El actor Jack Huston, miembro de un linaje artístico distinguido porque es nada más y nada menos que el nieto de John Huston, legendario director estadounidense, y sobrino de los también actores Anjelica Huston y Danny Huston porque su padre, el guionista y abogado Tony Huston, fue otro de los hijos del gran John, jamás llegó a transformarse en un rostro conocido por el gran público ya que su única verdadera oportunidad, Ben-Hur (2016), muy floja remake de Timur Bekmambetov del clásico homónimo de 1959 de William Wyler con Charlton Heston, efectivamente derivó en desastre con él como el protagonista excluyente del título. El señor a lo largo de los años entregó roles relativamente memorables para TV, sobre todo en Boardwalk Empire (2010-2014), serie creada por Terence Winter para HBO, y Fargo (2014-2024), aquella antología de Noah Hawley para FX inspirada en el estupendo film noir de 1996 de los hermanos Joel y Ethan Coen, y trabajó en papeles secundarios para directores de renombre como David O. Russell en Escándalo Americano (American Hustle, 2013), los mismos Coen en ¡Salve, César! (Hail, Caesar!, 2016), Martin Scorsese en El Irlandés (The Irishman, 2019) y Ridley Scott en La Casa Gucci (House of Gucci, 2021), además de diversas participaciones -que tampoco ayudaron demasiado para posicionarlo en el mainstream yanqui- en Crepúsculo, la Saga: Eclipse (The Twilight Saga: Eclipse, 2010), de David Slade, Wilde Salomé (2011), de Al Pacino, Amores Asesinos (Kill Your Darlings, 2013), de John Krokidas, El Viaje más Largo (The Longest Ride, 2015), de George Tillman Jr., Orgullo y Prejuicio y Zombies (Pride and Prejudice and Zombies, 2016), opus de Burr Steers, y La Música del Terremoto (Earthquake Bird, 2019), de Wash Westmoreland, entre otras obras fallidas o por demás desparejas de un Siglo XXI de muy pocas luces creativas.
Todo este trasfondo profesional no hace más que enrarecer su interesante ópera prima como director y guionista, El Día de la Pelea (Day of the Fight, 2023), película independiente que se presentó en la edición 2023 del Festival de Venecia, comenzó a distribuirse durante el año siguiente y recién llegó al mercado digital en 2025, derrotero al servicio de una obra diminuta y entrañable que toma la forma de una especie de relectura de El Luchador (The Wrestler, 2008) que por suerte supera a la otra reformulación reciente de la joya de Darren Aronofsky, La Última Corista (The Last Showgirl, 2024), odisea de Gia Coppola. Nuestro protagonista es Mike Flannigan (Michael Pitt), boxeador veterano de origen irlandés al que acompañamos durante una jornada de 1989 con motivo de su primer combate después de pasar un buen tiempo en la cárcel por haber provocado la muerte de un niño de nueve años al conducir borracho por las calles de Nueva York, así las cosas saluda a lo lejos a su hija adolescente al ingresar al colegio, Sasha (Kat Elizabeth Williams), producto de una relación finiquitada con la pianista y cantante Jessica (Nicolette Robinson), y visita a su tío (Steve Buscemi), quien le entrega algo de dinero y el anillo de su madre, una mujer que se suicidó pegándose un tiro cuando él tenía apenas doce años. Luego de empeñar el anillo y poner todo su capital, unos 9.600 dólares, en una apuesta a favor de sí mismo que paga 40-1 con el corredor judío Saúl (Anatol Yusef), se dirige al gimnasio de su entrenador, Stevie (Ron Perlman), a la iglesia de un amigo de juventud, el hoy sacerdote Patrick (John Magaro), al departamento de Jessica, a la que le entrega el “comprobante” de la apuesta para que cobre el dinerillo, y finalmente al asilo donde vive su progenitor senil (Joe Pesci), un compositor que lo basureó muchas veces y le pegaba a la madre al extremo de agravar su depresión.
Huston no sólo demuestra talento como realizador, esquema que por cierto no incluye su faceta de guionista porque la trama y especialmente los diálogos dejan bastante que desear dentro de los parámetros de la semblanza de redención architrabajada con anterioridad, sino que además sorprende imponiéndose una tarea ambiciosa, hablamos de conjugar primero la honestidad del Nuevo Hollywood de los años 70, aquí en una acepción más humanista que nihilista estándar, segundo el preciosismo de la primera generación de los 80 de cineastas británicos surgidos del ecosistema de la publicidad, léase el mencionado Scott más Adrian Lyne, Hugh Hudson, Alan Parker y el hermano del primero, Tony Scott, fauna en pantalla invocada de manera permanente mediante la hermosa fotografía arty en blanco y negro de Peter Simonite y la edición repleta de flashbacks etéreos de Joe Klotz, y tercero un fuerte sustrato autobiográfico familiar que abarca el origen de todos los problemas de conciencia de Flannigan, el accidente de tránsito de 1980 en el que falleció el mocoso señalado, Robert James, detalle que nos envía por un lado al óbito de la abuela de Jack, Enrica Soma, cuarta esposa de John que murió en 1969 en Francia a sus 39 años en otro lance automovilístico, y por el otro lado a dos accidentes que protagonizó el mismo John en el año 1933 mientras conducía ebrio, en el primero arrojando a través del parabrisas por el choque a su pareja de aquel entonces, la actriz Zita Johann que sufrió un traumatismo craneal, y en el segundo directamente matando en Sunset Boulevard, Los Ángeles, a una pobre peatona, la bailarina brasileña Tosca Izabel Querze alias Diva Tosca Roulien, segunda esposa de Raúl Roulien, un artista brasileño que tuvo una breve carrera hollywoodense durante el primer lustro de los años 30 dentro de ese molde del “latin lover” que supo popularizar Rodolfo Valentino.
Más allá de cierta impronta naturalista, callejera y paciente vinculada al cine clásico, muy en sintonía con la calma antes de la tormenta, y de cierto tono fúnebre porque Mike intentó ahorcarse estando preso y desde el vamos sabemos que todo este periplo neoyorquino es una despedida en consonancia con el hecho de que a posteriori del accidente de tránsito le diagnosticaron un aneurisma que le impide volver a pelear si quiere seguir con vida, algo representado en el relato mediante zumbidos persistentes, la propuesta compensa con una filosofía valiosa, en suma la movida de situar a la solidaridad y la ética proletaria por sobre la arrogancia y el hedonismo burgués, lo que le falta en originalidad, planteo que a su vez abarca refritar ingredientes varios de una tradición que incluye pivotes como El Luchador (The Set-Up, 1949) y El Estigma del Arroyo (Somebody Up There Likes Me, 1956), ambas de Robert Wise, La Caída de un Ídolo (The Harder They Fall, 1956), de Mark Robson, Réquiem para un Peso Pesado (Requiem for a Heavyweight, 1962), joya de Ralph Nelson, Rocky (1976), de John G. Avildsen, El Campeón (The Champ, 1979), de Franco Zeffirelli, y Toro Salvaje (Raging Bull, 1980), de Martin Scorsese. A veces demasiado preciosista para su propio bien y con una banda sonora muy eficaz de Ben MacDiarmid pero un tanto volcada hacia lo “indie sensible”, lo que atenta contra el verosímil y subraya un trasfondo documentalista muy paradójico por su rutilante artificialidad, de todos modos el film logra destacarse gracias a la presencia de monstruos sagrados como Pesci, Buscemi y Perlman, la utilización de Crucify Your Mind (1969), de Sixto Rodríguez, The Book of Love (1999), de The Magnetic Fields, y Have You Ever Seen the Rain? (1970), de Creedence Clearwater Revival, himnos que condimentan la acción y todos los estados de ánimo, y por supuesto la visceralidad de la actuación del majestuoso Pitt, todo un experto en trabajos demandantes y/ o pirotécnicos como lo demuestran sus muchas colaboraciones con Gus Van Sant, Larry Clark, John Cameron Mitchell, Martin McDonagh, Barbet Schroeder, Bernardo Bertolucci, Asia Argento, M. Night Shyamalan, Mike Cahill, Tom DiCillo, François Girard, Michael Haneke y Raymond De Felitta. Huston administra con inteligencia el peregrinaje urbano de Flannigan, el match boxístico en sí y el inevitable ocaso de nuestro gladiador, jugada que asimismo le debe mucho a la etapa tardía meditabunda de su abuelo, aquella de Ciudad Dorada (Fat City, 1972), la referencia más obvia con unos extraordinarios Stacy Keach y Jeff Bridges, pero también de Sangre Sabia (Wise Blood, 1979), Bajo el Volcán (Under the Volcano, 1984) y Desde Ahora y para Siempre (The Dead, 1987), las otras maravillas de un John que en sus últimos años exacerbó latiguillos temáticos de siempre como la rebeldía, la marginalidad, el masoquismo y una muerte que suele esperarnos a la vuelta de la esquina…
El Día de la Pelea (Day of the Fight, Estados Unidos, 2023)
Dirección y Guión: Jack Huston. Elenco: Michael Pitt, Joe Pesci, Steve Buscemi, Ron Perlman, John Magaro, Nicolette Robinson, Kat Elizabeth Williams, Anatol Yusef, Milan Marsh, Kaili Vernoff. Producción: Jack Huston, Colleen Camp, Josh Porter, Emma Tillinger Koskoff y Jai Stefan. Duración: 108 minutos.