Vivimos en una época en la que debemos convivir con la permanente paradoja de por un lado “disfrutar” de una oferta audiovisual muy vasta en lo que respecta a los catálogos virtuales a disposición del consumidor, tanto en materia de series como películas y en lo que atañe a la distribución mediante los numerosos servicios de streaming o ese viejo y querido estreno en salas comerciales tradicionales, y por el otro lado comprobar una y otra vez a escala cotidiana que la mediocridad está tan pero tan extendida que resulta en verdad muy difícil -y en algunas oportunidades directamente imposible- dar con una realización más o menos potable o que no sea un fiasco absoluto, rotundo. Ya ni siquiera nos ponemos exquisitos y buscamos algo que esté a la altura de aquellas epopeyas de antaño que mejor sobrevivieron al paso del tiempo porque lo que la mayoría del público pretende es pasar el rato con un producto que justifique la inversión de tiempo/ atención/ confianza y nos permita tachar no el casillero del “arte” sino del “entretenimiento” más común y corriente, panorama que trae a colación el hecho de que antes los norteamericanos constituían una verdadera usina de convites memorables y/ o eficaces -dentro de las pretensiones escuetas del mainstream de consumo masivo, vale aclarar- y hoy el asunto se ha transformado en un vendaval de bodrios de los que apenas si se puede rescatar un mínimo puñado año tras año.
Si pensamos en la costumbre de los servicios de streaming de comprar y financiar basura para lo que creen que son públicos cautivos y la tendencia obsesiva de las distribuidoras que aún subsisten de adquirir derechos de estreno de películas francamente lamentables o que se parecen a otras muchas de determinado rubro cual cadena de montaje que adopta el formato de la franquicia símil explotación fetichizada por los palurdos del marketing, uno puede concluir que El Sastre de la Mafia (The Outfit, 2022), demorado debut como director del hasta ahora sólo guionista Graham Moore, es una propuesta bastante decente que no le cambiará la vida a nadie pero consigue recuperar cierto aire de faena old school, a mitad de camino entre el suspenso de entorno cerrado y el film noir de mafiosos, que se agradece mucho en medio de las redundancias, torpeza y esa sequedad creativa general apuntada. Jugando con el viejo ardid del “personaje que parece inocente o débil y termina mostrando sus dientes”, la película se centra en Leonard Burling (Mark Rylance), un modisto inglés que tiene una tienda en la Chicago de 1956 y de empleada a Mable Shaun (Zoey Deutch), una joven que oficia de recepcionista y sale con el peligroso Richie Boyle (Dylan O’Brien), hijo del capo mafioso vernáculo, Roy Boyle (Simon Russell Beale), quien tiene un buzón de dinero sucio en el local del sastre porque siempre logra imponer su voluntad en el barrio.
Gran parte de la trama gira alrededor de la manipulación de Burling para con el resto de los personajes a partir de dos situaciones, primero la aparición de Richie y el principal sicario de los Boyle, Francis (Johnny Flynn), con el primero herido de bala a posteriori de una confrontación con un feroz clan rival, la parentela criminal negra encabezada por Violet LaFontaine (Nikki Amuka-Bird), y segundo este mismo conflicto de fondo en el que para colmo se suma una participación del FBI, quien parece haber plantado un micrófono a los Boyle para descubrir sus negocios turbios y atraparlos in fraganti, y la intervención de un sindicato mafioso llamado The Outfit, “el traje” o “la organización” en inglés, de allí el doble sentido del título, una entidad en las sombras que le regaló a Roy y compañía una grabación que pone en evidencia a un soplón que estuvo trabajando tanto para los federales como para la gente de LaFontaine. Moore no entrega novedades cinematográficas reales aunque sí redondea una odisea atrapante que nunca abandona el contexto de la sastrería de Leonard, en cierta medida confirmando el talento que supo demostrar en ocasión de su otro trabajo para el séptimo arte hasta este momento, hablamos de la genial El Código Enigma (The Imitation Game, 2014), glorioso film del noruego Morten Tyldum sobre el legendario matemático Alan Turing (Benedict Cumberbatch) y esas máquinas Enigma del nazismo.
A pesar de que la película arranca prometiendo fraudes sistemáticos e inteligencia suprema en la tradición del David Mamet de Prisionero del Peligro (The Spanish Prisoner, 1997) y su Trilogía del Engaño, léase Casa de Juegos (House of Games, 1987), Las Cosas Cambian (Things Change, 1988) y Homicidio (Homicide, 1991), en realidad El Sastre de la Mafia no alcanza jamás ese nivel de calidad y astucia aunque ofrece una magnífica actuación por parte del inoxidable Rylance, actor británico maravilloso muchas veces condenado a roles secundarios y aquí obteniendo una anhelada reivindicación como protagonista, y hasta una suerte de referencia inesperada a La Soga (Rope, 1948), gran joya de Alfred Hitchcock, de la mano del detalle del asesinato de Richie a manos de Francis después de que Burling se los apalabrase a ambos con su cara de bueno y tonito amable al conversar, sus principales herramientas a la hora de llevar a todos a su lugar de preferencia como títeres egocéntricos que no ven la amenaza camuflada, algo representado -precisamente- mediante el cadáver del hijo del mandamás escondido en un baúl mientras el propio Roy se desespera por el paradero de su vástago. Con sorpresas varias que por supuesto siempre tienen que ver con los secretos de cada personaje, la película de Moore funciona como un buen ejercicio en el juego de las mentiras y las venganzas eternas dentro de un capitalismo ultra antropófago…
El Sastre de la Mafia (The Outfit, Estados Unidos, 2022)
Dirección: Graham Moore. Guión: Graham Moore y Johnathan McClain. Elenco: Mark Rylance, Zoey Deutch, Dylan O’Brien, Johnny Flynn, Chiedu Agborh, Nikki Amuka-Bird, Simon Russell Beale, Michal Forejtek, Alan Mehdizadeh. Producción: Scoop Wasserstein, Amy Jackson y Ben Browning. Duración: 105 minutos.