Vermin: La Plaga (Vermines)

Histeria en el gueto

Por Emiliano Fernández

Una característica fundamental del cine industrial de todo el planeta, prácticamente desde esa “puesta a punto” de la etapa moderna durante los años 50 de la centuria pasada, son los comienzos a toda pompa que ofician de resumen o quizás anticipo de lo que vendrá, especie de promesa tácita que en innumerables ocasiones no se condice con la realidad porque el relato va por otros carriles, la efusividad inicial se cae a pedazos o simplemente empiezan a operar los dos grandes factores que arruinan el grueso de la experiencia cinematográfica en todas partes del globo, la torpeza y la redundancia narrativa. Este estilo de apertura, como decíamos antes, obedece a un formato estándar de la “gran industria” en pos de atrapar al espectador y mantener su curiosidad en relación a cómo se desarrollará el asunto a partir del punto en cuestión y especialmente cómo terminará, esquema casi siempre homologado a decepción y mucho más en el caso de que realmente la introducción de turno prometiese cosas interesantes dentro de su género o mundillo retórico autoimpuesto, justo como ocurre con Vermin: La Plaga (Vermines, 2023), la atractiva ópera prima del director y guionista francés Sébastien Vanicek que reproduce sin medias tintas el prólogo enajenado de Muertos de Miedo (Braindead aka Dead Alive, 1992), exponente insignia de la primera etapa de la carrera del neozelandés Peter Jackson, por cierto antes de que alcanzase la fama gracias a la franquicia que comenzó con El Señor de los Anillos: La Comunidad del Anillo (The Lord of the Rings: The Fellowship of the Ring, 2001), interpretación de la novela de J.R.R. Tolkien.

 

El film de Vanicek resulta siempre atractivo porque aporta el corazón, el comentario social y el brío que la mayoría del cine anglosajón del nuevo milenio ya no posee desde hace rato, sin embargo una premura general y una serie de elipsis no explicitadas durante la segunda parte de la trama hacen que el asunto decaiga bastante, por momentos se acerque al ridículo involuntario y no trepe mucho más allá de lo previsible en función de la generosa catarata de referencias de la propuesta, no sólo la captura del híbrido entre rata y mono de Muertos de Miedo -en esta oportunidad reemplazado por una araña ultra peligrosa y mortal porque las hembras pueden multiplicar su tamaño por diez para defenderse de los depredadores, progenie de por medio- sino también ese edificio de departamentos que cae en la histeria en consonancia con Rec (2007), el neoclásico de zombies de Jaume Balagueró y Paco Plaza, esta reproducción alocada de una especie exótica que recuerda a la del título de Gremlins (1984), el querido convite dirigido por Joe Dante y escrito por Chris Columbus, e incluso las amenazas en la sombra y el diseño concreto del monstruo símil el xenomorfo en su fase embrionaria/ preliminar de Alien (1979), obra maestra de Ridley Scott. Vermin: La Plaga, con sus arañas gigantes recorriendo un curioso complejo de departamentos llamado Las Arenas de Picasso (1985), un megadiseño del arquitecto español Manuel Núñez Yanowsky emplazado en Noisy-le-Grand, cerca de París, además responde a una antigua tradición del terror vinculada precisamente a los arácnidos gigantes de la paranoia nuclear del Siglo XX.

 

Muy en sintonía con la querida Tarántula (1955), de Jack Arnold, y La Araña (Earth vs. the Spider, 1958), de Bert I. Gordon, aunque también con refritos posteriores de variada envergadura y tenor como La Invasión de las Arañas (Kingdom of the Spiders, 1977), de John “Bud” Cardos, Aracnofobia (Arachnophobia, 1990), de Frank Marshall, Arácnido (Arachnid, 2001), de Jack Sholder, Picadura (Sting, 2024), de Kiah Roache-Turner, o las comedias autoparódicas El Ataque de las Arañas (Eight Legged Freaks, 2002), de Ellory Elkayem, y ¡Araña de Grande! (Big Ass Spider!, 2013), opus de Mike Méndez, Vermin: La Plaga no obstante se toma muy en serio a sí misma porque prefiere utilizar a la infestación reglamentaria, por milésima vez un accidente del protagonista en cuestión, el veinteañero Kaleb (Théo Christine), para hablar de la discriminación que padecen los árabes y africanos -o cualquiera que se parezca a ellos- en Francia desde siempre: aquí Kaleb sigue en duelo por el fallecimiento de su progenitora, alguna vez se dedicó a vender drogas, hoy subsiste comercializando zapatillas y en general se declara un devoto de los reptiles, los insectos, los moluscos y efectivamente los arácnidos, por ello tiene una simpática colección de ellos en su habitación del departamento aludido de Noisy-le-Grand y le compra a Ali (Samir Nait), un contrabandista, una araña que viene de Medio Oriente o quizás el norte de África, de seguro Argelia, lo que nos deja con una cuarentena decretada por la policía y el gobierno fascistoide mientras el muchacho, su hermana y sus amigos/ conocidos tratan de sobrevivir.

 

Vanicek aquí va colando de a poco una sinonimia conceptual entre esos arácnidos que de un momento al otro toman posesión del gigantesco inmueble, todo tapado de telarañas y acumulando cadáveres por picaduras y por puesta masiva de huevos en los cuerpos, y los habitantes del suburbio que padecen en igual medida la represión de los uniformados, el olvido de los funcionarios civiles y la discriminación del resto de la sociedad gala, planteo que el realizador por suerte lleva un paso más allá porque explora también por un lado la complicidad popular, por ejemplo a través de la figura del vecino violento, prejuicioso, racista y aporofóbico, y por el otro lado la eterna “pendiente” existencial/ cultural/ política/ mundana que deben subir los excluidos del capitalismo o “alimañas” según el título original en francés, de allí que los personajes del film no sean las típicas caricaturas de los bajos fondos del enclave arty europeo o este mismo cine de género, en este sentido Kaleb y el resto del grupo que recorre los pasillos oscuros y sufre los golpes de los esbirros de la ley, su hermana Manon (Lisa Nyarko) más Lila (Sofia Lesaffre), Mathys (Jérôme Niel) y Jordy (Finnegan Oldfield), se sostienen por su cuenta sin pavadas hollywoodenses. A pesar de que los CGIs dejan bastante que desear y el último acto es demasiado previsible y abusa del melodrama, la realización resulta entretenida, está bien actuada y cuenta con un desarrollo afable y un excelente manejo del suspenso, por ello la efervescencia inicial se diluye pero este gueto se sostiene en la hipérbole de la calamidad natural ayudada por lo social necio…

 

Vermin: La Plaga (Vermines, Francia/ Estados Unidos, 2023)

Dirección: Sébastien Vanicek. Guión: Sébastien Vanicek y Florent Bernard. Elenco: Lisa Nyarko, Théo Christine, Sofia Lesaffre, Jérôme Niel, Finnegan Oldfield, Marie-Philomène Nga, Mahamadou Sangaré, Abdellah Moundy, Ike Zacsongo, Emmanuel Bonami. Producción: Harry Tordjman. Duración: 106 minutos.

Puntaje: 6