Sly Lives! (aka the Burden of Black Genius)

En honor al Señor Stewart

Por Emiliano Fernández

Si bien Sly and the Family Stone fue una banda conformada por unos músicos estupendos como el cantautor, multiinstrumentista y productor Sylvester Stewart alias Sly Stone, su hermano y cantante/ guitarrista Freddie Stone, su bella hermana y cantante/ tecladista Rose Stone, el saxofonista caucásico Jerry Martini, la trompetista Cynthia Robinson, el bajista y cantante Larry Graham y el baterista blanco Greg Errico, a lo que se suma un sutil trío de coristas conocido como Little Sister e integrado por Mary McCreary, Elva Mouton y Vaetta Stewart, esta última la hermana menor de Sly, Freddie y Rose, a decir verdad la figura crucial era y siempre fue el señor del título, auténtico responsable de la idea de construir un colectivo mixto, en tiempos de sexismo y segregación en Estados Unidos, y de retener el control creativo al punto de volcar el asunto hacia la vanguardia de voces intercaladas y unos solos instrumentales sucesivos, todo porque arrastraba una vasta experiencia previa que incluía el haber sido un prodigio musical de niño y el haberse desempeñado como disc jockey en una radio de San Francisco y como productor para una pluralidad de artistas pop de la compañía Autumn Records. La historia del grupo abarca un lento ascenso hacia la popularidad mainstream entre 1966 y 1969, evidente período de gloria artística que a su vez se extiende hasta 1971 y los inconvenientes de siempre de la fama y el dinero en cataratas, léase peleas, drogas, conciertos cancelados, influencias externas nocivas y una notoriedad que exacerbó cada ego involucrado. Las tres joyas discográficas iniciales fueron A Whole New Thing (1967), cruza exquisita de soul psicodélico, rhythm and blues, funk, góspel y sensibilidad pop de impronta rockera y decididamente volcada hacia lo festivo y la negritud melodramática más exuberante que tiene presente la Invasión Británica, Dance to the Music (1968), el verdadero y extraordinario salto inicial hacia el terreno de las maratones souleras centradas en el pacifismo, los dilemas del corazón, ese Poder Negro militante en versión light, el existencialismo antirracista y la magia de los cuerpos danzando o conociéndose, y Life (1968), un nuevo paso hacia adelante en materia de la dinámica de “banda en vivo en estudio” de los trabajos previos y ahora incluso enfatizando el costado rockero/ guitarrero, las queridas interrelaciones vocales y la faceta humorística o paródica social de las letras.

 

El apogeo comercial de Sly and the Family Stone y la confirmación del genio del Señor Stewart cubre la trilogía posterior, Stand! (1969), éxtasis del refinamiento sonoro de la banda y de Sly en particular ya que maximiza significativamente la sofisticación de la producción, los arreglos y cierto sustrato experimental que no renuncia a la accesibilidad pop ni a la efervescencia soul/ funk de antaño ni a ese discurso de izquierda en pos de la integración de todos los estratos sociales, culturales, étnicos, raciales y sexuales, Greatest Hits (1970), sin duda una de las mejores y más valiosas antologías de la historia del rock que para colmo incluye tres singles supremos que no fueron a parar a los álbumes clásicos, Everybody Is a Star, Hot Fun in the Summertime y Thank You (Falettinme Be Mice Elf Agin), esta última uno de los himnos imprescindibles del gremio, y There’s a Riot Goin’ On (1971), obra magna del funk progresivo y nihilista que reemplaza el optimismo de los años 60 con el hedonismo apocalíptico y bien violento de la década siguiente, lo que además se traduce en la destrucción sumaria de la espontaneidad del grupo y su sustitución por una retahíla de fascinantes y laberínticas sobregrabaciones que además sintetizan el sonido y lo hacen avant-garde en su artificialidad alienígena vía drum machines. Ya adicto a la cocaína y el polvo de ángel o fenciclidina, recibiendo presiones de amigos mafiosos, la industria musical e incluso las Panteras Negras y necesitado de reemplazar a las primeras bajas en el colectivo, los centrales Errico y Graham, baterista y bajista respectivamente, Sly comenzó a faltar o llegar tarde a conciertos y de hecho cayó en la paranoia, el comportamiento errático y la reclusión al extremo de provocar la ruptura de la banda en aquel 1975 a posteriori de un recital desastroso y semi vacío en el Radio City Music Hall de Nueva York, años finales coronados por Fresh (1973), suerte de solución negociada -digna aunque no tan adictiva- entre la furia experimental de la placa previa y el soul psicodélico más alegre o popero de la acepción sesentosa ya semi desaparecida de Sly and the Family Stone, y Small Talk (1974), interpretación del Sly tardío de lo que sería un disco accesible cuando la algarabía hippona se extinguió y lo que queda es una carcasa soulera vacía o pose funk en la que el reemplazo de los vientos por flamantes cuerdas se destaca como el ítem excluyente o más importante.

 

Luego de High on You (1975), el primero de la colección de “regresos” que se acumularían a futuro y quizás el más interesante porque liberado por completo de su banda histórica, esa que desde There’s a Riot Goin’ On de todos modos había mutado en un grupo soporte, el señor se siente revigorizado en su debut solista oficial en términos de funk ultra intoxicante gracias a una producción celestial, colorida e insólitamente spectorizada, se apilan trabajos frustrantes varios y en la seguidilla en cuestión encontramos a Heard Ya Missed Me, Well I’m Back (1976), convite ameno pero un tanto descartable que fue atribuido a la agrupación histórica y en esencia aglutina en piloto automático ritmos latinos, música disco, baladas y un soul mucho más tradicional que psicodélico a lo Sly and the Family Stone, Back on the Right Track (1979), debut para Warner Bros. después de ser expulsado de su compañía de siempre, Epic Records, por la magra performance comercial de las placas anteriores y en sí otra obra entre desganada y apenas correcta que no logra recapturar el jolgorio de los 60 o de High on You ni mucho menos el carácter iconoclasta de esa trilogía final con los Family Stone, There’s a Riot Goin’ On, Fresh y Small Talk, amén del hecho de trabajar por primera vez con otro productor, Mark Davis, Ain’t but the One Way (1982), opus enmarcado en un funk intrascendente y algo aburrido que fue ensamblado por un tercero, Stewart Levine en este caso, cuando Sly cayó en la depresión por el fracaso de lo que estaba destinado a ser una placa en colaboración con George Clinton modelo Funkadelic, otra leyenda que pronto se pelearía con Warner Bros. justo luego de lanzar su último disco para la multinacional, el recordado The Electric Spanking of War Babies (1981), aventura freak que incluía una estupenda colaboración con Stone dividida en dos partes, Funk Gets Stronger, y finalmente I’m Back! Family & Friends (2011), segundo y lamentable disco solista oficial después de High on You que oficia de autohomenaje repleto de covers poco imaginativos de tiempos mejores, sombras pálidas de una gloria musical pretérita, más algunos temas nuevos que tampoco ayudan a levantar el proyecto del subsuelo o siquiera dignificarlo, no obstante el disco se las arregla para superar al espantoso Different Strokes by Different Folks (2005), otro álbum nostálgico con una ristra de invitados y una supuesta curaduría del propio Sly.

 

Sly Lives! (aka the Burden of Black Genius) (2025), documental de Ahmir K. Thompson alias Questlove para los servicios de streaming Hulu y Disney+, cubre precisamente este derrotero y se sirve de mucho material de archivo y múltiples entrevistas al protagonista de otros proyectos alrededor de Stone como por ejemplo On the Sly: In Search of the Family Stone (2017), de Michael Rubenstone, Small Talk About Sly (2017), de Greg Zola, y Dance to the Music (2008) y Coming Back for More (2009), ambas del cineasta holandés Willem Alkema, todas propuestas documentales que quedaron inéditas sin mayores explicaciones al respecto. Este manto de misterio alrededor del hoy octogenario Stewart, quien está retirado de la música desde comienzos de la década del 90 y vive en la miseria luego de una serie de arrestos por drogas en los años 80 y una batalla judicial de nunca acabar con su ex manager, Jerry Goldstein, por regalías no abonadas desde 1989, honestamente no se disipa a lo largo del bienintencionado y atrapante film, convite que compensa con efervescencia y reportajes de muy alto perfil lo que le falta en materia de datos nuevos y/ o verdadera “resolución” del enigma detrás del deterioro cognitivo de Sly desde la primera mitad de los 70, así de a poco nos topamos con palabras muy interesantes de colaboradores en Family Stone, en especial Graham, Martini y Errico, de los tres vástagos de Sly, Sylvester Stewart Jr., Novena Carmel y Sylvyette alias Phunne Stone, y de colegas como Clinton, André 3000 de Outkast, Chaka Khan, Nile Rodgers de Chic, D’Angelo, Vernon Reid de Living Colour, Ruth Copeland, Q-Tip de A Tribe Called Quest, Grace Slick de Jefferson Airplane y el dúo de productores conformado por Jimmy Jam y Terry Lewis, entre otros como Clive Davis, famoso ejecutivo musical, Mark Anthony Neal, académico especializado en cultura negra, Joel Selvin, crítico y cronista de rock and roll, Dream Hampton, cineasta vinculada al ecosistema hiphopero, y Rustee Allen, el cual en 1972 reemplazó a un Graham que por cierto inventó y popularizó una técnica para tocar el bajo conocida como “slapping”, en síntesis aquellos golpes del pulgar contra las cuerdas del instrumento. El film enfatiza la colosal influencia de Sly en la música por venir y pone de ejemplo al insuperable Prince, discípulo espiritual en la fase con The Revolution, y Janet Jackson, quien sampleó Thank You (Falettinme Be Mice Elf Agin).

 

La película, desde su mismo subtítulo, exagera el factor racial en la martirización de Stone a pesar de que dicha dimensión en su caso fue bastante accesoria, de hecho el músico fue el gran responsable a la hora de derribar con naturalidad y desparpajo la atroz prohibición en lo que atañe a bandas mixtas, y a pesar de que su declive mental/ artístico tiene más que ver con sus adicciones, la ansiedad, su autoindulgencia masoquista y esa fagocitación por parte de unas prensa y TV caníbales que siempre se engolosinan con la decadencia, sin importar el color de piel. Por suerte el documental por un lado invoca sagazmente todo el período histórico, una etapa de transición entre el declive del Movimiento por los Derechos Civiles y el ascenso del Poder Negro en consonancia con la represión fascistoide institucional in crescendo, y por el otro lado indaga con lujo de detalles en los pormenores melómanos, en este sentido Sly se nos aparece como una conjunción conceptual entre el rhythm and blues, la Invasión Británica y la psicodelia de los 60 ya que su trasfondo identitario como DJ y productor le permitía disfrutar por igual de Bob Dylan, Ray Charles, The Beatles, Aretha Franklin, The Rolling Stones y The Staple Singers, amén del gigantesco cimbronazo entre Stand! y There’s a Riot Goin’ On en tanto bisagra entre el soul progresivo y un funk maduro que en el largo plazo desencadenaría el hip hop. Questlove, un miembro de The Roots que viene de otros dos documentales históricos asimismo admirables, Summer of Soul (or When the Revolution Could Not Be Televised) (2021) y Ladies & Gentlemen: 50 Years of SNL Music (2025), acerca del Harlem Cultural Festival de 1969 y la faceta musical de Saturday Night Live (1975-2025), redondea un film que contagia curiosidad y mucho entusiasmo, mérito inconmensurable en un Siglo XXI de rutina nostálgica baladí, y revaloriza el rol de los músicos que acompañaron a Sylvester a lo largo del tiempo, no sólo acoplándose a la perfección a las canciones del genio sino también ayudando a desarrollar los arreglos y las complejas estructuras vocales e instrumentales de cada composición en concreto durante la fase que va desde A Whole New Thing hasta el exitoso Stand!. Sin caer en el endiosamiento o la condena automática, la propuesta sabe refritar tanto material ajeno como la nueva vieja generación de Jungle Brothers, Beastie Boys y LL Cool J resucitó tanto talento olvidado…

 

Sly Lives! (aka the Burden of Black Genius) (Estados Unidos, 2025)

Dirección y Guión: Questlove. Elenco: Sly Stone, George Clinton, Nile Rodgers, Chaka Khan, André 3000, D’Angelo, Grace Slick, Vernon Reid, Q-Tip, Larry Graham. Producción: Joseph Patel, Derik Murray y Amit Dey. Duración: 111 minutos.