Society

Horror político, cáustico y literal

Por Ernesto Gerez

La vida es una mierda. Eso es de lo que se entera Bill (Billy Warlock) y de lo que nos enteramos todos en algún momento. A veces a los cinco años, a veces de adultos. Billy se da cuenta de adolescente; la etapa perfecta para una de las obsesiones del cine norteamericano en general, el coming of age. En este caso, una iniciación al mundo adulto llevada al extremo del grotesco más exquisito mediante una sátira que expone literalmente cómo las clases dominantes devoran a las clases bajas. En Society (1989) no hay alegorías ni metáforas. Todo está en la superficie; Society es una canción punk hecha cine, una obra directa y una patada en los dientes para los que esperan del cine (incluso del fantástico más deforme) resoluciones lógicas y racionales. Brian Yuzna, en su primera y seguramente mejor película como director, hace un revoltijo de citas a la literatura fantástica lovecraftiana, a las pinturas de El Bosco y al horror paranoide de Roman Polanski. Dentro de su filmografía retorcida, Society es su película más representativa; es retorcida por lo deforme e incalculable pero también literalmente: en un determinado momento la hermana de Billy tiene las tetas y el culo del mismo lado, y Clarissa (Devin DeVasquez), la morocha ex conejita de Playboy que coje con Billy en la fiesta de Ferguson (uno de los tantos ricachones de Beverly Hills, vecino de nuestro héroe) hace un giro imposible de piernas y cadera. Porque el horror de Society es físico y sexual; Billy no disfruta cojer con Clarissa, porque el sexo en la sociedad de Yuzna es también mercancía de los poderosos y Billy, aunque vive junto a sus padres y su hermana en una mansión con la playa al alcance de las patas, dentro de una comunidad de ricachones -uno de ellos el influyente Juez Carter (David Wiley), amigo de la familia y pilar de la sociedad- sabe que no forma parte de todo eso. Desde la escena inicial en la que su madre lo encuentra brotado y con un cuchillo en sus manos, nos hace saber que se siente un sapo de otro pozo, que tiene la sensibilidad del distinto. Y se lo hace saber a su psiquiatra: “si rasco la superficie sé que voy a descubrir algo terrible”, le dice en una de las primeras escenas. A partir de allí comienza su terror paranoide (nuestro punto de vista) tal como le pasaba al personaje interpretado por Mia Farrow en El Bebé de Rosemary (Rosemary’s Baby, 1968). De hecho, en uno de los tantos planos geniales cargados de horror surrealista, varios miembros de la sociedad (pensada en los primeros bocetos del guión como miembros de un culto satánico) miran a Bill con caras siniestras que referencian a los satanistas de la mencionada película de Polanski y sus ojos cuchillo.

 

El registro de las actuaciones, el tratamiento de las escenas y los diálogos conjugan cierto espíritu camp que pareciera acercar a Society a las formas de David Lynch aunque sin la pretensión arty. “¿Cómo querés el té? ¿Crema, azúcar o querés que lo mee?”, le pregunta Clarissa a Bill; frases que junto con la exposición de temas tabú como el incesto, le aportan a la pesadilla yuzniana un absurdo corrosivo que se ve poco en el cine actual y menos en el horror serio que actualmente predomina. Uno de los que saca a Billy de la burbuja del poder es otro personaje que no encaja en la sociedad: David Blanchard (Tim Bartell), su excuñado y uno de los primeros en darse cuenta de lo macabro que se esconde detrás de los peinados armados, los arreglos florales perfectos y las sonrisas falsas. El malvado mundo oculto del poder nos recuerda a la invasión alienígena de otra de las películas más subversivas de la ciencia ficción norteamericana, They Live (1988), de John Carpenter. Bill y su despertador humano, el gordo Blanchard, son los Nada y Frank de Yuzna; los que se percatan de la estafa del sistema. De todos modos, a diferencia de Nada (el inmenso Rody Pipper en They Live), Bill, en primera instancia, no pertenece a la clase opuesta a la que se enfrenta sino que es el que es parte y se vuelve contra. Decíamos que en Society no hay alegorías ni metáforas y es porque lleva lo figurado al extremo literal; y hay en ese procedimiento de literalidad una postura inclusiva y popular que la enfrenta a la exclusividad de la crítica intelectual. De su puesta en escena no se puede desprender un mensaje soterrado y críptico como tampoco uno mínimamente oculto en su subtexto (como el que se da en la saga de los muertos vivos de Romero, por nombrar sólo un ejemplo de terror político con alegoría simple, no por ello poco interesante o poco certera), porque el procedimiento de Yuzna es llevar lo figurado -las clases altas parasitan a las clases bajas (“los ricos siempre nos aprovechamos de mierdas de clase baja como vos”, le dice Ferguson a Bill)- al terreno de lo explícito mediante el terror físico y sus deformidades carnales, el gore y el canibalismo. En ese sentido, Society es un triunfo más de las formas. Yuzna utiliza un mecanismo que también aplicó Marco Ferreri en esa gran película que seguramente también fue una de sus fuentes de inspiración, La Gran Comilona (La Grande Bouffe, 1973), donde unos tipos se juntaban a comer hasta literalmente reventar. Como explica David Oubiña en algún viejo número de El Amante Cine y en su libro Filmología, la película de Ferreri “es el despliegue de las consecuencias reales surgidas de la interpretación literal de un sentido figurado”. Society es subversiva por un discurso tan incendiario como simple y ajustado, a la vez inseparable de su puesta en escena que festeja la corporalidad y el gore resbaloso responsabilidad del genial Sreaming Mad George, especialista en efectos especiales que sigue la línea de las deformidades creadas por tipos como Rick Baker o Rob Bottin, responsables, entre muchas otras, de dos glorias también de los ochentas en las que se puede rastrear la materialidad demente de SocietyVideodromo (1983) y The Thing (1981). La hipérbole yuzniana alcanza su cima en la secuencia final, el “shunting”, seguramente uno de los desenlaces más queridos y recordados por los morbo-espectadores fetichistas del horror corporal: una gran orgía organizada por los poderosos en la que la carne es autónoma y mutable, los cuerpos se apilan en un frenesí embadurnado de gel lubricante, antiarticulaciones y alimento no balanceado. La víctima principal de la gran comilona de Yuzna es nuestro héroe Billy, quien deberá mancharse las manos de ex niño bien con el barro de intestinos ajenos para lograr la emancipación.

 

Society (Estados Unidos, 1989)

Dirección: Brian Yuzna. Guión: Rick Fry y Woody Keith. Elenco: Billy Warlock, Devin DeVasquez, Evan Richards, Ben Meyerson, Charles Lucia, Concetta D’Agnese, Patrice Jennings, Heidi Kozak Haddad, Ben Slack, David Wiley. Producción: Keith Walley. Duración: 99 minutos.

Puntaje: 10