Entrevista a Gonzalo Calzada, director de Luciferina

Impresiones góticas

Por Martín Chiavarino

Gonzalo Calzada es uno de los directores referentes del cine de género de la Argentina. Se desempeña también como guionista, escritor, productor y docente. Fue pionero en la promoción del relato fantástico cinematográfico durante la década del 90. Luego de realizar numerosos y premiados cortometrajes, dirigió su primer largometraje, Luisa (2009), y el policial negro La Plegaria del Vidente (2012), adaptación de la novela de Carlos Balmaceda. Su último largometraje estrenado fue Resurrección (2016), que se convirtió en la película de terror argentina más vista de ese año. Actualmente trabaja en su propia productora, La Puerta Cinematográfica, y es el máximo responsable de la próxima y muy interesante Luciferina (2018).

 

Resurrección, tu obra anterior, fue una idea que llevó muchos años, ¿cómo nació y se gestó la idea del Luciferina, una propuesta visual que combina cine de género y gran calidad estética?

 

Resurrección llevó tres años de trabajo, con Luciferina fue todo lo contrario: se escribió, se produjo y se filmó en el mismo año, algo que nunca me había pasado y que no creo que se repita. Pero esto que te digo es en realidad una manera de medir el tiempo de forma tramposa, porque sabemos que escribir no es un asunto matemático, que sus motores son otros y que el que escribe lo hace todo el tiempo. En mi caso las ideas andan por ahí desde siempre, escribo y anoto todo y en todo momento, y nunca detuve esa energía, por el contrario, es como un sentido más y parte de mi vida. Por eso tengo muchos proyectos pre-escritos, historias inconclusas y guiones, lo que hago es sacarle lustre en el momento que considero oportuno y adaptarlas o mezclarlas con conceptos nuevos.

 

Después de hacer Resurrección me vino la propuesta por parte de los productores (Hori Mentasti) de escribir algo con una temática de posesiones. La idea era hacer una película de terror más duro y juvenil, con intenciones claramente comerciales. Nuestra productora, La Puerta Cinematográfica, aceptó el proyecto. Cuando me senté a unir conceptos, me aparecieron tres ideas muy poderosas, tres casos de posesión y exorcismo que, lejos de optar por uno, decidí unirlos en una saga de tres historias y darle a estas un carácter más fantástico y singular, alejándome así de los modelos típicos de película de adolescentes atrapados.

 

Respecto a la calidad que mencionas, creo que es un concepto ambiguo, puede ser calidad narrativa, o de puesta. Yo que vengo del celuloide, de estudiante sentía que la calidad era primero en lo narrativo y después en la visual, si lograbas contar bien una historia, o llegar a un buen guión, entonces llegabas al fílmico, ese era el premio, y sus limitaciones te obligaban a trabajar selectivamente y con el mayor rigor su estética, la trama, el plan y la luz. Esa forma de trabajo muy exigida y detallista y con mucha bola a lo visual es algo que se volvió un método para mí.

 

Luciferina fue una película muy difícil de hacer, se filmó en cinco semanas y se trabajó mucho con este método de una pre-producción exhaustiva para llegar al mejor producto.

 

¿Hay alguna relación entre la temática de Luciferina y la literatura de terror gótico clásico?

 

Creo que hay muchos elementos góticos en Luciferina, primero la condición mística de la protagonista, su virginidad y su marginalidad, su reclusión en un convento por su incapacidad para adaptarse a lo socialmente establecido. Después, como eje temático, la búsqueda y retorno a lo sagrado en medio de una sociedad donde la religiosidad y la magia parecen fosilizadas. También es gótica la forma que adquiere la trama cuando ingresan a esa isla, esa isla que es el castillo, el laberinto, el lugar cerrado y encantado donde sus ruinas, estatuas, cementerio, ermitas y su abadía, predicen un destino amargo y maldito. También hay elementos góticos en el drama de sus personajes, esos niños perdidos a los que se les ha profanado su aspecto más constitutivo, sus nombres, a los que se los abusó de muchas formas y que, junto a los fantasmas, reclaman luz. Y finalmente hay una textura gótica en la búsqueda de una poética audiovisual, una forma que pueda contener todas esas fantasmagorías de forma bella.

 

¿Luciferina nació primero como obra literaria o como película o fue un proceso conjunto?

 

Aunque los formatos son distintos para mí en esencia se trata de lo mismo, contar una historia. El peso de esa historia, el universo que se arma y cómo me afecta me dice que tengo que hacer finalmente con ella y eso va más allá del pedido original. Hay historias que no necesitan más que el efecto de un cuento, un posible corto, un largo o una novela o todo junto, pero no es el formato en sí lo que manda, sino la historia.

 

En el caso de Luciferina fue un trabajo por pedido, nació como un guión, pero la historia me decía que era algo más. Cuando escribo un guión en paralelo voy desarrollando muchos aspectos laterales de los personajes, acciones y situaciones que luego en la condensación del guión no quedan. Pero todo ese material es muy valioso para trabajar después con los actores, los técnicos y son guías de la trama oculta. El rodaje trae elementos nuevos, externos, la impronta de los actores o las locaciones que terminan de dar a esa sustancia diegética una consistencia ideal para volcarla en el formato de novela si siento que la historia lo requiere.

 

¿Cómo se combina la crítica social con el terror gótico en Luciferina?

 

El gótico literario, como el romanticismo, nace como un grito frente a las luces de la razón, a su soberbia, fue una crítica social a la ceguera del progreso, y siempre vuelve a ser un grito a la ceguera que produce la luz absoluta. El fascismo y el nazismo usaron la razón instrumental como también la usaron los militares en la Argentina para sistematizar atrocidades en nombre de un bien social. Por eso es que las sombras terminan siendo más luminosas y vuelven como los fantasmas a reclamar por el daño que han sufrido. En Luciferina se toca de forma tangencial los fantasmas de nuestro país y que tienen que ver con la apropiación de la identidad, el robo de bebes durante la dictadura militar.

 

En Resurrección y Luciferina retomas cuestiones de la mitología argentina y latinoamericana que refieren a un mundo oculto y sobrenatural, ¿cómo utilizás estos recursos simbólicos y cuál es la dificultad para filmar estas ideas?

 

Lo oculto, lo sagrado, lo místico, lo encontramos en todas las regiones del mundo y adquieren las formas específicas de cada lugar, evocan imágenes, texturas, colores, sonidos y nombres singulares que, por su carácter de mito, terminan siendo también historias universales. Creo que esas fuentes, como narradores, están dentro nuestro y que nos movilizan de forma misteriosa y que debemos saberlas ver para poder potenciarlas.

 

Creo que la fuerza del cuenta-cuentos, del narrador, radica en saber combinar cosas, mezclarlas, sabiendo que él está en juego también y que es parte constitutiva de esa mezcla. Sin riesgo es imposible llegar a algo genuino. Lo transformador es la forma estética que nace de la relación entre el narrador y el mundo que pretende evocar, lo que sale de ese lugar específico que fue a buscar y de la entrega que él esté dispuesto a hacer en ese viaje. Pero para poder ver, para poder correr el velo de lo sagrado, primero hay que pedir permiso, limpiarse de toda vanidad, observar con humildad y esperar, siempre dispuesto a una entrega total. De esa relación vuelven las imágenes alegóricas más ricas, las que después van a constituir el relato y que son únicas, porque no hay dos seres humanos iguales. Narrar es un viaje chamánico, místico y se trabaja con fuerzas internas y externas. Es decir, si la historia no nos transforma cuando la escribimos, cuando la filmamos, entonces no estamos contando nada.

 

La mitología de un lugar es pertinente si te sentís parte de ese lugar, si te moviliza, uno tiene que encontrar que es lo que le fluye y también aprender a expandirlo. Un director alemán puede hacer películas maravillosas sobre Sudamérica -por ejemplo- y lo hemos visto, ¿no? En mi caso yo amo a mi país, creo que Argentina tiene infinitas historias y mundos a evocar y, como todo lo mitológico, reviste además un carácter universal. Lo difícil a veces es encontrar la forma visual a eso.

 

En tus films hay una combinación entre cuestiones teóricas de la mitología, las leyendas y el esoterismo que plantearon autores como Mircea Eliade o Joseph Campbell, ¿cómo acercás estas cuestiones al cine desde lo narrativo?

 

Sí, en Resurrección y Luciferina y en otros trabajos como Mandinga está presente lo mitológico, lo religioso y también las creencias regionales como el universo de los payés y las plantas sagradas. Hay un autor argentino que me gusta que es Rodolfo Kush, él hablaba en sus libros (América Profunda e Indios, Porteños y Dioses) de una “mixtura” en América como uno de sus rasgos más constitutivos. Leyendo a Juan Ambrosetti o a Félix Coluccio, y viajando por el país, comprobé que en la mayoría de nuestras leyendas y mitos está presente el cristianismo y se mezcla con lo más ancestral de estas tierras haciéndose una cosa nueva y muy singular. Ocurre con los santos profanos, con los angelitos, con el universo de los payés y la tradición de San la Muerte, con los ritos de la Pachamama, y también con los ritos católicos en el norte, etc. Creo que, como piensa Mircea, se puede sintetizar todo en el concepto de “lo sagrado”, lo misterioso, lo que no se logra comprender con la razón, pero que se siente y que deviene en experiencia.

 

Los autores que mencionas, como tantos otros (Frazer, Propp, Todorov, por ejemplo), son hace tiempo la vertiente de mucho de nuestro cine contemporáneo y en especial el cine fantástico, muy citados como ejemplos narrativos en el universo de Star Wars, o en los mundos de J. J. Abrams, o cientos de películas más en donde se plantea el camino del héroe.

 

Pero observo que muchos de estos autores citados, por ejemplo en el caso de Propp, Frazer o Coluccio, ellos mismos emprendieron verdaderos viajes intelectuales y espirituales para hacer sus conclusiones, les llevó una entrega total de horas, de viajes, incluso la vida entera para llegar a esos conceptos y por eso tienen ese sentido de pertenencia. Extraer la fórmula sin entender este otro aspecto más metafísico creo que es estéril. Es como pretender aprender algo en poco tiempo. Las formas o ideas constantes en los mitos, los modelos actanciales, los pasos del camino del héroe son importantes para comprender un sistema narrativo pero no son lo esencial, lo esencial viene del universo intuitivo, de atravesar esas fórmulas uno. Si no se logra eso lo que pasa es que no pasa nada, vemos películas que repiten formulas sin alma, funcionan, pero están muertas, se escriben y se dirigen a ciegas y se las refuerza con muchos efectos para disimular su falta de alma, (particularmente me pasa con todo lo último de Star Wars, por ejemplo).

 

Creo que la mayor virtud de lo cinematográfico, su mayor potencia, es la imagen alegórica, que como decía antes es lo que se narra en imágenes que vienen del espíritu mismo de quien las genera en una mixtura con el elemento que pretende evocar. Como narrador, como escritor, si no estás ahí, adentro de tu película, entonces no hay nadie. Una película para mí es ante todo un ejercicio estético y por ende un trabajo sagrado, religioso y transformador, y esta dinámica la venimos desarrollando desde la época en que hacíamos cortos como Mandinga.

 

¿Cómo fue pensar y plantear una trilogía en el cine argentino actual?

 

Fue saliendo durante el proceso de escritura. Cuando terminé Luciferina tenía trazada las otras dos historias, Inmaculada y Gótica, que me parecían muy fuertes y sugestivas. Eso me llevó a considerar construir un universo que las conectará entre sí en una sola obra, entendí que ese era el trabajo en sí y no sólo el guión de una película.

 

La literatura me permite poder darle una forma concreta a la saga más allá de lo que después ocurra cinematográficamente. El cine está condicionado por muchos factores, muchos… y no debería ser esto un impedimento para que la historia se materialice en otros formatos.

 

Dentro de la narrativa literaria y cinematográfica del terror gótico hay grandes exponentes, ¿qué obras y autores te inspiraron y te dan ideas para escribir y filmar?

 

Veo mucho, pero siempre vuelvo a los mismos lugares, las películas y los cuentos que me conmovieron de niño o adolescente, y que aún me siguen conmoviendo. Por mencionar algunos a los que siempre vuelvo: Edgar Allan Poe por sobre todo y todos, el expresionismo alemán, casi todo el cine alemán, el cine sueco, el cine de terror de la Universal, el cine negro de los años 40 y el cine de terror de Corman y la Hammer y los grandes directores del Hollywood Clásico.

 

¿Qué te impulsa a filmar terror gótico en Argentina?

 

Bueno, no sé bien cómo contestar esto. Filmo en Argentina porque soy de acá y filmo cine fantástico porque me gusta. Lo gótico es una fuerza que golpea por contraste, por impresión y sobre todo por su esencial carácter romántico. Nos trae una y otra vez la barbarie y lo irracional pero sin vergüenza a desnudar nuestra humanidad débil frente a la existencia. Y se mantiene al margen de las masas o de la estructura social, es una sustancia que puede cambiar de forma una y mil veces sin perder su sentido primario. Hay gótico en Edgar Allan Poe y también en La Invención de Morel y también en La Casa del Ángel o en Sunset Boulevard (en donde encontramos la figura de Circe), y en casi todo el policial negro y parte de la ciencia ficción.

 

¿Cómo fue convencer a las productoras de financiar cine de terror gótico en Argentina?

 

Creo que acá las productoras grandes y chicas analizan proyectos y piensan en el posible negocio (y esto es lógico porque el mercado está cada vez más cambiante, impredecible), no creo que haya una mirada más profunda de las cosas. Buscan caminos, fórmulas, se la juegan y a veces le sale bien y a veces no. En ese contexto la experimentación de nuevos rumbos estéticos puede ser algo propicio, las productoras pueden apostar a distintas cosas y los directores pueden trabajar con más libertad.

 

¿Cómo se conecta la imaginario y la tradición religiosa con el terror gótico?

 

El terror gótico toma la magia, toma la religión, la leyenda y los sueños y fantasía del hombre y le da un mismo sentido, tal vez el verdadero sentido que tienen todas ellas, que es su poderoso lado intuitivo, capaz de poner el límite en los “absolutos” de la razón o en los absolutos de cualquier cosa. Es más un sentido de “duda” y pregunta, más dolor y humanidad que certeza, por eso es que sus monstruos nos conmueven: entendemos sus razones, podemos ponernos del lado de ellos, vemos la ambigüedad de quien es realmente el monstruo en el reflejo de la pantalla.

 

¿A qué pensás que se debe el éxito de films de terror y de género en el cine actual argentino?

 

El terror siempre fue un género cuanto menos convocante y comercial porque trabaja los resortes más antiguos del hombre, el miedo, el dolor, la muerte, etc. El cine, por su condición fantasmática, es tal vez su mejor soporte.

 

No estoy seguro de hablar de un éxito en el cine de terror local, hoy el éxito es que se siga haciendo a pesar de las dificultades. Creo que muy pocas son las películas de terror que llegan a cumplir con tres puntos esenciales para un éxito. Primero: tener un buen producto, contar una muy buena historia, con buenas actuaciones y que esté muy bien producida. Segundo: tener una plataforma de distribución seria, que pueda hacerle frente a las propuestas de afuera, o ser parte de un multimedio que pueda ubicar ese producto en un buen lugar de exhibición. Tercero: suerte, que sea el momento correcto. La mayoría de las películas que vienen de afuera tienen muy buena producción pero fallan en los guiones, en los proyectos, son especuladoras. A nosotros nos falla el punto dos por sobre todo.

 

¿Cómo está el panorama cinematográfico en la actualidad después de los cambios anunciados en el INCAA?

 

Creo que no muy bien, ¿no? Se está produciendo mucho menos, hay un proceso más burocrático y no se ven muchos signos reales y concretos de querer fomentar el cine nacional por fuera de lo comercial o redituable. Faltan espacios, plataformas de exhibición alternativas y propuestas más arriesgadas  y proteccionistas de nuestra cultura. El gobierno tiene una marcada política neoliberal con todo lo que eso implica. No es lo que asusta el gobierno en sí, que se veía claramente su postulado político, sino la gente que lo puso en ese lugar con todo lo que hoy uno puede saber de lo que significa el capitalismo y el daño irreparable que le está haciendo a nuestro mundo y por ende a nuestros niños.