Kimi (2022), la nueva película del inefable Steven Soderbergh, uno de los pocos cineastas vanguardistas de las últimas décadas, es una propuesta satisfactoria aunque algo agridulce que por un lado arrastra algunos típicos problemas del séptimo arte contemporáneo a escala mundial, como por ejemplo personajes en mayor o menor medida odiosos o anodinos, una trama que ya ha sido utilizada en innumerables ocasiones, falta de desarrollo de los tópicos elegidos y pocas o nulas ideas novedosas verdaderas, y por el otro lado ofrece ingredientes más que loables que no suelen encontrarse en films del mainstream y el indie de hoy en día, pensemos en este sentido en una puesta en escena magnífica, un gran trabajo en música del genial Cliff Martínez, el desempeño majestuoso promedio del propio Soderbergh en rubros como la fotografía y la edición y un intento interesante por reflexionar -quizás de un modo algo esquemático- en torno a temáticas candentes actuales, en sintonía con los atropellos y la avaricia empresaria, la dependencia tecnológica social y la tendencia hacia la reclusión y un individualismo paranoico que juzga al prójimo o vecino como un enemigo en potencia, que muchas otras epopeyas pretenden abarcar aunque fallan de manera sistemática y bien patética, casi siempre sepultadas bajo el peso de sus ambiciones y de una incompetencia o falta de talento que reduce todo planteo discursivo a fórmulas quemadas y/ o redundantes.
Parte constituyente del ciclo de convites del director norteamericano que lidiaron de manera cómica o trágica con su claro fetiche conceptual, léase la criminalidad capitalista y las redes mafiosas de influencia, acoso y condicionamiento que pretenden garantizar su impunidad a lo largo del tiempo, grupo variopinto de films en el que por cierto entran Pasiones Latentes (Underneath, 1995), Un Romance Peligroso (Out of Sight, 1998), Vengar la Sangre (The Limey, 1999), Erin Brockovich (2000), Traffic (2000), La Gran Estafa (Ocean’s Eleven, 2001), sus secuelas de 2004 y 2007, Bubble (2005), Intriga en Berlín (The Good German, 2006), El Desinformante (The Informant!, 2009), Contagio (Contagion, 2011), La Traición (Haywire, 2011), Efectos Colaterales (Side Effects, 2013), La Estafa de los Logan (Logan Lucky, 2017), Perturbada (Unsane, 2018), The Laundromat (2019) y Ni un Paso en Falso (No Sudden Move, 2021), Kimi engrosa el catálogo on line de HBO Max, al igual que Let Them All Talk (2020) y la estupenda Ni un Paso en Falso, reemplazo práctico de Netflix, que controló el estreno de The Laundromat y High Flying Bird (2019), y se inspira en un guión del veterano y asimismo productor David Koepp que en esencia actualiza la premisa del testigo a la distancia y en peligro de La Ventana Indiscreta (Rear Window, 1954), joya de Alfred Hitchcock, a la virtualidad aséptica tristona de estos tiempos digitales que corren.
La protagonista es Angela Childs (buen desempeño de Zoë Kravitz en un papel difícil), una otrora víctima de violación bajo tratamiento psiquiátrico que sufre de agorafobia y diversos trastornos obsesivo-compulsivos que se vieron exacerbados primero por la pandemia de covid-19 y segundo por su trabajo hogareño como una operadora que corrige errores en la interfaz que le da el título al film, altavoz inteligente circular que controla teléfonos, luces, televisores, equipos de música, computadoras y grabaciones de voz. En una de las entradas se topa con una agresión hacia una mujer que consigue filtrar con un ecualizador analógico para luego descubrir, con la ayuda de un empleado de soporte técnico de Rumania, Darius Popescu (Alex Dobrenko), que la víctima se llama Samantha Gerrity (Erika Christensen) y fue violada por Bradley Hasling (Derek DelGaudio), el CEO de la compañía para la que Childs trabaja, Amygdala. Gerrity amenazó a Hasling, un sujeto que está casado con una asiática y tiene un hijo pequeño, con denunciar la violación y hacer público que Kimi es un fiasco tecnológico que puede ser hackeado con facilidad, todo en un momento en el que la empresa está a punto de comenzar a cotizar en bolsa, por ello Bradley optó por contratar a Antonio Rivas (Jaime Camil), líder de un grupo de tres sicarios, para matarla de inmediato sin saber que la mujer registró vía Kimi todas las amenazas del CEO y su propio homicidio.
La película de Soderbergh cuenta con pros y contras bien definidos: en el rubro negativo, se puede señalar que toda la primera mitad se hace un poco mucho densa debido al encierro en el departamento de una Childs bastante insoportable por lo burguesa egoísta adepta a la autocompasión y el desprecio hacia todos -machos y hembras- que pretenden ayudarla, ya sea su aparente novio del edificio de enfrente Terry Hughes (Byron Bowers), su progenitora (Robin Givens), su dentista (David Wain) o su psiquiatra (Emily Kuroda), y en lo que atañe a lo positivo, el film eleva mucho su intensidad una vez que ella deja atrás el encierro y sale al encuentro de una arpía de gerencia media, Natalie Chowdhury (Rita Wilson), que por supuesto se niega a pasarle las mentadas grabaciones al FBI e incluso pone de sobre aviso a Hasling, Rivas y los suyos, ensalada a su vez condimentada con un fisgón depalmeano que “salva las papas” a último minuto, Kevin (Devin Ratray), con la hilarante participación de Popescu, el clásico asistente payasesco de los thrillers informáticos, y hasta con un hacker ruso, Yuri (Beka Sikharulidze), que oficia de mercenario minucioso al servicio de la mafia alrededor de Amygdala y su Kimi, mixtura entre la basura microtecnológica de Google, Amazon y Apple, la basura de las redes sociales y la basura de los electrodomésticos con comandos a distancia. Denunciando la cultura empresaria de la hipocresía de los nuevos ejecutivos excrementicios de todo el planeta, capaces de matar a quien sea en pos de subir escalafones dentro de la pirámide de turno o sacar un billete de más en el cruel mercado, y burlándose de las paradojas de estas nuevas tecnologías que suprimen la vida privada y sólo sirven para la vigilancia entrecruzada, llegando al punto de volvérsele en contra al artífice máximo porque es su propia invención la que aporta las muchas pruebas de sus delitos, la realización arroja en última instancia saldo positivo gracias al repetido aunque eficaz chiste de la inutilidad esencial de Kimi, prendiéndose/ molestando continuamente cada vez que se lo nombra, un remate atractivo que se acerca a la brutalidad de ese suspenso de invasión de hogar, hoy por hoy sustentado en una simpática pistola de clavos, y el empleo de canciones varias como Oxytocin (2021), de Billie Eilish, Inertia Creeps (1998), de Massive Attack, Sabotage (1994), de Beastie Boys, y Connection (1995), obra maestra eterna de Elastica…
Kimi (Estados Unidos, 2022)
Dirección: Steven Soderbergh. Guión: David Koepp. Elenco: Zoë Kravitz, Devin Ratray, Jaime Camil, Derek DelGaudio, Byron Bowers, Robin Givens, Alex Dobrenko, David Wain, Rita Wilson, Emily Kuroda. Producción: David Koepp y Michael Polaire. Duración: 89 minutos.