Aniquilación (Annihilation)

Influjo de dispersión

Por Emiliano Fernández

Muchos son los adjetivos que le caben a Aniquilación (Annihilation, 2018), la segunda película escrita y dirigida por Alex Garland luego de su maravillosa ópera prima Ex Machina (2014): cerebral, apasionante, fría, meticulosa, surrealista, sutil, etc. El británico, conocido por el gran público sobre todo por haber firmado los guiones de Exterminio (28 Days Later, 2002), Sunshine: Alerta Solar (Sunshine, 2007), Nunca Me Abandones (Never Let Me Go, 2010) y Dredd (2012), aquí en esencia lo que hace es reinterpretar hacia el enclave ensoñado/ intelectual/ despampanante la novela homónima de 2014 de Jeff VanderMeer, la cual a su vez estaba inspirada a nivel general en El Color que Cayó del Cielo (The Colour Out of Space), el legendario cuento corto de 1927 de H.P. Lovecraft acerca de una suerte de epidemia metafísica que destruye toda forma de vida a su paso. Manteniendo la estructura del trabajo de VanderMeer pero al mismo tiempo volcando el tono hacia la depredación expansiva y caótica del universo lovecraftiano, la propuesta se impone como una de las mejores epopeyas de ciencia ficción del cine reciente por lejos.

 

La historia gira alrededor de una expedición científica hacia una enorme área del Parque Nacional Blackwater en donde un brillante campo electromagnético comenzó a extenderse tres años antes, bautizado “el resplandor”, el cual parece bloquear toda comunicación e intento de localización espacial. Las repetidas incursiones militares han resultado un tanto trágicas porque ningún equipo ha logrado regresar con una excepción, la del Sargento Kane (Oscar Isaac), quien sí volvió a su hogar y a su esposa, la bióloga y ex soldado Lena (Natalie Portman), aunque con su memoria enturbiada y sufriendo una hemorragia interna masiva que lo deja al borde de la muerte. Mediante tres líneas temporales paralelas, que se corresponden a los períodos previo, durante y posterior a la temeraria exploración, el guión de Garland nos va mostrando lo que sucede en la zona afectada y la macrodinámica de las relaciones dentro del colectivo de turno, conformado por Lena, la paramédica Anya (Gina Rodríguez), la física Josie (Tessa Thompson), la geomorfóloga Cass (Tuva Novotny) y la Doctora Ventress (Jennifer Jason Leigh), una psicóloga que funciona como la líder formal.

 

El desarrollo de personajes es extremadamente realista y adulto porque trata con seriedad el trasfondo melodramático de la decisión de las mujeres de unirse a lo que vendría a ser una misión suicida: a decir verdad Lena es la única que desea descubrir qué ocurre para salvar a su marido y regresar, el resto arrastra un estado mental aún más atribulado (el espectro va desde adicciones y una tentativa de suicidio hasta una enfermedad terminal y la muerte de un primogénito, todo analizado con mucha delicadeza y a través de las reacciones concretas de los personajes frente al entorno, sin esa verborragia redundante, bobalicona y canchera del Hollywood de nuestros días). El realizador incluye un par de lo que podríamos definir como secuencias de acción, los geniales ataques del cocodrilo y el oso, sin embargo dichas escenas son tan acotadas y angustiantes que nada tienen que ver con sus homólogas del mainstream fantástico y su fetiche con el artificio pomposo por el artificio pomposo en sí, a lo que se suma un diseño de producción muy imaginativo que se acopla de manera sublime con el descubrimiento progresivo de los “síntomas” del resplandor: como si se tratase de un influjo de dispersión, las protagonistas van padeciendo en carne propia las transformaciones que ven en la naturaleza que las rodea, con la flora y la fauna entrelazándose entre sí y creando criaturas híbridas integradas por el ADN de animales y plantas de diversa índole.

 

Resulta en verdad muy complejo trasladar en imágenes la esencia misma del fenómeno, esa tendencia del resplandor a funcionar como un prisma que refracta el material genético de todo lo que encuentra a su paso, no obstante el director lo resuelve con astucia y valentía combinando el acervo del terror amorfo de desmembraciones/ reconstituciones corporales, los detalles símil hongos coloridos para las paredes y una buena tanda de CGIs puestos al servicio de un lirismo visual tan hipnótico como bello, bien en sintonía con lo hecho por Jonathan Glazer en la también excelente Under the Skin (2013). La riqueza del derrotero de Lena y sus compañeras de periplo radica en una ambigüedad y un misterio que cada vez son más difíciles de hallar en el contexto cinematográfico contemporáneo, siempre obsesionado con la sobreexplicación destinada a los espectadores conservadores e hiper vagos del presente: cada diálogo de Garland en la boca de las mujeres es una pequeña pieza de artesanía emocional que nos ayuda a comprender los límites del razonamiento humano, un esquema que asimismo bebe de la elegancia narrativa general basada en un retrato de la amorosa relación entre los personajes de Isaac y Portman y un exhaustivo interrogatorio a Lena -luego de la expedición- encarado desde la desconfianza y cierto cinismo por parte de Lomax (Benedict Wong), otro científico que como ella intenta resolver el enigma de fondo.

 

La sofisticación de Aniquilación se condice con las interpelaciones que plantea acerca de la capacidad de los hombres para aceptar los cambios, respetar el ecosistema y aflojar con la paranoia de que todo lo diferente es una amenaza automática a nuestro modo de vivir, sea este cual fuese, ya que la metamorfosis cíclica que incita el resplandor suele derivar -en el caso de los humanos- en conductas entre alienadas y violentas que sacan a relucir otro de los conceptos centrales del film, léase el impulso autodestructivo que tenemos programado dentro nuestro, ese que no debe ser confundido con el suicidio a secas y que apunta en cambio a un patrón de autosabotaje minimalista que adquiere la forma de una bola de nieve, desembocando en culpa y a veces golpeando a terceros (de hecho, casi continuamente la ligan aquellos que nos rodean). Más cerca de la efervescencia esplendorosa y abstracta del Denis Villeneuve de La Llegada (Arrival, 2016) y del Stanley Kubrick de 2001: Odisea del Espacio (2001: A Space Odyssey, 1968) que de los bodriazos de ciencia ficción de Andréi Tarkovski, Solaris (1972) y Stalker: La Zona (Stalker, 1979), la película nos ofrece una experiencia exquisita que puede ser leída como una elegía a un oasis de igualdad absoluta y/ o como una pesadilla de asimilación en donde los rasgos de identidad se fusionan en múltiples organismos que desconocen las fronteras de la biología y las fuerzas naturales…

 

Aniquilación (Annihilation, Reino Unido/ Estados Unidos, 2018)

Dirección y Guión: Alex Garland. Elenco: Natalie Portman, Oscar Isaac, Jennifer Jason Leigh, Gina Rodríguez, Tessa Thompson, Tuva Novotny, Benedict Wong, Sonoya Mizuno, David Gyasi, John Schwab. Producción: Scott Rudin, Allon Reich, Andrew Macdonald y Eli Bush. Duración: 115 minutos.

Puntaje: 10