Paranoico (Paranoiac)

Incesto y locura en la alta burguesía

Por Emiliano Fernández

Comparándola con las aburridas carreras de los profesionales con nula capacidad creativa del nuevo milenio, la trayectoria de Freddie Francis puede homologarse a un vendaval de metamorfosis permanentes, en este sentido consideremos que empieza trabajando como cameraman o operador de cámara para Carol Reed en Desterrado de las Islas (Outcast of the Islands, 1951), George More O’Ferrall en Ángeles del Aire (Angels One Five, 1952), René Clément en Monsieur Ripois (1954), Tony Richardson en Mira al Pasado con Rencor (Look Back in Anger, 1956), John Huston en Moulin Rouge (1952), La Burla del Diablo (Beat the Devil, 1953) y Moby Dick (1956) y para Michael Powell y Emeric Pressburger en Su Peor Enemigo (The Small Back Room, 1949), El Pimpinela Triunfante (The Elusive Pimpernel, 1949), Corazón Indómito (Gone to Earth, 1950), Los Cuentos de Hoffman (The Tales of Hoffmann, 1951) y Dos Veces (Twice Upon a Time, 1953). Francis después salta a la fotografía de la mano de dos períodos profesionales distintos, el primigenio de Tiempo sin Piedad (Time Without Pity, 1957), de Joseph Losey, La Batalla de los Sexos (The Battle of the Sexes, 1960), de Charles Crichton, Nunca Aceptes Dulces de un Extraño (Never Take Sweets from a Stranger, 1960), de Cyril Frankel, Hijos y Amantes (Sons and Lovers, 1960), de Jack Cardiff, y por supuesto sus dos legendarias colaboraciones con Jack Clayton, Un Lugar en la Cumbre (Room at the Top, 1959) y Los Inocentes (The Innocents, 1961), y sus dos recordados trabajos con Karel Reisz, Todo Comienza el Sábado (Saturday Night and Sunday Morning, 1960) y Al Caer la Noche (Night Must Fall, 1964), y las postrimerías de su carrera que abarca películas de igual calibre símil La Amante del Teniente Francés (The French Lieutenant’s Woman, 1981), de Reisz, Oz, un Mundo Fantástico (Return to Oz, 1985), de Walter Murch, Gloria (Glory, 1989), de Edward Zwick, El Hombre de la Luna (The Man in the Moon, 1991), de Robert Mulligan, Cabo de Miedo (Cape Fear, 1991), de Martin Scorsese, Código de Honor (School Ties, 1992), de Robert Mandel, y esa trilogía muy variopinta con David Lynch, El Hombre Elefante (The Elephant Man, 1980), Duna (Dune, 1984) y la bella fábula otoñal de Una Historia Sencilla (The Straight Story, 1999).

 

Paranoico (Paranoiac, 1963) fue su cuarta intervención como director a posteriori de una comedia romántica hoy olvidada, Dos y Dos Suman Seis (Two and Two Make Six, 1962), su primera y pobre incursión en el horror, El Cerebro (The Brain, 1962), y algunas secuencias agregadas para extender el metraje de la estupenda El Día de los Trífidos (The Day of the Triffids, 1963), de Steve Sekely, y asimismo constituyó su primera colaboración en sí con la mítica Hammer Film Productions y con el guionista Jimmy Sangster, trío que repetiría el formato del thriller psicológico y/ o de misterio en los otros dos eslabones de una trilogía implícita que se completa con las dignas Pesadilla (Nightmare, 1964) e Histeria (Hysteria, 1965), amén de propuestas adicionales para el colorido arsenal de la Hammer como las simpáticas El Castigo de Frankenstein (The Evil of Frankenstein, 1964) y Drácula Regresa de la Tumba (Dracula Has Risen from the Grave, 1968), por cierto contemporáneas a esa serie de gloriosas antologías para Amicus Productions que incluye Las Profecías del Dr. Terror (Dr. Terror’s House of Horrors, 1965), primera obra de la compañía consagrada al ecosistema de los sustos y los gritos, más Las Tijeras del Diablo (Torture Garden, 1967) y Cuentos de la Cripta (Tales from the Crypt, 1972), sin olvidarnos de rarezas de “narración tradicional” como La Calavera del Marqués de Sade (The Skull, 1965), el triste exponente sci-fi Vinieron del Espacio Exterior (They Came from Beyond Space, 1967) y desde ya El Psicópata (The Psychopath, 1966), opus inaugural de sus tres colaboraciones con Robert Bloch, famoso por Psicosis (Psycho, 1960), de Alfred Hitchcock, y guionista también en la bastante floja Picadura Mortal (The Deadly Bees, 1966) y la mencionada Las Tijeras del Diablo. La trama de Sangster le debe mucho a Psicosis, Las Diabólicas (Les Diaboliques, 1955), de Henri-Georges Clouzot, Luz que Agoniza (Gaslight, 1944) de George Cukor, y sus dos maravillosos convites con el malogrado cineasta Seth Holt, El Sabor del Miedo (Taste of Fear, 1961) y La Niñera (The Nanny, 1965), en suma todas películas que juegan con apariciones inesperadas, identidades en crisis, muchos crímenes en secuencia y/ o unas mentiras hábilmente montadas, siempre desde la picardía y la meticulosidad más insidiosa.

 

Como en sus otros coqueteos en conjunto con lo fantasmal, los arcanos, la demencia, lo onírico espantoso, la manipulación, los asesinatos y el desdoblamiento de la personalidad, léase Pesadilla e Histeria, en Paranoico la dupla de Francis y Sangster nos presenta la convulsionada parentela Ashby, en esencia conformada por la Tía Harriet (Sheila Burrell) y sus dos sobrinos, el alcohólico y derrochador Simon (Oliver Reed) y la depresiva Eleanor (Janette Scott), esta última una ninfa cuidada por una enfermera gala, Françoise (Liliane Brousse), que es la amante masoquista del muy sádico Simon. Los dos Ashby de menor edad quedaron huérfanos cuando sus padres fallecieron en 1950 en un accidente aéreo y para colmo también perdieron a un tercer hermano, Antony alias Tony, cuando se suicidó en 1953 con quince años de edad saltando al vacío desde un acantilado hacia el mar, no obstante en aquel presente sesentoso Eleanor comienza a ver esporádicamente a alguien que se asemeja mucho a su hermano fallecido, con quien tenía una relación muy cercana, que incluso la rescata cuando pretende suicidarse en el mismo exacto precipicio de Antony. El sujeto en cuestión, de hecho, afirma ser un Tony Ashby ya crecidito (Alexander Davion) que abandonó la mansión familiar porque no soportaba a su tía y que vagó sin rumbo durante ocho largos años, sin embargo todo forma parte de una estafa porque el susodicho está confabulado con Keith Kossett (John Bonney), el hijo del abogado de la familia y administrador del fideicomiso que dejó el acaudalado matrimonio antes de fallecer, John Kossett (Maurice Denham). Mientras el falso Tony le permite a Keith robar algún que otro dinerillo del fideicomiso y por ello se lleva unas cien libras como hijo de los finados hasta que descubran su identidad con motivo de la herencia finiquitada, en apenas tres semanas, Simon intenta matar a Eleanor y al “vástago” reaparecido saboteando un coche, ahoga a Françoise cuando se proponía dejar la propiedad e incluso parece tener bajo su control, en una relación incestuosa, a la Tía Harriet, una arpía que se viste como corista de iglesia -y con una máscara bastante tétrica- simulando ser el verdadero Tony mientras Simon toca el órgano, culpa mediante porque efectivamente asesinó a su hermano y fraguó su suicidio.

 

Si bien se suele decir que Paranoico es una rareza dentro del canon de la Hammer porque esquiva en términos generales las dos marcas registradas de la famosa productora, el gore descocado y la sensualidad, lo cierto es que aquel sustrato estándar de horror gótico está muy presente mediante la retahíla de desvaríos y perversiones macabras de turno, desde la crueldad de Simon, el fratricidio y su codicia maquiavélica, el motor detrás de sus crímenes con vistas a heredar él solito las 600 mil libras de los padres fallecidos, John y Mary, hasta el doble incesto de fondo, el explícito entre tía y sobrino y el simbólico/ tácito/ maquillado entre Eleanor y el Antony apócrifo, dúo que en pantalla protagoniza una de esas hilarantes e hiper ciclotímicas trayectorias del melodrama, empezando con ella gritando en pleno ataque de autorepugnancia por haber besado a su “hermano” y estar súper enamorada de él y luego derivando en un perdón automático ante el engaño apenas el personaje de Davion le cuenta la verdad y se ofrece a sacarla de inmediato de esa mansión de chiflados. Francis pasa con inusual solvencia de la farsa de identidad y los intentos de Simon de llevar al suicidio o a la locura a Eleanor, muy en sintonía con Luz que Agoniza, Las Diabólicas, El Sabor del Miedo, La Niñera y Cálmate, Dulce Carlota (Hush Hush, Sweet Charlotte, 1964), joya de Robert Aldrich, a la fanfarria exploitation de Psicosis del último acto, no sólo el óbito de Françoise y el episodio del automóvil sino también el ataque proto giallo -o cuasi intento de homicidio- contra Tony, ahora por parte de una Harriet ataviada como monaguillo corista y con un gancho, y por supuesto todo el segmento final de impronta ya lunática extasiada, cuando descubrimos que Simon, atormentado por la culpa, momificó el cuerpo de Antony y lo emparedó en la capilla de la familia cerca del órgano, precisamente frente al cual ejecuta esos rituales melancólicos ayudado por el instrumento musical, la payasada de su tía y una grabación en vinilo de su otrora hermano cantor. En cierta medida se puede afirmar que la propuesta forma parte de la corriente del cine británico de la época orientada a la denuncia del rígido sistema de clases sociales y la hipocresía de la alta burguesía, hacia ello apuntan los secretos sucios de los Ashby y el dejo de “lumpen advenedizo” de nuestro falso Tony.

 

Desde ya que aquí el que se llevas las palmas es el inmaculado Oliver Reed, ya un veterano de la Hammer que había participado en roles secundarios en dos films de Terence Fisher, Las Dos Caras del Dr. Jekyll (The Two Faces of Dr. Jekyll, 1960) y La Justicia de Robin Hood (Sword of Sherwood Forest, 1960), para luego trepar a papeles más importantes en La Maldición del Hombre Lobo (The Curse of the Werewolf, 1961), asimismo de Fisher, Los Piratas del Río Sangriento (The Pirates of Blood River, 1962), de John Gilling, La Patrulla Fantasma (Captain Clegg, 1962), de Peter Graham Scott, y aquella Éstos son los Condenados (The Damned, 1962), del tremendo Losey. De entre las muchas películas de Francis en modalidad de realizador para otras productoras del acervo europeo sobresalen especialmente La Puerta del Traidor (Das Verrätertor, 1964), su otro trabajo con Sangster aunque con capitales alemanes, Girly, una Nena Fatal (Mumsy, Nanny, Sonny & Girly, 1970), insólita y disfrutable comedia negra contracultural, La Caverna del Terror (Trog, 1970), definitivamente su peor faena y el último rol cinematográfico de la avejentada Joan Crawford, El Suceso Vampírico (Gebissen Wird Nur Nachts, 1971), rip-off lamentable de La Danza de los Vampiros (The Fearless Vampire Killers, 1967), de Roman Polanski, El Alarido de la Carne (The Creeping Flesh, 1973), incursión tardía pero amable en el horror gótico de antaño, El Hijo de Drácula (Son of Dracula, 1973), anomalía absoluta con Ringo Starr y financiada por nada menos que la Apple Films de The Beatles, Las Orgías de la Locura (Tales That Witness Madness, 1973), regreso correcto o relativamente interesante a las antologías previas de horror, Locura Sangrienta (Craze, 1974), trasheada homicida con un irrefrenable Jack Palance, El Regreso del Hombre Lobo (Legend of the Werewolf, 1975), secuela espiritual de La Maldición del Hombre Lobo, Necrófago (The Ghoul, 1975), suerte de exploitation elegante a lo Hammer de temática caníbal, y El Doctor y los Diablos (The Doctor and the Devils, 1985), última propuesta atractiva del amigo Freddie y retrato para Brooksfilms, la empresa de Mel Brooks que financió El Hombre Elefante, del caso real de William Burke y William Hare, quienes mataron a 16 personas en la Escocia de 1828 para vender los cadáveres a Robert Knox, un médico psicopático que investigaba la anatomía humana. Paranoico es sin duda una de las mejores realizaciones del prolífico señor porque se ubica en la misma línea, en cierto modo por debajo de sus trabajos en fotografía para terceros aunque aún encomiable, de films sorprendentes como Pesadilla, Las Profecías del Dr. Terror, Drácula Regresa de la Tumba, Girly, una Nena Fatal, Cuentos de la Cripta y la aludida El Doctor y los Diablos, preámbulo para un canto del cisne algo amargo, Torre Oscura (Dark Tower, 1987), rip-off de Poltergeist (1982), de Tobe Hooper, que mutó en el último opus como mandamás de un Francis que optó por utilizar un seudónimo por la mala calidad de los efectos especiales, Ken Barnett, y nunca más volver a dirigir una película…

 

Paranoico (Paranoiac, Reino Unido, 1963)

Dirección: Freddie Francis. Guión: Jimmy Sangster. Elenco: Oliver Reed, Janette Scott, Sheila Burrell, Alexander Davion, Maurice Denham, Liliane Brousse, John Bonney, Harold Lang, Arnold Diamond, John Stuart. Producción: Anthony Hinds. Duración: 80 minutos.

Puntaje: 8