Se podría decir que Pinocho (Pinocchio, 2022), faena de Robert Zemeckis basada en el clásico homónimo de animación de Walt Disney de 1940, es un poco mejor que la película inmediatamente anterior del director y guionista, Las Brujas (The Witches, 2020), también una remake pero en este caso de La Maldición de las Brujas (The Witches, 1990), maravilla dirigida por Nicolas Roeg, inspirada en la novela homónima de 1983 de Roald Dahl y con producción, títeres y efectos especiales de Jim Henson, sin embargo ello no es aliciente de nada porque Las Brujas era un verdadero desastre y la nueva versión de Las Aventuras de Pinocho (Le Avventure di Pinocchio), de Carlo Collodi, obra publicada en forma serializada entre 1881 y 1882 en la revista infantil Periódico para Niños (Giornale per i Bambini) y después como libro en 1883, es asimismo un bodrio aunque apenas más digerible. Ya casi nada queda del encanto y la sabiduría de aquel Zemeckis de Volver al Futuro (Back to the Future, 1985), sus dos continuaciones, ¿Quién Engañó a Roger Rabbit? (Who Framed Roger Rabbit?, 1988) y La Muerte le Sienta Bien (Death Becomes Her, 1992), basta con considerar la pobreza y/ o falta total de ideas novedosas detrás de este producto deslucido, redundante y profundamente anémico a escala emocional o dramática que para colmo ni siquiera recibió un estreno en salas tradicionales ya que fue a parar de manera directa a Disney+, el servicio de streaming del conglomerado, algo que tiene que ver con la rauda saturación en el gremio del muchacho de la “nariz inquieta” frente a las mentiras porque Matteo Garrone ya había ofrecido su particular visión del relato en live action, Pinocho (Pinocchio, 2019), y además pronto llegará otra reinterpretación más, en stop motion, de Guillermo del Toro y Mark Gustafson para el gigante Netflix, Pinocho (Pinocchio, 2022).
Más allá de algunos cambios superficiales y un desenlace que invierte la identidad del “falso muerto”, antes Pinocho y ahora Geppetto, la realización de Zemeckis sigue al pie de la letra la original de 1940, un esfuerzo colectivo dirigido por Ben Sharpsteen, Hamilton Luske, Bill Roberts, Jack Kinney, Wilfred Jackson, Thornton Hee y Norman Ferguson: Geppetto (Tom Hanks) es un carpintero viudo que también perdió a su hijo y que una noche pide un deseo a una estrella para que su más reciente marioneta, Pinocho (voz de Benjamin Evan Ainsworth), cobre vida, algo que sucede luego de la intervención mágica del Hada Azul (Cynthia Erivo), quien a su vez elige a Pepito Grillo (Joseph Gordon-Levitt) como la conciencia del flamante “niño de madera”, el cual de todos modos no puede evitar que el ingenuo mocoso sea engañado por el Honrado Juan (Keegan-Michael Key), un zorro antropomorfizado, y Gideón, un gato delincuente como su socio, y vendido al espectáculo de marionetas del maquiavélico Strómboli (Giuseppe Battiston), prisión de la que escapa gracias a Pepito Grillo para rápidamente acabar confraternizando con el tremendo Polilla (Lewin Lloyd), un niño facineroso que junto a otros tantos se dirigen a la Isla de los Juegos sin saber que es una trampa porque allí el Cochero (Luke Evans) les da una cerveza trucada que los convierte en unos burros destinados a la esclavitud en las minas de sal, percance del que otra vez sale airoso por la presencia de su amigo diminuto, el insecto parlanchín que lo aconseja y lo cuida, así se reencuentra con un desesperado Geppetto en el medio del mar para ambos ser tragados por un monstruo sin conciencia que todo lo devora como si fuese una cruza grotesca entre una ballena, un tiburón, el capitalismo y la misma Disney, al cual hacen estornudar con una fogata que cumple su cometido y los deja en una playa inhóspita.
Pinocho se engloba en una estrategia general de la Disney de refritar -a pura nostalgia, conservadurismo y vagancia creativa- una andanada de clásicos de otras épocas y ello pudo constatarse en el trayecto que va desde las piedras fundacionales de la estrategia del live action condimentado con lo digital, El Libro de la Selva (The Jungle Book, 1994), de Stephen Sommers, y 101 Dálmatas (101 Dalmatians, 1996), de Stephen Herek, hasta la catarata de porquerías que llegaron después, léase Alicia en el País de las Maravillas (Alice in Wonderland, 2010), de Tim Burton, Maléfica (Maleficent, 2014), de Robert Stromberg, La Cenicienta (Cinderella, 2015), de Kenneth Branagh, El Libro de la Selva (The Jungle Book, 2016), de Jon Favreau, La Bella y la Bestia (Beauty and the Beast, 2017), de Bill Condon, Dumbo (2019), otra mierda de Burton, Aladino (Aladdin, 2019), de Guy Ritchie, El Rey León (The Lion King, 2019), también de Favreau, La Dama y el Vagabundo (Lady and the Tramp, 2019), de Charlie Bean, Mulan (2020), de Niki Caro, y Cruella (2021), de Craig Gillespie. Zemeckis mantiene el acompañamiento de las mascotas de Geppetto en la búsqueda de su vástago, el gato Fígaro y la pececita dorada Cleo, conserva asimismo tres canciones del film de 1940, las archiconocidas When You Wish Upon a Star, Hi-Diddle-Dee-Dee e I’ve Got No Strings, y suma al relato personajes negros o convierte hacia la etnia en cuestión a secundarios de antaño sólo por una cuestión de corrección política sostenida en criterios bien hipócritas de marketing, como la misma Hada Azul en la piel de Erivo, la Señora Vitelli (Sheila Atim), una docente que no impide que el director del colegio (Jamie Demetriou) expulse a Pinocho, y Fabiana (Kyanne Lamaya), titiritera lisiada/ con aparatos ortopédicos que ayuda al antihéroe a través de su marioneta, Sabina (voz de Jaquita Ta’le).
A pesar de que ya quedaron en el pasado aquellos maniquíes sin alma del CGI lastimoso de El Expreso Polar (The Polar Express, 2004), Beowulf, la Leyenda (Beowulf, 2007) y Los Fantasmas de Scrooge (A Christmas Carol, 2009) y de hecho todo el diseño de personajes respeta la apariencia del clásico de mediados del siglo pasado, la verdad es que la torpeza absoluta de la narración se siente en los huesos del espectador veterano y desde la génesis de la propuesta, una media hora inicial lentísima repleta de estereotipos, tiempos muertos, chistes mediocres, sensiblería y expresiones anacrónicas o pretendidamente socarronas sobre influencers o Chris Pine. Hanks, Lamaya, Gordon-Levitt, Key y Lorraine Bracco como Sofía, una gaviota que Geppetto alimenta con basura y que ayuda a Pepito Grillo en su rol de atribulado protector, están bien pero el film no acompaña en ningún momento porque a la belleza del apartado visual el realizador no sabe apuntalarla en algo realmente valioso o singular desde el contenido, en esencia aquí retomando el ABC ultra quemado de la fábula precautoria de Collodi en materia de no andar escuchando a los extraños para no caer en engaños burdos, sin embargo el costado rebelde del mocoso del relato original en la versión de Disney muta más bien en estupidez y en una serie de humillaciones de impronta light que se acercan más a las aventuras que a la odisea de renacimiento o metamorfosis, lo que queda representado en el detalle de que Pinocho hoy por hoy no se convierte en niño. Zemeckis ni siquiera logra igualar el nivel de las grasientas Forrest Gump (1994), Contacto (Contact, 1997) y El Vuelo (Flight, 2012) y hasta termina superado por el mamarracho del mismo exacto título del 2002 de Roberto Benigni, una película por demás fallida que por lo menos contaba con personalidad propia y con alguna que otra escena eficaz o simpática…
Pinocho (Pinocchio, Estados Unidos, 2022)
Dirección: Robert Zemeckis. Guión: Robert Zemeckis y Chris Weitz. Elenco: Tom Hanks, Benjamin Evan Ainsworth, Joseph Gordon-Levitt, Kyanne Lamaya, Cynthia Erivo, Sheila Atim, Lorraine Bracco, Keegan-Michael Key, Jamie Demetriou, Giuseppe Battiston. Producción: Robert Zemeckis, Chris Weitz, Andrew Miano y Derek Hogue. Duración: 105 minutos.