Colonia Dignidad

Entre la sumisión y el absolutismo

Por Emiliano Fernández

El caso de Colonia Dignidad es sumamente peculiar dentro de lo que ha sido la historia de los centros de detención, tortura y asesinato de disidentes políticos durante el ciclo de las dictaduras latinoamericanas de la segunda mitad del siglo XX: si bien el asentamiento en cuestión incluye esa clásica connivencia entre las jerarquías militares y la sociedad civil más reaccionaria, lo cierto es que además trae a colación la dinámica de las sectas religiosas y los delirios místicos de los autoproclamados “mesías”. Todo comienza con la llegada a Chile en 1961 de Paul Schäfer, un médico alemán que había participado en las Juventudes Hitlerianas y que creó distintas “misiones evangélicas” en su país. En plena huida por acusaciones de abusos sexuales contra niños, funda Colonia Dignidad en la comuna de Parral, en el centro mismo del territorio, una región aislada para con las grandes metrópolis.

 

Autodesignado autoridad máxima del lugar, Schäfer controló durante décadas el destino de los colonos y los habitantes de la zona con mano firme, ganándose el visto bueno de la derecha chilena y entablando lazos de mutua cooperación con las Fuerzas Armadas locales. Cuando se produce el golpe de estado de 1973 encabezado por Augusto Pinochet, los vínculos entre los referentes de Colonia Dignidad, los militares y la Embajada Alemana eran tan estrechos que el espacio -el cual incluía túneles, pistas de aterrizaje y hasta un hospital- comienza a ser utilizado para interrogar bajo tormentos a los presos de izquierda y aprovechar a los sobrevivientes como mano de obra esclava (también se fabricaban armas para un futuro enfrentamiento con Argentina). A pesar de que Schäfer se regocijaba en la pederastia, la misoginia y un sadismo sin parangón, su palabra era sagrada e incuestionable.

 

El último trabajo de Florian Gallenberger, responsable de las estupendas Shadows of Time (Schatten der Zeit, 2004) y John Rabe (2009), es un retrato vertiginoso y certero de los horrores que acontecían en esa suerte de comunidad fortificada, todo nuevamente a través de los engranajes de un melodrama sencillo pero muy bien llevado. La historia se centra en los momentos previos y posteriores a la caída del gobierno de Salvador Allende: la DINA, la policía secreta de la dictadura, secuestra a Daniel (Daniel Brühl), artífice del diseño de un puñado de afiches de izquierda, y a su novia Lena (Emma Watson), una joven azafata que estaba de visita. Mientras que ella es liberada de inmediato, él es sometido a un extenso martirio para que delate a sus compañeros. Así las cosas, Lena eventualmente descubrirá que Daniel fue trasladado a la Colonia y -ante la falta de ayuda- se infiltrará para rescatarlo.

 

Llama la atención la destreza del director en lo que respecta al viejo arte de mantener la angustia en primer plano todo el tiempo, por un lado dosificando las “hallazgos” que les esperan a los protagonistas en el infierno terrenal del título y por el otro desnudando la violencia ejercida contra las víctimas, sus familias y/ o los subordinados dentro de la estructura hegemónica del lugar (el enclave era profundamente patriarcal y oscurantista, al punto de segmentar las instalaciones por género y conservar a las mujeres sólo para ser golpeadas por los hombres). El guión de Torsten Wenzel y el propio Gallenberger aprovecha una serie de recursos del thriller testimonial y no maquilla la participación de la administración alemana occidental en lo que atañe a la complicidad para con el terrorismo de estado y Colonia Dignidad, cuya cúpula continuaba en manos de inmigrantes germanos.

 

Ahora bien, más allá de la eficacia del siempre maravilloso Brühl, casi todo el peso de la trama cae en los hombros de Watson ya que -en consonancia con el mecanismo estándar del horror- aquí el “sexo débil” demuestra su poderío y se invierte la dialéctica de los relatos tradicionales en materia de “quién rescata a quién”. La veinteañera cumple más que dignamente en el rol de una mujer que hace lo que sea para salvar a su pareja, aunque vale aclarar que asimismo recibe la ayuda de otro gran actor contemporáneo, Michael Nyqvist, conocido principalmente por interpretar a Mikael Blomkvist en la Trilogía Millennium y hoy poniéndole la piel a Schäfer, un déspota que basaba su dominio en el miedo, los abusos, la brutalidad y una plétora de sedantes y electroshocks. Colonia Dignidad (2015) es una pequeña sorpresa que examina las intersecciones entre la sumisión y el absolutismo…

 

Colonia Dignidad (Alemania/ Luxemburgo/ Francia, 2015)

Dirección: Florian Gallenberger. Guión: Florian Gallenberger y Torsten Wenzel. Elenco: Emma Watson, Daniel Brühl, Michael Nyqvist, Richenda Carey, Vicky Krieps, Jeanne Werner, Julian Ovenden, August Zirner, Martin Wuttke, Nicolás Barsoff. Producción: Benjamin Herrmann y Nicolas Steil. Duración: 110 minutos.

Puntaje: 8