Nirvanna the Band the Show the Movie

Ética y realidad falseada

Por Emiliano Fernández

A pesar de que el director, guionista y actor Matt Johnson se hizo conocido en el ambiente cinematográfico planetario gracias a su primera película narrativa tradicional, BlackBerry (2023), uno de los mejores retratos de la oligarquía tecnológica y sus miserias junto con The Social Network (2010), de David Fincher, Hater (Sala Samobójców: Hejter, 2020), de Jan Komasa, y Tetris (2023), de Jon S. Baird, en su Canadá natal ya era famoso por sus dos propuestas previas englobadas en un found footage/ metraje encontrado que se salía de un marco tristemente habitual en términos de la industria del séptimo arte del Siglo XXI, el terror, hablamos de The Dirties (2013), una comedia dramática sobre bullying en el colegio secundario, y Operation Avalanche (2016), un thriller modelo conspiranoias que ofrecía una insólita variante de la leyenda en torno al alunizaje simulado del año 1969 de la misión espacial Apolo 11 de la NASA, supuestamente rodado por aquel Stanley Kubrick de 2001: A Space Odyssey (1968). Ahora bien, la primera aventura profesional de Johnson fue en su faceta de comediante y por ello mismo muy pocos espectadores la conocen por fuera del nicho freak al que el canadiense y su socio de siempre, el mejor amigo y musicalizador Jay McCarrol, apuntaron desde el primer momento, dúo que precisamente protagonizó Nirvana the Band the Show (2007-2010), serie web de culto con versiones ficcionalizadas de los protagonistas, conocidos simplemente como Matt y Jay, nuestro vocalista histriónico y un pianista parsimonioso respectivamente, los únicos miembros de una agrupación bizarra sin canciones o por lo menos un nombre original, Nirvana the Band, a su vez obsesionada con conseguir un recital en The Rivoli, bar y restaurant legendario de la ciudad de Toronto con un largo pedigrí en materia de cómicos y músicos que se presentaron en sus instalaciones.

 

El raudo despegue artístico de Johnson, en esencia de la mano de The Dirties y Operation Avalanche, como decíamos con anterioridad los pasos previos para llegar al mainstream norteamericano de BlackBerry, eventualmente le permitió transformar la serie web en un producto cien por ciento televisivo y profesionalizado que le agregaba una “n” al título y a la dupla en cuestión por evidentes razones legales en cuanto a la referencia al colectivo liderado por Kurt Cobain, Nirvanna the Band the Show (2017-2018), serie que duraría dos temporadas que lograron emitirse y una tercera que fue grabada sin que se llegase a editar del todo debido al cierre o más bien el cese de transmisión de la cadena canadiense de turno, Viceland. La productora de Johnson, Zapruder Films, una alusión sardónica a la célebre película en ocho milímetros de Abraham Zapruder alrededor del asesinato en 1963 de John F. Kennedy, compró los derechos del programa de TV con la idea de finalizar la tercera temporada y ponerla a disposición del público, no obstante su ambición creció y optó por priorizar un viejo proyecto de los días de la serie web, de hecho transformarla en un largometraje que combine los cuatro pivotes formales, nos referimos a las secuencias guionadas, esas otras que son improvisadas por los intérpretes, una buena dosis de cámara oculta de impronta noventosa y finalmente las interpolaciones de los dos protagonistas dirigidas específicamente al camarógrafo/ director de fotografía, Jared Raab. Nirvanna the Band the Show the Movie (2025), el producto resultante de una estética documentalista hiper enajenada, es una de las comedias metadiscursivas más graciosas del nuevo milenio e incluso sirve como una excusa para regresar a los dos fetiches conceptuales del realizador, la ética de base social y una realidad falseada que siempre se confunde con la imaginación.

 

Al igual que en la serie web y su relectura televisiva, el eje del largometraje son los planes/ eventos publicitarios delirantes de Matt para conseguir el concierto utópico en The Rivoli aunque en esta oportunidad la nostalgia se cuela fuerte a través de material inédito de 2008, en suma utilizado para un hilarante salto temporal de 17 años hasta 2025 que implica una infinidad de intentos fallidos como si estuviésemos frente a personajes animados de Chuck Jones para Looney Tunes (1930-1969) o Merrie Melodies (1931-1969). Ya en sus cuarenta años, la dupla se propone lanzarse en paracaídas desde una de las estructura más altas del planeta, la Torre CN de Toronto, para aterrizar en medio de un partido de los Blue Jays, un equipo vernáculo de béisbol, en su estadio, el Rogers Centre o SkyDome según su antiguo nombre, sin embargo el asunto deriva en desastre porque el techo del recinto se cierra y Matt no puede caer en el campo de juego para dar su discurso triunfal anunciando un show en The Rivoli que no tienen pautado ni mucho menos, lo que genera la frustración de Jay y su idea de reservar como solista un espacio de “micrófono abierto” en un club de Ottawa, Lafayette. Inspirándose en Back to the Future (1985), el vocalista convierte su casa rodante en una máquina del tiempo símil el DeLorean del film de Robert Zemeckis, con la salvedad de que el condensador de flujo está en la heladera y funciona en serio para trasladarse en el tiempo cuando se derrama encima un poco de una bebida estrafalaria y real discontinuada desde 1999, Orbitz, engendro sin gas y con sabor a fruta que incluía unas bolitas de gelatina comestibles que simulaban una típica lámpara de lava. Ambos terminan transportados por accidente a 2008 y generando en su vuelta a 2025 una realidad paralela en la que Jay es una estrella de rock y un eventual homicida y Matt encabeza una banda de covers de McCarrol.

 

Más allá del gesto lunático y entrañable de aparecerse luego de un proyecto de alto perfil como BlackBerry con Nirvanna the Band the Show the Movie, capricho autoindulgente que para colmo le llevó la friolera de 200 jornadas de rodaje improvisado con un equipo técnico minúsculo y sin permiso alguno en lo que a lugares públicos se refiere, Johnson consigue sintonizar primero con las buddy movies cómicas de las postrimerías de la centuria pasada, desde la fantasía de Weird Science (1985), opus de John Hughes, y Bill & Ted’s Excellent Adventure (1989), de Stephen Herek, hasta el sustrato más mundano de Wayne’s World (1992), de Penelope Spheeris, y Dumb and Dumber (1994), de Peter Farrelly, y segundo con aquella era dorada de los stunts esperpénticos, el reality contracultural y/ o las cámaras ocultas terroríficas en línea con The Tom Green Show (1994-2000), Jackass (2000-2001), The Jamie Kennedy Experiment (2002-2004) y Scare Tactics (2003-2013), todo desde ya filtrado por la idiosincrasia cultural canadiense y su apego por el surrealismo, el absurdo, el humor negro, la autorreferencialidad, el slapstick y una sátira polirubro que incluye citas a chatarra como The Hangover (2009), de Todd Phillips, y The Butterfly Effect (2004), de Eric Bress y J. Mackye Gruber, y un soundtrack del propio McCarrol que reproduce con eficacia los latiguillos del cine de los 80 y 90. Entre chistes sobre las leyes de copyright, flashbacks en blanco y negro con voces distorsionadas y la faceta de imitador de Johnson, aquí consagrándose a Bill Cosby y ese Christopher Lloyd como Emmett “Doc” Brown, la película ofrece un final glorioso con Waters of March (Águas de Março, 1972), clásico de Antônio Carlos Jobim en la voz de Susannah McCorkle, mientras destruye los límites de la realidad y la ficción y se sirve de la amistad y las traiciones para pensar la moral prosaica…

 

Nirvanna the Band the Show the Movie (Canadá, 2025)

Dirección: Matt Johnson. Guión: Matt Johnson y Jay McCarrol. Elenco: Matt Johnson, Jay McCarrol, Jared Raab, Ben Petrie, Ethan Eng, Michael Scott, Reid Janisse, Steve Hamelin, Luke Lalonde, Maddy Wilde. Producción: Matthew Miller y Matt Greyson. Duración: 100 minutos.

Puntaje: 9