Muerte de un Unicornio (Death of a Unicorn)

Fauna protegida y vengativa

Por Emiliano Fernández

Al cine del Siglo XXI le cuesta mucho redondear sátiras interesantes y por lo general se queda en buenas intenciones que no llegan a los retratos cáusticos y más redondos de otras épocas, con algunas que otras salvedades como las obras del realizador surcoreano Bong Joon-ho, el sueco Ruben Östlund, el estadounidense Jordan Peele o esas de los argentinos Mariano Cohn y Gastón Duprat por lo menos hasta hace poco tiempo, cuando empezaron a repetirse hasta el cansancio o la exasperación. En los últimos años se acumularon distintos intentos de parodia social que sin llegar a ser perfectos permitieron canalizar cierta angustia en función de un capitalismo salvaje que visiblemente está agotado pero todavía pugna por autojustificarse desde las elites de la alta burguesía especulativa, tecnológica e informativa, pensemos por ejemplo en obras heterogéneas como Fresco (Fresh, 2022), de Mimi Cave, No te Preocupes, Cariño (Don’t Worry Darling, 2022), de Olivia Wilde, Cerdita (2022), de Carlota Pereda, Glass Onion (2022), de Rian Johnson, El Menú (The Menu, 2022), de Mark Mylod, Piscina Infinita (Infinity Pool, 2023), opus de Brandon Cronenberg, Lo que Deseas (What You Wish For, 2023), de Nicholas Tomnay, Saltburn (2023), de Emerald Fennell, Parpadea Dos Veces (Blink Twice, 2024), de Zoë Kravitz, y Opus (2025), la ópera prima de Mark Anthony Green, entre otras propuestas en esa misma sintonía socarrona o estrafalaria.

 

El nuevo agregado a la lista, Muerte de un Unicornio (Death of a Unicorn, 2025), debut como director y guionista del hasta ahora productor de cine independiente Alex Scharfman, se sirve de la fantasía, la comedia negra y el terror para pegarle duro y parejo a la oligarquía farmacéutica que trata a todos los animales y a la naturaleza en general como commodities/ materias primas, en suma pretendiendo funcionar como una fábula ecológica astuta en la tradición de Naves Misteriosas (Silent Running, 1972), de Douglas Trumbull, La Princesa Mononoke (Mononoke-hime, 1997), de Hayao Miyazaki, y Okja (2017), del mencionado Bong, aunque a fin de cuentas pareciéndose a una mixtura bastante literal y apenas correcta de los dos polos de su “razón de ser” en términos artísticos e ideológicos, por un lado el motivo del unicornio amenazado o quizás elusivo de Luna Negra (Black Moon, 1975), de Louis Malle, El Último Unicornio (The Last Unicorn, 1982), el clásico animado de Jules Bass y Arthur Rankin Jr., y Leyenda (Legend, 1985), del querido Ridley Scott, y por el otro lado el cine centrado en monstruos nihilistas y eternamente al acecho modelo Alien (1979), otra joya del británico Scott, Jurassic Park (1993), de Steven Spielberg, e incluso Resident Evil (2002), esa epopeya de Paul W.S. Anderson protagonizada por su futura esposa, Milla Jovovich, de la que se recupera mucho para la estructuración de las secuencias de suspenso.

 

Scharfman aquí nos presenta la visita de fin de semana del abogado Elliot Kintner (Paul Rudd) y su hija adolescente Ridley (Jenna Ortega) a la mansión del jefe del progenitor, Odell Leopold (Richard E. Grant), precisamente un magnate de la industria farmacéutica global que está muriendo de cáncer y vive en el medio de una reserva natural que lleva su nombre -donación al Estado mediante- y en la que supuestamente la fauna está protegida. Kintner, viudo reciente, de inmediato atropella accidentalmente a un potro de unicornio y lo esconde en su camioneta para llegar a tiempo a la casona de turno, donde se topa con Odell, su esposa Belinda (Téa Leoni), su vástago Shepard (Will Poulter) y muchos empleados del montón, entre los que se destacan Griff (Anthony Carrigan), el adusto mayordomo, y Shaw (Jessica Hynes), la asistente y guardaespaldas del desagradable millonario. La excusa para el encuentro, léase fijar la sucesión de Leopold o administración post mortem de su fortuna, se va al demonio cuando el unicornio revive, Shaw le dedica un tiro y eventualmente se aparecen los dos papis del finado buscando venganza, en esencia una pareja de unicornios con dientes enormes que se cargan al personal médico y de seguridad del dueño de casa en los momentos posteriores al lanzamiento de su plan de vender a otros ricachones el polvo del cuerno del animal por sus propiedades curativas, todo porque logró salvarlo del cáncer.

 

Los ingredientes a favor de la película se sitúan en primer plano desde el vamos, como la elogiable intención satírica social, las actuaciones descocadas/ caricaturescas, un ritmo narrativo justo -ni lento ni demasiado rápido- y la atractiva noción de base de combinar la mitología griega y el horror consagrado a una naturaleza que se cobra las atenciones de la lacra humana, además del dejo irónico del personaje de Carrigan, el innegable oficio de Ortega y la presencia de muy buenas canciones al inicio y al final del metraje de Cocteau Twins y St. Vincent, Cherry-Coloured Funk (1990) y DOA (2025), respectivamente, sin embargo asimismo hay que reconocer que la odisea no es particularmente graciosa, los CGIs y el diseño de los unicornios resultan bastante pobres, la parentela de oligarcas es tan estereotipada como odiosa y el desenlace derrapa en la parafernalia melosa hollywoodense promedio que conocemos de sobra, más allá del sustrato hiper derivativo de la propuesta en su conjunto como decíamos con anterioridad. Con el objetivo de poner sobre el tapete tópicos como el pancismo contemporáneo, la codicia, la estupidez burguesa, los safaris, la hipocresía empresaria, el poder, el misticismo de corte new age, la ciencia mercenaria y por supuesto la destrucción/ explotación del medio ambiente, el film se burla de los plutócratas y su egoísmo y traza una correlación entre la realidad y los relatos comunales fabulosos…

 

Muerte de un Unicornio (Death of a Unicorn, Estados Unidos/ Hungría, 2025)

Dirección y Guión: Alex Scharfman. Elenco: Jenna Ortega, Paul Rudd, Richard E. Grant, Will Poulter, Téa Leoni, Anthony Carrigan, Jessica Hynes, Sunita Mani, Steve Park, Kathryn Erbe. Producción: Alex Scharfman, Lars Knudsen, Tyler Campellone, Drew Houpt, Lucas Joaquin, Tim Headington y Theresa Steele Page. Duración: 108 minutos.

Puntaje: 6