El cineasta noruego Kristoffer Borgli, con apenas cuatro largometrajes en su haber, ha logrado posicionarse como uno de los profesionales más interesantes de los últimos años gracias a sus arremetidas tragicómicas contra la imbecilidad, el comercialismo, la lógica reduccionista binaria, la irresponsabilidad y la cultura de la simulación y el capricho de nuestros días, una época en la que rasgos de la proto globalización de los años 80 y 90, como el infantilismo y el cinismo antiintelectual, pasan al primer plano y quedan todavía más en offside de la mano de las redes sociales y el mainstream cultural mayormente hueco o escapista del nuevo milenio, emporio que achata el discurso para promediar hacia abajo eliminando toda riqueza conceptual. Las dos primeras gestas de Borgli son efectivamente noruegas, hablamos de DRIB (2017), una parodia demoledora de la necedad, hipocresía y patrañas varias de los mundillos del marketing y la publicidad, haciendo foco en el fraude y la violencia detrás de un capitalismo digital que en el relato se confunde con la metaficción y una superficialidad social que permite tanto la infiltración del elemento disruptivo como los abusos del entorno conformista contra esa “termita” del sistema, y Sick of Myself (Syk Pike, 2022), fábula sobre el narcisismo en la pareja y en el ecosistema artístico al extremo de la competencia, el masoquismo y el Síndrome de Münchhausen, a su vez también una excusa para analizar la frivolidad y la necesidad patológica de atención de hoy en día de tanta gente anodina o psicopática, capaz de parasitar a su entorno y ponerlo en peligro con tal de alcanzar sus ridículos objetivos en materia de un reconocimiento que adquiere ribetes mitológicos y/ o directamente se parece a una adicción común y corriente, autodestructiva.
Dream Scenario (2023), debut anglosajón de Borgli si no tenemos presente aquel generoso volumen de diálogos en inglés de DRIB, fue un hermoso delirio satírico sobre la ubicuidad o más bien simultaneidad de la idiotez, la egolatría y la mediocridad en el Siglo XXI, en pantalla una red onírica/ inmaterial símil Internet que pasa de lo inofensivo a lo siniestro en un santiamén en consonancia con cierta esquizofrenia o ciclotimia de fondo y con el trauma lelo estándar fetichizado del nuevo milenio, eje de un andamiaje retórico surrealista que le debía tanto a Luis Buñuel y Charlie Kaufman como a Wes Craven y el también productor Ari Aster. Es de hecho este último quien regresa con su dinerillo para que el noruego nos regale su cuarto trabajo y el segundo en yanquilandia, El Drama (The Drama, 2026), una obra muy disfrutable que se ubica en el mismo nivel de calidad de DRIB y en esencia cae un escalón por debajo de las sutilmente superiores Sick of Myself y Dream Scenario. Aquí los protagonistas son Charlie Thompson (Robert Pattinson), curador británico de un museo de Boston, en el Estado de Massachusetts, y Emma Harwood (Zendaya Maree Stoermer Coleman alias simplemente Zendaya), empleada administrativa en una librería, una dupla que está próxima a casarse luego de dos años de noviazgo y que una noche encuentra de casualidad a la DJ de la boda fumando heroína en la calle, Pauline (Sydney Lemmon). El asunto se transforma más tarde en motivo de conversación durante una comilona en el salón alquilado de turno para ya decidir el menú y el vino de la fiesta de casamiento, evento que reúne a Emma y Charlie más una pareja amiga, Rachel (Alana Haim) y Mike (Mamoudou Athie), nada menos que la dama de honor y el padrino de la aparatosa boda en cuestión.
La charla improvisada lleva las cosas hacia la confesión de cada uno de los presentes en lo que atañe a la peor acción de sus respectivas vidas, así Mike admite haber utilizado a una exnovia como escudo humano durante el ataque de un perro en México, Rachel comenta haber encerrado de niña en el armario de un motorhome abandonado a un vecino retrasado mental a lo largo de una noche, purrete que luego fue hallado, y finalmente Charlie confiesa que acosó por Internet a un compañero de clase al punto de que la familia de la víctima se mudó a otra zona. Emma deja consternados a todos cuando de repente afirma que a los quince años de edad planeó un tiroteo en su colegio y perdió la audición de su oído derecho al sostener demasiado cerca un rifle de su padre militar, Roger (Damon Gupton), mientras practicaba en el medio del bosque. La historia tiene un efecto inmediato, la furia de Rachel porque una prima suya quedó parapléjica en una masacre, Samantha (Anna Baryshnikov), y dos consecuencias a largo plazo, la desconfianza y después la paranoia in crescendo de un Charlie que se obsesiona con el asunto y con saber más, así pronto descubre que Emma cuando púber estuvo fascinada con toda la “estética del tiroteo” y la comunidad on line de loquitos del rubro aunque abandonó el proyecto del asesinato masivo cuando otro joven de otra escuela lo hizo antes, motivando que se vaya al extremo opuesto y comience a militar por el control de armas e incluso arroje el rifle en un pantano. Las fantasías de retrotraer la relación a la fase previa a la confesión se vuelven comunes en Emma y su prometido, por su parte, se dedica a alucinaciones preocupantes sobre la peligrosidad de la treintañera, para colmo llegando a una casi sesión sexual con una colega del museo, Misha (Hailey Gates).
Con excelentes actuaciones de todos los involucrados, no sólo Pattinson y Zendaya sino también Athie, Gates y una Haim en verdad desatada, el film nos reenvía a aquel cine para adultos previo a que Netflix, Disney y Marvel lo arruinasen todo desde la uniformidad y esa cobardía expresiva para tontitos, en este sentido la realización se olvida del inmundo Siglo XXI y salta directo hacia las fuentes, en sí conectando la recordada screwball comedy, modelo Preston Sturges, Frank Capra y Ernst Lubitsch, con la comedia posmoderna de pareja de Woody Allen, Peter Bogdanovich y Paul Mazursky, de esta manera el dúo se la pasa tratando de resetear la relación por las dificultades que traen los secretos de cada uno, la imposibilidad de conocer al prójimo en un cien por ciento, la tendencia a sabotearse símil pulsión de muerte y desde ya cierta bipolaridad que es inmanente a la experiencia de vivir en sociedad, de allí que ella empiece defendiendo a la DJ heroinómana en el comienzo del metraje para luego confrontarla/ condenarla sin medias tintas durante el último acto, amén de su metamorfosis de adolescente de posible homicida a activista coyuntural antiarmas. Una vez más las pesadillas, los recuerdos, las sensaciones y los engaños se amalgaman en un todo confuso que ahora apuesta a transformar el drama en comedia, como escuchamos en los diálogos, desde la empatía y una complejidad moral que se abre a las contradicciones y la ceguera de los seres humanos prosaicos, pensemos en la fascinación de Emma con la superficie más baladí de los gestos y nuestras decisiones, como decíamos antes en la trama denominada la estética del tiroteo, sin ver las catastróficas consecuencias de llevar adelante semejante locura, óptica que la odisea homologa a la cultura estadounidense y su sadismo ombliguista. Asimismo poniendo de relieve la distancia entre concebir algo y efectivamente materializarlo, esquema repetido en los bípedos y sus fantasías más grotescas de placer o venganza o acumulación de poder y dinero, en pantalla queda claro que ambos mienten amparados en el fariseísmo oportunista, ella sobre su pasado (le había dicho a Charlie que nació sorda del oído derecho) y él acerca de haber leído aquella novela inexistente que la ninfa disfrutaba durante el primer encuentro de la dupla, El Daño (The Damage), de Harper Ellison, de allí se entiende esta narración entrecortada que propone Borgli en la que nunca se termina de saber del todo qué es verdad y qué es delirio en gran medida autoproducido por la mente enajenada de turno. El Drama indaga con valentía y desenfado en la obsesión contemporánea con lo morboso que tiende a banalizarse desde la compulsión, el lenguaje y el mismo fetiche comunal para con la simulación, sin duda uno de los latiguillos preferidos del noruego ya que adora meter el dedo en la llaga de la identidad que trastabilla o muere…
El Drama (The Drama, Estados Unidos, 2026)
Dirección y Guión: Kristoffer Borgli. Elenco: Zendaya, Robert Pattinson, Alana Haim, Mamoudou Athie, Hailey Gates, Sydney Lemmon, Anna Baryshnikov, Damon Gupton, Hannah Gross, Michael Abbott Jr. Producción: Ari Aster, Tyler Campellone y Lars Knudsen. Duración: 105 minutos.