Faye

La belleza se homologa al talento

Por Emiliano Fernández

Siempre arrastrando una fama de perfeccionista a nivel maniático que se equiparaba a sus arrebatos egocéntricos, sádicos o simplemente desconcertantes, la inefable Faye Dunaway fue quizás la mejor actriz que surgió de aquella gloriosa generación del Nuevo Hollywood de fines de la década del 60 y comienzos de los años 70, título por el que pelea cabeza a cabeza con el otro gran estereotipo de la época aunque un tanto posterior, Meryl Streep, quien debutó en Julia (1977), de Fred Zinnemann, mientras que Dunaway lo hizo en The Happening (1967), una comedia criminal hoy olvidada de Elliot Silverstein. A diferencia de otras actrices que tuvieron su etapa de mayor exposición en aquellos años, en sintonía con las también norteamericanas Jane Fonda, Ellen Burstyn, Sissy Spacek y Diane Keaton o las británicas Vanessa Redgrave y Charlotte Rampling, Faye protagonizó tres películas en verdad fundamentales del período cuya influencia se siente muy fuerte hasta nuestros días, hablamos por supuesto de Bonnie and Clyde (1967), joya de Arthur Penn que sintonizó a la perfección con el ascenso mundial de la juventud y las posibilidades en cuanto a sexo y violencia que llegaron con el desmantelamiento del Código Hays, el esquema de censura intra sistema de estudios, Chinatown (1974), enorme obra maestra de Roman Polanski que se acopló al nihilismo de los 70 y la corrupción moral y política con motivo del Escándalo Watergate y la renuncia en 1974 de Richard Nixon, y Network (1976), propuesta magistral de Sidney Lumet que se anticipó a la televisión basura de las postrimerías del Siglo XX y de toda la centuria siguiente, siempre vinculada al impacto, la mentira, la imbecilidad y la manipulación amarillista de los televidentes más tarados o propensos a la lobotomización.

 

Más allá de los clichés aludidos, casi siempre al hablar de la carrera de la actriz se pasan por alto primero otras odiseas muy buenas en línea con The Thomas Crown Affair (1968), de Norman Jewison, Little Big Man (1970), también de Penn, Three Days of the Condor (1975), de Sydney Pollack, Eyes of Laura Mars (1978), de Irvin Kershner, The Champ (1979), de Franco Zeffirelli, Mommie Dearest (1981), clásico camp e hiper divisivo del tremendo Frank Perry, Barfly (1987), de Barbet Schroeder, y Arizona Dream (1993), de Emir Kusturica, y segundo cosillas dignas del montón como por ejemplo The Arrangement (1969), de uno de sus mentores, Elia Kazan, Doc (1971), otra de Perry, Oklahoma Crude (1973), de Stanley Kramer, The Three Musketeers (1973) y su secuela inmediata The Four Musketeers (1974), ambas dirigidas por Richard Lester, The Towering Inferno (1974), de John Guillermin, The Handmaid’s Tale (1990), de Volker Schlöndorff, Don Juan DeMarco (1994), de Jeremy Leven, Gia (1998), convite televisivo de Michael Cristofer, The Yards (2000), del eficaz James Gray, y The Rules of Attraction (2002), de Roger Avary. Dunaway siempre fue bastante reservada en cuanto a su vida privada, por lo menos para el nivel del exhibicionismo gratuito permanente de Hollywood, y realmente faltaba un documental que le hiciese justicia a semejante trayectoria, por ello Faye (2024), de Laurent Bouzereau, se agradece de sobremanera ya que no sólo funciona como un repaso del periplo profesional de nuestra intérprete, un caso muy raro en el que la belleza se homologa al talento, sino que además oficia de “excusa” para ventilar/ confirmar, a sus 83 años de edad, muchas de las leyendas alrededor de su figura y ese comportamiento bastante errático durante los rodajes.

 

El trabajo de Bouzereau para HBO y Max, todo un especialista en documentales del rubro “behind the scenes” y un señor que viene de entregar Natalie Wood: What Remains Behind (2020), sobre la mítica actriz de Splendor in the Grass (1961), de Kazan, y Five Came Back (2017), miniserie acerca del corpus propagandístico en el contexto de la Segunda Guerra Mundial de los cineastas John Huston, George Stevens, William Wyler, Frank Capra y John Ford, analiza desde una inusitada sinceridad tópicos hasta ahora muy poco simpáticos para -o directamente autovedados por- Dunaway como su trastorno bipolar, padecimiento que empezó a asomar su cabeza precisamente cuando iniciaba su carrera cinematográfica allá en los 60 luego de desempeñarse en el teatro y de formarse con Kazan y su gran amigo William Alfred, y el alcoholismo, enfermedad que en gran medida heredó de su padre, John MacDowell Dunaway Jr., un militar que debía mudarse cada dos años junto con su familia siguiendo la agenda del imperialismo estadounidense de la Guerra Fría, amén de temáticas adicionales vinculadas tanto a su tendencia a privilegiar la soledad y el trabajo actoral por sobre las relaciones románticas como a la caída de algunos proyectos en la madurez, sobre todo Tea at Five, puesta teatral de Matthew Lombardo del 2002 sobre Katharine Hepburn de la que fue expulsada en 2019 por peleas varias infaltables, y Master Class, adaptación cinematográfica de la obra de teatro homónima de 1995 de Terrence McNally alrededor de Maria Callas que Dunaway protagonizó y dirigió en 2009, proyecto que se rodó a medias, tuvo en su elenco a gente de la envergadura de Al Pacino, Val Kilmer y Alan Cumming y eventualmente se terminó licuando debido a unos problemas presupuestarios insalvables.

 

Quizás el ingrediente más sugestivo del documental -y efectivamente el que explicaría el insólito grado de colaboración de Faye y de honestidad brutal del film en su conjunto- es la intervención del hijo adoptivo de la actriz, el amigo del director Liam Dunaway O’Neill, su único punto vulnerable porque al hablar del hoy señor se desarma su coraza de hierro de vieja cepa y afloran las lágrimas, no obstante el asunto asimismo incluye de manera muy hilarante otra de las “marcas registradas” de la mujer ya que en el pasado le dijo una y otra vez a la prensa que el mocoso era suyo hasta que fue desmentida por su esposo de los años 80 y padre adoptivo de turno, el fotógrafo Terry O’Neill, autor de la estupenda imagen de 1977 de ella con la piscina de fondo de The Beverly Hills Hotel después de ganar el Oscar a Mejor Actriz por Network, a lo que se suma el hecho de que jamás le comunicó al propio Liam quiénes eran sus progenitores biológicos. A pesar de que se exagera un poco el culto posmoderno a Mommie Dearest, retrato freak de Perry en torno a Joan Crawford, y no hay referencia alguna a aquella graciosa confusión con Warren Beatty en la entrega del Oscar a Mejor Película del 2017, cuando se anunció como ganadora a La La Land (2016) en vez de Moonlight (2016), episodio bizarro que calzaba perfecto con el tono descontracturado del documental, se agradecen los testimonios de su amiga personal Sharon Stone, colegas en línea con Mickey Rourke, Barry Primus, Mara Hobel y Rutanya Alda, aquel asistente de dirección de Chinatown, Hawk Koch, y los realizadores James Gray y Jerry Schatzberg, este último asimismo una ex pareja. Faye, en sus sensatos 90 minutos, incluso se permite explorar algunos de los films fallidos pero interesantes en los que supo intervenir, grupito que va más allá de la duración estándar de un documental de televisión e incluye a Hurry Sundown (1967), de Otto Preminger, Puzzle of a Downfall Child (1970), de Schatzberg, The Deadly Trap (La Maison sous les Arbres, 1971), de René Clément, A Place for Lovers (Amanti, 1968), opus de Vittorio De Sica que desencadenó su célebre affaire de dos años con Marcello Mastroianni, Voyage of the Damned (1976), de Stuart Rosenberg, The First Deadly Sin (1980), de Brian G. Hutton, Crystal or Ash, Fire or Wind, as Long as It’s Love (In una Notte di Chiaro di Luna, 1989), de la genial directora italiana de ascendencia suiza Lina Wertmüller, y The Temp (1993), obra de Tom Holland, sin olvidarnos de propuestas desconcertantes con algún aporte de Dunaway, especialmente The Extraordinary Seaman (1969), de John Frankenheimer, The Wicked Lady (1983), de Michael Winner, Supergirl (1984), de Jeannot Szwarc, y The Bye Bye Man (2017), faena de terror de Stacy Title que ejemplifica las paupérrimas opciones para mujeres maduras en este Hollywood edadista…

 

Faye (Estados Unidos, 2024)

Dirección y Guión: Laurent Bouzereau. Elenco: Faye Dunaway, Sharon Stone, Mickey Rourke, Barry Primus, Mara Hobel, Rutanya Alda, Hawk Koch, James Gray, Jerry Schatzberg, Tova Laiter. Producción: Laurent Bouzereau, Justin Falvey, Darryl Frank y Markus Keith. Duración: 90 minutos.

Puntaje: 8