Más allá de algunas mínimas participaciones en películas dirigidas por gente como Carl Reiner, Steven Spielberg, John Hughes, Barry Sonnenfeld, John Badham y su hermano Garry Marshall, a decir verdad la carrera actoral de Penny Marshall estuvo consagrada a la televisión y especialmente a dos series cómicas que no tuvieron repercusión significativa por fuera de las fronteras de Estados Unidos, hablamos de Laverne & Shirley (1976-1983) y La Extraña Pareja (The Odd Couple, 1970-1975), ambas creadas precisamente por Garry para la cadena ABC, la primera coprotagonizada por Cindy Williams y oficiando de spin-off de Días Felices (Happy Days, 1974-1984), otro de los productos para TV del hermano mayor de Penny, y la segunda basada en la célebre puesta teatral del mismo nombre de 1965 de Neil Simon, por cierto ya adaptada aunque en la gran pantalla mediante aquel disfrutable film de 1968 bajo la batuta de Gene Saks y con Jack Lemmon como Felix Ungar y Walter Matthau en el rol de Oscar Madison. El salto definitivo de Penny a la realización audiovisual fue progresivo porque empezó dirigiendo capítulos varios para un puñado de opus televisivos, como Working Stiffs (1979), The Tracey Ullman Show (1987) y la propia Laverne & Shirley, no obstante en el Hollywood de los años 80 el panorama era tan caótico y frustrante como en la actualidad y por ello sus primeros films estuvieron enmarcados en ese típico laberinto industrial de reemplazos, así las cosas fue echada de la que hubiese sido su ópera prima, Peggy Sue, su Pasado la Espera (Peggy Sue Got Married, 1986), obra con Kathleen Turner y Nicolas Cage que terminó siendo dirigida por Francis Ford Coppola, pero rápidamente pudo debutar con un proyecto alternativo que resultó ser un triste fiasco estelarizado por Whoopi Goldberg, Sálvese Quien Pueda (Jumpin’ Jack Flash, 1986), un thriller paródico de espionaje que tomó su título en inglés de la famosísima canción de The Rolling Stones, editada como single y luego aparecida en el legendario Beggars Banquet (1968), y que iba a ser dirigido por Howard Zieff, otro experto en comedias de larga data.
El período de gloria de Marshall detrás de cámaras abarca la trilogía posterior a Sálvese Quien Pueda, tres trabajos que la posicionaron como una narradora algo lerda, simplona y sentimental aunque simpática que exprimía con inteligencia no sólo el elenco de turno sino también las posibilidades que cada momento histórico/ industrial tenía para ofrecer, por ello Un Equipo muy Especial (A League of Their Own, 1992) sacó partido de la nostalgia de plástico de los 90 y aquel fetiche con los elencos recargados de estrellas, aquí Tom Hanks, Geena Davis, Rosie O’Donnell y Madonna, Despertares (Awakenings, 1990), por su parte, conectó de maravillas tanto con las “historias traumáticas de vida” tan de moda en el Hollywood de su tiempo como con ese Robin Williams que se volcaba de a poco a papeles más dramáticos símil Buenos Días, Vietnam (Good Morning, Vietnam, 1987), de Barry Levinson, La Sociedad de los Poetas Muertos (Dead Poets Society, 1989), de Peter Weir, y Volver a Morir (Dead Again, 1991), de Kenneth Branagh, y Quisiera ser Grande (Big, 1988), finalmente, es quizás el mejor eslabón de la serie de proyectos mellizos de la época sobre la metamorfosis etaria del protagonista o el trastorno identitario fantástico/ body swap, pensemos en la citada Peggy Sue, su Pasado la Espera, De tal Padre tal Hijo (Like Father Like Son, 1987), de Rod Daniel, 18 Otra Vez (18 Again!, 1988), de Paul Flaherty, Viceversa (1988), de Brian Gilbert, y El Experimento Asombroso (14 Going on 30, 1988), telefilm de Paul Schneider, amén de finalmente transformar en megaestrella a un Hanks que literalmente se come la película con su efervescencia tragicómica y que venía de trabajos variopintos como Splash (1984), de Ron Howard, Despedida de Soltero (Bachelor Party, 1984), de Neal Israel, Hogar, Dulce Hogar (The Money Pit, 1986), de Richard Benjamin, Dragnet (1987), de Tom Mankiewicz, y aquella El Hombre del Zapato Rojo (The Man with One Red Shoe, 1985), de Stan Dragoti, una remake de un clásico de la comedia francesa de 1972 de Yves Robert que fue escrito por Francis Veber y protagonizado por Pierre Richard.
Si bien en el ambiente cultural anglosajón casi todos los relatos de transformación mágica del sujeto -y sus múltiples variantes retóricas- surgen de dos novelas cómicas concretas, Vice Versa (1882), de Thomas Anstey Guthrie alias F. Anstey, y Freaky Friday (1972), de Mary Rodgers, hay un cierto consenso en relación al hecho de que Quisiera ser Grande es una relectura muy simplificada de Cuando Fui Mayor (Da Grande, 1987), film del italiano Franco Amurri con el comediante Renato Pozzetto que efectivamente cuenta con la misma premisa aunque apuesta a un retrato más grotesco de la infancia para cubrir la dinámica familiar, barrial y semi romántica de los mocosos. El guión de Gary Ross, más adelante un realizador por cuenta propia, y Anne Spielberg, hermana menor de nada menos que Steven Spielberg, señor que en un principio iba a dirigir la película antes de optar por privilegiar la postproducción de El Imperio del Sol (Empire of the Sun, 1987), explora el devenir burgués de Joshua “Josh” Baskin (Hanks en la acepción adulta, David Moscow cuando niño), un purrete de 12 años que vive con su hermanita y sus padres (Mercedes Ruehl y Josh Clark) y se siente atraído a una compañera de colegio un poco mayor, Cynthia Benson (Kimberlee M. Davis), sin embargo no puede avanzar en el vínculo porque la chica tiene un novio de su edad, Derek (Mark Ballou), y encima no lo dejan subir a una atracción de feria porque no llega a la altura mínima requerida. Con vistas a superar la poco sutil humillación masculina, el joven le pide crecer a una máquina de la fortuna bautizada Zoltar, deseo al día siguiente concedido pero con consecuencias imprevistas como el espanto de su progenitora, que lo confunde con el secuestrador de su vástago, y la necesidad de mudarse a Nueva York con la asistencia crucial de su mejor amigo, Billy (Jared Rushton), donde consigue un trabajo en un consorcio fabricante de juguetes propiedad del Señor MacMillan (Robert Loggia) y se enamora de Susan Lawrence (Elizabeth Perkins), todo mientras espera un informe estatal sobre el paradero actual de la desaparecida máquina de la fortuna para corregir el percance.
Mucho antes de la decadencia terminal de Un Nuevo Hombre (Renaissance Man, 1994), Como Caído del Cielo (The Preacher’s Wife, 1996) y Los Chicos de mi Vida (Riding in Cars with Boys, 2001), todas propuestas entre fallidas y redundantes que presagian la lenta desaparición del formato de la comedia masiva durante el Siglo XXI, Marshall, otrora esposa del archiconocido Rob Reiner, en Quisiera ser Grande combina primero la farsa de contrastes, léase esta oposición entre el sustrato lúdico de la infancia y la seriedad cercana al cinismo de los adultos, segundo una denuncia bien leve en materia de injusticias y clases sociales, algo sintetizado en pantalla vía el dejo más decididamente lumpen de la parentela de Billy y el meteórico ascenso del Josh treintañero desde un hotel neoyorquino de mala muerte -rodeado de inmigrantes y marginales del montón- a yuppie una vez que MacMillan deduce que su flamante empleado tiene un “don natural” para determinar la eficacia y/ o jugabilidad de cada nuevo producto, y tercero la faena romántica algo freak porque en la trama todo el tiempo sobrevuela el fantasma de la pedofilia, un recurso que abarca el sexo entre Susan y este purrete en cuerpo de grande e incluso un tercero en discordia, el maldito Paul Davenport (John Heard), ex pareja de la fémina y otro ejecutivo de la compañía del oligarca de los juguetes. Por supuesto que si la película que nos ocupa, buen ejemplo de la etapa inicial del compositor Howard Shore y el director de fotografía Sonnenfeld, hubiese sido filmada en el nuevo milenio todo derivaría en secuencias de acción histéricas, chistes de lo más obtusos y situaciones intercambiables calcadas de una sitcom, no obstante por suerte en los años 80 todavía quedaba un resto de madurez en el cine mainstream y por ello Quisiera ser Grande se toma su tiempo para el desarrollo de personajes y en especial para plantear su doble moraleja, eso de que en la vida hay un instante para todo, lo que implica que no deben forzarse los cambios, y el llamado urgente a jamás perder la creatividad de la infancia bajo el peso de la rutina adulta, la bella costumbre de “jugar con todo” de Josh…
Quisiera ser Grande (Big, Estados Unidos, 1988)
Dirección: Penny Marshall. Guión: Gary Ross y Anne Spielberg. Elenco: Tom Hanks, Elizabeth Perkins, Robert Loggia, John Heard, Jared Rushton, David Moscow, Jon Lovitz, Mercedes Ruehl, Josh Clark, Kimberlee M. Davis. Producción: James L. Brooks y Robert Greenhut. Duración: 130 minutos.