Incógnito (Plainclothes)

Escalón a escalón

Por Emiliano Fernández

La homosexualidad masculina ha sido retratada por el cine desde diferentes ópticas en lo que a la posmodernidad se refiere, pensemos por ejemplo en el combate intestino de Los Chicos de la Banda (The Boys in the Band, 1970) y el sadomasoquismo demonizado de Cruising (1980), ambas de William Friedkin, aquel western revisionista de Secreto en la Montaña (Brokeback Mountain, 2005), de Ang Lee, el realismo social de Ropa Limpia, Negocios Sucios (My Beautiful Laundrette, 1985), clásico de Stephen Frears, y Antes que Anochezca (Before Night Falls, 2000), de Julian Schnabel, el alegato político de izquierda de El Beso de la Mujer Araña (Kiss of the Spider Woman, 1985), de Héctor Babenco, el masoquismo altisonante de Sólo un Hombre (A Single Man, 2009), de Tom Ford, y Blue Moon (2025), de Richard Linklater, la comedia negra freak de Pillion (2025), joya de Harry Lighton, el retrato de la epidemia del SIDA de Filadelfia (Philadelphia, 1993), de Jonathan Demme, y 120 Pulsaciones por Minuto (120 Battements par Minute, 2017), opus de Robin Campillo, el indie con corazón de Tangerine (2015), de Sean Baker, la vertiente rockera pirotécnica de Velvet Goldmine (1998), de Todd Haynes, y Hedwig and the Angry Inch (2001), de John Cameron Mitchell, el lirismo alegórico de Luz de Luna (Moonlight, 2016), de Barry Jenkins, el romance hiper barroco de Llámame por tu Nombre (Call Me by Your Name, 2017) y Queer (2024), las dos de Luca Guadagnino, y la denuncia de la homofobia institucionalizada de Víctima (Victim, 1961), de Basil Dearden, y Una Mujer Fantástica (2017), del cineasta argentino/ chileno Sebastián Lelio, entre muchas películas semejantes que han volcado su arsenal retórico a pintar alguna faceta del tópico en el largo trayecto que va desde el acoso de mediados del Siglo XX, pasando por la aceptación escalonada de las postrimerías de la centuria, hasta la normalización a regañadientes de este nuevo milenio.

 

Una de las propuestas recientes más interesantes sobre el tema es Incógnito (Plainclothes, 2025), debut del director y guionista estadounidense Carmen Emmi que adopta un curioso formato de thriller de suspenso que bebe de la manipulación, los miedos y aquella tensión erótica omnipresente de El Desconocido del Lago (L’Inconnu du Lac, 2013) y Misericordia (Miséricorde, 2024), propuestas de Alain Guiraudie que le debían su existencia en términos espirituales/ conceptuales al naturalismo brutal y las excentricidades de todo tipo del Rainer Werner Fassbinder modelo La Ley del más Fuerte (Faustrecht der Freiheit, 1975), En un Año con 13 Lunas (In einem Jahr mit 13 Monden, 1978) y Querelle (1982), a su vez fuentes de inspiración para Veneno (Poison, 1991), de Haynes, y prácticamente toda la carrera de John Waters y Pedro Almodóvar. Emmi profundiza el desconcierto porque a nivel formal, léase en lo estrictamente narrativo o concerniente a la fotografía y el montaje, elige el preciosismo de la primera generación de los años 80 de cineastas británicos surgidos del ecosistema de la publicidad, hablamos de Adrian Lyne, Hugh Hudson, Alan Parker y los hermanos Ridley y Tony Scott, esquema que hegemoniza sobre todo la primera mitad del metraje y que para colmo está complementado por pinceladas de videoarte para el punto de vista enajenado del protagonista, Lucas Brennan (Tom Blyth), un policía neoyorquino que en 1997 se dedica a realizar operaciones encubiertas en centros comerciales simulando ser un homosexual en busca de sexo para atraer a pobres tontos que terminan arrestados por exhibicionismo a la salida del baño de turno, todo bajo la vinculación homofóbica típica de la época entre los gays y los pervertidos del montón como los pedófilos, los sádicos y los asesinos en serie (en realidad esa fauna bien psicopática está homologada a burguesitos e incels risibles como Javier Milei y a millonarios como Donald Trump y Jeffrey Epstein).

 

Brennan siente cada vez más y más asco hacia su profesión de vigilante porque él mismo es un sodomita que no salió del clóset y que está lidiando con la separación de su novia, Emily (Amy Forsyth), el fallecimiento de su progenitor, Gus (Joseph Emmi Sr.), y una especie de relevo progresivo dentro de las operaciones de rutina antimaricones ya que sus superiores, el Teniente Sollars (John Bedford Lloyd) y el Sargento Ron (Christian Cooke), pretenden empezar a filmar todo en VHS mediante espejos translúcidos y eventualmente reemplazarlo por una “carnada” negra y más joven, Jeff (Darius Fraser). El director encara la trama como si estuviese frente a una epopeya de terror porque la situación es más o menos siempre la misma y va llevando hacia la locura al protagonista desde una angustia que en esencia es doble, primero una encerrona social/ profesional que es también familiar porque su madre, Marie (Maria Dizzia), sufre a la sanguijuela del hermano de la mujer, el Tío Paul (Gabe Fazio), y segundo el amor no correspondido del propio Lucas hacia un hombre que conoce “vestido de civil” -de allí el título original en inglés- en el centro comercial, Andrew Waters (Russell Tovey), un reverendo protestante con esposa e hijos con el que concurre a un cine y a posteriori tiene una acalorada sesión sexual en un invernadero de una zona bucólica, encuentro que genera un estado de limerencia en el oficial de policía al extremo de rastrear a Waters a través de la matrícula de su vehículo. Más allá de retratar la criminalización de la homosexualidad en los 90 y el suicidio tácito de reconocerse gay para no vivir más con secretitos, la realización contrapone el afecto, la familia, la ética laboral, la amistad y los traumas o problemas psicológicos que surgen de semejante torbellino emocional, asimismo optando por una mirada semi antropológica de los rituales masculinos de apareo en versión gay vintage en función de algunos preceptos básicos detrás de El Desconocido del Lago.

 

La tensión del romance choca todo el tiempo con el condicionamiento social negativo sobre los maricones, tanto en materia de la crianza puertas adentro como en la cacería en sí del aparato de represión del momento, un cerco legal de influjo extorsivo. Como en muchas otras faenas sobre la homosexualidad masculina, la feminidad en Incógnito aparece como banal o condescendiente o histérica o maternal tontuela, en suma un enclave ajeno del que el protagonista debe alejarse porque las hembras colaboran fuertemente en la claustrofobia y la misma distancia ayuda a construir una autonomía humanista propiamente del varón, sin ninguna interferencia rosa, ni solidaria/ positiva ni censuradora/ volcada a la condena. Si por un lado los ribetes freudianos crípticos están a la orden del día mediante el seudónimo que utiliza Lucas para acercarse a Andrew, precisamente el nombre de su padre fallecido en plan de exorcizarlo o quizás revivirlo, Gus, por el otro lado gran parte del suspenso gira alrededor de una carta de Waters que Brennan pierde entre la nieve que rodea la casa de su progenitora, otra fuente más de preocupación que lo arrima -escalón a escalón- hacia el colapso del memorable desenlace al igual que el homoerotismo en la policía, el fantasma del SIDA y la paranoia o sensación de peligro en general con respecto a ser descubierto, arrestado o aislado/ abandonado por sus propios seres queridos, esos de evidente marco intolerante e hipócrita. Con grandes actuaciones de los ingleses Blyth y Tovey y un buen soundtrack ochentoso de Emily Wells, el director considera al enamoramiento como una ansiedad símil asfixia, divide el asunto en dos generaciones, la culposa del reverendo y esa otra del policía que está dejando atrás el calvario masoquista cíclico, y en última instancia vincula a San Francisco, cuna del hippismo de los 60 y donde los amantes fantaseaban con reunirse si renunciasen a sus respectivas vidas, con un paraíso gay de aceptación social…

 

Incógnito (Plainclothes, Estados Unidos/ Reino Unido, 2025)

Dirección y Guión: Carmen Emmi. Elenco: Tom Blyth, Russell Tovey, Christian Cooke, Darius Fraser, Maria Dizzia, Gabe Fazio, John Bedford Lloyd, Amy Forsyth, Luke Burke, Alessandra Ford Balazs. Producción: Colby Cote, Arthur Landon, Vanessa Pantley y Eric Podwall. Duración: 96 minutos.

Puntaje: 7