Pasaron veinte años desde que Rian Johnson debutó con Brick (2005), una película imprescindible para el público cinéfilo adolescente, catapultándose como una de las grandes promesas del cine independiente. Después de las interesantes Los Estafadores (The Brothers Bloom, 2008) y Looper: Asesinos del Futuro (Looper, 2012) y de las polémicas alrededor de su participación en la reedición de la saga de La Guerra de las Galaxias, Star Wars: Los Últimos Jedi (Star Wars: Episode VIII- The Last Jedi, 2017), Johnson encontró un reducto dentro del nuevo mercado de las plataformas, la explotación de su poco original idea de Entre Navajas y Secretos (Knives Out, 2019), una película de misterio que combinaba la lógica detectivesca -popularizada por Arthur Conan Doyle y G.K. Chesterton y luego por Agatha Christie- de la creación de un detective que se dedica a resolver casos imposibles, en este caso Benoit Blanc, interpretado por Daniel Craig.
Con una larga introducción la película presenta el caso de un párroco dictatorial, Monseñor Jefferson Wicks (Josh Brolin), que lidera un reducido rebaño de acólitos compuesto por Martha (Glenn Close), la ama de llaves, Samson (Thomas Haden Church), el empleado de la parroquia y pareja de Martha, Lee Ross (Andrew Scott), un escritor en desgracia sin ideas a la vista, el doctor Nat Sharp (Jeremy Renner), un médico con problemas de alcohol tras su divorcio, Simone (Cailee Spaeny), una chelista con una grave enfermedad degenerativa, y Vera Draven (Kerry Washington), una abogada que ha adoptado cuando era un bebé a Cy Draven (Daryl McCormack), ahora convertido en un joven que acaba de fracasar en su intento de ingresar en la política de Washington. El Obispo Langstrom (Jeffrey Wright) nombra al joven padre Jud Duplenticy (Josh O’Connor) como párroco adjunto de la iglesia que dirige Wicks en un pueblo ignoto del Estado de Nueva York para llevar un poco de sensatez a la parroquia de Nuestra Señora de la Perpetua Fortaleza y darle otra oportunidad a Jud, un cura belicoso que acaba de romperle la mandíbula a un colega en una pelea. La asignación es una prueba para Jud, que tiende a reaccionar con violencia ante la confrontación debido a su pasado como boxeador. La impronta totalitaria que el viejo y curtido Wicks ofrece en sus sermones y su actitud agresiva con los feligreses contrasta con el progresismo impostado de Jud. Cuando Wicks muere violentamente en circunstancias inexplicables el detective Blanc aparece para intentar resolver el caso y ayudar a la policía local, liderada por Geraldine Scott (Mila Kunis).
La película se centra en el asesinato y en el ida y vuelta entre Jud y Blanc, que alternan entre la fe del cura en la religión y la convicción de Blanc en la lógica en diálogos que a nivel filosófico no representan ningún avance dialéctico entre las dos posturas, pero que instruyen elementalmente al espectador alrededor de la temática tan solo para buscar un entretenimiento pasteurizado sin riesgo alguno. Detrás de la historia hay un relato intrincado bastante absurdo alrededor de la muerte de la madre y del abuelo de Wicks, también párroco de la iglesia, enterrado en el lugar en una innecesaria y monumental cripta, todo alrededor de una narración muy poco inspirada a cargo de Johnson.
Si el personaje de Blanc es una especie de amalgama de Hércules Poirot y Sherlock Holmes, el cura es una suerte de Padre Brown en potencia que aún no ha desarrollado demasiado sus convicciones como para debatir filosóficamente con Blanc, lo cual puede ser una estrategia de Johnson para colocar la verdad lógica por sobre la fe, aunque también puede ser visto como pereza o falta de interés en la profundización de un debate que constituye el eje de la trama.
Escrita y dirigida por Johnson al igual que las dos entregas anteriores, la película es la más floja de la saga por diversos motivos. A pesar de que recupera los tópicos del cine y la literatura de misterio, la falta de desarrollo de los personajes secundarios es exasperante, lo que impide que la obra se convierta en una película coral y así se desaprovecha el elenco. Por otra parte, la disputa filosófica/ teológica entre Jud y Blanc se repite constantemente sin avanzar y no reviste ninguna profundidad, la resolución del enigma es pobre y la trama alrededor de la batalla eclesiástica es demasiado ilógica y solo aplicable al estado de las cosas en Estados Unidos, en una alegoría muy esquemática sobre la realidad política radicalizada de ese país. Para colmo los intentos de crear escenas cómicas al estilo de Clue (1985), de Jonathan Lynn, o alrededor de los manierismos de Poirot no funcionan, cayendo al igual que Glass Onion: Un Misterio de Knives Out (Glass Onion: A Knives Out Mystery, 2022) en lo grotesco o secuencias demasiado largas que demandan una resolución más circunspecta que la que Johnson delinea.
Wake Up Dead Man: Un Misterio de Knives Out (Wake Up Dead Man: A Knives Out Mystery, 2025) es un opus que queda atrapado en la desesperación de los artistas de Hollywood por expresar su descontento con el ascenso de las ideas de la derecha más radical y en la falta de reflexión sobre las causas y consecuencias de esta situación, probablemente debido a la urgencia por generar entretenimiento para el consumo fugaz en una era de adicción a las redes sociales y los productos instantáneos, en la que las obras narrativas de las plataformas compiten en la atención del público con el contenido hogareño generado por influencers.
Wake Up Dead Man: Un Misterio de Knives Out (Wake Up Dead Man: A Knives Out Mystery, Estados Unidos, 2025)
Dirección y Guión: Rian Johnson. Elenco: Daniel Craig, Josh O’Connor, Mila Kunis, Glenn Close, Josh Brolin, Andrew Scott, Kerry Washington, Jeremy Renner, Thomas Haden Church, Jeffrey Wright. Producción: Rian Johnson y Ram Bergman. Duración: 144 minutos.