Philip D’Antoni, productor televisivo que eventualmente saltaría a la pantalla grande para realizar dos de los mejores policiales negros de fines de la década del 60 y comienzos de los años 70, Bullitt (1968), de Peter Yates, y Contacto en Francia (The French Connection, 1971), de William Friedkin, escuchó en el set de esta última -y por boca de Sonny Grosso, todavía oficial del Departamento de Policía de Nueva York- una historia muy particular sobre el secuestro de mafiosos por parte de policías que en realidad no eran policías y que en la década del 50 terminaron siendo investigados por una unidad secreta de oficiales a quienes sólo se les asignaban delitos graves en los que las penas para los responsables eran siempre de siete años o más, de allí el título original en inglés del proyecto que dos años después mutaría en El Escuadrón Implacable (The Seven-Ups, 1973), único opus como director del propio D’Antoni ya que luego del estreno regresaría a la TV y para fines de los 70 se retiraría del medio audiovisual por completo. Grosso no sólo ofició de “consultor técnico” en Contacto en Francia sino que también tuvo un pequeño rol, en concreto como el Agente Clyde Klein, debido a que toda la faena estaba inspirada en la investigación que él y su también legendario compañero detective en la Policía de Nueva York, Eddie Egan, habían encarado para suprimir en 1961 una red de narcotráfico encabezada por el pope local Pasquale “Patsy” Fuca y vinculada a dos cómplices galos que importaban heroína a los Estados Unidos, Jean Jehan y Jacques Angelvin, éste último un conductor televisivo de la época, panorama que derivó en la incautación de 112 libras de heroína, una cantidad récord en ese momento para los esbirros institucionales, y en un libro de 1969 de Robin Moore que pronto se transformaría en la realización homónima de Friedkin con guión de Ernest Tidyman, donde el personaje de Grosso se llamaba Buddy “Cloudy” Russo (Roy Scheider) y el de Egan respondía al nombre de Jimmy “Popeye” Doyle (Gene Hackman).
Cuando el revolucionario realismo sucio de Contacto en Francia la convierte en un enorme éxito de taquilla y la conduce a ganar cinco Oscars, los de Mejor Película, Mejor Director, Mejor Guión, Mejor Edición y Mejor Actor para Hackman, el cual por cierto reincidiría en el personaje del detective en ocasión de Contacto en Francia II (French Connection II, 1975), de John Frankenheimer, aunque no en Popeye Doyle (1986), film para TV que Peter Levin dirigió por encargo de 20th Century Fox con Ed O’Neill como el protagonista, faena que en realidad era un piloto para una serie que jamás se filmó y fue a parar a la NBC bajo el típico formato de “película de la semana”, D’Antoni logra que el estudio responsable de Contacto en Francia, precisamente Fox, financie una nueva odisea muy en línea con Bullitt y el opus de Friedkin, por ello se puede hablar de una suerte de trilogía tácita de policiales amargos y secos con elementos de cine de acción, espionaje, suspenso y documentalismo a lo cinéma vérité, amén del hecho de que las tres propuestas cuentan con míticas escenas de persecución automovilística coreografiadas y ejecutadas por Bill Hickman, un doble de riesgo que trabajó además con directores como John Huston, Rudolph Maté, Nicholas Ray, Blake Edwards, Irvin Kershner, John Boorman, Robert Stevenson, Franklin J. Schaffner, Guy Hamilton, Peter Bogdanovich, Robert Wise, Peter Hyams y aquel Richard C. Sarafian de Carrera contra el Destino (Vanishing Point, 1971) y aquel James William Guercio de La Piel en el Asfalto (Electra Glide in Blue, 1973), otros clásicos del rubro de la velocidad exacerbada de impronta contracultural. El estupendo guión fue firmado por Albert Ruben y Alexander Jacobs, el primero un escritor netamente televisivo y el segundo célebre por Contacto en Francia II, La Celada (Sitting Target, 1972), de Douglas Hickox, Un Enemigo del Pueblo (An Enemy of the People, 1978), de George Schaefer, y sus obras con Boorman, A Quemarropa (Point Blank, 1967) y esa Infierno en el Pacífico (Hell in the Pacific, 1968).
Egan en esta ocasión es expulsado de la trama, señor que tendría una mínima participación actoral en Carne Viva (Prime Cut, 1972), opus de Michael Ritchie, y asimismo oficiaría de inspiración para el Eddie Ryan (Robert Duvall) de la floja y hoy olvidada Ruge el Odio (Badge 373, 1973), de Howard W. Koch, y el que regresa es Scheider como un Detective Buddy Mannuci que a su vez se parece mucho a su Cloudy Russo de Contacto en Francia, ambos álters egos evidentes de Grosso, un oficial que dejaría la fuerza policial en 1976 y fundaría a principios de los 80 una productora televisiva junto a Larry Jacobson después de servir como asesor -en materia de los entretelones de la relación siempre paradójica entre el hampa y el aparato represivo estatal- en la presente epopeya más Kojak (1973-1978), la famosa serie de Abby Mann con Telly Savalas para la CBS, El Padrino (The Godfather, 1972), de Francis Ford Coppola, Investigación Peligrosa (Report to the Commissioner, 1975), de Milton Katselas, y diversas faenas de Friedkin, no sólo el hit oscarizado de 1971 sino también la apenas correcta ¿Y Dónde está el Ladrón? (The Brink’s Job, 1978) y una genial e injustamente ninguneada Cruising (1980). Mannuci es el jefe de los Seven-Ups, un escuadrón muy duro especializado en arrestos con sentencias de siete años en adelante, que suele trabajar con un soplón que es también su amigo de la infancia, Vito Lucia (Tony Lo Bianco), el cual tiene una funeraria y está confabulado con un tal Moon (Richard Lynch) para secuestrar y pedir rescates por jerarcas y fiadores de la mafia neoyorquina como Max Kalish (Larry Haines) y Festa (Matt Russo), lo que genera sospechas sobre los Seven-Ups ya que los delincuentes se hacen pasar por detectives para llevarse a sus presas. El crimen organizado confunde a uno de los Seven-Ups con un secuestrador encubierto, Ansel (Ken Kercheval), y lo lleva a un encuentro con los raptores pero termina muriendo de un tiro y todo provoca que Buddy deduzca que Lucia es el entregador por los datos intercambiados.
Más allá de la citada y gloriosa secuencia de persecución por las calles de Nueva York y sus suburbios entre el Pontiac Ventura del personaje de Scheider, en realidad conducido por el doble de riesgo Jerry Summers, y el Pontiac Grand Ville del Moon del inefable Lynch, cuyas extensas cicatrices se debían a un incendio a lo bonzo por un episodio con LSD, y del cómplice adusto del villano principal, ese Bo en la piel del mismísimo Hickman, dueño de turno del volante y gran responsable de que el extraordinario desenlace de la escena pueda leerse como un homenaje morboso al fallecimiento en 1967 de Jayne Mansfield, hablamos de la incrustación a toda velocidad en la parte trasera del tráiler de un camión, la joya de D’Antoni -por cuenta propia y en su conjunto- lleva un paso adelante la severidad insinuada en gran parte de Bullitt y explotada de manera ya brillante por el Friedkin imitando a Kinji Fukasaku de Contacto en Francia, incluso ampliando aquel nihilismo derechoso de fusión ética entre policías y criminales debido a que en El Escuadrón Implacable vemos a Buddy y sus muchachos abalanzarse contra una tienda de venta de antigüedades para acorralar a unos falsificadores de dinero, amenazar con muchas torturas a un secuaz de Moon y Bo de un garaje, Toredano (el tremendo Joe Spinell), quitarle el oxígeno en el hospital al socio agonizante de Festa, Carmine Coltello (Lou Polan), meterse en la residencia de Kalish y obligarlo a hablar con un jarrón roto sobre su esposa, Sara (Frances Chaney), y condenar a muerte -sin preámbulo alguno- a Lucia cuando en las postrimerías del relato su ex amigo le informa que hará circular entre la mafia el dato de que es el artífice de la ola de secuestros. Desde la operación encubierta del inicio en la tienda de antigüedades hasta la trampa en el remate para desenmascarar a Vito a través de la necesidad de Moon de asesinar a Toredano, el film es un ejemplo supremo de paciencia narrativa y rusticidad virulenta cual análisis del “doble filo” de la información, con ambas partes sacándole rédito a las palabras del otro…
El Escuadrón Implacable (The Seven-Ups, Estados Unidos, 1973)
Dirección: Philip D’Antoni. Guión: Albert Ruben y Alexander Jacobs. Elenco: Roy Scheider, Tony Lo Bianco, Larry Haines, Richard Lynch, Bill Hickman, Lou Polan, Ken Kercheval, Victor Arnold, Jerry Leon, Joe Spinell. Producción: Philip D’Antoni. Duración: 103 minutos.