Tira a Mamá del Tren (Throw Momma from the Train)

Intercambiemos asesinatos

Por Emiliano Fernández

Danny DeVito comenzó su larguísima carrera como actor, en el nuevo milenio superando ya cinco décadas, a comienzos de los 70 mediante una andanada de papeles secundarios en películas olvidables hasta que por fin logró destacarse de la mano de Atrapado sin Salida (One Flew Over the Cuckoo’s Nest, 1975), aquella obra maestra eterna de Milos Forman, y de su recordado Louie De Palma de Taxi (1978-1983), la serie de la ABC creada por James L. Brooks, Stan Daniels, David Davis y Ed Weinberger, en esencia la base de todo lo que construiría a posteriori porque hasta el estreno de su debut como director, Tira a Mamá del Tren (Throw Momma from the Train, 1987), el señor fue acumulando prestigio y poder en roles mayormente cómicos para odiseas como El Mejor Amante del Mundo (The World’s Greatest Lover, 1977), de Gene Wilder, Con la Soga al Cuello (Goin’ South, 1978), de Jack Nicholson, La Fuerza del Cariño (Terms of Endearment, 1983), de su amigo Brooks, Tras la Esmeralda Perdida (Romancing the Stone, 1984), opus de Robert Zemeckis, Johnny Peligroso (Johnny Dangerously, 1984), de Amy Heckerling, La Joya del Nilo (The Jewel of the Nile, 1985), de Lewis Teague, Dos Tipos Geniales (Wise Guys, 1986), de Brian De Palma, Por fin me la Saqué de Encima (Ruthless People, 1986), del trío compuesto por Jim Abrahams y los hermanos David y Jerry Zucker, y Dos Sinvergüenzas en un Cadillac (Tin Men, 1987), de Barry Levinson. Inspirándose en otros colegas intérpretes que saltaron a la realización, como los citados Wilder y Nicholson, DeVito terminó construyendo una de las comedias más exitosas y memorables de su tiempo que puede no tener demasiado que ver con la elegancia y la imaginación en verdad desenfrenada de las risas para la gran pantalla de los 60 y con la inteligencia y el humor seco y muy nihilista de los 70, aunque sin duda resume de pies a cabeza la gracia tontuela, rimbombante y narcisista de la década en la que le tocó nacer, los años 80, momento en el que aparece por primera vez toda esta avanzada retro melancólica de índole baladí dentro de Hollywood y de la industria cultural planetaria.

 

A mitad de camino entre el slapstick o comedia física del cine mudo, las rutinas verbales de gente variopinta como Bob Hope, Groucho Marx o el dúo de Jerry Lewis y Dean Martin, los sketchs corrosivos de Saturday Night Live y el dinamismo irrefrenable correspondiente a los flamantes lenguajes del videoclip y de la publicidad posmoderna, la ópera prima de DeVito en un mismo movimiento por un lado recupera la premisa de Extraños en un Tren (Strangers on a Train, 1951), gran clásico de Alfred Hitchcock escrito por nada menos que Raymond Chandler y Czenzi Ormonde a partir de la novela homónima de 1950 de Patricia Highsmith, para volcarla hacia una comedia negra que desacraliza tanto a las familias como a las parejas románticas tradicionales, dos comarcas retóricas casi siempre fetichizadas por el mainstream, y por el otro lado sintetiza, como decíamos previamente, unos 80 dominados por una comedia que solía pasearse cómoda entre lo chabacano, la nostalgia, lo ridículo, la sátira social descocada y un naturalismo más o menos medido que el director aquí respeta para que todo jamás termine de explotar hacia la caricatura contracultural, al fin y al cabo Tira a Mamá del Tren es un producto industrial por antonomasia que no llega a lo revulsivo aunque tampoco derrapa en las redundancias y en la sensiblería berreta insistente de otros adalides de las carcajadas del período, léase John Hughes, Harold Ramis, John Landis y un Rob Reiner que en esta ocasión incluso cuenta con un cameo como Joel, un agente literario. DeVito compone a Owen Lift, un cuarentón infantilizado y aspirante a escritor que vive con su anciana, lunática e hiper posesiva progenitora, la Señora Lift (Anne Ramsey), la cual acumula todas las fantasías homicidas de su vástago en pos de liberarse y de “resolver” este Complejo de Edipo de una buena vez. Por recomendación de su ídolo y tutor en una clase de escritura creativa, Larry Donner (Billy Crystal), Owen ve Extraños en un Tren y de allí saca la idea de intercambiar asesinatos con el docente, quien pretende desquitarse de su ex esposa por haberle robado una novela que resultó un best seller, Fuego Ardiente (Hot Fire).

 

La trama de Stu Silver, un guionista televisivo que en esta oportunidad entrega su único trabajo para el séptimo arte, es algo mucho errática y está estructurada alrededor de tres partes muy claras con sus fortalezas específicas cada una: el primer capítulo, dedicado a la presentación de personajes y situaciones, se destaca sobre todo por las hilarantes ilusiones asesinas de Owen, como esas de envenenarle con lejía la Pepsi a la madre o clavarle unas tijeras en la cabeza mientras le saca un inmundo tapón de cera de los oídos, y por algunos latiguillos de Larry en materia de su animadversión maniática contra la bella ladrona literaria, Margaret (Kate Mulgrew), como su verborragia siempre impulsiva, sus achaques coléricos y ese mal humor ante el acoso reiterado de Lift, la mediocridad suprema de sus alumnos y un bloqueo de escritor que lo lleva a quedar permanentemente varado en la frase inicial “la noche fue…” y a no poder avanzar del todo con su nuevo interés romántico, Beth Ryan (Kim Greist), una profesora de antropología que sufre las idas y vueltas psicológicas del colega, el segundo acto abarca el supuesto homicidio de Margaret en Hawái por parte del querido Owen y el posterior chantaje para que Donner cumpla su parte del “pacto”, eso de reventar a la veterana paranoica y algo senil que se la pasa gritándole insultos a su hijo porque está convencida de que pretende encerrarla en un geriátrico y/ o abandonarla por alguna puta sucia (cualquier criatura de dos patas con vagina), fase en la que sobresalen la mítica fantasía del bowling vía los pinos con el cuerpo de la anciana y una serie de diálogos y coreografías dignas del cine de suspenso y de la comedia de situación más rabiosamente sarcástica, casi todas centradas en el caserón de los Lift, y finalmente en lo que respecta al remate, ya en el tren del título símil última opción para bajar a la señora porque su carácter desagradable y tiránico llega a colmarle la paciencia a un Larry que se escondía con el dúo para evitar ser apresado por la policía en calidad de “sospechoso estrella” en la desaparición de Margaret en un barco, la faena vuelve a volcarse con maestría hacia los Looney Tunes.

 

Más allá de que a nivel general se podría decir que Tira a Mamá del Tren, uno de los títulos más graciosos de la historia del cine y una cita irónica magistral del verso del comienzo y el estribillo de Mama from the Train (A Kiss, A Kiss) (1956), hermosa canción de despedida maternal/ filial de Patti Page, constituye una típica película de escritores en crisis creativa que no llegan a distinguir al cien por ciento dónde se ubica la realidad y dónde arranca la ficción, tampoco se puede pasar por alto que ese sustrato conceptual señalado de dibujos animados anárquicos hoy se enriquece y se da la mano con la neurosis burguesa de Donner, el nacimiento de la infantilización posmoderna en la piel de Owen y el afán dominante, casi siempre imparable pero con algunas pinceladas de dulzura, de una Señora Lift que parece una cruza simbólica entre la ancianita adorable aunque mortal de El Quinteto de la Muerte (The Ladykillers, 1955), de Alexander Mackendrick, Louisa Wilberforce (Katie Johnson), y aquel grotesco argentino de La Nona (1979), de Héctor Olivera, y Esperando la Carroza (1985), de Alejandro Doria, protagonizadas respectivamente por las tremendas Carmen Racazzi (Pepe Soriano) y Mamá Cora (Antonio Gasalla), cuya clara monstruosidad -ambos personajes fueron interpretados por hombres, nada menos- es en cierta medida comparable al look esperpéntico de una Ramsey muy talentosa y detallista que en el opus de DeVito lleva al extremo de la hipérbole lo que ya había hecho en Los Goonies (The Goonies, 1985), de Richard Donner, actriz que lamentablemente fallecería en 1988 por un cáncer de esófago que la condujo a la extirpación de parte de la lengua y la mandíbula, dándole ese tono tan peculiar al hablar en sus trabajos finales. Greist, que venía de C.H.U.D. (1984), de Douglas Cheek, Brazil (1985), de Terry Gilliam, y Cazador de Hombres (Manhunter, 1986), de Michael Mann, y Crystal, un asiduo de Saturday Night Live que había participado en This Is Spinal Tap (1984) y La Princesa Prometida (The Princess Bride, 1987), ambas obras de Reiner, asimismo están muy bien en sus respectivos papeles y suman astucia cómica a la epopeya de un DeVito que después ampliaría sus horizontes como cineasta en la comedia mediante las también extraordinarias La Guerra de los Roses (The War of the Roses, 1989) y Matilda (1996) hasta decaer con las tardías Maten a Smoochy (Death to Smoochy, 2002) y Dúplex (2003), todos exponentes del humor negro marca registrada del realizador, amén de una interesante incursión en el drama a través de Hoffa (1992), basada en un guión de David Mamet acerca del célebre líder sindical de los camioneros yanquis, desaparecido en 1975. A pesar de algunos baches en el desarrollo, el trasfondo desparejo de los chistes y la consabida catarata de clichés de buena parte de las comedias del baluarte ochentoso, el film incluye secundarios muy inspirados, en sintonía con Lester (Branford Marsalis), el amigo afroamericano de Larry, y en especial Pinsky (Raye Birk), una especie de fetichista literario que disfraza sus afinidades eróticas con su faceta de escritor de libros de mesa, y en general se abre camino como uno de los clásicos del cine de enredos y una de las propuestas más disfrutables por todos aquellos con el cinismo suficiente para burlarse de lo más sagrado en la vida masculina, la madre, y con el corazón sagaz necesario para aceptar que no se puede vivir en los extremos del amor/ odio porque siempre conviene evitar el fundamentalismo…

 

Tira a Mamá del Tren (Throw Momma from the Train, Estados Unidos, 1987)

Dirección: Danny DeVito. Guión: Stu Silver. Elenco: Danny DeVito, Billy Crystal, Kim Greist, Anne Ramsey, Kate Mulgrew, Branford Marsalis, Rob Reiner, Bruce Kirby, Joey DePinto, Raye Birk. Producción: Larry Brezner. Duración: 88 minutos.

Puntaje: 9