Oh, Canadá

El último suspiro

Por Martín Chiavarino

Que el realizador estadounidense Paul Schrader es un admirador de la obra del escritor vernáculo Russell Banks no es ninguna novedad. Desde Días de Furia (Affliction, 1997), adaptación de la novela homónima de 1989 del autor de La Reserva (The Reserve, 2008), ambos mantuvieron una relación de amistad que potenció su colaboración creativa. Luego de leer Los Abandonos (Foregone, 2021), Schrader le propuso a su amigo adaptar la novela al cine, ante lo cual Banks le hizo solo un pedido, que la titule Oh, Canadá, el nombre original del libro. A diferencia de Días de Furia, una adaptación clásica de una novela negra sobre un crimen, aquí la película y el texto de Banks dialogan constantemente, con lo cual es muy difícil hablar de una sin la otra, o ponderar una por sobre la otra.

 

En principio ambas obras fueron influenciadas por una novela corta de León Tolstói, La Muerte de Iván Ilich (Smert’ Ivána Ilyicha, 1886), y ambas contienen un carácter autobiográfico. En este sentido, el protagonista, Leonard Fife, un aclamado documentalista estadounidense radicado en Canadá, es un alter ego de Russell Banks. Ambos participaron activamente de la contracultura de los años sesenta y al escribir la novela Banks estaba en un largo y doloroso proceso paliativo en su lucha contra el cáncer, al igual que el protagonista de su anteúltima obra. Schrader, por su parte, hospitalizado tres veces por patologías relacionadas al COVID, quedó obsesionado con la temática de la mortalidad, por lo que la adaptación de la novela de su amigo se volvió prácticamente una necesidad creativa.

 

La película, al igual que la novela, narra la filmación de las memorias de Leonard Fife (Richard Gere y Jacob Elordi) por parte de un antiguo discípulo, Malcolm (Michael Imperioli), y un equipo compuesto por su esposa, Diana (Victoria Hill), y su asistente, Sloan (Penelope Mitchell). Los realizadores intentan sonsacarle a Leonard anécdotas de su carrera como documentalista pero el hombre, al borde de la muerte y muy medicado, inicia una serie de desvaríos sobre su juventud en Estados Unidos, antes de huir a Canadá para no ser reclutado para la Guerra de Vietnam. Desde el comienzo Fife anuncia que necesita que su esposa, Emma (Uma Thurman), sea testigo de su confesión, como él llama a la última entrevista que dará, para que ella pueda realmente conocer al hombre con el que ha compartido gran parte de su vida. Así Leonard inicia una serie de remembranzas en forma de flashbacks sobre las relaciones amorosas de su juventud, compartiendo una habitación con su segunda esposa, Alicia (Kristine Froseth), una joven heredera de una empresa de medicamentos del sur de Estados Unidos, embarazada y madre de su hijo, Cornel (Zach Shaffer), con Amy (Mitchell), su primera esposa, con una amante ocasional, Amanda (Megan MacKenzie), y con Gloria (Thurman de nuevo), la pareja de uno de sus amigos, antes de su partida definitiva hacia Canadá, donde años más tarde construirá un documental sobre la connivencia entre el gobierno norteamericano y el canadiense para realizar experimentos con la sustancia química cancerígena agente naranja en suelo canadiense.

 

Oh, Canadá es un film conscientemente independiente, sin pretensiones de salir de ese nicho. Es de hecho una confesión de Schrader y del propio Banks sobre los malentendidos acerca de la fama dentro del ámbito de la independencia. De hecho, el protagonista de la novela/ película es un documentalista que nunca ha salido de ese ámbito, que solo es conocido dentro de los círculos culturales canadienses y estadounidenses, mientras que Malcolm, para Leonard un director menor que ha convencido a su esposa Diana de su genialidad, acumula premios más importantes que los de su maestro, por ello con el retrato final de la muerte de Leonard pretende alcanzar cierta aclamación mundial.

 

Si bien Schrader hace un excelente trabajo de simplificación, reducción y compactado de las trescientas cuarenta páginas de la novela de Banks en una hora y media y no es absolutamente preciso leer el libro para entender la película, sin haber leído la novela el espectador puede no comprender que la obra habla específicamente sobre la muerte y que los recuerdos de Fife son tan solo una nota de color que ejemplifica cómo los susodichos se mezclan y se confunden en la hora final, mientras el protagonista se aferra a la vida que una vez tuvo. A su vez Emma se ase al esposo que una vez conoció y sus discípulos intentan lucrar con la muerte de su maestro con la finalidad de ganar dinero, prestigio y algún premio internacional.

 

Así como Oh, Canadá es una obra de la independencia, también es una obra autorreferencial en la que el director intenta confesar sus propios pecados, al igual que Banks lo hizo con la novela, por lo que la historia funciona como un mecanismo de desahogo ante los secretos que el autor creador guarda sobre sí mismo para crear la ilusión del carisma. Schrader presenta un personaje un poco menos patético que Banks y más lúcido, aunque también más cínico. También hay una desaparición de todas las menciones a los movimientos culturales de la década del sesenta, que en la novela tienen bastante importancia.

 

Tanto Uma Thurman como Penelope Mitchell le dan vida a dos personajes distintos, uno en el presente y otro en los recuerdos de Leonard, quien confunde a ambas mujeres en el maremágnum de su memoria tamizada por la avanzada edad, la medicación y la cercanía del óbito, que en contraposición le da una perspectiva más acertada sobre el presente y una falta de filtros para expresarse sobre el talento de su discípulo más conocido.

 

Sin descollar, hay muy buenas actuaciones de todo el elenco en un film en el que se destaca la música serena del proyecto de Matthew Houck, Phosphorescent, que en los momentos críticos del final rompe la armonía sonora con estridencias discordantes que marcan las decisiones liminares de la vida de Fife, un hombre que para muchos es un héroe y para otros un traidor. En el fondo, obviamente, es solo una persona que ha tenido que tomar muchas decisiones, la mayoría de ellas muy malas.

 

Desgraciadamente, Oh, Canadá diluye demasiado la descomposición del personaje, gran núcleo de la novela, y termina así funcionando como la versión resumida del libro de Banks. No es una película realizada para el público masivo, sino más bien una obra pequeña, un homenaje de Schrader a Russell Banks y una exploración respetuosa y empática, sin concesiones o golpes bajos, de las miserias que rodean a una de las pocas certezas de la vida, nuestra propia mortalidad.

 

Oh, Canadá (Estados Unidos/ Canadá/ Israel, 2024)

Dirección y Guión: Paul Schrader. Elenco: Richard Gere, Uma Thurman, Jacob Elordi, Victoria Hill, Michael Imperioli, Caroline Dhavernas, Penelope Mitchell, Kristine Froseth, Megan MacKenzie, Peter Hans Benson. Producción: Luisa Law, Scott LaStaiti, Meghan Hanlon, David Gonzales y Tiffany Boyle. Duración: 91 minutos.

Puntaje: 6