Americana

La apropiación cultural por edades

Por Emiliano Fernández

La apropiación cultural en el mainstream y el indie casi siempre trae consigo conceptos adicionales como capitalismo, racismo y colonialismo/ neocolonialismo -aquel salto de la faceta militar a la dominación económica- ya sea que hablemos de lo explícito fascistoide, léase englobado en el pillaje más literal de lo ajeno, o de lo implícito de seudo izquierda, en este caso lo woke o las movidas de marketing de la industria cultural vinculadas a tratar a las minorías como “mascotas” que conviene incorporar en el redil simbólico del producto de turno. Con el avance progresivo en el Siglo XXI de la nueva derecha, gremio payasesco que así como escaló hacia lo alto del poder ya empieza a mostrar signos de agotamiento, el tema derivó en la autoparodia y un buen ejemplo de ello es el cine chatarra de superhéroes, el cual pasó de estar obsesionado con el hecho de incluir detalles y actores propios de cada continente a esforzarse incansablemente por seguir haciéndolo pero ahora de manera menos forzada o mucho más natural, para que no los acusen en simultáneo desde la izquierda y la derecha de banalizar culturas, etnias, religiones, ideologías, fetiches o derroteros históricos del marco de lo foráneo, siempre con esa mentalidad típica de Hollywood homologada al turista irresponsable que se divierte con juguetes que no son propios y luego se consagra al siguiente capricho, por supuesto en el camino rompiendo algo -o todo- de esa colección de “recursos” que se tomaron prestados. Americana (2023), debut en el largometraje de Tony Tost que llega con dos años de retraso por la concentración oligopólica en distribución, se propone precisamente analizar el tópico desde una sinceridad indie que resulta loable por más que los resultados no sean los mejores a raíz de cierta medianía artística indisimulable.

 

El film que nos ocupa por un lado bebe a la par de la visceralidad de Sergio Leone, Budd Boetticher y Sam Peckinpah y de la autoconciencia socarrona de Quentin Tarantino, Paul Thomas Anderson y los hermanos Joel y Ethan Coen, perspectiva paradigmática de nuestro tiempo que no se decide entre la nostalgia y la sátira, y por el otro lado, de hecho, oficia de reflexión digna pero poco imaginativa sobre la apropiación cultural en la niñez, a través de la imitación más ingenua, y en la adultez, mediante el robo o la simple mercantilización y ese despliegue asociado de violencia. Nuestro relato coral y no cronológico complica una trama en realidad sencilla y con un catalizador interesante que nunca es aprovechado del todo, en términos concretos una de aquellas camisas utilizadas en la Danza de los Espíritus, una ceremonia de los indígenas lakota que se popularizó a fines del Siglo XIX gracias al chamán y mandamás espiritual Jack Wilson alias Wovoka, cuyas enseñanzas milenaristas/ mesiánicas serían malinterpretadas y llevarían -entre otras causas, como la costumbre de los caucásicos del saqueo demencial- a la Masacre de Wounded Knee de 1890. La camisa en cuestión, “ghost shirt” para los estadounidenses, la quiere un anticuario para venderla por medio millón de dólares, Roy Lee Dean (Simon Rex), y para ello contrata a dos tarados, Dillon MacIntosh (Eric Dane) y Fun Dave (Joe Adler), con el objetivo de que se la roben a Pendleton Duvall (Toby Huss), ricachón que termina asesinado en el proceso junto a todos los asistentes a una reunión. Dillon pronto ejecuta con un destornillador a Fun Dave, porque lo encuentra llorando, y cuando se quiere escapar con la prenda es golpeado con un martillo por su novia, Mandy Starr (la diva pop Ashley Nicolette Frangipane, célebre como Halsey).

 

Los verdaderos protagonistas son el vástago de Mandy, Cal (Gavin Maddox Bergman), un niño obsesionado con los westerns que se niega a escapar con su progenitora y se cree la reencarnación de Toro Sentado, mártir de la resistencia lakota/ siux contra el ejército de los Estados Unidos, y una pareja formada por Penny Jo Poplin (Sydney Sweeney), camarera tartamuda, y Lefty Ledbetter (Paul Walter Hauser), un sujeto que se la pasa pidiéndole casamiento a mujeres que apenas conoce y administra un negocio basado en montar ponis, por ello el mocoso le comunica al líder marxista de unos aborígenes deseosos de recuperar la prenda para su pueblo, Ghost Eye (Zahn McClarnon), que su madre se fugó en dirección a la casa del padre de la mujer, Hiram (Christopher Kriesa), jerarca de una especie de culto donde las hembras son esclavizadas y prostituidas por los machos, esposas e hijas incluidas. Tost, en esencia un poeta y académico que saltó al ecosistema audiovisual de la mano de tres series que fueron abonando el terreno para su ópera prima, Longmire (2012-2017), Condenación (Damnation, 2017-2018) y El Terror (The Terror, 2018-2025), hace pie en el neo western con pinceladas de comedia negra, drama de aprendizaje, farsa social y un film noir en su vertiente de caper movie, en este sentido el cineasta cocina a fuego lento el duelo del final entre todos los personajes en pos de liberarse del yugo, panorama que aplica a las mujeres del rancho de Hiram, y/ o hacerse de la valiosa camisa o directamente del dinero de Dean, con la pareja siguiendo de cerca a Mandy, los nativos secuestrando a Cal y el propio anticuario concurriendo para abonar y ya llevarse este producto manchado con sangre, sólo quedando afuera el abusivo MacIntosh porque el purrete le regala una flecha en la yugular.

 

Desde ya que el motivo textil no es nuevo y recientemente pudo verse en Vestido Maldito (In Fabric, 2018), del británico Peter Strickland, y La Chaqueta de Piel de Ciervo (Le Daim, 2019), del francés Quentin Dupieux alias Mr. Oizo, amén de Pieles (Pelts, 2006), episodio a cargo de Dario Argento perteneciente a la segunda temporada de Maestros del Horror (Masters of Horror, 2005-2007), serie de Showtime creada por Mick Garris, y en general puede aseverarse que el estreno de Americana en el período posterior a la llegada de Eddington (2025) no le hizo ningún favor al convite de Tost, opus de Ari Aster con el que comparte latiguillos como la soledad, el canibalismo, el delirio, el poder y la ambición en los pueblitos bucólicos, incluso atesorando un grupo de extrema izquierda símil Antifa aunque en esta oportunidad integrado por aborígenes socialistas que anhelan recuperar lo sustraído, parte de su herencia cultural. La película no aburre pero resulta un poco anodina o redundante debido a personajes caricaturescos, desarrollo y conexiones narrativas algo fofas, actuaciones sinceramente muy desparejas y la poco feliz decisión de reventar en el desenlace a uno de los dos personajes más interesantes del lote, Ledbetter, sólo para dejar traumada a una Poplin que estaba enamorada del gordito y sueña con el estrellato en el mercado de la música country y su meca, Nashville, más allá de lo meritorio de la criatura de McClarnon, un Ghost Eye que acumula buenos diálogos y ofrece la “voz de la razón” en medio de la catarata de acciones desafortunadas del resto. Entre cierta idea trasnochada de feminismo en una sociedad patriarcal, en pantalla la microscópica de Hiram, una ensalada de citas obvias, como westerns televisivos, Jerry Lewis y aquella Ghost Dog: El Camino del Samurai (Ghost Dog: The Way of the Samurai, 1999), de Jim Jarmusch, y un simpático soundtrack con rock, country y hip hop, además de esa remera de Blondie que Mandy lleva con orgullo durante buena parte del metraje, la propuesta ofrece un excelente desempeño de Hauser, McClarnon y Sweeney, esta última todavía sobrellevando la hilarante polémica por su publicidad de jeans marca American Eagle, y ataca al western clásico echando mano de todas las variantes posteriores, desde el spaghetti y el acid western hasta el weird west y el crepuscular (para colmo la carnicería del último acto por parte de las mujeres incluye un otrora sacrosanto sheriff en la piel de Donald Cerrone, “cliente” de una esclava sexual del montón). Si bien no se profundiza en nada o mejor dicho, todo queda en lo esquemático porque estamos frente a una odisea poco original que pareciera no saber qué hacer con su discurso, Americana por lo menos cuestiona la validez de los mitos del Lejano Oeste, sobre todo la dinámica más tradicional/ reaccionaria de los cowboys y los indios, en un nuevo milenio marcado por el cinismo, la avaricia y la nula paciencia o respeto ante el prójimo…

 

Americana (Estados Unidos/ Canadá, 2023)

Dirección y Guión: Tony Tost. Elenco: Sydney Sweeney, Paul Walter Hauser, Zahn McClarnon, Simon Rex, Gavin Maddox Bergman, Eric Dane, Ashley Nicolette Frangipane, Toby Huss, Joe Adler, Christopher Kriesa. Producción: Alex Saks. Duración: 107 minutos.

Puntaje: 6