Doggerel, de Pixies

Guitarras ampulosas y sensatas

Por Marcos Arenas

Pixies es una de esas bandas que revolucionaron una escena muy específica, el rock alternativo en este caso, pero jamás gozaron del éxito comercial que merecían y para colmo justo se separaron, en 1993, cuando estaba en auge el grunge, género que directamente no existiría si no fuese por el grupo liderado por el vocalista, compositor principal y guitarrista Black Francis y conformado además por el segundo guitarrista Joey Santiago, la bajista y cantante Kim Deal y el baterista David Lovering. La banda siempre fue muy heterogénea en cuanto a su propuesta sonora aunque el público y la crítica tienden a fetichizar la etapa primigenia que abarca por un lado un EP llamado Come on Pilgrim (1987), compilado de una sesión de grabación de demos bautizada informalmente The Purple Tape, y el legendario LP debut Surfer Rosa (1988), en conjunto dos mixturas de garage rock, punk, art rock, noise, power pop, proto grunge y un cuasi rock espacial, y por el otro lado Doolittle (1989), una más que evidente expansión del basamento primordial que ahora llegaba a los terrenos del rock alternativo, la psicodelia, el pop guitarrero agitado, el shoegaze incipiente, el rockabilly, el pop surfeado y el rock cuasi farsesco a lo Frank Zappa. El gran quiebre se produce en el período inmediatamente posterior porque comienza una lucha de egos entre Francis, nacido bajo el copioso nombre de Charles Michael Kittridge Thompson IV, y una Deal que no aceptaba el liderazgo natural del susodicho y pretendía incluir más canciones de su autoría, algo que en un principio de todos modos se limitó a apenas dos temas, Silver del Doolittle y el clasicazo Gigantic del Surfer Rosa, encima cocompuesto por Black, a lo que se sumó un cansancio a raíz de las giras incesantes y los tres álbumes seguidos que llevó a una pausa que a su vez le permitió a Kim reformar su grupo de antaño, The Breeders, con quien editaría los recordados Pod (1990) y Last Splash (1993). Con ecos claros de surf music, space rock, pop de inclinaciones épicas, algo de noise lisérgico, calipso y hasta aquel funk metal de fines de los 80 y principios de los 90, Bossanova (1990) fue la confirmación del amor de Francis por el pop más surrealista, contracultural y de ciencia ficción, jugada que primero hizo languidecer el humor negro y terrorista de los años juveniles -aunque sin llegar al extremo de fulminarlo del todo, lo mismo aplica al grotesco de las letras- y después nos llevó al canto del cisne de Pixies, Trompe le Monde (1991), un trabajo ya más decididamente psicodélico en su cruza de rock pesado, college rock, glam funkeado, el viejo y querido punk y una buena dosis de hard pop semi bailable.

 

Con la agrupación ya separada de manera definitiva Black Francis invirtió su seudónimo artístico para transformarse en Frank Black y editar sus dos primeros y muy recomendables álbumes en solitario, el doble Teenager of the Year (1994) y precisamente Frank Black (1993), placas que enfatizaron su eclecticismo y delirios musicales varios y que oficiaron de preámbulo para la eventual formación de una banda estable que vino a reemplazar a su colectivo histórico, nos referimos por supuesto a Frank Black and the Catholics, camarilla conformada por el mandamás en guitarra y voz, David McCaffery en bajo, Scott Boutier en batería y Lyle Workman -y luego Rich Gilbert y Dave Phillips- también en guitarras. Entre el 2003 y el 2004 la formación original de Pixies finalmente comenzó un operativo de regreso a los escenarios que contó con el “visto bueno” de Deal hasta que el líder retomó su apodo estándar de Black Francis con el objetivo de meterse en el estudio de grabación de nuevo, motivando la salida de la bajista en 2013 y su reemplazo primero con Kim Shattuck y después con la argentina/ norteamericana Paz Lenchantin, conocida sobre todo por su participación en A Perfect Circle, con Maynard James Keenan de Tool, y Zwan, banda de corta vida con Billy Corgan de The Smashing Pumpkins. Indie Cindy (2014), en términos prácticos la amalgama de EP1 (2013), EP2 (2014) y EP3 (2014) más un disco suplementario en vivo con material nuevo y clásico, Live in the USA 2014, fue un retorno algo deslucido que caía por debajo de lo mejor de Pixies y del Francis solista y aglutinaba a lo loco subgéneros como heavy metal, pop psicodélico, rock alternativo noventoso, pop barroco y el infaltable surf rock. Head Carrier (2016), el segundo álbum desde el renacimiento de la banda, levantó bastante la puntería aunque en gran medida seguía en la misma comarca de Indie Cindy, ahora agregándole al college rock y el punk de base pinceladas de pop clásico beatlesco, new wave y rock progresivo. El panorama termina de despegar con vuelo propio, por fin sin estar tan obsesionados con el esperable intento de sonar como las obras maestras del inicio, Surfer Rosa y Doolittle, de la mano de Beneath the Eyrie (2019), un disco que en su edición deluxe incluía un “bonus LP” que llevaba la experiencia hacia el álbum doble, de hecho uno mucho más interesante que Head Carrier e Indie Cindy porque se notaba la comodidad de un Francis descontracturado que aceptaba a Pixies como una banda solista tácita de la misma forma que lo había hecho en ocasión de Bossanova y sobre todo Trompe le Monde, dejándonos con una mixtura de rock gótico, britpop, ese rock de los 70 cuasi glam, art pop, bastante rock alternativo, algo de surf sombrío, noise, pop sesentoso explícito y hasta detalles de folk símil Leonard Cohen, de quien por cierto el grupo había realizado en sus inicios un cover, I Can’t Forget, para la placa tributo I’m Your Fan (1991).

 

El cuarto trabajo discográfico de la acepción remozada de Pixies, Doggerel (2022), cuenta con una más que correcta producción de Tom Dalgety, sustituto desde Head Carrier de Gil Norton y de aquel Steve Albini de Surfer Rosa, con un austero arte de tapa de Chris Bigg, reemplazo del histórico diseñador del resto del catálogo del grupo, el inglés ya fallecido Vaughan Oliver, y con un pie en terreno conocido para el admirador promedio de la banda, ese del rock lisérgico, el garage, el pop clasicista, un glam muy sofisticado e incluso unos arrebatos post punk esporádicos, y el otro pie en una zona ignota para la enorme mayoría del público de Pixies, hablamos del country alternativo, el folk, el pop a lo Cohen y ese rock de bases blueseras símil The Rolling Stones que puede identificarse en mayor o menor medida en discos de Francis en solitario, pensemos por ejemplo en la trilogía de Frank Black and the Catholics compuesta por Dog in the Sand (2001), Black Letter Days (2002) y Devil’s Workshop (2002) o en trabajos más radicales como Honeycomb (2005) y Fast Man Raider Man (2006), éstos sin duda muy cercanos a la americana, el country alternativo y el soul sureño sin renunciar al corazoncito indie de siempre. La apertura de Doggerel, la estupenda Nomatterday, está dividida en dos partes que se corresponden primero a una intro post punk, cargada de recitados furiosos de separación o pelea en ciernes que parecen una cruza entre Surfer Rosa, el primer Public Image Ltd. y la versión más exasperada de Ian Dury o Luca Prodan de Sumo, y segundo a una explosión aún más efusiva que retoma los pasajes de punk psicodélico de Trompe le Monde vía una escalada en el ritmo y una letra socarrona marca registrada de Francis en la que el Conejo de Pascua, los nigromantes y una “bestia de la hambruna” se mezclan con una súplica en el estribillo para que nadie “orine en la fuente”. Vault of Heaven, el segundo track y segundo single del disco, nos retrotrae a esa surf music de Dick Dale, The Trashmen, Jan and Dean y The Beach Boys pero a toda pompa del Bossanova, nostalgia astuta que se desprende no sólo de la guitarra de connotaciones épicas de Santiago o los “la, la, la” de fondo de Lenchantin sino también de los versos del amigo Black, en esta ocasión consagrados a unificar la experiencia de comprar en una cadena de supermercados minoristas, 7-Eleven, con volar hacia la bóveda celeste para sobrellevar una situación desesperada y mantenerse en línea, sin recaer en compulsiones o viejos vicios. Enmarcada por un gran solo de Santiago, un puente de lo más ramonero y hasta una intro y un outro reposados y cuasi dream pop, Dregs of the Wine, cocompuesta por el segundo guitarrista y tercer corte comercial, se vuelca de nuevo hacia la psicodelia de Trompe le Monde aunque con la actitud popera aguerrida de Doolittle, todo en función de disquisiciones en las que se comparan a pura ironía la versión original de You Really Got Me (1964), de The Kinks, con la exégesis de Van Halen, incluida en su álbum debut homónimo de 1978, y en las que desfilan el comediante afroamericano Redd Foxx, la “Reina de Tailandia”, unos domadores de leones, el Brasil dictatorial de 1966, unos cuantos litros de vino, el circuito subcultural hepcat del jazz de los años 40 y la indescriptible “arrogancia de una serpiente con brazos”.

 

Haunted House por un lado retoma el costado más edulcorado de Doolittle y Bossanova, pero también de Head Carrier y Beneath the Eyrie, y por el otro lado se asemeja a lo que sería la interpretación de Pixies del pop campestre/ conservador/ irresistible del Ray Davies modelo The Village Green Preservation Society (1968), nuevamente de The Kinks, porque la casa británica, idealizada y bucólica de turno arrastra el problemita de los fantasmas del título, sin embargo el narrador no abandona su pretensión de alojarse y convertir al lugar en su hogar al punto de transformarse en otro espectro más en residencia permanente y cubierto ad infinitum en llamas. La dinámica compositiva paradigmática de Pixies, esa que tanto influyó en Nirvana y que se resume en una tranquilidad que deja paso a la furia de los estribillos, está muy bien reflejada en Get Simulated y su ciclotimia entre estrofas hipnóticas apaciguadas y el reglamentario y poderoso riff que nos invita a sumergirnos en simulaciones en secuencia que parecen ser de índole narcótica y estar orientadas a la empatía o solidaridad afectiva y a escapar de la depresión por abulia, aislamiento, idiotez, hedonismo o falta de imaginación; amén de otra de esas paradojas mordaces de Francis, quien afirma que prefiere que crean que es “un poco narcisista” por más que su rock and roll favorito sea Sealed with a Kiss (1960), referencia que subraya el cariño de Black hacia el pop en general y en especial hacia la famosa e hiper sensible canción del bubblegum de Peter Udell y Gary Geld, popularizada en 1962 gracias a una versión del ídolo adolescente Brian Hyland. Entre una idiosincrasia de country alternativo, acústico y popero a lo Wilco y una insólita cita en la letra a Hey Hey, My My (Into the Black), mega clásico de Neil Young & Crazy Horse perteneciente al álbum Rust Never Sleeps (1979), The Lord Has Come Back Today recupera la mística cristiana de los inicios de Pixies en los 80 aunque abandonando el cinismo y aquellas ironías de lo más cáusticas y analizando un renacer piadoso sincero homologado a ese regreso de Dios que convalida el título, redención, fraternidad y mucho optimismo de por medio. La metamorfosis identitaria de Doggerel se ratifica en Thunder and Lightning, una mixtura de rock y folk consagrada al pacifismo ante la posibilidad de un holocausto nuclear al que se alude mediante metáforas sutiles de desgarramientos, autodestrucción planificada y relámpagos que devienen en truenos y a través de otro buen trabajo de guitarras épicas de Santiago e incluso una cuenta regresiva en castellano, en el puente, que nos reenvía a Isla de Encanta, del Come on Pilgrim, y a Vamos, editada en este último y posteriormente regrabada durante las sesiones del Surfer Rosa.

 

La efervescente There’s a Moon On, primer corte de difusión del álbum, recupera el sarcasmo de antaño mediante la alegoría de una Luna Llena que amenaza con desencadenar lo que parece ser una licantropía subrepticia y que por cierto vuelca el asunto hacia un seudo country muy emparentado con el power pop y la psicodelia frenética de Trompe le Monde, como decíamos anteriormente el horizonte fundamental de la placa que nos ocupa junto con la vertiente country del Francis solista a secas y/ o tocando con su banda soporte, Frank Black and the Catholics. Así como el grueso de los fans históricos se molestaron por el tono vocal maduro de un Black que en Indie Cindy y Head Carrier optó por dejar de lado la vocecita aguda con la que cantaba en la primera fase de Pixies, en Pagan Man, la novena canción de Doggerel, se podría decir que retoma algo de aquella impronta símil “Ozzy Osbourne del enclave alternativo” aunque en esta oportunidad imitando el influjo chillón de Neil Young de la misma forma que en Bird of Prey, tonada country del Beneath the Eyrie, imitaba a Leonard Cohen; siendo Pagan Man en concreto una composición a dúo con el otro guitarrista de Pixies y muy en sintonía con el acervo promedio del músico canadiense ya que aquí Francis reflexiona sobre la vejez y en suma invierte el quid de The Lord Has Come Back Today entregándonos un campeón errante del ateísmo -o quizás de las herejías que evaden lo sagrado institucionalizado- en periplo por una llanura de bellos atardeceres y Lunas antiguas de un horizonte infranqueable, a muchísimas millas de distancia. Aires de spaghetti western y del masoquismo emocional de Nomatterday marcan el pulso de otra aventura country, Who’s More Sorry Now?, odisea nihilista y surrealista en la que reaparece el sustrato críptico del frontman al unificar unos zapatos para correr, un maniquí, un cubo de basura de plástico, velas que se dividen y hasta Henry David Thoreau, uno de los padres del anarquismo, la desobediencia civil, la resistencia fiscal y la objeción de conciencia en Estados Unidos y gran crítico de la esclavitud y de las guerras imperialistas del aparato cívico militar norteamericano.

 

You’re Such a Sadducee se sirve del Deuteronomio, libro bíblico del Antiguo Testamento, y de la alusión a los saduceos del título, una secta/ proto partido político que representaba a la clase alta de la sociedad judía en tiempos de Jesucristo y que colaboraba activamente con el poder invasor de griegos y romanos, con vistas a burlarse de la hipocresía de la corrección política actual y de esa retórica sermoneadora omnipresente en la arena cultural, en sí una elegía camuflada a la derrota de la comunicación democrática que musicalmente remite tanto al Trompe le Monde en general como a aquel logrado cover de The Jesus and Mary Chain, Head On del extraordinario Automatic (1989), incluidos coros de Lenchantin de “na, na, na, na” y un outro apocalíptico de fuego imparable que gira sobre su eje y recuerda al remate de Motorway to Roswell, querida fábula sobre un OVNI de vacaciones que termina estrellándose en Nuevo México en el famoso incidente homónimo de 1947. Nuevamente recuperando a Cohen y las citas absurdas para en esta ocasión parafrasear a George Hanger -en simultáneo Cuarto Barón de Coleraine, vástago del también aludido Gabriel Hanger y un militar, polemista y mujeriego extremadamente excéntrico- y combinar el asunto con el lounge y un cuasi post punk muy tranquilo modelo Talking Heads, Doggerel, el tema que le da el nombre al disco y de hecho lo cierra, nos regala un estribillo elegante símil new romantic y otros dos solos inspirados de Santiago -cercanos al David Gilmour de Pink Floyd- para prometernos una permanencia existencial tendiente a finiquitar un período de viajes ininterrumpidos, reemplazo práctico de la irresponsabilidad por un compromiso afectivo o tal vez político.

 

La carrera de Pixies sigue una especie de “modelo dual” porque pareciera que Francis y compañía se mueven con pasos que siempre son dípticos, así la furia cruda y originaria de Surfer Rosa y Doolittle deriva en el trasfondo volado/ inmaterial de Bossanova y Trompe le Monde, por ello no es de extrañar que a la vuelta al ruedo algo fallida y metalera de Indie Cindy y Head Carrier le siga la heterogeneidad de unos Beneath the Eyrie y Doggerel de todos modos bastante más volcados al costado plácido o sereno de la siempre intoxicante agrupación. Doggerel en especial, de la mano de su naturaleza dividida entre la psicodelia y el country popero, ejemplifica muy bien la estela de una banda influyente y hoy mítica que ya no se preocupa más por “sonar como antes” para contentar/ satisfacer/ tener en cuenta a esos admiradores y a esa crítica descerebrada, cuadrada, necia o conservadora que no entienden que las máquinas del tiempo no existen y que los años transcurridos se sienten en la carne y le impiden a cualquiera regresar a un período embrionario idealizado que además sólo mostraba una de las muchas facetas del calidoscopio musical por venir, uno que nunca abandonó del todo el agite punk y garage de Come On Pilgrim y Surfer Rosa pero tampoco se dejó limitar a nivel creativo por el mismo para arrinconar en el fundamentalismo una identidad cambiante o por lo menos en ebullición. En este sentido el octavo LP de Pixies supone una bienvenida autoindulgencia porque los caprichos de la banda se traducen en buenas canciones y en el que quizás sea el mejor álbum de esta ya no tan flamante etapa, claramente el disco más redondo y placentero, algo que se mueve a contrapelo del grueso de la escena cultural contemporánea -la indie y la mainstream, da lo mismo- porque una y otra vez nos topamos con artistas que quieren darse algún “antojo” y terminan entregando basura que se pierde en la enorme fosa séptica de la cultura intercambiable y anodina del Siglo XXI. Desde ya que toda la producción del grupo del 2014 hasta el presente no le cambiará la vida a nadie ni tampoco generará un público nuevo, no obstante a la banda hay que celebrarla por continuar militando tanto una libertad ajena a las modas banales -y a la uniformización del mercado bajo la máscara de los múltiples micronichos del streaming- como un rock aún contracultural de guitarras ampulosas y sensatas como prácticamente ya no existen en el ámbito planetario de hoy en día, ese que dejó casi por completo de lado la hipnosis artística de la valentía y el talento más visceral para abrazar en cambio eternas construcciones de probeta sin alma, integridad, paciencia o personalidad propia alguna.

 

Doggerel, de Pixies (2022)

Tracks:

  1. Nomatterday
  2. Vault of Heaven
  3. Dregs of the Wine
  4. Haunted House
  5. Get Simulated
  6. The Lord Has Come Back Today
  7. Thunder and Lightning
  8. There’s a Moon On
  9. Pagan Man
  10. Who’s More Sorry Now?
  11. You’re Such a Sadducee
  12. Doggerel