El cine surcoreano venía del oscurantismo cultural de las dictaduras de Park Chung-hee y Chun Doo-hwan, un generoso período de censura y represión política que se extiende entre 1961 y 1988 y llega a su fin con la transición democrática encabezada por Roh Tae-woo (1988-1993), cuando a lo largo de la década del 90 comienza a levantar cabeza de a poco hasta dar vuelta su histórica posición relegada dentro de Asia, siempre ubicado por detrás de otras cinematografías nacionales/ culturales como la japonesa, la china, la hongkonesa y la taiwanesa. El despegue en calidad y cantidad del séptimo arte surcoreano se explica por dos factores principales, primero la sustitución del otrora cine hollywoodense aguerrido, por ello el mainstream surcoreano logró expandirse en primer lugar hacia el resto de Asia y luego hacia Occidente ya que ofrecía esos thrillers hardcore, films de horror y odiseas de suspenso que los norteamericanos habían dejado de producir desde las postrimerías del Siglo XX para favorecer los tanques fantásticos y las diversas franquicias adolescentes que padecemos en el nuevo milenio, y segundo precisamente esta importación intensiva de productos de géneros duros que logran entran no sólo en el Primer Mundo sino también en el resto del planeta, de allí que la eventual diversificación se haya vuelto una necesidad y todo el asunto lleve a una decadencia, achatamiento o redundancia que tiene que ver con la cadena de montaje de fondo, así las cosas durante la primera década del Siglo XXI fuimos testigos de una explosión de películas magistrales y muy imaginativas de Corea del Sur que lamentablemente dieron paso a una segunda camada bastante mediocre y/ o repetitiva que cubre las dos décadas siguientes, etapa que paradójicamente significó la aceptación muy tardía por parte del público y el grueso de la industria del séptimo arte de la importancia y osadía de la cinematografía surcoreana mediante la retahíla de Oscars entregados a Parasite (Gisaengchung, 2019), obra maestra de Bong Joon-ho que ofició de corona tácita del rubro.
El boom de los primeros años del cine surcoreano poderoso sin precedentes tiene nombres y apellidos porque está claro que los grandes responsables de la internacionalización son ese Park Chan-wook de Joint Security Area (Gongdong Gyeongbi Guyeok JSA, 2000) y su Trilogía de la Venganza, léase Sympathy for Mr. Vengeance (Boksuneun Naui Geot, 2002), Oldboy (Oldeuboi, 2003) y Sympathy for Lady Vengeance (Chinjeolhan Geumjassi, 2005), el Na Hong-jin de The Chaser (Chugyeokja, 2008) y The Yellow Sea (Hwanghae, 2010), aquel Kim Jee-woon de A Tale of Two Sisters (Janghwa, Hongryeon, 2003), A Bittersweet Life (Dalkomhan Insaeng, 2005), The Good, the Bad, the Weird (Joheunnom Nabbeunnom Isanghannom, 2008) e I Saw the Devil (Akmareul Boatda, 2010) y por supuesto el citado Bong de Memories of Murder (Salinui chueok, 2003), The Host (Gwoemul, 2006) y Mother (Madeo, 2009), amén de joyas posteriores que cimentaron cada derrotero. Ahora bien, una figura que se suele pasar por alto al hablar de esta etapa de oro del cine surcoreano, como decíamos antes aún sin llegar a los espectadores tontuelos del montón y moviéndose feliz en el circuito de festivales de primera línea dentro de una distribución mundial dedicada a los devotos del cine asiático, es Park Hoon-jung, señor talentoso aunque algo secundario cuyos dos hitos ineludibles también se engloban en la primera camada de gloriosas obras surcoreanas, hablamos de su guión para I Saw the Devil, propuesta legendaria de asesino en serie coescrita con Kim, y la archiconocida New World (Sinsegye, 2013), una gesta mafiosa extraordinaria dirigida por él mismo que combinaba ingredientes de The Godfather (1972), de Francis Ford Coppola, e Infernal Affairs (Mou gaan dou, 2002), de Andrew Lau y Alan Mak, en suma dos opus que sistemáticamente trataría de superar a lo largo de su trayectoria sin nunca conseguirlo del todo aunque con la bienvenida consecuencia de regalarnos un estilo muy particular, sustentado en la tensión, la ambigüedad moral y la violencia gráfica.
Siguiendo una estructura narrativa paradigmática del cine asiático, The Childe (Gwigongja, 2023), la última y muy inspirada película de Park que levanta mucho la vara con respecto al sustrato cada vez más anodino y hollywoodizado del mainstream surcoreano, cuenta con una primera mitad de desarrollo de personajes según los parámetros del neo film noir y una segunda parte ya más cercana al cine de acción a toda pompa con pinceladas muy marcadas de comedia negra y melodrama criminal. La faena arranca centrándose en Marco Han (buen desempeño del debutante Kang Tae-joo), un boxeador de 24 años que vive en la indigencia junto a su madre (Caroline Magbojos) porque es un mestizo marginal o kopino, léase un filipino con madre vernácula y padre surcoreano producto del turismo sexual. El muchacho busca desesperadamente a su progenitor porque pretende que lo ayude a pagar una cirugía que necesita su mamá para sobrevivir, siempre reposando inconsciente en una cama, no obstante sin hacer demasiado -y con su rostro lleno de lastimaduras por las peleas en los suburbios de Manila- logra llamar la atención de tres individuos que lo empujan hacia Seúl, primero El Noble (ese maravilloso Kim Seon-ho, quien se luce a pura desfachatez e ironía), un mercenario/ esbirro delictivo/ sicario que se define como un “profesional” y pretende secuestrarlo para pedir diez millones de dólares a cambio, segundo Han Yi-sa (Kim Kang-woo), el principal interesado en Marco porque lo necesita para un trasplante de corazón para el padre de ambos, el Presidente Han (Choi Jung-woo), un magnate moribundo que firmó un testamento desheredando a Yi-sa y legándole la fortuna a su hija menor, Han Ga-young (Jeong Ra-el), y tercero Yoon-ju (Go Ara), una colega de El Noble que trabaja para Ga-young y por ello recibe el encargo de asesinar al filipino ya que la movida equivale a la muerte del patriarca y al ascenso de ella a la cúspide del poder familiar, un conglomerado capitalista ultra mafioso basado en la farsa legal de las fundaciones para evadir impuestos.
La epopeya en gran medida nos retrotrae a los mejores años del cine surcoreano porque unifica con suma inteligencia aquellos latiguillos conceptuales y formales que se podían hallar en los neoclásicos del nuevo milenio del acervo local, pensemos por ejemplo en la familia en crisis en tanto obsesión temática del relato (aquí la menesterosa de Marco, por privaciones de toda índole, y la ricachona inmunda del clan Han, hoy en pleno proceso de autocanibalizarse), la denuncia social que se mezcla con la sátira política o institucional (a la problemática de los kopinos, grupo social al que Corea del Sur ningunea negándole la ciudadanía, se suma la catarata de sobornos que Yi-sa está repartiendo para lograr revertir el testamento de su padre y heredar todo el imperio de la parentela), el excelente nivel de la producción en general (durante los últimos años el cine surcoreano redujo bastante sus presupuestos y padeció en serio los estragos de la globalización uniformizadora, algo que en The Childe no se nota para nada por su elegancia y deliciosa efervescencia), el gustito por las carnicerías rimbombantes símil la Matanza Heroica/ Heroic Bloodshed de los 80 y 90 de John Woo y Ringo Lam (prácticamente toda la segunda mitad es una larga escena de acción que se ubica entre lo mejor de la carrera del director) y desde ya una intensidad a toda prueba que parece duplicar la adrenalina de secuencia en secuencia (los CGIs son casi inexistentes porque el espectáculo truculento se sostiene en la vertiginosidad, el suspenso, muchos personajes ampulosos y ese realismo sucio típico de Park). Superando tanto a sus otros policiales negros, V.I.P. (2017) y Night in Paradise (Nagwonui bam, 2020), como sus incursiones en la épica de aventuras, The Showdown (Hyultu, 2011) y The Tiger (Daeho, 2015), y la ciencia ficción de horror, The Witch: Part 1- The Subversion (Manyeo, 2018) y The Witch: Part 2- The Other One (Manyeo 2: Lo go, 2022), el film es lo más cerca que ha estado el cineasta de llegar a la excelencia de las queridas I Saw the Devil y New World…
The Childe (Gwigongja, Corea del Sur, 2023)
Dirección y Guión: Park Hoon-jung. Elenco: Kim Seon-ho, Kang Tae-joo, Kim Kang-woo, Go Ara, Jeong Ra-el, Choi Jung-woo, Caroline Magbojos, Lee Ki-young, Heo Joon-seok, Justin Harvey. Producción: Kim Woo-taek. Duración: 118 minutos.