La Cámara 36 de Shaolin (Shao Lin San Shi Liu Fang)

Fuerza, equilibrio, velocidad

Por Emiliano Fernández

Si todos los amantes del cine de género dejasen de consumir tanta bazofia anglosajona o globalizada modelo Siglo XXI, esa que no importa dónde se produzca porque responde a la misma factoría lobotomizada, el mundo sería un poco mejor o aunque sea más heterogéneo, menos uniforme y anodino. En todo esto muchas veces se unifican el imperialismo y la apropiación cultural y un caso paradigmático es el del actor y artista marcial hongkonés Sin Kam-hei alias Liu Chia-hui alias Gordon Liu, famoso por sus colaboraciones de los años 70 y 80 con el realizador Lau Kar-leung alias Liu Chia-liang bajo el halo de Shaw Brothers Studio, en este sentido Liu en Occidente es mucho más conocido por sus dos roles en Kill Bill: Volume 1 (2003) y Kill Bill: Volume 2 (2004), aquel díptico de Quentin Tarantino con Uma Thurman y David Carradine, hablamos de Johnny Mo, el líder de los 88 Maníacos/ Crazy 88, y Pai Mei, maestro avejentado del kung fu. En realidad la obra maestra tanto de Lau como de Liu es The 36th Chamber of Shaolin (Shao Lin San Shi Liu Fang, 1978), opus legendario de las artes marciales que en el mercado latino recibió un título respetuoso, La Cámara 36 de Shaolin, y que fue precedido por otras dos colaboraciones entre el director y la futura estrella internacional, Challenge of the Masters (Liu A-Cai Yu Huang Fei-Hong, 1976) y la célebre Executioners from Shaolin (Hong Xi Guan, 1977). Para comprender The 36th Chamber of Shaolin hay que situarla primero en su época, cuando el cine hongkonés de artes marciales logra distribución mundial gracias a su tendencia a combinar el chanbara o películas de samuráis, muy de moda en Japón y Occidente en los 50 y 60 a instancias de Akira Kurosawa y su actor fetiche, Toshirô Mifune, y el wuxia en tanto género milenario de la tradición china, a su vez una amalgama de romance, aventuras, magia, intrigas varias y unas epopeyas homologables a las de los caballeros andantes de la Europa Medieval pero enraizadas en la China Antigua, por ello en gran medida las cinematografías taiwanesa, hongkonesa y china de la segunda mitad del Siglo XX se entrelazan en este linaje cultural compartido aunque subdividido en función de las distintas jurisdicciones de eje territorial.

 

Otro ítem importante para entender la popularidad en todo el planeta de las artes marciales tiene que ver con aquella mitificación de Bruce Lee a través de su archiconocida tetralogía profesional como protagonista, The Big Boss (Tang Shan Da Xiong, 1971) y Fist of Fury (Jing Wu Men, 1972), ambas de Lo Wei, más The Way of the Dragon (Meng Long Guo Jiang, 1972), del propio Lee, y Enter the Dragon (1973), de Robert Clouse, amén de una faena póstuma y muy inferior que fue completada por Clouse, Game of Death (1978), obras que derivaron en una catarata de rip-offs estelarizados por diversos imitadores de Asia que en conjunto recibieron el rótulo de bruceploitation, en esencia un mecanismo para seguir aprovechando el boom de las artes marciales y la fama de Lee, fallecido de repente en 1973 a la edad de 32 años aparentemente debido a un edema cerebral por una reacción alérgica. El cine de Hong Kong venía de una etapa previa a la Segunda Guerra Mundial dominada por las comedias, los musicales y los melodramas hasta que determinadas productoras, como Shaw Brothers y Golden Harvest, transforman el wuxia en las gestas modernas de kung fu incorporando mucho de un chanbara que ya incluía ingredientes del western y el folletín de aventuras, como decíamos anteriormente. Así las cosas el boom setentoso de las artes marciales mutaría en los 80 y comienzos de los 90 en la Matanza Heroica/ Heroic Bloodshed y el gun fu de John Woo y Ringo Lam, ahora combinando los golpes y patadas con las armas, todo en paralelo al trash de Wong Jing y al surgimiento de la Nueva Ola del cine de Hong Kong de Tsui Hark, Ann Hui y Patrick Tam, una corriente bastante ampulosa que eventualmente inspiraría una reacción minimalista de la mano de Stanley Kwan, Mabel Cheung y Wong Kar-wai, suerte de Segunda Ola. El núcleo temático de The 36th Chamber of Shaolin es el enfrentamiento en el Siglo XVIII entre los rebeldes de Zheng Cheng, una figura ignota que lucha contra el despotismo, y la Dinastía Qing o Manchú (1636-1912), eventualmente el último bastión de la China Imperial que en el relato es referido como los “tártaros”, un término despectivo que cubría cualquier ejército que se considerase invasor.

 

El protagonista es Liu Yu-de (Liu), joven alumno del Señor Ho (Frankie Wei Hung), jefe de una célula rebelde que envía a uno de los suyos, el General Yin (Lau Kar-wing), para reventar a un “inspector” durante su llegada a la región de turno con vistas a supervisar la ejecución de seis espías que fueron capturados y torturados para que denuncien al resto de la oposición política/ bélica al gobierno manchú. Por supuesto que el asunto resulta ser una trampa y deja todo servido para un combate entre Yin y el jerarca de los tiranos, el General Tien Ta (Lo Lieh), quien mata al contrincante e inspira el odio necesario para que Yu-de, junto a otros estudiantes, acuda al Señor Ho con el objetivo de participar en la resistencia sobre todo transmitiendo mensajes clandestinos entre las cúpulas y nuestros partisanos simbólicos. La algarabía revolucionaria dura poco ya que Tien Ta ordena a sus dos lacayos, Tang San-yao (Wilson Tong Wai-shing) y el General Cheung (John Cheung Ng-long), que intensifiquen la represión sobre el pueblo para descabezar a la célula rebelde, lo que hacen desatando una serie de masacres que provocan la captura de alumnos de Ho, el suicidio de los susodichos y del propio profesor e incluso el asesinato de las parentelas de todos los involucrados, incluyendo el padre de Yu-de (Wang Ching-ho), dueño de una pescadería cuyos canales de distribución fueron usados por los sublevados para las comunicaciones. Siguiendo una línea de razonamiento del finado Ho, que creía que si los monjes shaolin enseñasen kung fu al pueblo la gente podría luchar contra los tártaros, un Yu-de malherido esquiva las tropas de la Dinastía Qing y se dirige al Templo de Shaolin, precisamente sede de una especie de monopolio religioso en materia de la transmisión de las artes marciales, completamente vedadas para los laicos. A pesar de que en un primer momento es rechazado por el abad disciplinario (Lee Hoi-sang), el muchacho se gana la simpatía del abad en jefe (Woo Wang-taat) y se le permite quedarse, donde un año después de su llegada comienza el duro entrenamiento a lo largo de 35 cámaras que aglutinan distintos aspectos del kung fu, saltando de novicio a experto en un lustro de sacrificios y resistencia física y psicológica.

 

La película unifica primero el anhelo de venganza de Yu-de contra el General Tien Ta, su misión dentro del ecosistema político del período, segundo su transformación en monje budista rebautizado San Te, por cierto una figura histórica verídica que pasó del Templo de Shaolin al Templo de Xichan, y tercero la difusión del kung fu entre el populacho para la autodefensa mediante la idea del protagonista de fundar una nueva cámara, la 36 del título, que permita la enseñanza a los laicos de modo irrestricto en plan de abrir el monasterio y compartir toda su sabiduría, especialmente en épocas donde la resistencia contra la faceta dictatorial del gobierno se hace muy necesaria. Lejos de ser una excusa para una secuencia magistral de acción tras otra, todas con la gloriosa coreografía del mismo Lau y una buena fotografía de Huang Yeh-tai y Arthur Wong, el guión del prolífico Ni Kuang pondera los tres pilares de las artes marciales, léase la fuerza, el equilibrio y la velocidad, compara la tranquilidad budista con la apatía del vulgo, la primera superando a la segunda porque en pantalla “terceriza” las muertes -piruetas de por medio- para mantener la conciencia limpia y seguir luchando contra los autócratas, y en gran medida considera que la instrucción en torno al bien y el mal de nada sirve frente a un enemigo maquiavélico y enajenado que no posee capacidad alguna de razonamiento, por ello es mejor aprender el arte de la guerra, nuestro kung fu, para alcanzar la liberación de izquierda eliminando al adversario apestoso y ultra fascistoide. The 36th Chamber of Shaolin, como tantos productos de Shaw Brothers, cuenta con una historia sencilla, zooms persistentes, bastante gore, algo de cámara lenta, un puñado de cortes abruptos, ese sadismo marca registrada, unos primeros planos lunáticos, actuaciones un tanto estrafalarias, un genial diseño de producción, algunos toques cómicos, un trasfondo idiosincrásico budista, efectos sonoros bien bizarros, poca o nula presencia de mujeres y las coreografías prodigiosas ya señaladas. La odisea, asimismo, forma parte de la generosa colección de obras atractivas o entrañables de Lau, sobre todo esa Executioners from Shaolin más Heroes of the East (Zhong Hua Zhang Fu, 1978), Dirty Ho (Lan Tou He, 1979), Return to the 36th Chamber (Shao Lin Da Peng Da Shi, 1980), Legendary Weapons of China (Shi Ba Ban Wu Yi, 1982), The 8 Diagram Pole Fighter (Wu Lang Ba Gua Gun, 1984), Tiger on the Beat (Lo Foo Chut Gang, 1988) y Drunken Master II (Jui Kuen II, 1994), quedando en un segundo orden Mad Monkey Kung Fu (Feng Hou, 1979), My Young Auntie (Zhang Bei, 1981), Disciples of the 36th Chamber (Pi Li Shi Jie, 1985) y Martial Arts of Shaolin (Nan Bei Shao Lin, 1986), la mayoría también protagonizadas por Liu, aquí un jovenzuelo de 23 años con mucha energía a cuestas y luciéndose tanto en los combates paradigmáticos de la época, sin el montaje caótico repugnante del cine posmoderno y sobre todo hollywoodense del nuevo milenio, como en el paso de Yu-de/ San Te por las cámaras del Templo de Shaolin, instancias de una educación para la soberanía política que abarca la ligereza del cuerpo, el poderío de brazos y muñecas, el alcance de la visión, la resistencia de la cabeza, los clásicos golpes y patadas, la utilización de armas blancas y de bastones y finalmente la iluminación para liberar el poder del Chi, ya recitando los sutras budistas…

 

La Cámara 36 de Shaolin (Shao Lin San Shi Liu Fang, Hong Kong, 1978)

Dirección: Lau Kar-leung. Guión: Ni Kuang. Elenco: Gordon Liu, Lo Lieh, Wilson Tong Wai-shing, Lau Kar-wing, Frankie Wei Hung, Lee Hoi-sang, Wang Ching-ho, John Cheung Ng-long, Woo Wang-taat, Norman Chui. Producción: Run Run Shaw y Mona Fong. Duración: 116 minutos.

Puntaje: 10