Películas sobre la Guerra Civil Española (1936-1939) hay muchas y esto tiene que ver con un ejercicio de memoria cultural vinculado al hecho de que las autoridades locales jamás juzgaron la feroz represión política y militar que padecieron todos los opositores durante la dictadura franquista entre 1939 y 1975, más allá del retrato en sí del conflicto bélico determinante en materia del destino de la España del Siglo XX. Menos películas existen sobre el devenir de los militantes republicanos durante el gobierno fascista, chauvinista y católico de Francisco Franco y todavía menos sobre el llamado maquis, el conjunto de las guerrillas urbanas y rurales que le hicieron frente a los esbirros del absolutismo y que marcharon al exilio en Francia finalizadas las batallas para eventualmente unirse a la Resistencia Francesa durante la Segunda Guerra Mundial, período luego del cual el apoyo del maquiavélico Iósif Stalin se desvaneció y la cacería tanto en el país vecino como por parte de la Guardia Civil Española se intensificó al punto de eliminar a los combatientes restantes, todo dentro de un espectro histórico que va desde el fracaso de una operación de reconquista de 1944 bautizada Invasión del Valle de Arán hasta el llamado de 1956 a la “reconciliación nacional” por parte del Partido Comunista de España a instancias de sus líderes de entonces, una camarilla en la que resultaría victorioso el oportunista Santiago Carrillo. Por regla general se puede decir que las realizaciones que trabajaron la temática, como por ejemplo El Espíritu de la Colmena (1973), de Víctor Erice, y El Laberinto del Fauno (2006), de Guillermo del Toro, lo hicieron de modo algo tangencial y en medio de otras preocupaciones conceptuales, por ello un film como Contemplad un Caballo Pálido (Behold a Pale Horse, 1964), de Fred Zinnemann, consigue destacarse automáticamente ya que analiza el tópico sin rodeos y de manera prodigiosa, poniendo en primer plano el dilema procedimental de base que debían atravesar todos los combatientes antifranquistas en materia de elegir entre el exilio en una nación como Francia, la cual se había olvidado de lo mucho que ayudaron los republicanos en las refriegas contra los nazis, o por el contrario regresar a España hacia una persecución que de seguro derivaría en torturas y/ o en muerte.
El maravilloso guión de J.P. Miller, conocido por su extensa labor televisiva y por obras como Los Jóvenes Salvajes (The Young Savages, 1961), de John Frankenheimer, y Días de Vino y Rosas (Days of Wine and Roses, 1962), de Blake Edwards, está basado en Matando a un Ratón el Domingo (Killing a Mouse on Sunday, 1961), de Emeric Pressburger, célebre por su faceta de director y guionista en sociedad con Michael Powell, un dúo conocido como Los Arqueros (The Archers), aquellos genios detrás de Vida y Muerte del Coronel Blimp (The Life and Death of Colonel Blimp, 1943), Escalera al Cielo (A Matter of Life and Death, 1946), Narciso Negro (Black Narcissus, 1947), Las Zapatillas Rojas (The Red Shoes, 1948) y Los Cuentos de Hoffman (The Tales of Hoffmann, 1951), novela que a su vez explora el tramo final de la vida de Francesc Sabaté Llopart alias Quico Sabaté o El Quico (1915-1960), anarquista español que desconfiaba de la elite comunista autoritaria, que luchó en la Guerra Civil y que luego adquirió fama de porfiado y valiente gracias a la formación de una partida de maquis, que sería perseguida por galos y falangistas, con la que llevaba adelante desde su exilio en Francia y vía repetidas incursiones en España actos de sabotaje, la reorganización de los sindicatos ácratas, robos a bancos y a oligarcas del empresariado, la difusión de propaganda antifranquista y asesinatos de sicarios de la Guardia Civil, eventualmente cayendo bajo el fuego del Somatén, un grupo parapolicial de extrema derecha utilizado para combatir a la guerrilla y las federaciones obreras, cuando regresa a su país al recibir una carta de un compañero arrestado en Barcelona y condenado a treinta años de cárcel. El film y el libro transcurren dos décadas después de terminada la Guerra Civil, en el período de transición entre los intentos de autarquía productiva del dictador Franco, en parte ideológicos y en parte forzados por el aislamiento internacional resultante de haber apoyado a las Potencias del Eje durante la Segunda Guerra Mundial, y el despegue industrial y económico subsiguiente vía préstamos norteamericanos, apertura del mercado interno y acuerdos de instalación de bases militares conjuntas que se explican por el férreo anticomunismo del régimen en tiempos de Guerra Fría y geopolítica candente.
Aquí Sabaté se llama Manuel Artíguez (Gregory Peck), un combatiente que al finalizar la Guerra Civil pretende volver a España pero es detenido por sus compañeros porque ello en la praxis política implicaría un suicidio, optando por emigrar a Francia como el resto de los militantes republicanos y desde allí formar el maquis para ofrecer una resistencia directa a la dictadura. Veinte años más tarde, un niño que responde al nombre de Paco Dages (Carlo Angeletti alias Marietto) cruza la frontera hacia Francia para vivir con su tío Antonio en la metrópoli de Pau luego de que quedase huérfano debido a que su padre, el combatiente antifranquista José Dages, fue arrestado, torturado y asesinado por un capitán de la Guardia Civil, Viñolas (Anthony Quinn), quien lo interrogó sobre el paradero de Artíguez sin que el hombre le dijera nada al respecto. Paco considera que Manuel le debe la cabeza de Viñolas en tanto rauda venganza contra el hombre que asesinó a su progenitor y así se lo hace saber primero a Pedro (Paolo Stoppa), otro maquis en el exilio que le explica al purrete que Artíguez se pasó gran parte de las últimas dos décadas atacando a las muchas guarniciones falangistas cuatro o cinco veces al año hasta perder la esperanza de cambio por la vejez y la prolongada permanencia en el poder de los franquistas, y después al propio Manuel, quien eventualmente se entera que su madre, Pilar (Mildred Dunnock), está convaleciente en un hospital respirando sus últimos estertores por dichos de Carlos (Raymond Pellegrin), un contrabandista con el que Artíguez convive en un hogar precario y que en realidad trabaja como espía de Viñolas, el cual está preparando una trampa contra el maquis utilizando a su progenitora de cebo para asesinarlo una vez que se acerque al nosocomio para ver a Pilar por última vez. En medio de todo esto aparece un cura bisoño, Francisco (Omar Sharif), a quien la veterana moribunda toma de mensajero para que le avise a su hijo en Francia que no debe venir, luego de lo cual la mujer muere y el sacerdote para colmo se transforma en testigo del plan del capitán de utilizar a Carlos para mantener en secreto el fallecimiento y continuar forzando el regreso del anarquista a territorio español. Sirviéndose del periplo eclesiástico anual a la Basílica de Lourdes, relativamente cercana a Pau, Francisco trata en vano de enviar una carta al protagonista advirtiéndole de su probable asesinato y hasta pierde el tren, por lo que decide presentarse en la casa del maquis y allí encuentra a Paco, a quien le entrega el papel y le explica la situación. El muchacho, temeroso de que Manuel no le crea pero también anhelando que se materialice su revancha contra Viñolas, rompe la misiva y la arroja al inodoro aunque a posteriori se arrepiente y hasta termina reconociendo a Carlos como un soplón de los franquistas porque lo vio durante el suplicio de su padre. En busca de probar quién dice la verdad, si el purrete o Carlos, ambos más Artíguez y Pedro se van en auto hasta Lourdes para hallar al mentado cura, al cual con el tiempo encuentran y así confirma sus dichos no obstante el traidor consigue escapar hacia España. Consciente de que Francisco será señalado a su vuelta como cómplice del maquis aunque también deseoso de recuperar la militancia de antaño, Manuel opta por enfrentarse en soledad a las tropas falangistas en el hospital a pesar de que ya sabe que su madre murió, logrando cargarse a Carlos y matando a otros esbirros de la Guardia Civil. Entre el lirismo y una tensión elegíaca permanente, el film honra al verdadero heroísmo, no el inexistente de las víctimas azarosas del montón sino el que engalana a los mártires dispuestos a morir por sus ideales en una lucha abierta y sin sonseras hipócritas posmodernas de por medio.
El principal responsable de la visceralidad ética, toda la honestidad del relato, la eficacia narrativa y el naturalismo sacrificial de la película es Zinnemann, un austríaco cuyos dos padres murieron en el Holocausto y un realizador siempre exquisito volcado a rasgos muy precisos de estilo como por ejemplo la meticulosidad formal de la puesta en escena, un excelente manejo del suspenso, una fotografía muy elegante, un realismo social inaudito para su tiempo, un desarrollo psicológico bastante complejo en términos macros y un interés persistente por los dramas morales acerca de personajes que se ven impulsados a tomar una decisión frente a coyunturas trágicas o repentinas, características que en mayor o menor medida pueden verse en clásicos como Ojos en la Noche (Eyes in the Night, 1942), La Séptima Cruz (The Seventh Cross, 1944), Los Ángeles Perdidos (The Search, 1948), Acto de Violencia (Act of Violence, 1948), Vivirás tu Vida (The Men, 1950), A la Hora Señalada (High Noon, 1952), El Miembro de la Boda (The Member of the Wedding, 1952), De Aquí a la Eternidad (From Here to Eternity, 1953), Un Sombrero Lleno de Lluvia (A Hatful of Rain, 1957), Historia de una Monja (The Nun’s Story, 1959), Tres Vidas Errantes (The Sundowners, 1960), El Hombre de Dos Reinos (A Man for All Seasons, 1966), El Día del Chacal (The Day of the Jackal, 1973) y Julia (1977). En este sentido, Contemplad un Caballo Pálido es una síntesis perfecta de tres de las grandes preocupaciones de siempre de Zinnemann: en primera instancia tenemos el típico dilema de los veteranos del bando derrotado en todo conflicto bélico, el de replegarse hacia el extranjero o continuar una lucha clandestina en casa que es extremadamente solitaria y deprimente porque el grueso del pueblo demuestra ser hiper conformista y son pocos los que ayudan en serio a una resistencia en este caso antifascista, en segundo lugar está el fetiche del director con incluir algún tipo de metraje documental o simularlo mediante las imágenes en pantalla, hoy por hoy concentrado en un prólogo que recupera escenas de un recordado documental de Frédéric Rossif sobre la Guerra Civil Española, Morir en Madrid (Mourir à Madrid, 1963), y en tercera instancia viene un tono retórico pausado, melancólico y detallista construido alrededor de la genial música de Maurice Jarre y el estupendo desempeño del elenco en su conjunto con Peck, Quinn, Sharif, Stoppa y Angeletti a la cabeza. Zinnemann demuestra una valentía inconmensurable al meterse no sólo con los coletazos de la Guerra Civil y el franquismo represor en el poder sino con uno de sus pivotes centrales en eso de pintarse como avanzada que salva a España de la “invasión de comunistas y ácratas”, hablamos de la Guardia Civil, cuyo representante en la trama, Viñolas, se nos aparece como un adepto católico a la manipulación y la tortura y hasta se presenta al público con dos escenas que habrán escandalizado a los monigotes falangistas de entonces, la primera recibiendo de soborno un caballo y la segunda metiéndole los cuernos a su esposa convaleciente, Teresa (Rosalie Crutchley), con su amante, Rosana (Daniela Rocca), lo que generó como respuesta la prohibición en España de todas las películas del estudio en cuestión, Columbia Pictures, a lo largo de varios años. El opus es literalmente una de las mejores faenas de la historia del cine orientadas a retratar el accionar del maquis y la constante farsa de las autoridades franquistas en eso de maquillar el aniquilamiento de opositores políticos bajo la estrategia comunicacional/ informativa de pintarlos como simples “bandidos” que ingresaban al país para saquear a los ricachones y usureros, sin el glorioso componente anarquista de fondo…
Contemplad un Caballo Pálido (Behold a Pale Horse, Estados Unidos, 1964)
Dirección: Fred Zinnemann. Guión: J.P. Miller. Elenco: Gregory Peck, Anthony Quinn, Omar Sharif, Carlo Angeletti, Raymond Pellegrin, Paolo Stoppa, Mildred Dunnock, Daniela Rocca, Rosalie Crutchley, Michael Lonsdale. Producción: Fred Zinnemann y Gregory Peck. Duración: 121 minutos.