper verdes y con una cascada hegemónicamente bella y no un pantano del sur americano; Lieberman y su director de fotografía Joel King no buscan afear la belleza natural sino al contrario, incluso sobreexponen por momentos la luz natural así como subexponen los momentos nocturnos con poca iluminación. Lo siniestro se condensa en las construcciones del hombre, sobre todo en una iglesia medio destruida donde se desarrolla la primera escena que clásicamente nos aclara en cinco minutos que los pibes la van a pasar mal. La presencia de esa iglesia seguramente no es casualidad porque la película, en sus primeros tratamientos, se iba a llamar El Último Ritual e iba a tener un rollo religioso que fue abandonado por Lieberman… aunque algo quedó sobre todo en esa primera secuencia. Las comparaciones con La Masacre de Texas seguramente surgieron por esta idea del terror diurno no tan común en aquel contexto, además de la cacería del grupo de jóvenes por parte de una familia. Pero las similitudes terminan ahí y no hay mayores líneas de contacto como sí las hay con Deliverance en texto, subtexto y forma. Lieberman es un director poco rescatado incluso por los curiosos del género pero que además de Just Before Dawn tiene otros delirios originales como Squirm (1976) y Blue Sunshine (1977), que también merecen rescate como este ¿slasher? algo olvidado.
Just Before Dawn (Estados Unidos, 1981)
Dirección: Jeff Lieberman. Guión: Jeff Lieberman y Mark Arywitz. Elenco: George Kennedy, Mike Kellin, Chris Lemmon, Gregg Henry, Deborah Benson, Ralph Seymour, Katie Powell, John Hunsaker, Charles Bartlett, Jamie Rose. Producción: David Sheldon. Duración: 90 minutos.