En El Manuscrito Encontrado en Zaragoza (Rekopis Znaleziony w Saragossie, 1965) el realizador Wojciech Has emprende un proyecto imposible, adaptar la famosa novela picaresca de 1805 del conde polaco Jan Potocki, una obra de intercalación de historias laberíntica y surrealista que combina erotismo, picaresca y gótico con elementos filosóficos, morales e históricos, siempre comparada con El Decamerón y Las Mil y Una Noches por su característica de historia coral, enrevesada y misteriosa, plena de elementos místicos y libertinos.
En mitad de un asedio sobre la ciudad aragonesa de Zaragoza durante las guerras napoleónicas dos oficiales de ejércitos contrarios quedan deslumbrados por un copioso y bello libro escrito en español, abundante en evocativos dibujos. El oficial español comienza a traducirlo para el extranjero y descubre sorpresivamente que el texto fue escrito por su propio abuelo, un aristócrata oficial valón. Así comienzan una serie de escenas retrospectivas alrededor del viaje por el cordón montañoso de Sierra Morena en algún momento del Siglo XVIII, región que recorre gran parte de Andalucía, territorio otrora habitado y controlado por los sultanes musulmanes, por parte de un antepasado del oficial que traduce, el caballero Alfonso van Worden (Zbigniew Cybulski). Intentando buscar un atajo a través de las montañas el noble caballero hace caso omiso de las advertencias de sus sirvientes, que le previenen que el camino elegido surca un territorio embrujado, cuestión que van Worden desestima como mera superchería española. El valón llega a una posada donde es conducido ante dos princesas magrebíes, Emina (Iga Cembrzyńska) y Zibelda (Joanna Jędryka), en una habitación secreta que parece construida en una cueva, construcciones típicas de esa región española que aún hoy conservan parte de sus características. Las mujeres le ofrecen un festín al caballero para sorprenderlo con la revelación de que son sus primas y de que es su obligación casarse con ambas y darles un heredero, no sin antes abjurar de sus creencias para convertirse al Islam. Las mujeres le ofrecen una bebida en una inusual copa fabricada sobre una calavera y después del deleite erótico con las princesas, el hombre se despierta a la intemperie en medio de las montañas alrededor de esqueletos y hombres colgados como si todo hubiera sido un dulce sueño, pero un sacerdote ermitaño le confirma que fue engañado por demonios e invita a un hombre tullido y poseído, otrora un noble caballero español, a que narre su caída en desgracia con dos mujeres similares que lo llevaron a la ruina.
A partir de este punto las historias comenzarán a encadenarse: van Worden será apresado por la Inquisición y rescatado por las princesas magrebíes, despertará nuevamente a la intemperie después de beber del cáliz cadavérico y emprenderá un viaje con un conspicuo noble cabalista que guarda un secreto sobre el futuro del aristócrata y caballero. Luego de estas peripecias, el cabalista lo invitará a su castillo con la excusa de protegerlo de las garras de la Inquisición y allí el manuscrito aparecerá una vez más por una atónita coincidencia que deja perplejo a van Worden, el cual queda encantado con la belleza de la hermana del cabalista. Ya en la noche, un gitano narrará sus experiencias en una nueva historia que se ramificará indefectiblemente en otras narraciones, y Alfonso se encontrará una vez más ante las princesas y el ermitaño, que en realidad es el Sheik, padre de ambas mujeres, para descubrir finalmente que todo su periplo ha sido una prueba para saber si su carácter era digno de la mano de sus hijas. Tras la revelación, el valón despertará una vez más a la intemperie después de beber del cáliz maldito, para luego reencontrarse con las ninfas mientras escribe su propia historia en el libro que le ha sido entregado por el Sheik, que a su vez será la obra que encuentre su descendiente.
La historia narra la perdición de los hombres por la concupiscencia ante los voluptuosos atributos de las mujeres españolas en relatos deliciosamente pícaros, que oscilan entre una inocencia ridícula y un gótico oscuro en el que lo oculto y lo místico se funden con lo real en una España tumultuosa. Wojciech Has da rienda suelta a la combinación de imaginación y memorias de Jan Potocki, un aristócrata, historiador y científico -imbuido en las ideas de la ilustración- que plasmó en su novela muchas de las experiencias de su viaje por Andalucía, una región en la que conoció historias de bandidos, gitanos y amores prohibidos, pero también a científicos, nobles humanistas y escritores, personajes que aparecen en su obra magna para darle color a un relato tan lascivo como irresistible.
Al igual que la novela, el maravilloso film de Has bajo la adaptación del guionista Tadeusz Kwiatkowski, construye un caleidoscopio de relatos sobrenaturales asentados en un estilo gótico típico de fines del Siglo XVIII y principios del Siglo XIX, era en la que la razón chocaba con el mundo de lo oculto que había dominado gran parte de la sabiduría hasta ese momento. El Manuscrito Encontrado en Zaragoza es una propuesta enigmática en la que las historias se entrelazan con escenas retrospectivas en una constante retroalimentación. Tanto el film como la novela se asientan en la tradición de la narración oral, de las tertulias en las que los relatos fantásticos eran el convite de reuniones que se extendían hasta que las velas se apagasen. La novela de Potocki es, en este sentido, una historia bisagra entre este estilo narrativo oral fantástico y la consolidación del relato escrito, que durante el Siglo XIX cristalizaría muchos de los géneros que hoy conocemos, produciendo algunas de las novelas que hoy consideramos clásicos de la literatura.
Al igual que toda adaptación los intentos de ceñirse a la historia original muchas veces dificultan la traducción de la literatura al cine. Este es un caso contrario, la multiplicidad de géneros y personajes de la novela traspuestos al film le dan un carácter fascinante, en el que lo macabro y lo inocente se conjugan perfectamente. Uno de los desafíos del guión de Kwiatkowski y de la dirección de Has era la realización de una obra que pueda ser vista como film en el que lo histórico y lo fantástico puedan coexistir, donde el libertino, el cabalista, el científico, el aristócrata, el guerrero y el gitano puedan ser retratados en una sociedad en plena ebullición, donde el feudalismo aún fermentaba y todos podían convivir y debatir sus ideas.
Pero ante todo El Manuscrito Encontrado en Zaragoza es un film de aventuras, de un viaje alrededor de los peligros que asolaban a los viajeros, que compartían sus historias y creencias, sus miradas del mundo. Cristianos, musulmanes, judíos, librepensadores, racionalistas, poseídos y ermitaños se dan encuentro y comparten sus episodios más lúdicos en jornadas que se extienden hasta que el mundo finiquita y recomienza con el alba.
La película además tiene un cierto halo maldito en su derrotero. El protagonista, Zbigniew Cybulski, un actor legendario y tal vez el más conocido de los intérpretes polacos de la posguerra, murió en un accidente ferroviario dos años después de completar el film. Como muchas películas, el estreno fuera de Polonia, especialmente en Estados Unidos y el Reino Unido, padeció la mutilación de su metraje, que aun así fascinó al líder de la banda psicodélica de California, Grateful Dead, Jerry García, quien intentó comprar una copia para restaurarla en la década del noventa y murió antes de recibirla. La película no sería restaurada a su versión original para su lanzamiento hasta que intervino Martin Scorsese en los albores del Siglo XXI, y la restauración definitiva no llegaría hasta 2011.
El Manuscrito Encontrado en Zaragoza es un film único, de ensoñación e imaginación desbocada, prácticamente una fábula y un spaghetti western de perdición que desorienta al espectador para llevarlo por los sinuosos caminos de las ilusiones y las entelequias románticas de la era del iluminismo. Así como la novela influenció los estilos de escritores tan disímiles como Italo Calvino y Thomas Pynchon, la película iluminó la imaginación de los directores de su época, demostrándoles que una obra caleidoscópica imposible de adaptar podía ser llevada al cine, idea que alimentó las ambiciones de Pier Paolo Pasolini, que en la década del setenta ofrecería al mundo sus extraordinarias adaptaciones de El Decamerón (1353), de Giovanni Boccaccio, Los Cuentos de Canterbury (1400), de Geoffrey Chaucer y Las Mil y Una Noches (Siglo IX), tres grandes obras de la literatura universal que tuvieron en la película de Has una inspiración insoslayable al momento de la realización de la denominada Trilogía de la Vida de Pasolini.
El Manuscrito Encontrado en Zaragoza (Rekopis Znaleziony w Saragossie, Polonia, 1965)
Dirección: Wojciech Has. Guión: Tadeusz Kwiatkowski. Elenco: Zbigniew Cybulski, Iga Cembrzynska, Joanna Jedryka, Elzbieta Czyzewska, Gustaw Holoubek, Stanislaw Igar, Janusz Klosinski, Bogumil Kobiela, Barbara Krafftówna, Jadwiga Krawczyk. Producción: Ryszard Straszewski. Duración: 183 minutos.