Jesse Eisenberg, antes de patentar su “estampa” escénica vinculada a personajes frágiles, nerviosos y/ o tragicómicos, comenzó su carrera como actor trabajando al servicio de M. Night Shyamalan, Noah Baumbach, Wes Craven, Richard Shepard y Greg Mottola, entre otros, quienes efectivamente representaron peldaños hacia un estrellato que recién llegó de la mano de Tierra de Zombies (Zombieland, 2009), de Ruben Fleischer, y Red Social (The Social Network, 2010), de David Fincher, a su vez la génesis de un periplo posterior muy errático en el que muchas propuestas olvidables conviven con odiseas loables como Río (2011), de Carlos Saldanha, Nada es lo que Parece (Now You See Me, 2013), de Louis Leterrier, Operación Ultra (American Ultra, 2015), de Nima Nourizadeh, El Proyecto Colibrí (The Hummingbird Project, 2018), de Kim Nguyen, y sus dos colaboraciones con Woody Allen, A Roma con Amor (To Rome with Love, 2012) y Café Society (2016), y con obras decididamente curiosas que nos hablan de la vocación inconformista del intérprete, especialmente Movimientos Noturnos (Night Moves, 2013), de Kelly Reichardt, El Doble (The Double, 2013), de Richard Ayoade, El Final de la Gira (The End of the Tour, 2015), de James Ponsoldt, Más Fuerte que las Bombas (Louder Than Bombs, 2015), de Joachim Trier, El Arte de Defenderse (The Art of Self-Defense, 2019), de Riley Stearns, Vivarium (2019), de Lorcan Finnegan, y Manódromo (Manodrome, 2023), film sumamente bizarro de John Trengove que trabaja una de sus obsesiones, la vulnerabilidad masculina, tópico a partir del cual el actor neoyorquino construyó gran parte de su acervo neurótico estándar.
Es esta última vertiente de su carrera, de impronta indie y homologada a la oscuridad del alma, la que sin duda está más cerca de su corazón y por ello mismo se coló en su ópera prima como realizador y guionista, Cuando Termines de Salvar el Mundo (When You Finish Saving the World, 2022), una comedia dramática fallida aunque interesante que adaptaba un audiolibro de 2020 del propio Eisenberg y se centraba en la relación distante entre una mujer que encabezaba un refugio para víctimas de violencia doméstica, Evelyn (Julianne Moore), y su hijo adolescente adepto al folk con influencias del rock alternativo, Ziggy (Finn Wolfhard), excusa para que la primera pretenda reemplazar a Ziggy con Kyle (Billy Bryk), vástago de una de las residentes del refugio, Angie (Eleonore Hendricks), y el segundo intente un acercamiento romántico hacia una compañera de colegio secundario y semi militante de izquierda, Lila (Alisha Boe). Esta dialéctica de la compensación y de la incompatibilidad de caracteres se reproduce en el segundo opus del señor como director, Un Dolor Real (A Real Pain, 2024), pero en una versión evidentemente corregida que sin llegar a la excelencia demuestra un crecimiento innegable de parte de Jesse como cineasta y artista en general, aquí destilando una sinceridad retórica e ideológica que resulta bastante extraña hoy en día, de hecho en el reino de la hipocresía o pose hueca de Hollywood y las redes sociales del Siglo XXI, y desde ya regresando a sus latiguillos temáticos de siempre como la soledad, el narcisismo, el autoengaño, la convivencia, el egoísmo, la frustración y las relaciones negligentes o quizás muy anémicas a nivel emocional/ psicológico/ humano.
La película no cuenta con una historia propiamente dicha y en esencia se dedica a entretejer una seguidilla de secuencias alrededor del mismo eje, el viaje a Polonia de un par de primos judíos de apellido Kaplan, Benji (Kieran Culkin, hermano menor del recordado Macaulay), un desempleado anticapitalista que intentó suicidarse con una sobredosis de somníferos hace seis meses luego del fallecimiento de la abuela de ambos, una especie de matriarca en las sombras llamada Dory, y David (Eisenberg), un vendedor de publicidad digital que está casado con Priya (Ellora Torchia) y tiene un hijo pequeño, Abe (Banner Eisenberg, nada menos que el hijo del realizador). Dory en su testamento les dejó algo de dinero para que puedan recorrer la nación de sus ancestros y visitar la casa en la que ella vivió, por ello los primos Kaplan -en sí casi hermanos porque se da a entender que son hijos únicos y sus padres son efectivamente hermanos- contratan un tour turístico en torno al Holocausto que ofrece un tal James (Will Sharpe), británico especializado en Europa Oriental que asimismo tiene entre su clientela a la recientemente divorciada Marcia (Jennifer Grey), a una pareja de jubilados, léase Diane (Liza Sadovy) y Mark (Daniel Oreskes), y al africano Eloge (Kurt Egyiawan), quien sobrevivió al Genocidio de Ruanda de 1994. Entre visitas a monumentos, restos del Gueto de Varsovia, algún cementerio hebreo y el Campo de Concentración de Majdanek, uno de los mejores conservados del complejo de exterminio montado por los alemanes durante la Segunda Guerra Mundial, la personalidad desprejuiciada y ciclotímica de Benji contrasta con la parquedad, el conservadurismo y la incomodidad social de David.
Salvando las distancias queda de manifiesto que en esta oportunidad Eisenberg retoma aquellos buddy films tragicómicos de los años 80, sobre todo la mixtura con road movie modelo Mejor Solo que Mal Acompañado (Planes, Trains & Automobiles, 1987), de John Hughes, y condimenta el asunto con un popurrí de ingredientes de ídolos varios en sintonía con Allen, Robert Altman, Hal Ashby, Richard Linklater y John Cassavetes, en este último caso vía una influencia que se sentía más obvia en Cuando Termines de Salvar el Mundo. Con una esplendorosa utilización de la música del polaco Frédéric Chopin, en pantalla a través del piano de Tzvi Erez, y un fortísimo trasfondo autobiográfico de parte de Jesse, precisamente un judío de ascendencia polaca y ucraniana, la película por un lado entrega un retrato heterogéneo del país, en suma relacionado en la narración con el comunismo, el pasado familiar, las vacaciones, la memoria, el nazismo y una cultura multicolor, y por el otro lado denuncia constantemente por boca de Benji la artificialidad del “tour geriátrico polaco” que nos ocupa y de la experiencia turística en general, con algunos misiles en particular dirigidos contra esta burguesía privilegiada norteamericana baladí que gusta de autolegitimar su linaje regresando a un dolor que dejó de ser familiar/ propio desde hace varias generaciones. Siempre pendulando entre el carisma, el masoquismo y un discurso marxista glorioso, el Benji de Culkin, éste conocido por su Roman Roy de Succession (2018-2023), la serie de Jesse Armstrong para HBO, se termina comiendo buena parte de una propuesta visceral que no maquilla nuestro desamparo anímico y sus consecuencias…
Un Dolor Real (A Real Pain, Estados Unidos/ Polonia, 2024)
Dirección y Guión: Jesse Eisenberg. Elenco: Kieran Culkin, Jesse Eisenberg, Will Sharpe, Kurt Egyiawan, Jennifer Grey, Daniel Oreskes, Liza Sadovy, Ellora Torchia, Banner Eisenberg, Jakub Gasowski. Producción: Jesse Eisenberg, Emma Stone, Ali Herting, Dave McCary, Ewa Puszczynska y Jennifer Semler. Duración: 90 minutos.