Hombre Lobo (Wolf Man)

La bestia tiende a olvidar

Por Emiliano Fernández

Hombre Lobo (Wolf Man, 2025) no llega al nivel de calidad de los dos trabajos previos del director y guionista Leigh Whannell, las excelentes Upgrade: Máquina Asesina (Upgrade, 2018) y El Hombre Invisible (The Invisible Man, 2020), respetivamente reformulaciones muy imaginativas de RoboCop (1987), de Paul Verhoeven, y Durmiendo con el Enemigo (Sleeping with the Enemy, 1991), de Joseph Ruben, sin embargo se abre camino como una propuesta digna que compensa su previsibilidad o falta de originalidad -al fin y al cabo el formato dentro de poco cumplirá un siglo de repeticiones desde las iniciáticas El Lobo Humano (Werewolf of London, 1935), de Stuart Walker, y El Hombre Lobo (The Wolf Man, 1941), de George Waggner- con un suspenso majestuoso, una estructura cercana al asedio semi carpenteriano y un corazón narrativo enorme que fetichiza la degradación y el ataque a los seres queridos de El Resplandor (The Shining, 1980), de Stanley Kubrick, y sobre todo La Mosca (The Fly, 1986), joya de David Cronenberg. Dicho de otro modo, la película se nos presenta como más cercana al body horror existencialista de La Mosca, todo un clásico de los demonios internos que van fluyendo hacia el exterior, que a la iconografía promedio de la licantropía en términos cinematográficos, al extremo de que al realizador le importan un comino los hombres lobos -el diseño de las criaturas y las transformaciones son bastante mediocres- porque prefiere explorar la demencia y los límites de la lealtad en el ámbito mundano de la familia, una coyuntura casi siempre banalizada por Hollywood.

 

Esta sencillez inteligente de los guiones de Whannell, un detalle que ya podía verse en su colección de colaboraciones con James Wan en calidad de libretista de la primera etapa de su carrera, léase El Juego del Miedo (Saw, 2004), Silencio de Muerte (Dead Silence, 2007), La Noche del Demonio (Insidious, 2010) y diversas secuelas entre las que encontramos su ópera prima como realizador, La Noche del Demonio: Capítulo 3 (Insidious: Chapter 3, 2015), opus rutinario o más bien olvidable que sirvió para ganar experiencia profesional, suele complementarse con una ejecución hiper meticulosa y sensible de la historia como si el señor estuviese constantemente preocupado por balancear el desarrollo de personajes y la tensión de impronta hitchcockiana, por ello mismo el film en primera instancia ofrece una lectura adulta de la paradigmática metamorfosis del hombre en una bestia, conversión aquí semejante a una enfermedad terminal y muy lejos de la idiotez para subnormales del cine de superhéroes modelo “salvar al mundo” y otras pavadas, y en segundo lugar vincula a los licántropos tanto con el canibalismo, metáfora de lo que el ser humano suele hacer con sus semejantes, como con la confusión de fondo, en pantalla no tanto la estándar, “persona o animal”, sino la más terrenal de “garante de protección o agente destructivo”, dicotomía que calza perfecto con las pretensiones discursivas de Hombre Lobo en materia del análisis de la dinámica comunicacional en el nuevo milenio y sus frustraciones de toda índole, así estos licántropos símil trolls del ecosistema digital no pueden hablar ni entender al prójimo.

 

El guión fue escrito por Whannell en colaboración con su esposa estadounidense, Corbett Tuck, una actriz especializada en papeles secundarios como el mismo realizador, quien muchas veces se reserva algún rol estrafalario: el eje del relato es una familia encabezada por Blake Lovell (Christopher Abbott), ese escritor y padre amoroso de Ginger (Matilda Firth), hija pequeña que tuvo con Charlotte (Julia Garner), periodista y madre negligente por su sustrato workaholic que reconoce su problema y acepta trasladarse por un tiempito desde San Francisco, en California, hacia una zona boscosa del Estado de Oregón donde tiene su hogar el padre de Blake, Grady (Sam Jaeger), un survivalista/ preparacionista que desapareció treinta años atrás luego de una excursión de cacería contra un representante de la fauna peluda del título, esa fantástica que camina en dos patas y no en cuatro como sus parientes de la naturaleza. Al llegar a Oregón se topan con Derek (Benedict Hardie), un loquito local que se ofrece a llevarlos hacia el rancho de Grady, por fin declarado muerto por el aparato institucional y los abogados testamentarios de turno, no obstante terminan con el vehículo familiar volcado en medio de una noche de Luna Llena cuando se les aparece de repente un licántropo en el camino, el cual por supuesto asesina y degusta a Derek e hiere a Blake, quien logra huir con su hija y su esposa hacia la casona en el medio de la nada del patriarca, donde comienza una dolorosa transformación por contagio y ya no puede comunicarse, interesante trabajo de por medio desde el punto de vista del infectado.

 

Más cerca del terror elevado del nuevo milenio y el melodrama de destrucción de parentela que de la chatarra que últimamente ha estrenado la productora en cuestión, esa Blumhouse Productions de Jason Blum, y por cierto interconectando con maestría las amenazas interna y externa, en sintonía con el horror de los 70 y 80 en lo que a claustrofobia heterogénea se refiere, Whannell en esta ocasión opta por combinar sus obsesiones temáticas de siempre y los motivos infaltables de toda fábula acerca de estos cazadores adeptos a la Luna Llena, pensemos en la mortalidad, el dolor por la pérdida, la familia, la vulnerabilidad burguesa, el cariño, la paternidad paranoica, la locura, la decadencia del cuerpo, las compulsiones y esa animalidad que se esconde agazapada en los seres humanos y puede explotar en cualquier momento, sea bajo presión o no. Como decíamos con anterioridad, la realización exuda paciencia narrativa, buen manejo del nerviosismo, un excelente desarrollo de personajes que nunca subestima al espectador y unas actuaciones perfectas por parte del microscópico elenco, con un Abbott que es todo un experto en criaturas siempre emotivas y una Garner que expande aquel rango actoral de Ozark (2017-2022), la serie de Bill Dubuque y Mark Williams, y La Asistente (The Assistant, 2019), film de Kitty Green. El cineasta australiano no sólo invierte el feminismo de El Hombre Invisible, ahora con una señorita poco querible, sino que enfatiza que las bestias de dos patas -los energúmenos fascistoides, bah- tienden a olvidar aquello que los hace humanos y por ello son peligrosos y piden pronta eutanasia…

 

Hombre Lobo (Wolf Man, Estados Unidos, 2025)

Dirección: Leigh Whannell. Guión: Leigh Whannell y Corbett Tuck. Elenco: Christopher Abbott, Julia Garner, Sam Jaeger, Matilda Firth, Benedict Hardie, Milo Cawthorne, Ben Prendergast, Zac Chandler, Beatriz Romilly. Producción: Jason Blum. Duración: 103 minutos.

Puntaje: 7