Breve Encuentro (Brief Encounter)

Esta tristeza no durará

Por Emiliano Fernández

Antes de la dilatada etapa final de su trayectoria correspondiente al gigantismo de aquella colección de faenas épicas a toda pompa, hablamos de El Puente sobre el Río Kwai (The Bridge on the River Kwai, 1957), Lawrence de Arabia (Lawrence of Arabia, 1962), Doctor Zhivago (1965), La Hija de Ryan (Ryan’s Daughter, 1970) y Pasaje a la India (A Passage to India, 1984), películas que quedaron grabadas en la memoria de los cinéfilos de todo el globo de allí en más, el cineasta inglés David Lean contó con un período inicial mucho más prolífico -y poco popular en el ecosistema “no anglosajón” y sobre todo “no británico”- que abarca la década del 40 y el primer lustro de los años 50, empezando por un trabajo no acreditado como realizador, Mayor Barbara (Major Barbara, 1941), mayormente dirigido por Gabriel Pascal porque David ofició de editor en términos oficiales, cuatro adaptaciones de obras del célebre dramaturgo Noël Coward, léase Hidalgos de los Mares (In Which We Serve, 1942), La Vida Manda (This Happy Breed, 1944), Un Espectro Travieso (Blithe Spirit, 1945) y Breve Encuentro (Brief Encounter, 1945), y dos recordadas traslaciones de clásicos inmortales de Charles Dickens, Grandes Esperanzas (Great Expectations, 1946) y Oliver Twist (1948), preámbulo para una fase incluso más oscura/ menos conocida que incluye a la extraordinaria ¿Es Papá el Amo? (Hobson’s Choice, 1954), sin duda una de las mejores comedias del ambiente cinematográfico inglés, y las dignas Amigos Apasionados (The Passionate Friends, 1949), Madeleine (1950), La Barrera del Sonido (The Sound Barrier, 1952) y Locura de Verano (Summertime, 1955). Dentro de toda esta primera fase la realización más festejada es Breve Encuentro, una epopeya minimalista, elegante y de impronta fatalista que continúa siendo el mejor ejemplo del fetiche de Lean en relación al adulterio y los triángulos masoquistas, tópico también analizado en Un Espectro Travieso, Amigos Apasionados, Madeleine, Locura de Verano, Doctor Zhivago y La Hija de Ryan.

 

La historia comienza con una pareja de mediana edad sentada en un bar de una estación de tren suburbana del Reino Unido de la época, la ama de casa Laura Jesson (Celia Johnson) y el médico afable Alec Harvey (Trevor Howard), quienes son interrumpidos por una vieja parlanchina, Dolly Messiter (Everley Gregg), amiga de la mujer y especialista en chismes que motiva que el hombre se marche después de saludar a Laura apretando su hombro, la cual desaparece durante un instante y luego a su pesar comparte tren con Messiter. A través de soliloquios en off de Jesson, ya llegada a un hogar familiar burgués en el que convive con su esposo, el buenazo aunque muy aburrido Fred (Cyril Raymond), y sus dos vástagos pequeños, Bobby (Richard Thomas) y Margaret (Henrietta Vincent), descubrimos que el tal Harvey estaba protagonizando un affaire con Laura que pronto se hace explícito mediante la técnica del racconto o flashback extendido a prácticamente toda la narración, por ello mismo saltamos al inicio del asunto con una Jesson que viaja regularmente todos los jueves desde su residencia a una ciudad cercana para hacer compras, almorzar en algún restaurant -sola o quizás con amigas- e ir al cine para disfrutar de una de esas maratones de antaño que incluían dibujos animados, noticias y la película titular de la función. Es en el bar de la estación donde conoce a Alec, señor casado y con dos hijos que sale en su auxilio cuando le entra algo de carbonilla en un ojo, provocando que al reencontrarse al azar por tercera vez decidan ir al cine, charlen y pacten una cita formal para el próximo jueves. Eventualmente entre ambos nace un cariño para nada buscado y ella se ve obligada a mentirle al marido y a conocidas varias con las que se topan de manera aleatoria, no obstante el vínculo no pasa de los besos furtivos porque cuando por fin pretenden tener sexo en un departamento prestado el dueño del lugar, el amigo del médico Stephen Lynn (Valentine Dyall), otro matasanos, llega de improviso y así fuerza la crisis paranoica definitiva de estos amantes clandestinos.

 

El atractivo que sigue generando Breve Encuentro en el inconsciente colectivo tiene que ver con sus diversas contradicciones, como por ejemplo su doble objetivo de exaltar el amor irrefrenable y al mismo tiempo condenar a la pasión que no ha sido rubricada por la santa institución matrimonial, o esa idea de fondo de tachar de mojigata a la sociedad de mediados del Siglo XX pero al mismo tiempo ratificar la prohibición de la infidelidad a través de la separación forzosa del desenlace, o el franco coqueteo para con el peligro excitante que eventualmente se ve obligado a ceder ante las responsabilidades tanto de la parentela de cada uno como del mandato conformista comunal al que nos referíamos con anterioridad, suerte de Espada de Damocles que cuelga sobre las cabezas de aquellos que pretenden la libertad pero sin renunciar al conservadurismo. El hecho de que el punto de vista dominante sea el de ella, lo que implica que nunca conocemos a los dos purretes del médico y su esposa, Madeleine, no es para nada azaroso porque la mujer divorciada era la que acarreaba las mayores condenas públicas en aquel período histórico, de esta forma el contexto castrador funciona como el principal combustible del melodrama aunque sin caer en el cine rosa o esas típicas “películas para mujeres” que subrayan las emociones con trazo grueso y sin demasiada paciencia discursiva, en este sentido el film de Lean se mueve en una región totalmente opuesta porque su odisea del corazón es profundamente británica y ello conlleva cierta flema y pacatería doctrinaria indisimulable aunque también un realismo austero y cuasi poético distante que no podría alcanzarse si el convite en cuestión fuese producto de cualquier otra cinematografía del globo. Rubros que siempre eran controlados maniáticamente por el realizador, como la fotografía y la edición, aquí en manos de Robert Krasker y Jack Harris, brillan por su delicadeza y meticulosidad al igual que las actuaciones de los dos intérpretes fundamentales, unos Howard y Johnson tan cerebrales como sufridos.

 

Trabajando tópicos colaterales en sintonía con la estigmatización social de lo privado, las injusticas y prejuicios idealistas del rubro amatorio, la incomodidad femenina al mentir, la sordidez sutil y automortificante que provoca la culpa, la “mochila” esclavista en cuanto a vivencias y/ o castigos que lleva cada amante tras de sí y desde ya esa acepción del cariño como una especie de somnolencia semejante a una burbuja siempre a punto de estallar por la influencia del entorno negado, Breve Encuentro, ya desde su título, explora de manera magistral el sustrato efímero de la vida y de cada una de sus facetas, desde la nostalgia que sienten los protagonistas al principio y en el remate del relato hasta la alegría, el frenesí, el desconcierto, las dudas, la desesperación y el mismo afecto a escondidas retratado, incluso el impulso suicida de Jesson -decidida a lanzarse contra un tren, por ello desaparece unos segundos durante el prólogo- al tomar conciencia de que la despedida es terminal y Harvey partió en serio hacia Johannesburgo, en Sudáfrica, para ya no regresar jamás. Más allá del trasfondo entre retrógrado, hiper pesimista y sumamente apegado a la tragedia clásica del desenlace, hermanado a aquel de Noches Blancas (Le Notti Bianche, 1957), de Luchino Visconti, y lejano para con el de La Dama del Perrito (Dama s Sobachkoy, 1960), de Iosif Kheifits, otros dos clásicos del adulterio en la gran pantalla, la película sin embargo evita la claustrofobia psicológica al cien por ciento de la pareja porque nos ofrece un mínimo alivio cómico, aquí bajo la graciosa relación romántica entre la propietaria del bar de la estación, Myrtle Bagot (Joyce Carey), y un estrafalario guarda de la línea ferroviaria, Albert Godby (Stanley Holloway), y la perspectiva apenas vedada del marido de ella, ese Fred que en un inicio da por sentada la lealtad suprema de su esposa, quien en una escena llega incluso a contarle que conoció al doctor, para después -en las postrimerías de la trama- dejar entrever que no es tan tonto como parece porque dedujo la triste distancia emocional de la mujer…

 

Breve Encuentro (Brief Encounter, Reino Unido, 1945)

Dirección: David Lean. Guión: Noël Coward. Elenco: Celia Johnson, Trevor Howard, Stanley Holloway, Joyce Carey, Cyril Raymond, Everley Gregg, Marjorie Mars, Margaret Barton, Richard Thomas, Henrietta Vincent. Producción: Noël Coward. Duración: 87 minutos.

Puntaje: 9