Walter Salles, ingrediente central del Cine del Resurgimiento de la década del 90 junto con Fábio Barreto y Fernando Meirelles gracias a las políticas de fomento estatal de Fernando Henrique Cardoso posteriores al impasse durante los gobiernos de Itamar Franco y el ultra corrupto Fernando Collor de Mello, es una figura muy paradójica porque siendo uno de los propietarios de Itaú, nada menos que el banco más grande de Brasil y Latinoamérica, y literalmente el tercer director más rico del planeta después de Steven Spielberg y George Lucas, un dúo que sí amasó su fortuna dentro de la industria cultural, se hizo conocido en su faceta de cineasta gracias a una trilogía tácita que aglutina sus obsesiones de siempre como una fotografía preciosista, esos planteos melodramáticos y cierto marco neorrealista vinculado al retrato de la marginalidad y de la construcción de la identidad, hablamos de Tierra Extranjera (Terra Estrangeira, 1995), Estación Central (Central do Brasil, 1998) y Detrás del Sol (Abril Despedaçado, 2001), epopeyas sobre el exilio, la exclusión social urbana y la cultura de la violencia campesina fratricida, respectivamente, encaradas luego de una ópera prima descartable cercana al thriller con el actor estadounidense Peter Coyote como protagonista, El Gran Arte (A Grande Arte, 1991), sin olvidarnos de El Primer Día (O Primeiro Dia, 1998), trabajo ameno ubicado entre el mediometraje y el largometraje y concebido para el proyecto 2000 visto por… (2000 vu par…), de las productoras francesas Caroline Benjo y Carole Scotta, acerca del pronto arribo del nuevo milenio y la hilarante paranoia al respecto, dos faenas que a su vez subrayaron otro de los rasgos fundamentales de Salles, la internacionalización de su acervo artístico o más bien el vuelco sin sutileza a la exportación de miserias, dilemas, paradojas y clichés “turísticos” de Brasil, prácticamente los mismos del resto de América Latina en consonancia con el subdesarrollo y el desfalco.
A partir de este punto la trayectoria del señor derivaría en una mixtura de meseta y espiral cualitativa descendente porque sus cuatro trabajos posteriores exudaron ambición pero al mismo tiempo dejaron mucho que desear, nos referimos a Diarios de Motocicleta (2004), retrato un tanto rutinario de la etapa formativa de Ernesto Guevara que terminaría siendo superado ampliamente por Che (2008), la joya de Steven Soderbergh, Agua Turbia (Dark Water, 2005), remake yanqui lamentable del neoclásico del J-Horror de 2002 de Hideo Nakata, Línea de Pase (Linha de Passe, 2008), intentona futbolera y apenas correcta de revertir la demonización de las favelas insólitamente encarada por una obra producida por Salles, Ciudad de Dios (Cidade de Deus, 2002), opus archiconocido de Meirelles y Kátia Lund, y En el Camino (On the Road, 2012), aburrida adaptación de la novela beatnik de 1957 de Jack Kerouac, lote al que se suman intervenciones en películas ómnibus, como París, te amo (Paris, je t’aime, 2006) y Cada Quien su Cine (Chacun son Cinéma: Une Déclaration d’Amour au Grand Écran, 2007), y la asistencia frecuente de Daniela Thomas, codirectora en Tierra Extranjera, El Primer Día, París, te amo y Línea de Pase. Llamaba la atención la ausencia en el derrotero profesional de Salles de films sobre la atroz Dictadura Militar en Brasil (1964-1985), en especial luego de haber analizado holgadamente el otro estereotipo latinoamericano, la pobreza de naciones saqueadas por la mafia neoliberal del Primer Mundo y sus socios locales, y en este sentido Aún Estoy Aquí (Ainda Estou Aqui, 2024) viene a corregir el asuntillo de la mano de un estudio de la desaparición forzada de Rubens Paiva (1929-1971), ex diputado federal por el Partido Laborista Brasileño que fue secuestrado, torturado y asesinado por la lacra castrense, la cual arrojó su cadáver al mar dos años después según lo recabado por la Comisión Nacional de la Verdad (2011-2014).
El guión de Murilo Hauser y Heitor Lorega, aquellos dos colaboradores de Karim Aïnouz en La Vida Invisible de Eurídice Gusmão (A Vida Invisível, 2019) y Marinero de Montañas (Marinheiro das Montanhas, 2021), está inspirado en las memorias homónimas de 2015 del único hijo varón de Rubens, Marcelo Rubens Paiva, conocido por otro libro autobiográfico, Feliz Año Viejo (Feliz Ano Velho, 1983), que sería adaptado al cine en 1987 por Roberto Gervitz y exploraba los detalles previos y posteriores al accidente que lo dejó tetrapléjico, cuando se fracturó la columna vertebral al saltar en 1979 a un lago poco profundo. El relato sigue de cerca los sucesos y nos sitúa en 1970, cuando Rubens Paiva (Selton Mello) vive tranquilo en una casa justo frente a las playas de Río de Janeiro con su esposa, Eunice Paiva (Fernanda Torres), y sus cinco hijos, efectivamente cuatro ninfas y Marcelo (Guilherme Silveira). El hombre fue destituido de su cargo de diputado por el Golpe de Estado de 1964 contra el presidente João Goulart y tuvo que exiliarse en Yugoslavia y Francia aunque con el tiempo optó por regresar a su país y por mudarse desde São Paulo a Río con su parentela para volver a vivir de su profesión, la ingeniería civil, lo que sazonó con una resistencia clandestina a la dictadura que abarcó la ayuda económica a exiliados, el alojamiento de militantes de izquierda perseguidos y el transporte de cartas dentro del círculo antifascista. Luego de su secuestro en su hogar una de sus hijas, Eliana (Luiza Kosovski), y su esposa también son llevadas a un campo de concentración del servicio de inteligencia y represión de la dictadura, el Departamento de Operaciones de Información del Centro de Operaciones de Defensa Nacional, donde son interrogadas durante una y doce jornadas, respectivamente, y después liberadas. Eunice vende un terreno familiar donde pensaban construir una casa, alquila la propiedad de Río y sin demora se traslada con los suyos de regreso a São Paulo.
La propuesta, como casi todas las películas de Salles con la honrosa excepción de su obra maestra, Estación Central, no es perfecta ni muchos menos porque primero no se mueve del tono melodramático simplón de siempre del realizador, en detrimento de lo que podría haber sido una faena testimonial más políticamente agresiva, segundo poco y nada dice en relación a los motivos del arresto en sí de Paiva, quien fue confundido por los imbéciles de la dictadura con un contacto de Carlos Lamarca, uno de los comandantes de la Vanguardia Popular Revolucionaria y artífice del recordado secuestro en 1970 del embajador suizo Giovanni Enrico Bucher, y tercero incluye dos epílogos innecesarios que arruinan en parte la “carga emocional” acumulada hasta el retorno del clan a São Paulo, uno ambientado en 1996, destinado a remarcar que Eunice se recibió de abogada a los 47 años y se transformó en militante de los derechos humanos y en defensora de los pueblos indígenas de Brasil, quienes durante la dictadura sufrieron un genocidio en favor de los terratenientes, y el otro en 2014, ya con ella padeciendo Alzheimer en la etapa histórica inmediatamente anterior a la publicación de las memorias de su vástago. Si bien el mensaje de fondo honestamente es mucho mejor que la película en general, hablamos de la denuncia de la vergonzosa falta de procesos públicos/ institucionales que castiguen a los militares y todos sus cómplices de la sociedad civil siguiendo el ejemplo de los Juicios de Núremberg (1945-1946) o el Juicio a las Juntas en Argentina (1985), Aún Estoy Aquí funciona como un regreso digno de parte de Salles, doce años después del fiasco de En el Camino y lejos de su fetiche para con las road movies, que además arrastra el mérito extracinematográfico de haber superado un patético intento de boicot de la extrema derecha brasileña y sobre todo el bolsonarismo, payasos de mierda cortados con la misma tijera del mileismo y el trumpismo, al punto de convertirse en la película autóctona más exitosa desde la pandemia del coronavirus. Queda claro que el cine brasileño contemporáneo en verdad valioso pasa por otro lado, pensemos para el caso en Aïnouz, Kleber Mendonça Filho y Anna Muylaert, sin duda artistas más representativos del país -en la tradición de Héctor Babenco y Bruno Barreto, salvando las distancias- que la estirpe un tanto mucho extranjerizante/ globalizada/ hollywoodense naif de Meirelles y el mismo Salles, sin embargo el film logra superar la poco verosímil ingenuidad de la esposa reconvertida en matriarca, desconociendo por completo las actividades de su marido, y la impronta trasnochada del planteo retórico, más cerca de La Historia Oficial (1985), de Luis Puenzo, y Made in Argentina (1987), obra de Juan José Jusid, que de la madurez de Garage Olimpo (1999), de Marco Bechis, y Crónica de una Fuga (2006), de Israel Adrián Caetano, gracias a la interesante subtrama de una de las hijas marchándose por un tiempo a Londres, Vera (Valentina Herszage), y gracias al genial desempeño del elenco, desde el carismático Mello hasta Torres y su progenitora, Fernanda Montenegro, estupenda actriz que compone a la versión senil de Eunice y supo estelarizar Estación Central como su hija hizo lo propio en Tierra Extranjera y El Primer Día. Más una parábola sobre la amputación familiar que un thriller político en sintonía con Gillo Pontecorvo, Costa-Gavras o los primeros John Frankenheimer, Sidney Lumet y Alan J. Pakula, la película pone de manifiesto la angustia que deviene de un eterno duelo por negarle información a los allegados del mártir burgués y obstaculizar un cierre espiritual con sanciones contra los esbirros del régimen psicopático y neoliberal que pretendió eliminar toda competencia ideológica bajo el amparo del Plan Cóndor, aquella campaña de Terrorismo de Estado financiada por Estados Unidos a través de la CIA que abarcó los regímenes dictatoriales de Brasil, Argentina, Chile, Paraguay, Bolivia y Uruguay, suerte de dispositivo regional coordinado para el rapto, la tortura y el homicidio de militantes estudiantiles, sindicales, obreros, sociales y culturales en general que osasen levantar la voz contra este sacrosanto capitalismo del hambre y la represión…
Aún Estoy Aquí (Ainda Estou Aqui, Brasil/ Francia, 2024)
Dirección: Walter Salles. Guión: Murilo Hauser y Heitor Lorega. Elenco: Fernanda Torres, Selton Mello, Valentina Herszage, Fernanda Montenegro, Luiza Kosovski, Cora Mora, Guilherme Silveira, Bárbara Luz, Humberto Carrão, Charles Fricks. Producción: Rodrigo Teixeira, Martine de Clermont-Tonnerre y Maria Carlota Bruno. Duración: 137 minutos.