A diferencia de otros realizadores del mainstream hiper chatarra contemporáneo, como por ejemplo Michael Bay, Guy Ritchie, James Gunn, Zack Snyder y los hermanos Anthony y Joe Russo, entre muchos otros que se creen “autores” de la industria cultural o algo así, el británico Paul W.S. Anderson siempre funcionó como una actualización del cine trash videoclipero/ publicitario de las décadas del 80 y 90 que no se toma tan en serio a sí misma y en general ofrece una experiencia -mediocre aunque experiencia atendible al fin- centrada en las escenas de acción y unos floreos visuales y de diseño de producción que van desde lo adolescente hasta lo monumental risible. La única etapa profesional relativamente potable es la primera, breve período en el que entrega sus tres mejores faenas, Shopping (1994), Event Horizon (1997) y Soldier (1998), y sus dos mamarrachos más disfrutables de entre los muchos que vendrían a posteriori, Mortal Kombat (1995) y Resident Evil (2002), un par de adaptaciones cinematográficas de videojuegos y la segunda la gran catalizadora de una franquicia que tendría a la actriz y ex modelo ucraniana Milla Jovovich como eje central, más allá de una tonelada de zombies y escenas rimbombantes de acción que lo terminarían de encasillar como el realizador y guionista populista por antonomasia del nuevo milenio.
Dejando de lado las tres secuelas que dirigió en primera persona, Resident Evil 4: La Resurrección (Resident Evil: Afterlife, 2010), Resident Evil 5: La Venganza (Resident Evil: Retribution, 2012) y Resident Evil: Capítulo Final (Resident Evil: The Final Chapter, 2016), y obviando también los otros dos corolarios en los que se “limitó” a los roles de guionista y productor, léase Resident Evil 2: Apocalipsis (Resident Evil: Apocalypse, 2004), de Alexander Witt, y Resident Evil 3: Extinción (Resident Evil: Extinction, 2007), opus del querido Russell Mulcahy, Anderson desde comienzos de nuestro nuevo milenio ha venido entregando una hilarante porquería tras otra mediante una retahíla que incluye a Alien vs. Depredador (Alien vs. Predator, 2004), Carrera Mortal (Death Race, 2008), Los Tres Mosqueteros (The Three Musketeers, 2011), Pompeya (Pompeii, 2014) y Monster Hunter (2020), todos productos que sin ser malos tampoco fueron precisamente buenos. En Tierras Perdidas (In the Lost Lands, 2025), su más reciente despropósito, respeta la senda anodina de siempre y entrega exactamente lo que se espera de él, una gesta agitada y delirante en esta oportunidad basada en el cuento homónimo de 1982 de George R.R. Martin, escritor estadounidense conocido en especial por inspirar la serie Game of Thrones (2011-2019).
Nuevamente con Jovovich como figura principal, su esposa desde 2009 y socia en toda la saga de Resident Evil más Los Tres Mosqueteros y la anterior Monster Hunter y a su vez una actriz que gusta de trabajar con sus parejas como ya lo demostrase con aquel Luc Besson de El Quinto Elemento (The Fifth Element, 1997) y Juana de Arco (Joan of Arc, 1999), precisamente las dos películas que la llevaron al reconocimiento internacional, hoy el cineasta inglés redondea una mixtura de fantasía, acción, aventura postapocalíptica y sobre todo western clásico que se centra en Alys la Gris (Milla), una bruja a la que la Reina (Amara Okereke) le encarga encontrar a un hombre lobo en las Tierras Perdidas del título para robarle su poder, encomienda para la que recluta al cazador/ baqueano Boyce (Dave Bautista), quien resulta ser el amante de esa monarca que a su vez detesta a su esposo, el agonizante Jefe Supremo (Jacek Dzisiewicz), y está en plena batalla por el trono con el Patriarca (Fraser James), jefazo de la iglesia de la última ciudad en pie. Mientras Boyce y Alys la Gris recorren un yermo de impronta metropolitana, la Ejecutora (Arly Jover), cruel mano derecha del Patriarca, les pisa los talones en su periplo hacia la región donde se ubica la supuesta morada de nuestro “cambiaformas” con tendencia a la licantropía, Río Calavera.
Desde el trasfondo tolkieneano/ shakespeariano tracción a esteroides de siempre de Martin y con muchos ingredientes robados de Conan, el Bárbaro (Conan, the Barbarian, 1982), de John Milius, Blade Runner (1982), de Ridley Scott, Duna (Dune, 1984), de David Lynch, Indiana Jones y el Templo de la Perdición (Indiana Jones and the Temple of Doom, 1984), de Steven Spielberg, Highlander (1986), de Mulcahy, Willow (1988), de Ron Howard, El Cuervo (The Crow, 1994), de Alex Proyas, y toda la saga comenzada con Mad Max (1979), del genio australiano George Miller, el cocoliche de Anderson resulta confuso, además de demasiado genérico, oscuro y esquemático, y exuda diálogos remanidos, chistes ineficaces, actuaciones insólitamente tiesas, CGIs bastante flojos y escenas de acción en su mayoría entre caprichosas y absurdas. A pesar de que el desenlace es de hecho un tanto ridículo y el desarrollo no pasa de lo previsible y al mismo tiempo resulta excesivamente complicado sin excusa alguna ni capacidad para despertar verdadero interés en este universo de elementos refritados, el film de todos modos incluye puntos a favor como un diseño de producción a veces interesante, algunas coreografías dignas de batallas, monstruos ochentosos simpáticos y unos villanos de peso homologados a la Inquisición de la Edad Media. Tierras Perdidas confirma tanto el cansancio de esta Jovovich en modalidad “heroína de ciencia ficción y regiones aledañas” como el hecho de que Bautista no puede distinguir entre trabajos buenos y descartables, efectivamente saltando de ponerse al servicio de Gunn y Snyder a convites interesantes en serio para aquellos Denis Villeneuve, M. Night Shyamalan y Gia Coppola, sin embargo la propuesta por lo menos es corta y relativamente entretenida o amena -para el desastroso nivel del mainstream del Siglo XXI, por lo general incapaz de narrar- e intenta analizar como puede las intrigas palaciegas, las debilidades de los poderosos y las ironías detrás de los deseos cumplidos por la hechicera, el destino o la causalidad más misteriosa…
Tierras Perdidas (In the Lost Lands, Estados Unidos/ Alemania/ Canadá, 2025)
Dirección: Paul W.S. Anderson. Guión: Paul W.S. Anderson y Constantin Werner. Elenco: Milla Jovovich, Dave Bautista, Arly Jover, Amara Okereke, Fraser James, Jacek Dzisiewicz, Simon Lööf, Deirdre Mullins, Sebastian Stankiewicz, Tue Lunding. Producción: Paul W.S. Anderson, Milla Jovovich, Dave Bautista, Constantin Werner, Jeremy Bolt, Robert Kulzer y Jonathan Meisner. Duración: 101 minutos.